Mag-log in—Toma, estas son para ti. —Subió las escaleras y me tendió la flor.
—G-gracias —respondí, rodeando con las manos el tallo envuelto. Di un respingo al sentir la leve descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo cuando nuestros dedos se tocaron.
Me quedé mirando las flores, desconcertada; eran todas mis favoritas. ¿Se lo había dicho aquella noche?
—Elena, ¿me invitas a pasar?
Parpadeé antes de apartarme para dejarle más espacio. —C-claro.
Pasó junto a mí, y su colonia me llegó directamente a la nariz. Era la misma que en el avión.
Cerré la puerta y me volví hacia él, aún apretando las flores contra mi pecho.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías siquiera mi dirección?
Lucas echó un vistazo a mi salón con aprobación en la mirada. Aunque no es que necesitara su aprobación.
—Simplemente no puedo quedarme en las Maldivas mientras mi prometida está al otro lado del mundo. En cuanto a saber tu dirección, ese es mi pequeño secreto.
—¿Prometida? No soy tu prometida, Lucas. Solo eres un desconocido al que conocí en un club durante una de mis peores noches.
—¿En serio? —Ladeó la cabeza antes de levantar la mano. —Mi anillo de compromiso dice lo contrario. Me pediste matrimonio esa noche, ¿te acuerdas?—
Abrí y cerré la boca como un pez mientras mis ojos se fijaban en el anillo de boda improvisado. Era un pequeño objeto metálico, enrollado en forma de anillo.
¿Yo también había hecho eso?
Me pasé la lengua por el labio inferior y lo miré: —Lucas, estaba borracha...—
—No lo estaba, y eso hace que nuestro compromiso sea legal.
—Llevas un aro de metal en el dedo y llamas prometida a una mujer a la que solo has visto una vez. ¿Hasta qué punto estás en las nubes?
Se encogió de hombros.
—Ni siquiera me quieres—le espeté y él entrecerró los ojos.
—¿Quién lo dice? Me enamoré de ti la primera noche.
—¿Te estás escuchando siquiera?
Lucas acortó la distancia entre nosotros; los ramos que llevaba en las manos le impidieron acercarse más.
—¿De verdad estabas bromeando esa noche?
Tragué saliva y aparté la mirada. —Estaba borracha. Todo lo que dije esa noche eran tonterías.
Mi corazón se aceleró cuando sus manos tocaron las mías. Me quitó el ramo y lo dejó sobre la mesa. Sus ojos se encontraron con los míos, nuestras manos entrelazadas mientras él me acariciaba el dorso de la mano con el pulgar.
—Mírame, Elena, y dime que no sientes nada por mí.
Fruncí el ceño. —Nos hemos visto una sola vez, Lucas.
—Como has repetido tantas veces hoy, eso aún no responde a mi pregunta. ¿De verdad no sientes nada por mí?
No, la respuesta estaba ahí, en la punta de mi lengua, y sin embargo no podía decirla en voz alta.
—Sí o no. Si es lo segundo, saldré por esa puerta y no volveré jamás.
Me entró el pánico. ¿Se iría?
Pero ¿no debería eso hacerme feliz? De todos modos, no es que lo quisiera aquí.
Así que aparté la mirada. —No, no siento nada—. Se hizo el silencio y ninguno de los dos habló.
Fuera lo que fuera lo que esperaba que hiciera, desde luego no era que me acercara a mí y me diera un besito en la frente.
—Vale, seguiré intentándolo, entonces.
Lo miré cuando se alejó. —Dijiste que te irías si te decía que no.
—Sí, pero tus ojos decían otra cosa. Y pienso esperar hasta que tus labios digan lo mismo. Disfruta de tus flores, mi amor.
Y, sin más, se marchó.
¿Qué demonios acaba de pasar?
***
Durante los días siguientes, cada mañana había un regalo esperándome en el porche de mi casa. Flores, el desayuno de mi cafetería favorita, postres, utensilios de cocina…
Lucas me regalaba de todo, y cada regalo venía acompañado de una nota.
Dame la oportunidad de demostrarte cómo un hombre de verdad trata a su reina…
Y cada una de esas notas estaba guardada con cuidado en mi diario. Me dolía saber que no podía corresponder a su afecto de la misma manera.
Ojalá hubiera alguna forma de hacer que parara.
