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Piensa en Él

Author: AMY
last update publish date: 2025-12-03 02:29:41

Esta vez hay una pausa más larga antes de que A.H. responda, y me descubro conteniendo la respiración, esperando a que los tres puntos suspensivos aparezcan en mi pantalla.

**A.H.:** *¿Y si él te ve como algo más que eso? ¿Cambiaría algo?*

Mis dedos se suspenden sobre el teclado. Es una pregunta que he estado evitando, incluso en la privacidad de mis propios pensamientos.

**Yo:** *Haría que todo fuera más complicado. Hay reglas sobre este tipo de cosas. Él podría perder su trabajo. Yo podría ser expulsada del programa. No vale la pena arriesgarse.*

**A.H.:** *¿Pero si no hubiera reglas? ¿Si no hubiera consecuencias?*

Me detengo en seco, mis pies clavados en la acera frente al edificio de mi apartamento. El viento otoñal atraviesa mi chaqueta, pero apenas lo siento. Todo en lo que puedo concentrarme es en el peso de esa pregunta y el territorio peligroso al que me está llevando.

**Yo:** *Entonces probablemente haría algo realmente estúpido.*

**A.H.:** *¿Como qué?*

Mi corazón golpea contra mis costillas. Este es el momento. Puedo retroceder hacia territorio seguro o ser honesta sobre lo que ha estado consumiendo mis pensamientos durante semanas. El cursor parpadea ante mí, esperando.

**Yo:** *Como admitir que pienso en él mucho más de lo que debería. A veces, cuando me mira en clase, olvido cómo respirar. Esa noche en la biblioteca, cuando nuestras manos se rozaron, quería que siguiera tocándome.*

Presiono enviar antes de que pueda acobardarme, y luego inmediatamente quiero recuperar las palabras del éter digital. Mi pulso se acelera mientras observo el mensaje entregado y luego marcado como leído. Eso fue demasiado honesto. Demasiado crudo. Demasiado revelador.

Los segundos se estiran hasta convertirse en lo que parecen horas.

**A.H.:** *Emma.*

Solo mi nombre. Nada más. Puedo sentir el peso de él, la forma en que lo ha escrito, como si estuviera saboreando cada letra.

**Yo:** *Lo siento. Eso fue demasiado. Olvida que dije algo.*

**A.H.:** *No te disculpes por ser honesta sobre lo que sientes. Eso requiere valentía.*

**Yo:** *¿O estupidez?*

**A.H.:** *Hay una línea muy delgada entre ambas. Para lo que vale, creo que si alguien te hace sentir con tanta intensidad, tal vez valga la pena prestarle atención.*

**Yo:** *¿Incluso si es complicado?*

**A.H.:** *Especialmente si es complicado. Las cosas fáciles rara vez valen la pena.*

Leo ese mensaje tres veces, intentando descifrar las capas de significado bajo las palabras. ¿Está hablando de mi profesor? ¿O está hablando de nosotros? ¿De lo que sea que se ha estado construyendo entre nosotros a través de pantallas y palabras cuidadosamente elegidas?

**Yo:** *Estás muy filosófico esta noche.*

**A.H.:** *He estado pensando mucho últimamente. Sobre lo que quiero. Sobre lo que estoy dispuesto a arriesgar por ello.*

Mi respiración se atora en mi garganta. Hay algo diferente en su tono esta noche, algo más urgente, más presente, más *real*.

**Yo:** *¿Y qué es lo que quieres?*

Observo el indicador de escritura aparecer, luego desaparecer, luego aparecer de nuevo. Está eligiendo sus palabras con cuidado, y de alguna manera eso hace que mi corazón lata aún más rápido.

**A.H.:** *A ti. Te quiero a ti, E. Eso se está volviendo muy claro para mí.*

El mundo se inclina ligeramente sobre su eje. Tengo que apoyarme contra la pared de ladrillos de mi edificio para mantener el equilibrio. Esta es la declaración más directa que ha hecho sobre sus sentimientos, la más clara desde que comenzamos a hablar.

**Yo:** *Nunca nos hemos conocido en persona.*

**A.H.:** *Eso no cambia lo que siento.*

**Yo:** *¿Cómo puedes estar seguro? ¿Qué pasa si nos conocemos y no hay nada? ¿Qué pasa si esto—* Hago un gesto hacia mi teléfono, aunque él no puede verme, *—no se traduce a la vida real?*

**A.H.:** *Eso no va a pasar.*

**Yo:** *Suenas muy seguro.*

**A.H.:** *Lo estoy. Cuando lo sabes, lo sabes.*

Estoy parada afuera de mi edificio, sonriéndole a mi teléfono como una completa idiota, probablemente luciendo como cualquier otra persona que se ha enamorado de alguien que conoció en línea. La parte racional de mi cerebro, la parte que me metió en este prestigioso programa, está gritando que esto es una locura. ¿Pero el resto de mí? El resto de mí se está ahogando en la calidez que se expande por mi pecho.

**Yo:** *Quiero conocerte. Pronto. Necesito saber si esto es real.*

**A.H.:** *Es real. Te lo prometo. Y nos conoceremos. Muy pronto. Solo necesito resolver algo primero.*

**Yo:** *La misteriosa "situación complicada".*

**A.H.:** *Sí. Pero te prometo, E, no es lo que piensas. No estoy casado ni en otra relación. No estoy ocultando una familia secreta ni viviendo una doble vida. Solo estoy... tratando de encontrar la forma correcta de decirte algo importante.*

**Yo:** *Estás siendo muy enigmático.*

**A.H.:** *Lo sé. Lo siento. ¿Confías en mí un poco más?*

Suspiro, mi aliento formando vaho en el aire frío de la noche, pero estoy sonriendo a pesar de mi frustración.

