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—Les presento a Eleanor Montgomery, mi futura esposa. La mujer que amo y con la que voy a casarme.
Los ojos de Eleanor Montgomery se abrieron de par en par.
Miró con evidente desconcierto a su jefe, Archibald Richter, conocido por todos como Archie, un hombre de treinta y un años que, a su corta edad, ya ocupaba el cargo de presidente ejecutivo de Richter Company, una corporación multinacional con una enorme influencia en el mundo empresarial del país.
¿Qué significaban aquellas palabras?
¿Por qué la estaba presentando como su futura esposa?
Eleanor sintió la ligera presión de los dedos de Archie sobre su cintura.
Intentó comprender qué estaba ocurriendo y cómo había terminado atrapada en aquella situación.
Había acudido a aquel restaurante para encontrarse con su prometido, Julian Blackwood. Sin embargo, lo que descubrió fue la infidelidad de Julian con Paula Hazelwood, la heredera de la poderosa familia Hazelwood.
La discusión que siguió terminó con Julian rompiendo unilateralmente su compromiso.
Apenas había abandonado a Julian y Paula, consumida por la rabia y la decepción, cuando se cruzó accidentalmente con Archie.
Sin darle tiempo a reaccionar, él le tomó la mano y le dijo:
—Ven conmigo.
Eleanor aún no lograba entender lo que estaba pasando.
Hasta que finalmente comprendió la verdad.
Archie la había arrastrado hasta allí para utilizarla como escudo.
Y la prueba estaba frente a ella.
La mujer que tenían delante estaba tan furiosa que su rostro se había teñido de rojo al escuchar la declaración que Archie acababa de hacer.
Archie acababa de presentarla como su futura esposa.
¡Su jefe estaba completamente loco!
—Archie, estás bromeando, ¿verdad?
Greta Lindemann, la mujer con la que habían intentado emparejarlo, se levantó de su asiento sin apartar la vista de él.
No estaba dispuesta a creer lo que acababa de escuchar.
—Como puedes ver, solo me casaré con Eleanor.
La voz de Archie fue firme e imposible de cuestionar.
Greta soltó una sonrisa burlona.
—¿Esta mujer?
Le señaló directamente con el dedo mientras recorría a Eleanor con la mirada, desde los pies hasta la cabeza.
—No me hagas reír, Archie. Ni siquiera es tu tipo.
Su sonrisa se volvió aún más despectiva.
—Solo yo soy adecuada para ti. Haz que esta mujer se vaya y olvidaré todo lo que acabas de decir.
La mirada de Archie se volvió cortante.
—¿Mi tipo? No necesitas conocer mis gustos para decidir con quién voy a casarme. Y tampoco tienes derecho a intervenir en este compromiso.
Eleanor permaneció en silencio, atrapada en un problema que ni siquiera entendía.
La mano de Archie seguía descansando sobre su cintura.
La presión de sus dedos parecía mantenerla inmóvil, impidiéndole escapar de aquella absurda representación.
Greta cruzó los brazos sobre el pecho.
Con el mentón en alto y una mirada afilada clavada en Eleanor, dejó claro que seguía sin aceptar las palabras de Archie.
—Archie, mírala.
Su voz era baja, pero rebosaba desprecio.
—¿Crees que no conozco el tipo de mujeres que se acercan a ti? Mira cómo viste, cómo se comporta, cómo permanece ahí de pie. Ni siquiera es capaz de sostenerme la mirada.
Eleanor parpadeó.
Sus manos se cerraron en puños junto a su cuerpo al escuchar cómo Greta seguía menospreciándola.
—¿Cuánto le pagaste para traerla aquí?
Greta sonrió con sarcasmo.
—Tu estrategia es demasiado barata, Archie. ¿Rechazar un compromiso entre nuestras familias trayendo a una mujer contratada de la calle? Es ridículo. ¿No pudiste encontrar a alguien con más clase? Al menos alguien por encima de mí.
Su tono estaba cargado de burla.
Una de las cejas de Archie se arqueó lentamente.
Sus ojos se clavaron en Greta.
