LOGINEl águila real
Bajo del jet, después de un viaje agotador. Ir al fin del "Guatemala", un bosque en México que hace frontera con Honduras, El Salvador y Belice, para supervisar la fabricación de cocaína y el cultivo de cannabis y marihuana. Mis científicos están haciendo un buen trabajo, siempre en búsqueda de nuevos procesos para mejorar la calidad del producto.
Soy el águila real del mundo porque soy el único, el único. Se preguntan por qué real, porque soy un rey, el rey de la mafia mexicana en la sombra y el rey de los mejores hombres de negocio de México legalmente y el tercer hombre más rico del mundo según Forbes. ¿Por qué el nombre águila? Porque estoy en todas partes, veo todo y tengo oídos en todas partes.
Mi nombre en el registro civil es Carlos Castro Vargas, tengo 30 años, estoy comprometido con la hija de un mafioso que tiene el control de Colombia y Venezuela. Y como necesito su consentimiento para poder atravesar su territorio, hemos llegado a un acuerdo. Tomo a su hija como esposa y además me paga un porcentaje del 10% de sus ingresos, aunque soy multimillonario no voy a rechazar esta propuesta. Pero he sido firme con él: que su hija no piense que encontrará un marido fiel, me gusta la diversidad.
Tengo dos novias oficiales, cuatro amantes con las que me acuesto de vez en cuando y a veces encuentros de una noche. Así que aceptó.
Me gusta la vida, la buena vida porque me gustan las cosas buenas, no me privo de nada. Cuando veo algo o alguien que me gusta, lo tomo o lo compro, sí, incluso un ser humano. Toda persona tiene un precio, solo hay que hacer clic en ella.
Tengo casinos, empresas, prostíbulos, discotecas, clubes en todos los rincones del mundo.
Resido principalmente en la Ciudad de México para controlar mejor mis empresas, pero tengo una casa en casi todas las grandes ciudades de México, principalmente debido a mis viajes constantes y a los socios que recibo cada vez para reuniones o la firma de un contrato.
También me dedico a la venta e intercambio de seres humanos, pero sobre todo de personas consentidas que viven en la miseria, que han huido de sus hogares y que aspiran a un futuro mejor. Sé que la pobreza es la raíz de todos los vicios, así que trato de ayudar un poco a mi prójimo y de paso ganar algo de dinero.
Subo a mi SUV para ir a casa, con mi primer colaborador. Mi asistente y mi secretaria ya me están esperando.
- Buenas noches, señor, dicen al unísono.
- ¿Cuáles son las novedades?
Les pregunto ignorando sus saludos, es una pérdida de tiempo.
Mi asistente toma la palabra:
- He enviado un nuevo cargamento a "la muerta" para disculparnos por el comportamiento de Rodrigo y para indicarle que era una compensación como usted estipuló.
- Está bien.
Mi secretaria toma la palabra:
- Han llegado nuevas chicas hoy, la baronesa quería saber si va a asistir a la subasta. ¿Hay alguna virgen en el lote?
¿Hum hum?
- Pídele que me envíe las fotos antes de la hora de la subasta, para saber si merece un desplazamiento.
- Bien, señor.
Ella hace la llamada.
En el momento en que bajo del vehículo, recibo las fotos, subo rápidamente las escaleras y echo un vistazo a las fotos. En el momento en que me detengo en las fotos, veo un rostro con unos ojos que me miran tan fijamente que tengo la impresión de que me están mirando, me detengo y el idiota que viene detrás de mí se choca conmigo.
- Perdón, ¿qué pasa?
- Dile a la baronesa que estaré allí.
- Bien, señor.
- Esté listo en dos horas, nos vamos a la taberna.
Se lo digo a mi brazo derecho que se llama Mario.
- Parece que algo te ha llamado la atención, dice.
- No es asunto tuyo. Tienes dos horas para descansar.
- SÍ, JEFE, ENTENDIDO, JEFE.
Me responde haciendo un gesto de saludo militar.
- ¿Has terminado de reírte?
Mario es mi mejor amigo, antes de ser mi segundo. Es un apoyo incondicional para mí, estuvo allí cuando mis padres murieron en un accidente aéreo, teníamos trece años cada uno, sus padres también estaban en el avión, nos apoyamos mutuamente. Con el paso de los años, nuestra amistad se ha consolidado, volviéndose más fraternal. Daría mi vida por él y viceversa. A veces compartimos mujeres. Desde hace seis meses se ha vuelto más estable en sus relaciones amorosas, cuando conoció a mi actual segunda secretaria, es un amor loco entre ellos. De hecho, tengo dos secretarias y dos asistentes, uno para el mundo legal y otro para el mundo criminal.
