LOGINArchie continuaba reconfortando a Eleanor cuando el eco de unos pasos apresurados resonó desde el exterior del lavabo.De pronto, varios camareros aparecieron en el umbral con el rostro desencajado por el pánico.—¡Dios mío! ¡¿Qué ha pasado aquí?! —exclamó una camarera al ver la puerta destrozada y a Eleanor temblando aún entre los brazos de Archie.—Traiga agua caliente y una toalla pequeña. Ahora mismo —ordenó Archie con firmeza, recuperando su tono frío y autoritario, aunque su mano seguía acariciando con delicadeza la espalda convulsa de Eleanor.La camarera echó a correr de inmediato para cumplir la orden sin atreverse a replicar.Archie ayudó a Eleanor a ponerse en pie despacio, sosteniendo su cuerpo aún débil para guiarla hacia un banco situado en el pasillo. La acomodó con sumo cuidado y se arrodilló de nuevo frente a ella, contemplando su rostro pálido y anegado en lágrimas.—Bebe esto primero —dijo Archie en cuanto la empleada regresó con el vaso de agua caliente, entregándo
La respiración de Eleanor se volvió cada vez más agitada e irregular. Se dejó deslizar despacio hasta el suelo, apoyando la espalda contra la puerta que había aporreado decenas de veces sin éxito.Le temblaban ambas manos y un sudor frío le empapaba las palmas, llenas de raspones por haber golpeado sin cesar la dura superficie de madera.El estrecho recinto parecía encogerse a cada segundo que pasaba. La luz sobre su cabeza parpadeaba levemente, proyectando sombras extrañas que no hacían más que intensificar el pánico de Eleanor.«¿Por qué no viene nadie? ¿Es que no pasa ni una sola persona por aquí?»Sus pensamientos daban vueltas descontrolados, invadidos por los peores presagios. Sentía una presión opresiva en el pecho, como si las paredes a su alrededor se fueran estrechando poco a poco para sepultarla viva.Eleanor se abrazó las rodillas, intentando apaciguar su respiración acelerada. Sin embargo, cuanto más procuraba calmarse, con más fuerza brotaban las lágrimas sin que pudiera
Paula alzó la vista desde su posición en el suelo, observando a la persona que acababa de aparecer con una mirada de desagrado.—Tú —siseó Paula, reconociendo el rostro de Greta, quien permanecía elegante al final del pasillo, ataviada con un ceñido vestido de noche negro azabache.—Lo he oído todo —dijo Greta con calma, dando un paso al frente mientras la comisura de sus labios se dibujaba en una leve sonrisa—. La mujer que acaba de entrar al baño es Eleanor, ¿verdad?—¿Qué pasa? ¿Acaso la conoces? —Paula se levantó del suelo y se sacudió la falda con brusquedad, manteniendo un tono hostil en la voz.—¿Conocerla? —Greta dejó escapar una risita amarga—. Es la mujer que me quitó a mi prometido.En ese instante, el semblante de Paula cambió por completo. Su aversión hacia Greta fue reemplazada por una profunda curiosidad, y sus ojos se entrecerraron para examinar a la mujer de una manera completamente distinta.—¿Tu prometido? —repitió Paula, ahora con un tono de voz que denotaba más in
—¿Qué hace alguien como tú en un sitio como este? —la voz de Paula sonó gélida, con un dardo envenenado mientras recorría a Eleanor con una mirada de desprecio de arriba abajo.Eleanor no contestó. Se limitó a soltar un suspiro quedo, prefiriendo ignorar la provocación, y dio un paso para intentar pasar al lado de Paula, que bloqueaba parte del estrecho pasillo.Sin embargo, Paula no tenía intenciones de dejarla ir así como así.—¿O no me digas que... —prosiguió Paula, afilando aún más la voz— has venido a propósito porque sabías que Julian estaba aquí, para intentar seducirlo de nuevo? Qué descarada eres.Eleanor detuvo sus pasos y miró a Paula con un chispazo de paciencia a punto de agotarse.—Julian ya no me importa nada —dijo Eleanor con firmeza, marcando con claridad cada palabra—. Tú fuiste quien lo tomó en su momento, y yo lo dejé ir por completo. Así que, por favor, no vuelvas a sacar ese tema jamás.—¿Dejarlo ir? —Paula soltó una carcajada cínica, con los ojos echando chispas
Esa misma tarde, Eleanor acababa de ordenar su escritorio, preparándose para marcharse como de costumbre, cuando su teléfono vibró mostrando un mensaje de texto de Archie:[Te espero en el sótano.]Eleanor respondió de inmediato, tomó su bolso y se apresuró hacia el ascensor en dirección al aparcamiento ejecutivo.Al llegar al aparcamiento, avanzó hacia el coche de Archie tras asegurarse de que no hubiera nadie viéndola. En cuanto entró en el vehículo, encontró a Archie esperando en la parte trasera, con la chaqueta tan impecable como por la mañana, a pesar de que la jornada laboral ya había concluido hacía rato.—Buenas tardes, señor —lo saludó Eleanor al cerrar la puerta.Archie se limitó a asentir brevemente y puso el coche en marcha para abandonar el sótano.El trayecto transcurrió en silencio, como solía ser habitual, hasta que Eleanor notó que el coche no tomaba la ruta hacia la casa, sino que giraba hacia una zona de restaurantes concurrida, llena de luces cálidas a lo largo de
Archie no respondió de inmediato a la pregunta de Sam. Dejó la tableta sobre la mesa y dio leves golpecitos sobre la superficie de madera con un ritmo constante, señal de que estaba sopesando las cosas con extrema cautela.—No voy a hacer nada precipitado, Sam —dijo Archie al fin, con una voz serena pero calculadora—. Julian Blackwood no tiene por qué saber qué soy yo para Eleanor. Por ahora, dejemos las cosas así.Sam frunció el ceño, extrañado por la templanza de su superior.—¿Entonces no piensa hacer nada, señor?—Eso no significa no hacer nada —lo corrigió Archie, fijando la mirada en él—. A partir de ahora, toda la coordinación sobre el terreno con Blackwood Group la llevará directamente la Sra. Margaret. Eleanor no tiene por qué volver a pisar esa obra.—¿Y cuál será el motivo, señor? ¿Si Eleanor pregunta más adelante?—Dile que se trata de una rotación habitual de tareas —contestó Archie con frialdad—. No hace falta dar ninguna explicación sospechosa.Sam asintió, tomando nota