—A ver si lo entiendo bien. Te fuiste a las Maldivas, te liaste con un dios griego sexy...—
—No me lié con él —la corregí pero Ángela siguió de todos modos.
—... le pediste matrimonio, ahora te ha seguido hasta casa y te está cortejando activamente como un marido.
—Sí.
—Chica, ¿por qué no le has dicho que sí? Está claro que este hombre está loco por ti.
Fruncí los labios. —¿No te parece un poco raro? Cualquier persona normal se habría olvidado de aquella noche. Además, ¿quién se enamora con solo un encuentro?
—¿Has oído hablar del amor a primera vista?
—No creo en esas tonterías —repliqué y Ángela sonrió.
—Que tú no creas en ello no significa que no sea real.
—Deberías aconsejarme que no siguiera adelante con esto—. La miré con los ojos entrecerrados mientras ella lamía el glaseado de la cuchara.
—No tengo que hacer una m****a porque, en el fondo, ya sabes lo que quieres.
—No, no lo sé.
—Vale. ¿Te gusta este chico?
—No lo conozco lo suficiente como para que me guste.
—¿Quieres salir con él?
—Acabo de salir de una relación. Aún no me he recuperado.
—¿Te sientes incómoda con sus gestos? —Se llevó otra cucharada a la boca.
—No son agobiantes, si es eso lo que me estás preguntando.
Ángela sonrió: —Ahí lo tienes. Ya tienes tu respuesta.
—¿Qué respuesta?
—¿Qué hacer con él? A cada pregunta que te he hecho, has respondido con excusas. No con un —no— rotundo.
—Tampoco he dicho que sí.
—Simplemente estás en conflicto, y no por decir sí o no, sino porque te preocupa que te haga daño como lo hizo Jason, o que encuentre a alguien mejor y pierda interés en ti.
No dije nada. No podía. No en ese momento. Ella había puesto la mitad de mis miedos justo delante de mí.
—No te diré que aceptes, pero tómate tu tiempo, no tomes ninguna decisión precipitada y deja que las cosas fluyan con naturalidad—. Angela terminó de hablar mientras se acercaba a la nevera para coger otro bote de helado.
Mi mirada se desvió hacia las flores que había sobre la mesa del salón.
Ni hablar, una nueva relación era lo último que necesitaba.
Capítulo 8ElenaMi trabajo era el trabajo de mis sueños.Buen horario laboral. Ambiente relajado. Excelente sueldo, incluso por las horas extra.Pero si había algo que me hacía considerar renunciar o, peor aún, jubilarme, era este bastardo calvo sonriéndome.—Elena —dijo el señor Harris, soltando a la mujer que llevaba del brazo y caminando hacia mí.Claramente era una escort. La pobre parecía tener la mitad de su edad y no se parecía en nada a la señora Harris, la que enviaba canastas de regalo a la oficina cada Navidad y Pascua.Antes de que pudiera tocarme, di un paso fuera de su alcance, con mi sonrisa cortés pegada al rostro.—Señor Harris. Qué coincidencia verlo aquí.—Igualmente.Sus ojos recorrieron cada centímetro de mí, cubierta por este vestido ajustado. Incluso con un traje que costaba miles, no podía ocultar el hecho de que era un pervertido.—Hoy te ves bastante encantadora,
ElenaMi corazón dejó de latir por un instante.¿Lucas Cahill? ¿El mismísimo Lucas Cahill?¿A quién demonios me había echado encima en aquel club?Lucas me abrazó con más fuerza mientras se inclinaba para susurrarme: —Estás temblando, cariño.Apreté los dedos contra su brazo, con una sonrisa forzada que luchaba por mantenerse en mis labios. —¿De qué estás hablando, cariño?¿Sabía que Jason trabajaba en su empresa? Lucas había encontrado mi casa; ¿qué le impedía indagar también en mi antigua relación?—Parece que estás a punto de pegarme —dijo Lucas.Antes de que pudiera decir nada, me besó de nuevo. Mi cerebro se cortocircuitó.En contra de mi voluntad, levanté las manos y lo atraje hacia mí agarrándolo por el cuello de la camisa. ¿Cómo era posible que todos sus besos fueran tan maravillosos?Podía sentir placer hasta en la punta de los dedos de los pies.Jason no dejaba de emitir sonidos que parecían indicar que estaba teniendo un ataque epiléptico. Al cabo de un momento, resopló y s
