LOGINNarra Marina.
No pretendía pasar tanto tiempo con la familia Duque pero al terminar la jornada con éxito todos me arrastraron a un restaurante tan fino que, al entrar, me hizo sentir que mi forma de vestir era la de un payaso.A la mayoría de ellos no parece preocuparles el hecho de que han pasado todo el día de pie, con sol, calor, y demás cosas agotadoras, pues tal cual como vi a la mayoría esta mañana se encuentran en esta gran mesa, conversando y sonriendo de anécdotas con los niños de hoy, por lo que yo solo me conformo con escucharlos y sonreír también aunque a veces hablen en español y yo no entienda.Desde que los conocí, siento que tienen algo diferente a cualquier otro grupo de personas con los que haya tenido que compartir, incluso con mis padres. Y creo que juega mucho a su favor el hecho de que sean latinos, pues tienen una energía que contagia a cualquiera.Bueno, casi todos.—¿Entonces me vas a negar que tú y Marina no fueron novios en la universidad? —dice Roxana.Me ahogo con el jugo.Siento la mano de Rodrigo, quien está a mi lado, darme algunas palmadas en la espalda.—¡Lo sabía!Veo a la señora Natalia chocando la mano con su hija Roxana, y de inmediato me sonrojo.—Sí así fuera no tenemos que decirlo ¿cierto, Marina? —me pregunta Rodrigo.—No hay problema —digo tragando ya bien, sin poder evitar ver a René quien está al lado de su padre, en la esquina de la gran mesa—. No tuvimos nada.—Bien, a ella sí le creo —dice Roberto, otro de los hermanos, mirando a su madre—. Y es por eso que pronto nos vamos a casar, Marina. Los hermanos Duque tenemos una regla clara: jamás la misma chica. Así que estás libre para alguno de nosotros, o preferiblemente para mí.Todos ríen, menos sus padres, y yo lo hago pero sintiéndome algo incómoda.Rodrigo se acerca un poco a mi oído y antes de que hable ya tengo la mirada de René, mientras toma agua, encima de mí.—Todo lo que puedas considerar como abuso de confianza, es broma, ¿vale? —me susurra Rodrigo.—Tranquilo, no lo he olvidado —le digo casi en baja voz porque esa advertencia me la dio hace años.—Bueno, ya basta, dejen a la pobre chica en paz. Hoy ha sido un bonito día, Roberto, compórtate y ya madura ¿sí?—Jamás… —Él niega hacia su padre—. No soy fruta para madurar.Sus hermanos ríen, excepto René quien parece querer decir algo.—Está verde, por eso jamás ha pisado tierra. Se sostiene del árbol como garrapata en perro.Hay un pequeño silencio que me hace verlo mientras paso un mechón de mi cabello por mi oreja, sintiéndome intimidada por su mirada de nuevo.Su lado sarcástico y cara de amargado es realmente nuevo para mí. Así que estoy intentando explicarme por qué incluso así no deja de lucir atractivo.—Ay, ¡no empiecen! —habla Raúl, el menor de los Duque.—¿Qué les parece si brindamos antes de comer? —inquiere la gemela de Roxana como clara señal de que eso se iba a convertir en algo para lo que yo no estaba preparada—. Por más vida, salud y prosperidad para nuestra familia, y para nuestra invitada.La mayoría me ve, les devuelvo la sonrisa cuando ella se levanta con su vaso de jugo.—¡Por la familia Duque! —decimos todos chocando los vasos.—Y por la invitada… —Roberto dirige su vaso al de su hermano mayor, y René lo deja en visto, tecnológicamente hablando.No quiero sentir que hay algo que le ha molestado a René. Desde que acepté venir con ellos ha cambiado su actitud conmigo, se ha mantenido alejado, observante, como si fuese yo una presa, me hace sentir incómoda. Y aunque realmente necesito saber el por qué, siento que debo hacerlo en el momento adecuado.En el transcurso de la velada cada integrante de la familia, a excepción de dos quienes no vinieron, me hace saber exactamente qué hace. Entonces pronto me entero que en la familia hay una odontóloga, optometrista, hay músicos, pintores, profesores, empresarios y modelos.Y un beisbolista, claro está. Uno que se mantuvo gran parte de la velada en algún sitio que no es el restaurante y ahora regresa diciéndole algo a sus padres para luego mirarme a mí.