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Hola, cariño

作者: Annie
last update 公開日: 2026-05-11 19:47:19

ELENA

Entonces, ¿te casarás conmigo?

Sí.

Me desperté de golpe y abrí los ojos de golpe. Casi al instante, me arrepentí de mi decisión cuando un dolor agudo me atravesó la cabeza.

—Ay —gemí, agarrándome la cabeza con las manos. —Me duele la cabeza… —grité en voz alta. 

Era como si tuviera una estampida de toros ahí arriba. Ni siquiera podía abrir bien los ojos de lo mucho que me dolía.

¿Cuánto bebí anoche?

Con las manos a tientas, alcancé el teléfono fijo de la mesita de noche y llamé al servicio de habitaciones.

Unos minutos más tarde, me recosté contra la cama.

¿Cómo había llegado hasta aquí?

Lo último que recordaba era haber ido al club y haberme hundido en el fondo de una botella. Pero luego… el resto de mis recuerdos eran borrosos, aunque había una cosa que me llamó la atención.

El sueño que tuve.

Le pedí matrimonio a Jason, pero no fue él quien respondió. Fue otra persona. Un hombre cuyo rostro no tenía claro en mi memoria.

¿Quién era?

Giré la cabeza hacia la izquierda cuando el sonido de mi teléfono llenó el aire. Con un gemido, lo cogí y me lo llevé al oído.

—Hola —dije con una mueca de dolor.

—Hola, chica. ¿Qué tal ha ido? ¿Ya formáis parte del trío? ¿Qué expresión tenía? Oh, dime que lo has grabado en vídeo. Dímelo, dímelo...

—Me ha engañado. 

Solté la bomba, esperando a que asimilara lo que le había dicho.

—¿Qué?

—Todo este tiempo me ha estado engañando con Ruby, y yo ni me había dado cuenta.

—A mí tampoco —dijo en voz baja—. No puedo creer que te hiciera eso, y encima con una asistente.

Me encogí de hombros, aunque ella no pudiera verme. Me pregunté si debería contarle lo del hombre de mis sueños, pero al final me contuve.

—¿Y cuándo vas a volver a casa?—, preguntó, y yo suspiré, dejándome caer sobre las almohadas.

—Espero que hoy. Necesito sumergirme en un montón de trabajo.

—No. Te sugiero que te quedes en las Maldivas y te relajes. Que le den a Jason y a su polla de cinco centímetros—. Casi me eché a reír y acabé haciendo una mueca de dolor cuando el dolor de cabeza se intensificó.

—Quédate allí, yo me encargaré de todo en la empresa.

—Gracias, Angela. Eres la mejor.

Pasaron unos días volando y, tras mucho cuidarme y mimarme, volví a casa. Fue divertido, aunque con una mezcla de vacío en el corazón.

Intenté ser feliz tanto como pude, pero el vacío en mi pecho y el dolor punzante en el fondo de mi mente lo hacían imposible.

La mayoría de las veces, me despertaba echando muchísimo de menos a Jason, y otras veces me despertaba maldiciéndolo hasta los confines de la tierra. Mi corazón estaba en constante agitación, y cuando llegó el día D para volver a casa, me sentí más que aliviada.

Lo único que echaría de menos era al desconocido de aquella noche.

Lucas.

Sí, al final me acordé de él. De hecho, ese mismo día. 

A medida que me volvían los recuerdos de aquella noche, me horrorizaban las cosas que había hecho y dicho, y la última parte de nuestra conversación, que me había atormentado una y otra vez en sueños, me impactó más que nada.

Así que le pedí matrimonio a un desconocido al que nunca había visto antes, y él aceptó. 

Vaya cosa. 

Estaba borracha y probablemente él lo dijo para que me sintiera mejor. Era imposible que me tomara en serio. Ni siquiera yo me tomaba en serio a mí misma.

Por muy increíblemente guapo y atractivo que fuera, mi corazón estaba demasiado dolorido como para lanzarme a otra relación.

Así que sí, quizá fue una buena idea que me fuera.

A mitad del vuelo, sentí unas ganas locas de ir al baño y me levanté para ir al aseo cuando, de repente, choqué con alguien.

Extendió una mano para mantener el equilibrio, mientras que con la otra me rodeaba la cintura.

Su colonia me llegó a la nariz y había algo en ella que me resultaba terriblemente familiar.

—Lo siento mucho —susurré mientras me apartaba y salía de su abrazo.

—No pasa nada. Ten cuidado la próxima vez.

Parpadeé. Esa voz… La había oído antes en alguna parte. Pero con mi vejiga enviándome señales de alarma urgentes a la cabeza, no le di mucha importancia y me apresuré a ir al baño.

El resto del vuelo transcurrió sin incidentes. Y en pocas horas, ya estaba de vuelta en casa con mi equipaje en el dormitorio.

Me quedé mirando el paquete de San Valentín que descansaba tan bonito en mi salón; solo con volver a verlo se me llenaron los ojos de lágrimas.

Aquella noche, tras recibir una bronca de Ángela por volver demasiado pronto, me senté sola en el sofá, arropada con mi manta calentita mientras me comía un trozo de tarta.

A la mañana siguiente, me desperté con el sonido del timbre de la puerta.

Gruñí, echando un vistazo al reloj digital de la mesita de noche.

Las 10 de la mañana. Sin duda, me había quedado dormida.

Probablemente Ángela había venido a verme. Me quité la manta, me levanté de la cama y me dirigí a la puerta principal.

—Angela, no deberías haber...— Me quedé paralizada, mirando al hombre que estaba en el porche de mi casa.

Sus labios se curvaron en una sonrisa. —Hola, cariño.

—¡Ah!—grité y le cerré la puerta en las narices.

¿L-Lucas estaba aquí? ¿Lucas estaba en mi porche? ¿Cómo?

Me llevé la mano al pecho, con la respiración entrecortada mientras el corazón me latía a toda velocidad detrás de la caja torácica.

¿Cómo era posible?

Me vi reflejada en la tele que había al fondo y maldije entre dientes.

¡Esperaba que fuera Ángela, por eso no me había arreglado el pelo revuelto!

Ojalá se abriera la tierra y me tragara…

Me pasé las manos por el pelo, me limpié la baba seca de la cara y me arreglé el pijama.

Satisfecha con mi aspecto, abrí lentamente la puerta, asomando la cabeza antes que el resto del cuerpo.

Y no, no estaba soñando ni alucinando.

Lucas estaba realmente en el porche de mi casa, con un gran ramo de flores en la mano, mirándome con los ojos brillantes.

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