LOGIN—¡La basura eres tú! —Paulina se escondió detrás de Adrián y gritó con voz aguda.Julián clavó la mirada en Paulina con frialdad.—¿Crees que por esconderte detrás de este desgraciado no puedo alcanzarte? Golpearé a la gente inmunda sin importar si es hombre o mujer, al que se me ponga enfrente.Adrián fulminó a Julián con la mirada.—Parece que hoy sí nos vamos a pelear, ¿no?—¿Crees que no me atrevo a golpearte? —Julián dio un paso al frente y puso a las tres chicas detrás de él—. ¿Y tú te crees muy limpio? A la que tiene la boca sucia le di su cachetada, pero a ti, que apestas como si te hubieras revolcado en una fosa séptica, a ti solo te voy a dejar tirado en el piso sin poder levantarte.Al escuchar eso, Paulina por fin entendió por qué Julián le había soltado esa cachetada: fue porque había llamado coja a Olivia.Adrián, sin embargo, miró a Olivia, que estaba detrás de Julián, con la cara ensombrecida.—Olivia, ¿en serio vas a ponerte del lado del tipo que insulta a tu marido?E
La intensa discusión se detuvo por un instante.Adrián se quedó inmóvil unos segundos antes de decir en voz baja:—Olivia, puede que los Muñoz no te hayan tratado tan bien como yo.A Olivia se le humedecieron los ojos y se rio.Tenía razón. El apellido Muñoz nunca le había dado la menor seguridad; hasta para pelear con él, ese apellido la dejaba en desventaja.—Pero, Adrián —dijo ella en voz baja—, ¿cómo podría alguien sentirse triste por algo que nunca tuvo?Claro que tampoco había tenido de verdad a Adrián, pero al menos ella sí se había llenado de esperanza.—Adrián. —No quería seguir desviando la conversación; volvió al tema entre los dos—. Ya te lo he dicho muchas veces: no estoy haciendo berrinche ni amenazándote. En serio quiero vivir de otra manera. Quiero ser feliz el resto de mi vida. Y espero que tú también lo seas.En ese momento, la brisa nocturna de Venecia todavía arrastraba el calor del clima mediterráneo, mezclado con el olor del agua de los canales. El aire estaba tan
Olivia estaba desesperada.“¿Cómo va a ser posible?” Julián era bailarín, ¿qué iba a pasar si se lastimaba? ¡Tampoco podían golpearlo en la cara!Pero Adrián parecía haber perdido la razón; sin importar lo que ella gritara, no la escuchaba.Los dos estaban a punto de irse a los golpes.Sin más opciones, Olivia se metió entre ambos y le dijo a Julián, que aún conservaba un mínimo de cordura:—¡Vete de aquí!Julián no quería dejarla en desventaja, así que, por supuesto, se negó.—¡Julián! —dijo Olivia con firmeza—. ¡Sé razonable! ¡Tienes que cuidarte! ¡No voy a permitir que te hagas ni un solo rasguño!Todavía tenía tantos días de funciones por delante. Lesionarse estaba fuera de discusión.Era igual que la compañera estricta y exigente que siempre había sido.Él por fin se calmó y, jadeando, le clavó una mirada furiosa a Adrián.—¡Vete! —ordenó Olivia con severidad.Julián no se fue, pero dijo:—Me quedaré por allá. Si pasa cualquier cosa, llámame.Olivia le hizo una seña a Valentina pa
El escándalo terminó por alertar al gerente del vestíbulo, que se acercó para averiguar qué estaba pasando.Ambas partes relataron su versión de los hechos.Adrián sacó su pasaporte y buscó en su celular la foto del acta de matrimonio con Olivia. Puso todo frente al gerente para demostrar que él y Olivia eran marido y mujer, y que la llave le pertenecía.Su actitud fue firme y contundente.—Disponer a su antojo de las pertenencias de un huésped está mal. Lo que hicieron es tremendamente irresponsable. Si esa llave hubiera caído en manos equivocadas, ¿no le estarían abriendo la puerta de su casa a cualquier ladrón?La recepcionista se mantuvo en su postura.—Ya le llamamos a la huésped por teléfono. Ella misma dijo que ya no la quería, que la tiráramos.—¡Imposible! —Adrián se puso de pie—. Es la llave de la casa, ¿cómo no la iba a querer? ¡Además trae colgada una foto nuestra!De ninguna manera Adrián iba a creer que Olivia hubiera dicho que no quería ni la llave de su propia casa.¿Có