—¿Te llevo a casa? —me pregunta el beisbolista.Siento la mirada de varios en mí pero ya que solo puedo verlo a él, asiento. Pronto me despido de todos, de las chicas con abrazos, de los chicos con apretones de mano excepto con Rodrigo quien inesperadamente abre sus brazos, nos recibimos y lo siento sonreír.—Estamos en contacto.—Claro —le digo al separarnos.Siento que algo ha cambiado en él desde hace dos meses y tengo curiosidad por saber qué es, así como el por qué hay un grupo de hermanos que no parecen compartir más que palabras superficiales, todo lo contrario a la última vez que los tuve a todos así de juntos, y sobretodo, por el hecho de que el silencio en el Ferrari de René comience a ser molesto.—¿No querías que fuera a cenar? —la pregunta sale de mi boca sin más, y aunque me siento apenada porque creo que acabo de saltar otra línea, a él no parece molestarle.—Le gustas a Roberto —dice como si ello...¿Qué está pasando?—¿Y... estás molesto por eso?—Él tiene prometida —responde, dejándome con el corazón en la boca, o sea que... ¿Pero por qué está molesto exactamente?—. Su prometida es mi mejor amiga, se llama Karen, la conoces.Asiento tragando hondo porque recuerdo que en la segunda cita que tuvo él conmigo, ella llegó de la nada, tuvimos que parar el masaje como por veinte minutos y ella salió verdaderamente afectada de allí. Yo no sabía que era su cuñada, pensé que era su novia o algo así, por lo que en la cuarta cita cuando la volví a ver actuando como si fuesen mejores amigos, tuve la idea de que habían terminado pero en buenos términos.Bien, entonces ella es la que sabe su secreto.—Sí la recuerdo.—Entonces lo que me molesta es que tenga el descaro de decirte cosas delante de todos estando a días de casarse. Es decir… —Aprieta el volante—. No se toma nada en serio y yo... no quiero que vaya a lastimarla.—Entiendo —le hago saber—. No te preocupes, no voy a darle pie a nada.—Tú no me preocupas, Marina… —Me ve de reojo y luego vuelve a la carretera—. Creo que eres demasiado lista como para dejarte envolver por un hombre como él, y yo... ¡diablos!El ambiente se siente demasiado tenso. Y de nuevo cuando me ve está esa mirada.—Está bien... —intento calmarlo.—Jamás hablo mal de él, es mi sangre, lo siento, pero no comparto su estilo de vida.—Entiendo —digo con voz suave.Él me ve y asiente con lentitud. Aunque esa mirada sigue, el ambiente se estabiliza cuando abre las ventanas y la brisa entra.Pienso que se ha arrepentido de quizá ser demasiado abierto conmigo al decirme algo de su familia que le preocupa; pero me siento bien con el hecho de que sienta que puede decirme estas cosas después de que lleváramos tantas semanas envolviendo temas solo en lo profesional.Seguimos el camino cuando le comento que en su momento libre en la tarde, Roxana le vació el bol de dulces a un niño que de repente le dijo que era la mujer más hermosa que había visto en su vida. Todos morimos de ternura, pero ella más, así que luego tuvimos a algunos niños rebeldes llorando porque los caramelos se habían acabado y ella tuvo que ir por más.El castaño solo ríe con todo lo que le he dicho, y me da alegría saber que he logrado manejar su humor, por lo que antes de bajarme del auto, le extiendo una sonrisa.—Gracias por traerme.—Es un placer, Marina.El peso que tiene su mirada para con mi cuerpo me desconcierta.Quisiera tener esa fuerza de rebeldía que tenía en la secundaria, decirle algo como "¿Quieres conocer mi cuarto?" Y parar besándome en la puerta con él, y quizás más allá.Pero sé que él no sería capaz, y yo tampoco a estas alturas de mi vida.Además ni siquiera estoy segura de él y... achs.—¡Salud!—Gracias… —respondo, aunque fue un quejido y no un estornudo.—¿Eres alérgica a algo? —me pregunta.—Bueno, a los romeros, a los enlatados y al particular perfume que usa ese hombre de seguridad… —Cuando lo señalo, René saluda el vigilante de la residencia por lo que este le devuelve el saludo con alegría al notar quién es.—Entendido —expresa con una sonrisa.Y yo sigo aquí, apoyada de la ventana, con mi mochila llena de cosas en la espalda, mirándolo, queriendo decirle algo.—Buenas noches, señor Duque —suelto finalmente.—Marina... —Rápido vuelvo a apoyarme de la ventana cuando me llama. Me siento patética—. ¿Harás algo mañana?