—¿Una mujer contratada?
Repitió aquellas palabras en voz baja.
Sin embargo, aquel tono resultó mucho más amenazante que cualquier grito.
—Por supuesto. Jamás creeré que sea una mujer que realmente te guste. Es imposible.
Greta negó con la cabeza mientras seguía sonriendo con desdén.
Los ojos de Archie destellaron.
Giró ligeramente el cuerpo hasta quedar completamente frente a Eleanor.
La mirada fría y distante que normalmente lo caracterizaba se suavizó de repente, revelando una emoción difícil de interpretar.
Su mano abandonó la cintura de Eleanor.
Sus largos dedos ascendieron lentamente hasta su nuca y se deslizaron entre su cabello.
Eleanor contuvo el aliento.
El contacto era cálido.
Pero no le dejaba espacio para protestar.
—No necesito pagarle a la mujer que tiene el control absoluto de mi corazón, Greta.
La voz de Archie se volvió inesperadamente suave.
Sus ojos permanecían fijos en los labios de Eleanor, ligeramente entreabiertos por la sorpresa.
Antes de que ella pudiera comprender lo que estaba sucediendo, Archie unió sus labios a los de ella.
El tiempo pareció ralentizarse.
Eleanor pudo distinguir claramente las espesas pestañas de Archie cuando cerró los ojos.
Un instante después, sintió la presión suave pero firme de sus labios sobre los suyos.
No fue un gesto apresurado.
Fue una declaración silenciosa.
Una afirmación cargada de certeza absoluta.
Paula alzó la vista desde su posición en el suelo, observando a la persona que acababa de aparecer con una mirada de desagrado.—Tú —siseó Paula, reconociendo el rostro de Greta, quien permanecía elegante al final del pasillo, ataviada con un ceñido vestido de noche negro azabache.—Lo he oído todo —dijo Greta con calma, dando un paso al frente mientras la comisura de sus labios se dibujaba en una leve sonrisa—. La mujer que acaba de entrar al baño es Eleanor, ¿verdad?—¿Qué pasa? ¿Acaso la conoces? —Paula se levantó del suelo y se sacudió la falda con brusquedad, manteniendo un tono hostil en la voz.—¿Conocerla? —Greta dejó escapar una risita amarga—. Es la mujer que me quitó a mi prometido.En ese instante, el semblante de Paula cambió por completo. Su aversión hacia Greta fue reemplazada por una profunda curiosidad, y sus ojos se entrecerraron para examinar a la mujer de una manera completamente distinta.—¿Tu prometido? —repitió Paula, ahora con un tono de voz que denotaba más in
—¿Qué hace alguien como tú en un sitio como este? —la voz de Paula sonó gélida, con un dardo envenenado mientras recorría a Eleanor con una mirada de desprecio de arriba abajo.Eleanor no contestó. Se limitó a soltar un suspiro quedo, prefiriendo ignorar la provocación, y dio un paso para intentar pasar al lado de Paula, que bloqueaba parte del estrecho pasillo.Sin embargo, Paula no tenía intenciones de dejarla ir así como así.—¿O no me digas que... —prosiguió Paula, afilando aún más la voz— has venido a propósito porque sabías que Julian estaba aquí, para intentar seducirlo de nuevo? Qué descarada eres.Eleanor detuvo sus pasos y miró a Paula con un chispazo de paciencia a punto de agotarse.—Julian ya no me importa nada —dijo Eleanor con firmeza, marcando con claridad cada palabra—. Tú fuiste quien lo tomó en su momento, y yo lo dejé ir por completo. Así que, por favor, no vuelvas a sacar ese tema jamás.—¿Dejarlo ir? —Paula soltó una carcajada cínica, con los ojos echando chispas