A la mañana siguiente, el problema con el auto se resolvió. Olivia se reunió con la compañía de la gira y volvieron a subir al vehículo, rumbo a la siguiente ciudad. Esa parada era Venecia.La famosa Venecia, la ciudad de las marionetas.Cuando Olivia vio que todas las tiendas en las calles y callejones vendían muñecas, recordó de pronto las que tenía en casa, alineadas en fila. Con la bonita excusa de que no quería que estuviera sola.Alguna vez creyó ingenuamente que esas muñecas estaban ahí para hacerle compañía. Ja, quién sabe a quién terminaron acompañando.Julián pensó que quería comprar una.—Olivia, ¿quieres que vayamos a escoger una?Olivia negó. No era que las muñecas fueran feas; para ella, eran un recuerdo infeliz.El celular sonó. Era un número extranjero desconocido.Olivia contestó. Del otro lado, alguien le habló con cortesía y se identificó como recepcionista del hotel.Era el hotel en Alemania del que habían hecho checkout esa mañana.—Señorita, en su habitación se qu
Esta vez, Adrián le envió una foto de uno de los sacos: “Este me queda chico de los hombros, necesito que lo arreglen”.Olivia se sintió fastidiada: “Cuando tenga tiempo hablo con el taller para agendar una cita y que lo ajusten”.Adrián mandó otra foto: “Este también necesita arreglo, las mangas me quedan cortas”.Olivia: “??? Es imposible, te han hecho más de cien trajes, y los que te he llevado nunca me habías dicho que algo no te quedara bien. ¿Ahora resulta que hay que arreglar todos?”Adrián: “Sí, todos necesitan arreglo. Y también este, míralo”.Le mandó una foto de él usándolo.Le quedaba perfecto.Olivia: “¿Ese no se te ve bien?”Adrián: “No, no me gusta el estilo. Es demasiado serio, también hay que cambiarlo”.Olivia: “???”¿Quién fue el que dijo: “Soy el director de una empresa, mi imagen pública debe ser sobria y formal, no necesito ropa demasiado a la moda”?Olivia: “Adrián, hoy tienes muchas ganas de buscar pleito, ¿no?”Adrián: “Piensa lo que quieras, de todos modos hay
Parecía que Beto la odiaba con toda su alma. Antes ese sentimiento nacía de que ella no le llegaba ni a los talones a Adrián, pero ahora su desprecio se había vuelto tangible: el proyecto de colaboración entre Adrián y el señor Ortiz se había ido a la basura por su culpa.A Olivia le parecía de lo m
Julián conducía con cuidado mientras se adentraba en la zona de callejones donde se encontraba el consultorio. El médico atendía en una clínica que ya tenía una fila larguísima extendiéndose por la entrada.Al ver a tanta gente, Julián se preocupó de que Olivia no resistiera tanto tiempo de pie.—Ir
—Olivia.La detuvo Adrián.Fiorella Reyes, la hermana, no los conocía, así que le preguntó a Olivia:—¿Son tus amigos?Lo miró y soltó una risita seca.—No los conozco bien, la verdad.Estaba haciendo lo que querían: mantenerse al margen para no arruinarles sus planes.—Ah, bueno, vamos entonces —di
La rechazó. Rodeada por sus excompañeras, se sentó al lado de la maestra Carmen. Nadie mencionó su pierna; actuaban como si no se hubieran dado cuenta del problema. Sin embargo, sabía que, para una bailarina, una lesión así era demasiado obvia como para pasar desapercibida. Solo había una explicació