—¿Por...?—Yo, es que... —Mira el volante—. No sabía que dabas masajes anti-estrés realmente.—Oh... —Me siento un poco decepcionada porque esperaba otra respuesta, pero rápido me recupero—. Salgo del trabajo a las cinco, creo que...—A esa hora está bien, bueno, si no llegas muy cansada yo... estoy disponible.—Bien... —Le sonrío.¿Cómo le digo que no?—Entonces mañana a las ¿siete? En casa, o...—Tengo un cuarto especial en mi apartamento equipado —digo rápido.Suelto el aire.René me mira profundamente.—Bien, entonces yo vengo, a las siete.—A las siete.—Bye, descansa.—Igualmente... —Suspiro al verlo irse.¿Son ideas mías o estaba más nervioso que yo?Mi teléfono suena. Es un número desconocido así que dejo que suene hasta que me encuentro segura en mi apartamento.—¿Quién habla? —cuestiono.—¿Sí te llevó a casa el amargado?La voz del otro lado hace que vea en mi espejo mi cara cansada.Desde la primera vez que me vio, Roberto se ha interesado en mí. Jamás supe que tenía novia, pero había conseguido mi usuario en una red social y había estado escribiendo, hace años, hasta que se cansó. Luego, cuando lo volví a ver en esa casa, estuvo aunque a la distancia atento a mí, hasta que hoy finalmente decidió tomar pie.—¿Cómo conseguiste mi número?—Eso no importa, preciosa.Me rasco la oreja, pensando en una posible escena en dónde René sepa de esta conversación.—Me enteré que vas a casarte… —le digo.Hay silencio, sonrío por ello cuando quito mis zapatos deportivos.—Sí, ¿te lo dijo él, verdad?—Claro, es su mejor amiga tu prometida.—¿Su mejor...? —La risa que suelta no me cae bien—. René ha estado toda la vida enamorado de Karen. Él no supera que ella me haya escogido a mí, así que no es mi culpa que quiera sabotear todo.—Está mal lo que haces —le digo.Me siento extraña porque por esto y los recuerdos de su actitud al hablar de la chica, comienzo a dudar de alguna forma del beisbolista.—Yo solo quiero hablar contigo ¿Qué tiene de malo?—Pregúntale a tu futura esposa… —Y le cuelgo.Jamás me ha gustado estar metida en problemas, y menos entre familia, es por ello que desde hace mucho tomé la decisión de alejarme de mis padres, de mi familia entera y hasta de ciertos amigos. Y es que prefiero perderlo todo, menos mi paz mental.Aunque últimamente René Duque genere dudas en mí que me hagan saber que voy por mal camino.El timbre suena inesperadamente tras darme una ducha y prepararme para ver tele un rato. Por lo que veo la hora, son las nueve de la noche. No espero a nadie, así que pensando lo peor, como que Roberto ha venido a molestar, me asomo por el ovillo, pero ya que solo veo a un chico vestido de naranja con algo en manos, abro.—¿Señorita Grimaldi? —me pregunta y asiento—. Esto es para usted… —Me entrega una caja larga cuya letra en la tarjeta a simple vista me acelera rápido el corazón—. Firme aquí.Rápido lo hago, y casi le lanzo la puerta en la cara al pobre chico para poder destapar la caja que tiembla en mis manos.Son tres claveles rojos, hermosos. Tanto, que me hacen quedar hipnotizada por varios segundos."Ahora ya sé qué flores no debo regalarte. Gracias por todo el día de hoy, la familia Duque te lo agradece".Narra René. —¡Ya, ya! Mami ya va a llegar ¡Miren este pececito!, ¡si dejan de llorar se pondrá muy feliz! —intento consolar a mis pequeños, los cuales se encuentran en sus respectivas cunas, sin embargo, el llanto persiste. Recuerdo cómo es que Marina los hace calmar en cuestión de minutos y sintiéndome nervioso, me pongo manos a la obra. Tomo a mi bebé Karen en uno de mis brazos primero, y luego tomo a mi pequeño Víctor en el otro. Los balanceo lentamente a ambos de un lado a otro, mientras los sostengo bien. Caben perfectamente en mis brazos y me siento nervioso pero tan feliz de poder tenerlos, así que comienzo a cantar. —I used to hear a simple song... That was until you came along... —canto bajito, meciéndolos, notando cómo Karen es la primera que deja de llorar mientras se estruja las manitos en la cara—. Now in it's place is something new... I hear it when I look at you... Tarareo moviéndome por toda la sala, sin dejar de verlos y sentirme el más enamorado de los padres.