Esa misma tarde, Eleanor acababa de ordenar su escritorio, preparándose para marcharse como de costumbre, cuando su teléfono vibró mostrando un mensaje de texto de Archie:[Te espero en el sótano.]Eleanor respondió de inmediato, tomó su bolso y se apresuró hacia el ascensor en dirección al aparcamiento ejecutivo.Al llegar al aparcamiento, avanzó hacia el coche de Archie tras asegurarse de que no hubiera nadie viéndola. En cuanto entró en el vehículo, encontró a Archie esperando en la parte trasera, con la chaqueta tan impecable como por la mañana, a pesar de que la jornada laboral ya había concluido hacía rato.—Buenas tardes, señor —lo saludó Eleanor al cerrar la puerta.Archie se limitó a asentir brevemente y puso el coche en marcha para abandonar el sótano.El trayecto transcurrió en silencio, como solía ser habitual, hasta que Eleanor notó que el coche no tomaba la ruta hacia la casa, sino que giraba hacia una zona de restaurantes concurrida, llena de luces cálidas a lo largo de
Archie no respondió de inmediato a la pregunta de Sam. Dejó la tableta sobre la mesa y dio leves golpecitos sobre la superficie de madera con un ritmo constante, señal de que estaba sopesando las cosas con extrema cautela.—No voy a hacer nada precipitado, Sam —dijo Archie al fin, con una voz serena pero calculadora—. Julian Blackwood no tiene por qué saber qué soy yo para Eleanor. Por ahora, dejemos las cosas así.Sam frunció el ceño, extrañado por la templanza de su superior.—¿Entonces no piensa hacer nada, señor?—Eso no significa no hacer nada —lo corrigió Archie, fijando la mirada en él—. A partir de ahora, toda la coordinación sobre el terreno con Blackwood Group la llevará directamente la Sra. Margaret. Eleanor no tiene por qué volver a pisar esa obra.—¿Y cuál será el motivo, señor? ¿Si Eleanor pregunta más adelante?—Dile que se trata de una rotación habitual de tareas —contestó Archie con frialdad—. No hace falta dar ninguna explicación sospechosa.Sam asintió, tomando nota
Durante todo el trayecto de regreso a la sede central, Eleanor permaneció en silencio en el asiento del copiloto, con las manos entrelazadas sobre el regazo. La imagen del rostro furioso de Paula y el tono de las acusaciones de Julian aún resonaban con claridad en su mente, provocándole una opresión en el pecho a pesar de sus esfuerzos por parecer serena.Margaret miró de reojo a Eleanor, que llevaba rato contemplando el vacío a través de la ventanilla.—Eleanor —la llamó Margaret con suavidad, rompiendo un silencio demasiado prolongado—. En realidad, ¿qué ocurrió dentro de la caseta?Eleanor se sobresaltó ligeramente y se apresuró a recomponer el gesto.—No fue nada, señora. Solo un pequeño malentendido.—Eleanor —repitió Margaret con mayor firmeza, apartando por un instante la mirada de la carretera para fijarla en ella—. Oí con total claridad los gritos de esa mujer. Eso no fue un pequeño malentendido.Eleanor agachó la cabeza y apretó aún más los dedos. Sabía que Margaret no se co
—Sí, Sra. Margaret —respondió Eleanor rápidamente. Tenía la intención de marcharse de inmediato, pero volvió a escuchar a Paula hablar. —Te sienta bien el apodo de robamaridos, Eleanor —la voz de Paula sonó punzante por detrás, llena de un cinismo lanzado a propósito en voz alta para que se oyera con claridad—. Deberías saber cuál es tu lugar; no eres nadie para Julian, así que no esperes poder quitarme lo que no te pertenece. Eleanor detuvo sus pasos un instante, sintiendo un punzadas en el pecho ante una acusación tan infundada. Sin embargo, prefirió no girarse ni responder. Simplemente tomó aire despacio, recobrando el control sobre sí misma antes de contestar con una voz que se mantuvo serena. —Con permiso —dijo Eleanor escuetamente, y salió de la caseta sin volver la vista atrás. Sin embargo, tras dar solo unos pocos pasos, la voz de Paula volvió a resonar, esta vez con más fuerza y énfasis: —¡Jamás me podrás quitar a Julian, Eleanor! ¡Nunca serás mejor que yo! Aquella