AnnaEl tiempo pasa de otra manera desde que dije esas palabras. Como si algo se hubiera desatado, en el interior. Una brecha. Una fisura en la armadura. Durante mucho tiempo creí que lo que había vivido me definiría para siempre. Que ese dolor, esa traición original, sería el prisma a través del cual lo vería todo. Incluso el amor. Incluso la vida por venir. Pero esa mañana, al mirar a Louis prometerme que nuestro hijo sería libre, amado, comprendí que tenía derecho a esperar otra cosa.La casa está en silencio. Aún es de noche. Justo antes del alba. Ese momento suspendido entre la sombra y la luz. Louis duerme todavía. Estoy de pie, descalza sobre el parqué, una mano sobre mi vientre. Se mueve. Suavemente. Una presencia. Una promesa.Cierro los ojos.Él o ella será el comienzo, no la continuación de una historia rota. Yo cargué con la vergüenza, el silencio, el abandono. Pero me niego a transmitir eso. No seré su madre. No tomaré las mismas decisiones. Quiero estar ahí. Presente. Só
LouisHay silencios más duros que los gritos. Verdades tan profundamente arraigadas que no encuentran la fuerza para convertirse en palabras. Se quedan ahí, agazapadas en la sombra de una mirada, entre los latidos de un corazón que se cree apaciguado. He visto a Anna sonreír, sí. La he visto dormirse contra mí, la cabeza acurrucada contra mi pecho, su aliento regular viniendo a rozar mi piel como una promesa frágil. Y sin embargo… lo sé.Sé que aún hay cosas que nunca ha dicho. Recuerdos que guarda para ella, que encierra detrás de esa calma temible. Es fuerte, Anna. Demasiado fuerte, a veces. Tanto que da la impresión de que todo va bien, cuando bajo la superficie, las heridas siguen sangrando.Esa mañana, el sol se filtra a través de las cortinas de lino, dibujando sobre el parqué estelas de oro y de calor. El aire es suave, casi apacible. En la cocina, la tetera ha terminado de silbar. La oigo chasquear suavemente, abandonada sobre la encimera. Y ella, ella está ahí. Ya despierta,
LouisHay momentos en la vida en los que todo parece acelerarse, en los que el aire a nuestro alrededor se vuelve más denso, más cargado de significados. El peso de lo que llevamos, de lo que debemos afrontar, se vuelve palpable. Pero al mismo tiempo, existe esa extraña sensación de que todo puede cambiar aún, de que todo es todavía posible, si tan solo nos atrevemos a cruzar el umbral.El umbral de lo que me dispongo a decir, de lo que ya he dicho, resuena aún en mi mente. Un hijo. Un futuro que se escribe, no en el dolor del pasado, sino en la esperanza de lo que podremos ser. Anna, el niño, mi madre… todo se mezcla en una espiral que me arrastra hacia orillas desconocidas, pero infinitamente atractivas.Miro la habitación a mi alrededor, esta casa que ha sido el escenario de tantas decisiones, de batallas y de reencuentros. Y ahora, otro giro se anuncia. Le he dicho a mi madre que vamos a ser padres, y ella lo ha aceptado, a pesar de la sorpresa y la inquietud que habían cruzado su
LouisLas palabras flotan en el aire como una tormenta que espera estallar. Las he repetido una y otra vez en mi cabeza, pero ahora que están a punto de franquear mis labios, me siento… vulnerable. Una sensación extraña, casi absurda. Soy Louis. Soy el que nunca tiembla, el que toma decisiones que moldean el porvenir. Y sin embargo, en este momento, mientras miro a mi madre, me siento más frágil de lo que jamás he estado.Está sentada en el sillón junto a la ventana, la mirada sumergida en el exterior, como si buscara algo en el horizonte lejano. Aún no lo sabe. No tiene ni idea del peso de lo que voy a decir. Pero lo sabrá pronto. Y el miedo de anunciar esto, esta verdad que va a cambiarlo todo, me oprime la garganta.Anna está en la habitación contigua, lista para oír lo mismo, lista para afrontar esta etapa conmigo. Pero es a mi madre a quien debo dirigirme primero. Es ella quien me ha formado, a ella se lo debo todo. Y este anuncio, es más que un simple momento de dar una noticia,
LouisLas horas que siguen son un torbellino de discusiones silenciosas, de sonrisas y de gestos medidos. Mi madre tiene esa forma de decir las cosas sin decirlas realmente nunca. Las palabras flotan, pero permanecen fuera de alcance. Sin embargo, todo está ahí, en el aire, en las miradas furtivas y los sobreentendidos. Es como si fuéramos dos, quizá tres, pero la verdadera conversación nunca hubiera tenido lugar. Anna y yo, siempre a la defensiva, y mi madre, que analiza cada movimiento, cada respiración, como si todo esto no fuera más que un juego, una especie de danza que debemos ejecutar antes de poder pasar a la siguiente etapa.Estamos acostumbrados a estos silencios pesados. Mi madre y yo siempre nos hemos comunicado de esta manera. Sin necesidad de muchas palabras. Solo gestos, miradas, intenciones que se expresan sin tener que ser dichas. Pero hoy, con Anna, todo es diferente. Y eso es lo que me desestabiliza. Es lo que hace nacer en mí un sentimiento extraño, casi un malesta
LouisHay momentos en la vida en los que las palabras no bastan. Momentos en los que la realidad supera todo lo que uno podría imaginar. Cuando hice la pregunta, no estaba seguro de lo que sentía exactamente, pero sabía que había una parte de verdad que ya no podía ignorar. Cuando me dijo que sí, todo cambió. No fue un simple sí, como en una película donde todo se arregla. No. Fue un sí cargado de sentido. Un sí cargado de futuro, de nuestros miedos, de nuestras dudas, pero también de ese amor brutal, puro, que no se puede ignorar.Anna no se limita a responder a mi pregunta. Me responde con una promesa implícita. La de todo lo que viene con aceptarme en su vida. Y yo, no estoy listo para ofrecerle un mundo sin sombras. Soy un hombre que ha construido su imperio sobre decisiones despiadadas, sacrificios que he hecho en la sombra, muros levantados a mi alrededor para que nadie pudiera alcanzarme. Pero ella… ella derriba esos muros con una simple sonrisa.Observo su rostro, cada detalle