**Yo:** *Está bien. Pero el reloj está corriendo, A.H. No soy paciente por naturaleza.*

**A.H.:** *Anotado. Dulces sueños, E.*

**Yo:** *Buenas noches.*

Finalmente empujo la puerta del edificio de mi apartamento, subiendo las escaleras hasta el tercer piso en un estado de ensoñación. Cuando entro a nuestro apartamento, encuentro a Sophie exactamente donde esperaba: acurrucada en nuestro sofá desgastado, envuelta en la manta esponjosa que le envió su mamá, viendo algún reality show y trabajando sistemáticamente en un tazón de palomitas.

—Llegas tarde a casa —dice sin apartar la vista del televisor, donde dos mujeres aparentemente están peleando por un hombre que parece no valer el drama—. ¿Estabas con el misterioso A.H.?

—Estaba en la biblioteca —digo, dejando caer mi bolso junto a la puerta con un golpe pesado—. Pero sí, he estado enviándole mensajes.

—¿Y? —Finalmente me mira, y lo que sea que ve en mi cara hace que tome el control remoto y pause su programa en medio de la pelea—. Oh, Dios mío. Cuéntame. Ahora.

Me desplomo en el sofá junto a ella, repentinamente exhausta por el latigazo emocional de la noche.

—Me dijo que me quiere.

Sophie grita. Literalmente grita, tan fuerte que tengo que cubrirme los oídos y rezar para que nuestros vecinos no presenten otra queja por ruido.

—¡Oh, Dios mío! ¡Emma! ¡Eso es enorme! ¿Qué dijiste? Cuéntame todo. Palabra por palabra. No omitas nada.

—Dije que necesitamos conocernos. Pronto. Esto de los mensajes se está volviendo demasiado intenso. Siento que me estoy enamorando de alguien a quien nunca he visto en persona.

—De acuerdo. Absolutamente necesitas conocerlo. Necesitas ver si la química se traduce en persona, si hay chispas, si realmente es quien dice ser... —Hace una pausa, estudiando mi rostro con la intensidad que generalmente reserva para analizar casos de estudio—. Pero te ves rara. Como conflictuada. ¿Qué más pasó?

Dudo, jalando un hilo suelto del cojín del sofá. Luego, porque Sophie puede leerme como un libro de todos modos, le cuento todo sobre el encuentro en la biblioteca con Adrian. La forma en que apareció de la nada. El roce de manos que duró una fracción demasiado larga para ser accidental. La forma en que me miró como si estuviera viendo algo que no debería desear pero no podía evitar anhelar. El enredo confuso de sentimientos que admití ante A.H.

Sophie escucha en silencio, lo cual es inusual en ella. Sus ojos se agrandan progresivamente con cada detalle.

—Emma —dice lentamente cuando termino, dejando su tazón de palomitas como si esta conversación requiriera su completa atención—. Te estás enamorando de dos hombres al mismo tiempo.

—No me estoy enamorando del profesor Cross —protesto, pero incluso yo puedo escuchar lo débil que suena—. Eso es solo... atracción física. O admiración. O algún tipo raro de transferencia porque es brillante y talentoso y... —Me detengo—. No significa nada.

—Cariño. —Sophie se gira para mirarme completamente, doblando las piernas debajo de ella—. Acabas de describir el momento más romántico que he escuchado jamás, y fue sobre tocarse las manos en una biblioteca con tu profesor. Eso no es nada. Eso es literalmente la trama de cada novela romántica prohibida jamás escrita.

—No es lo mismo...

—¿No? —Inclina la cabeza—. Porque desde donde estoy sentada, suena exactamente igual. Ambos son inteligentes, misteriosos, te hacen sentir cosas que nunca has sentido antes. Ambos te tienen completamente fascinada. La única diferencia es que uno es físicamente accesible y completamente prohibido, y el otro es emocionalmente accesible pero físicamente ausente.

Me froto la cara con las manos, sintiendo el peso de sus palabras.

—Esto es un desastre.

—No, esto es complicado. Hay una diferencia. —Sophie se estira para tomar mi mano—. Mira, no te estoy juzgando. Pero creo que necesitas descubrir qué está pasando realmente aquí. Conoce a A.H. en persona. Ve si lo que sientes por él es real o si solo estás proyectando lo que no puedes tener con el profesor Cross.

—¿Y si es real? ¿Con A.H.?

—Entonces tendrás tu respuesta. Y tal vez estos sentimientos por tu profesor desaparezcan una vez que tengas algo real con alguien disponible.

—¿Y si no desaparecen?

Sophie aprieta mi mano.

—Entonces lidiarás con eso cuando llegue el momento. Pero primero, un paso a la vez. Conoce a A.H. Ve qué sucede. Deja de torturarte con hipotéticos.

Asiento, sabiendo que tiene razón pero sintiéndome no menos confundida. Me recuesto contra el respaldo del sofá, cerrando los ojos.

—¿Cuándo me volví tan complicada?

—Cariño, siempre has sido complicada. Solo que ahora tu vida amorosa está alcanzando el nivel del resto de ti.

No puedo evitar reír ante eso, a pesar de todo.

—Gracias. Creo.

—De nada. —Reanuda su programa, pero puedo ver que todavía está pensando—. Emma, solo

... ten cuidado, ¿sí? Con ambos. No quiero verte lastimada.

—Lo tendré —prometo, aunque no estoy segura de cómo ser cuidadosa cuando ya estoy cayendo.

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