Compartir

Capítulo 1. Un Seguro

Autor: YawningBrain
last update Fecha de publicación: 2021-09-16 06:35:16

—Entonces, ¿a qué ha venido, Su Excelencia?

El hombre sentado frente a Norah con su taza de té humeante y sus ojos grises puestos sobre ella, la miró sin ningún ápice de ternura ni gentileza. Sin embargo, una llama de resentimiento era fácil de notar dentro de esa fiera mirada, que en otra ocasión sería tan fría e inflexible como un cubo de hielo.

Norah ya estaba acostumbrada a semejante trato. Nadie tenía que decirle que ese hombre que hace dos meses había llegado a su destartalada y abandonada mansión y le había propuesto matrimonio, realmente no la quería. Su extraña proposición era más una burla y un golpe a su ya atormentada vida, que una muestra de sinceridad.  

―¿No está siendo un tanto descortés, Señorita Kobach? ―la voz del hombre era gruesa, y calmada. Siempre denotando la elegancia de su noble familia.

―Su Excelencia, como verá, no tengo el lujo de ofrecerle ni tiempo, ni cortesías. Es mejor no andar con rodeos.

Albert sonrió con una mueca sardónica. ―No pensé que la Señorita Norah Kobach fuera tan desatenta con sus invitados.

―Su Excelencia, lamentablemente a estas alturas no puedo permitirme el lujo de tener invitados, y menos aquellos tan importantes como usted. Si mi comportamiento le parece molesto, por favor, será mejor que se retire.  

La mirada feroz de Norah dejó en claro que no tenía intención de continuar una conversación inútil con el hombre. Después de todo, ellos se odiaban, sus familias se odiaban desde generaciones atrás. Cada segundo que se veían a las caras, miles de dagas y espadas invisibles se batían en batalla.

Sin embargo, ahora que la familia Kobach había caído en desgracia, Norah no tenía opción más que bajar las armas, y agachar la cabeza en rendición, con la esperanza de que ese hombre la dejará ir. Aun así, no sucumbiría a su voluntad. Pero el hombre, tan descarado y cínico, le hizo esa proposición de matrimonio, dejándola con la boca abierta, pero con furia en los ojos.

Lo rechazó, como es debido, envió una carta muy respetuosa mandándolo al demonio. Pero el hombre persistió, no parecía entender la indirecta, y se volvió a aparecer frente a la puerta con su aspecto altanero e indiferente. Con esos ojos grises que parecían traspasar los pensamientos, y esa figura alta y varonil que parecía querer dominarla con su presencia. Ese hombre solo quería burlarse, su mirada lo decía. Después de todo, Norah ya no tenía nada; lo había perdido todo y estaba a merced de él.

―Señorita Kobach, ―Albert la miró con una ceja alzada y las manos cruzadas―, su padre no volverá y usted no tiene mejores ofertas, ¿o sí?

―Cualquier oferta es mucho mejor que la de un Bailler.

Albert rio, pero sus ojos contenían una furia sin disfraz. ―Señorita, usted es una obstinada.

―No lo soy, Duque, pero entiendo muy bien mis opciones.

―Entonces, eso la hace especial, señorita. Al menos alguien de la familia Kobach entiende sus opciones.

Norah no pudo más que apretar los puños. Si no fuera por el infortunio que su padre le había traído, ahora ella no estaría tratando con ese hombre de ojos grises y duros como una roca.

Luego de que el Duque Fernando Kobach huyera descaradamente con la fortuna de la familia, y dejara atrás a su esposa enferma, y a su hermosa hija, los cobradores llegaron uno tras otro a las puertas de la mansión para exigir el pago de las deudas. Muchos de ellos ya venían con gente lista para llevarse hasta la última pieza valiosa de la mansión, los muebles, los tapices, los adornos y pinturas, para después dejarla vacía. Incluso se llevaron los vestidos y joyas de la Duquesa, sin considerar a la hermosa pero enferma mujer. 