A la sala de espera de la clínica no le cabe ni un alma más.Al Hillary escuchar el estallido y no tener acceso al penthouse tuvo que llamar al gerente para que abriera, y allí estaban, Marina y René abrazados, tumbados en el suelo.La noticia se expandió rápidamente. La familia Duque fue la primera en llegar a la clínica, llenos de angustia, lágrimas y dolor. Debía ser una mentira. Nada de eso podía estar pasando.Seguido de los Duque, tras la celebración por haber ganado el último juego y consolidarse como campeones, el equipo entero de los Cubs de Chicago también llegó a la clínica. Unos minutos después Gregory, el amigo de René, también se hizo presente.Mientras todos se encuentran viéndose a las caras cuestionando qué rayos fue lo que sucedió, Hillary con el corazón partido sostiene el teléfono en sus manos manteniendo una llamada a distancia con Rodrigo, quien no puede abandonar su trabajo por nada del mundo.Hillary les explicó a todos que cuando tocó sus cuerpos, estos estab
Narrador.El corazón de René duele mucho más que antes a sabiendas de que cometió errores mucho antes de hacer el pacto, durante y después.—Ya no quiero hacer sufrir más a la gente que amo —masculla casi sin fuerzas—. Si mi alma en pena no es suficiente para ti, entonces tómame de esclavo. Llévate todo de mí, pero no los toques a ellos, por favor, no merecen nada de lo que hice. El único culpable soy yo. Soy yo el imbécil egoísta, ¡soy yo! ¡Y estoy arrepentido!—¡No existen arrepentimientos! —exclama el hombre y el humo del tabaco arde en la cara de René—. ¡Debes sufrir! —Y cuando lo dice, René siente de nuevo todo el cuerpo arder, como aquella vez—. Vas a seguir viviendo con tus demonios, ¡ese es tu castigo! ¡Ver cómo todo lo que amas se va en cuestión de segundos y vivirás eternamente con tu demonio haciéndote sufrir!—¡No quiero esto! —grita, intentando alejarse de los demonios que rodean su cuerpo—. ¡Ya no lo quiero! ¡Debe haber una manera de solucionarlo sin que nadie salga heri
Narrador.Rocío sacude la cabeza mientras ve a su hermano tras las rejas.—Duque, pagaron tu fianza —informa el guardia abriendo las rejas.—¡Gracias! —agradece el castaño a su hermana mientras la abraza.—Solo dime que fue por una razón justa...—¡Voy a ser padre! —exclama el beisbolista lleno de angustia pero también emoción—. Marina está embarazada, voy a ser padre y necesito encontrarme con Víctor de nuevo en...—¡No, no! No vas a ir a ese lugar de nuevo, René —le dice Rocío—. Al menos que sea de vida o muerte.René entra al auto de su hermana y deja salir las lágrimas llenas de frustración, felicidad, dolor, culpa, todo.—Si no hago nada, Rocío... Si no voy allá... Marina y mi hijo van a morir, ¿me entiendes? Un bebé no está dentro del acuerdo, ¡no pueden hacernos esto!Su hermana lo mira con fijeza. Las lágrimas no se tardan en llegar al saber lo evidente. Su hermano debe morir para que Marina y su hijo no lo hagan.—¿Cómo diablos los vas a convencer? La vida misma ya no importa
Narra René.Al tener una entrega pendiente, y también por no tener a dónde ir después de mi pelea con Chad, paré en el apartamento de mi hermana Rocío. Esta se sorprendió al verme en el estado en que estaba durante la llamada, así que dejó su trabajo para estar conmigo.Le entregué el libro que le mandó Rolando, y ella con evidente nerviosismo lo dejó a un lado de la mesa.—¿Por qué no fuiste a despedir a Rodrigo? —me cuestionó. Sacudí la cabeza no queriendo hablar del tema, y gemí cuando limpió mi labio con alcohol puro—. Es nuestro hermano, ¿acaso no te alegra que tenga un nuevo cargo con mejor salario?—Sí me alegra, Rocío —le espeté—. Pero no pude ir a verlo, ¿por qué no fuiste al cumpleaños de tu sobrino?, ¿por qué no estuviste anoche en la clínica por lo que le sucedió a Karen? —le cuestioné, y esta me entregó la bolsa de algodones, molesta—. Si no haces preguntas yo tampoco.Rocío caminó de un lado a otro mostrando incredulidad y molestia. Sí. Yo no podía tratar con nadie despu
Narra Marina.—¡Tu novio es una farsa! ¡Te ha estado mintiendo sobre quién es de verdad! ¡Pregúntate por qué dejó de ser un Dios de un día a otro! ¡Le ha mentido a todos! Pregun...Dejo de escuchar los gritos de Chad cuando finalmente la seguridad de la residencia se lo lleva, y yo logro junto con el gerente adentrar a René a nuestro apartamento.—¿Quiere que llame una ambulancia? —me pregunta el hombre.—¡No! —exclama René en medio de su rostro ensangrentado.Respiro hondo. Tengo el corazón en la mano y los nervios alterados. Veo cómo el gerente se va después de decirme que estará atento a cualquier cosa, entonces cierro la puerta y veo a René intentando pararse del sillón, pero se marea en el intento y vuelve a caer.—¿Qué demonios pasa contigo? —cuestiono al borde del llanto, mientras me agacho para quedar a su altura—. ¿Por qué te fuiste a golpes con ese hombre, René? ¡Tú estás débil! ¡No eres el mismo de antes! ¡Pudo haberte matado!Mi castaño se limpia la cara con su propia cami