Capítulo 6ElenaUn escalofrío me recorrió la espalda al oír su voz. Apenas pude contener una sonrisa.—No he sabido nada de ti en toda la mañana, así que pensé en llamar para ver cómo estabas —dije, suavizando la voz más de lo que creía posible—. ¿Cómo estás?Hubo una pausa al otro lado de la línea. —¿Dónde estás? Fui a tu casa, pero tu vecino me dijo que habías salido.—No estoy muy lejos. Una idea me pasó por la cabeza y esbocé una sonrisa. —Puedes entrar y esperarme.Mis palabras sacaron a Jason de su aturdimiento. Su rostro se contorsionó de ira y se abalanzó hacia delante, intentando arrebatarme el teléfono de la mano.—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —Le pregunté, apartándome de su alcance.El pecho de Jason se agitaba con cada respiración. Señaló el teléfono.—Me engañabas con ese cabrón mientras salíamos juntos, ¿eh?.Su descaro casi me deja sin palabras. Miré alternativamente a él y a Ruby, preguntándome si hablaba en serio con esos celos.—¿Para cuántos hombres has
Han pasado dos semanas desde que volví de mi viaje, dos semanas en las que Lucas no ha dejado de colmarme de regalos, una semana despertándome con mensajes de «buenos días» y durmiéndome con mensajes de «buenas noches».La mayoría de las veces, sus mensajes eran tan precisos que me preguntaba si realmente podía verme. ¿Me estaba… acosando?Espero que no.Nunca nos llamamos, ni yo respondí a sus mensajes, pero últimamente me he sorprendido releyendo esos mensajes y sonriendo como una adolescente enamorada.No, no estaba enamorada. Supongo que simplemente disfrutaba de su atención.He estado echando un vistazo a mi teléfono a lo largo del día, esperando su mensaje, pero no llegó ninguno. No quería admitirlo, pero una parte de mí estaba dolida.¿Quizás estaba ocupado?Bueno, era solo cuestión de tiempo que se cansara de mí y dejara de estar interesado en mantener nuestra conversación unilateral.Intenté quitármelo de la cabeza, sumergirme en mi trabajo, pero de alguna manera volví al móv
—Toma, estas son para ti. —Subió las escaleras y me tendió la flor.—G-gracias —respondí, rodeando con las manos el tallo envuelto. Di un respingo al sentir la leve descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo cuando nuestros dedos se tocaron.Me quedé mirando las flores, desconcertada; eran todas mis favoritas. ¿Se lo había dicho aquella noche?—Elena, ¿me invitas a pasar?Parpadeé antes de apartarme para dejarle más espacio. —C-claro.Pasó junto a mí, y su colonia me llegó directamente a la nariz. Era la misma que en el avión.Cerré la puerta y me volví hacia él, aún apretando las flores contra mi pecho.—¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías siquiera mi dirección?Lucas echó un vistazo a mi salón con aprobación en la mirada. Aunque no es que necesitara su aprobación.—Simplemente no puedo quedarme en las Maldivas mientras mi prometida está al otro lado del mundo. En cuanto a saber tu dirección, ese es mi pequeño secreto.—¿Prometida? No soy tu prometida, Lucas. Solo eres un desconocido al
ELENAEntonces, ¿te casarás conmigo?Sí.Me desperté de golpe y abrí los ojos de golpe. Casi al instante, me arrepentí de mi decisión cuando un dolor agudo me atravesó la cabeza.—Ay —gemí, agarrándome la cabeza con las manos. —Me duele la cabeza… —grité en voz alta. Era como si tuviera una estampida de toros ahí arriba. Ni siquiera podía abrir bien los ojos de lo mucho que me dolía.¿Cuánto bebí anoche?Con las manos a tientas, alcancé el teléfono fijo de la mesita de noche y llamé al servicio de habitaciones.Unos minutos más tarde, me recosté contra la cama.¿Cómo había llegado hasta aquí?Lo último que recordaba era haber ido al club y haberme hundido en el fondo de una botella. Pero luego… el resto de mis recuerdos eran borrosos, aunque había una cosa que me llamó la atención.El sueño que tuve.Le pedí matrimonio a Jason, pero no fue él quien respondió. Fue otra persona. Un hombre cuyo rostro no tenía claro en mi memoria.¿Quién era?Giré la cabeza hacia la izquierda cuando el