Norah pidió ayuda, a los amigos, a sus familiares más cercanos, a todos sus conocidos a los que podía acudir; sin embargo, esas personas decidieron abandonarlas también. No hubo compasión en sus palabras ni afecto por su cercanía. Cada vez que Norah trataba de pedirles, casi suplicarles, por un poco de ayuda, se le negaba la entrada; o en el peor de los casos, se le insistía que se casara con un noble rico sin escrúpulos, alguien conocido de ellos y que les beneficiaría en el futuro.

En el peor de los momentos, nadie le extendió la mano, no hubo ni un solo gesto de ayuda, ni caridad.

Norah vio cómo los deudores devoraban todas las posesiones y terrenos de la familia Kobach sin que ella pudiera hacer o decir nada. Por días, solo más y peores noticias llegaban. Al final, la desesperación la dejó al alcance de sus enemigos de toda una vida, los Bailler.

Un día, sin previo aviso, el Duque Albert Bailler llegó tocando a las puertas. La casa vacía resonó con el eco de los golpes y Norah fue quien le abrió, ya no había servidumbre, todos habían desaparecido con lo poco de valor que todavía quedaba en la mansión.

—¿Crees que puedes negarte, Norah?— dijo Albert con una voz serena, pero a la vez con cinismo. Su alta y respetable figura veía a Norah como siempre la había notado en el pasado, una mujer hermosa y llena de orgullo. Con su mirada altanera y su espalda erguida que denotaba la alta educación y los modales de una dama.

—Sí, aún puedo, ¿qué es lo que busca aquí, Su Excelencia? ¿Por qué se aparece sin invitación cuando mi familia y yo ya no poseemos nada? Ya le he dicho que no aceptaré su propuesta.

 Norah lo miró con un gesto aún lleno de dignidad que la hija de un Duque debía tener. Sus hermosos ojos azules y cabello plateado, que, a pesar de los días difíciles y las noches frías, aún poseían la nobleza de su estatus. Aunque ya era inútil en ese momento. Para ese hombre, esa fiera personalidad no era más que un último esfuerzo de un animal herido para mantenerse con vida.

—En eso tienes razón, ya no hay valor en esta casa, ni siquiera tú eres suficiente para tentarme.

Albert la miró con burla en sus ojos. Entendía el orgullo de la hija de un noble, pero el de ella siempre le causaba tanto desprecio. Si no fuera porque hizo un trato con su padre para proponerle matrimonio, nunca hubiera pensado en pisar esa mansión.

Norah lo miró, pero no respondió con rudeza, después de todo, el hombre era un Duque y cualquier insulto a su persona solo le causaría más problemas. Bajó los ojos a sus manos que ya estaban arrugando la falda de su vestido.

—Por favor, le suplico que, si ya no hay más de que hablar, nos deje con lo único que nos queda.

Él la volvió a mirar con desdén y le tiró una nota de papel en el regazo, no sin antes dejar salir una pequeña risa.

—¿Qué es…?

Los ojos de Norah se abrieron con horror al leer el pedazo de papel. La nota era una cesión de propiedad, tanto de la Mansión como del territorio. Su padre la había firmado a cambio de una suma inmensa de dinero, el cual, sin duda, se había llevado sin pagar las deudas.

―No puede ser, esto tiene que ser un error. Él nunca…

―Ya no tiene opción, Señorita Kobach. Cásese conmigo o puede irse sin nada.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Mi Extraordinario Romance con el Duque   99.

    Norah salió con paso decidido fuera de la habitación, sin embargo, no más de dos pasos fuera, una mujer con aspecto estricto y un hombre viejo con cabello blanco, pero igualmente con mirada severa, detuvieron sus pasos. Hicieron una ligera reverencia a modo de saludo y se voltearon a verla de nuevo.―Milady, ¿ha tenido algún inconveniente con Madame Hill?El hombre fue quien habló primero, él era el mayordomo de la mansión, el Señor Guillén. A diferencia del resto de los empleados, él había sido un noble de una familia muy antigua, sin embargo, la fortuna de su casa se hundió en desastre cuando la enfermedad y la plaga sacudió su territorio. Si no fuera por la pronta ayuda de los médicos enviados por el Duque Bailler, padre de Albert, no hubiera sobrev

  • Mi Extraordinario Romance con el Duque   98.

    ―Quiero salir al jardín.―En un momento, aún tengo algunos pendientes que terminar.―Puedo ir sola, no es necesa…―Si lo es…Por tres días seguidos, Albert no había permitido a Norah dejar su lado, ni por un solo instante la podía dejar salir de su vista. Desde el atentado a su vida, desde ese pequeño momento en que pensó que la perdería, sabía que se volvería loco de solo recordarlo. Tenía que tenerla a su lado, al menos por un tiempo para aliviar su corazón y su miedo.Albert se levantó de su asiento y caminó hasta ella. Ya había puesto una mesita especial con cientos de libros de la

  • Mi Extraordinario Romance con el Duque   97.

    ―Su Excelencia, yo…―No hay excusa para lo que hiciste, Guillén. ―Albert miró al anciano encerrado en la pequeña y oscura celda. Apenas si tenía solo una silla para recargar su frágil cuerpo. Sin embargo, y aún con la consigna de que había hecho algo imperdonable, no parecía arrepentido, en cambio, la dignidad que se mostraba en sus ojos era más pura que nunca.―Yo no lo entiendo, milord, usted es un Bailler, el Duque y heredero de todo un legado, ¿por qué dejó que esa mujer...?―Ella no tiene nada que ver con lo que ocurrió.―¡Ella es hija de ese hombre!―Y por esa razón, ha sufrido más que ninguno.&nbs

  • Mi Extraordinario Romance con el Duque   96.

    La voz de Albert tomó a todos por sorpresa, pero la flecha que el Señor Guillén había dado la señal de disparar, ya estaba en curso. Quien quiera que hubiera disparado la flecha tenía un objetivo muy claro, la mujer de cabello plateado.Norah no se había movido a tiempo cuando, pero Sir Caplin la envolvió en sus brazos y tomó la flecha con su cuerpo. Fue breve, fue rápido, solo un respiro y en un segundo los dos cayeron al suelo. Norah sin ningún rasguño, pero el hombre con una estaca clavada en su hombro. Sangre brotaba de su cuerpo y un quejido salía dolorosamente de su boca.―Sir Caplin… ―Norah lo sintió desfallecer, los ojos del hombre se cerraban poco a poco con una neblina cubriendo su mirada. ―Quédese despierto, no se duerma.

  • Mi Extraordinario Romance con el Duque   95.

    Los sirvientes y los otros caballeros se quedaron atónitos por la fiereza de la Duquesa, nunca habían pensado que tomara la espada y los enfrentara.Para Norah, el uso de la espada no era nada inusual. Su padre la había entrenado, su madre también era diestra en varios tipos de armas. Sin embargo, nunca pensó verse obligada a utilizar esa habilidad para defenderse dentro de su propia casa. Incluso pensó haber perdido el toque y la fuerza para levantar la pesada arma.Pero, quién iba a pensar que su pequeña llama azul le daría tantas ventajas. Se sintió vigorizada y con una energía sin igual. Incluso creía poder acabar sola con esos caballeros que no tenían nada de nobles. Si se atrevían a levantar sus armas contra su amo, aunque fuera una prisionera con

  • Mi Extraordinario Romance con el Duque   94.

    Norah siguió caminando por la Mansión, los sirvientes la veían pasar y la señalaban, ni siquiera se mostraban cuidadosos con sus murmullos y sus miradas.―Milady, ―la voz de Madame Miria pronto se hizo paso a ella. El tono exigente, sin recato a su estatus era de poco disimulo. ―Por favor, se nos ha indicado que no debe abandonar sus aposentos.―¿Quién?―¿Perdone milady?―¿Quién le ha dado la orden? Yo jamás escuché semejante instrucción de los labios de mi esposo. Y si es así, debe una muestra de que dice la verdad.―Yo…―Yo puedo atestiguar de que

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status