Mi Querido Jugador

Mi Querido Jugador

last updateÚltima atualização : 2026-10-23
Por:  Chelsea S.Atualizado agora
Idioma: Spanish
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Serena Cooper tiene tres problemas. Un novio del que ya no está del todo segura de entender, una identidad secreta que no puede permitirse perder, y un enemigo de la infancia que acaba de regresar para arruinarle la paz. A los veintidós años, Serena persigue su sueño de graduarse con una carrera en Desarrollo de Videojuegos en Westbridge College. Cuenta con sus mejores amigas a su lado, un futuro que la entusiasma y una vida en línea como VANTA, la misteriosa sensación del gaming a la que nadie ha logrado desenmascarar. Todo va perfectamente. Hasta que Ian Sterling vuelve a entrar en su vida. Hace catorce años era el chico en el que más confiaba… y el mismo que destrozó esa confianza de tal forma que ella deseó que desapareciera. Y lo hizo. Ahora ha vuelto. Más alto, de una forma irritantemente atractiva, y decidido a instalarse cómodamente en su mundo. Serena no quiere nada que ver con él.
Por desgracia, el universo tiene otros planes. Entre encuentros inesperados, viejos rencores y sentimientos que ninguno de los dos quiere reconocer, mantener a Ian a distancia se vuelve más difícil de lo que Serena jamás imaginó. Pero Serena también guarda secretos. Y si Ian llega a descubrir la verdad detrás de esa voz que conoce tan bien, su ya de por sí complicada relación podría volverse aún más enredada. Porque enamorarse de alguien es una cosa. Confiarle las partes de ti que has pasado años escondiendo… eso es un juego completamente distinto.

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Capítulo 1

Capítulo 1- Mi Marido de la Infancia

“Creo que estoy enamorado de ti”, susurró Ian al oído de Serena en la sala de cine a oscuras.

“Eso… es estúpido”, respondió ella con sequedad.

***

Retrocedamos tres meses atrás.

Una figura enmascarada estaba sentada frente a un setup de gaming en una habitación demasiado oscura para ver con claridad.

“¡Y eso es todo por hoy, chat!”, surge una voz distorsionada del altavoz.

“VANTA, ¿DE VERDAD ERES UNA CHICA?”
“¡Las gamer girls están sobrevaloradas!”
“¡VANTA, ojalá pudiéramos jugar juntos!”
“¡VANTA, por qué no haces un face reveal?”

Escaneó los mensajes del chat mientras terminaba el directo.


“Vaya directo.” Se quitó la máscara y se revolvió el largo cabello negro ondulado con matices azules.

“¿Las gamer girls están sobrevaloradas?” Resopló. “Están enfadados porque las chicas os están dando una paliza”, murmuró. Encendió el interruptor, revelando su habitación. Paredes blancas, luces LED, decoraciones de Halloween que se negaba a quitar y una estética gamer oscura.

Miró el espejo, con el rímel corrido en la esquina del ojo izquierdo.

Justo entonces, su teléfono vibró.

EMMA: Chicasssssss. ¿Habéis oído las noticias?

LEXIE: No queremos.

Serena se rio entre dientes.

SERENA: Ems, si esto va de otro “chico guapo”, no necesitamos saberlo.

EMMA: Um… no sois amables.

LEXIE: Parece que Rena tenía razón. jaja.

Emma, Lexie y Serena habían sido mejores amigas desde el instituto hasta su último año de universidad. Eran prácticamente inseparables.

Miró la pantalla. “1:22 AM”, decía.

SERENA: ¿No tenéis clases a las 8 de la mañana?

EMMA: Nope. Yo no.

LEXIE: Estás sola en esto. Mis clases no empiezan hasta después del mediodía.

SERENA: Oh, m****a…

“Vale. Se acabó el tiempo de juego. Necesito dormir”, murmuró. Se dejó caer en la cama y se quedó dormida al instante, como si alguien le hubiera lanzado un hechizo del sueño.

***

A la mañana siguiente, Serena bajó corriendo por las calles de Brookhaven, con el bolso de tela golpeándole la cadera. Llegaba tarde… otra vez. ¿Y de quién era la culpa? Suya por quedarse despierta toda la noche entreteniendo a sus fans.

Serena esquivó a una mujer que paseaba a su perro y a un hombre que pensaba que escribir mensajes mientras caminaba era una buena idea.
“¡Paso!” El tipo apenas se movió, con la mirada fija en el teléfono. “¡Gracias por la hospitalidad!”

Sacó el teléfono del bolso. Once minutos. Tenía once minutos para llegar a clase, coger un asiento y fingir que no acababa de correr calle abajo porque se había quedado dormida y su alarma había elegido el día equivocado para dejar de funcionar.

Giró la esquina y-

¡ZAS!

Chocó contra alguien.


“¡Ay!”, gruñó de dolor como si acabara de estrellarse contra un muro de ladrillos. Su bolso se le resbaló del hombro. Un paquete de chicles de menta y otras pertenencias se esparcieron por el pavimento.

Miró el desastre antes de fulminar con la mirada a la persona frente a ella, como si fuera culpa suya.

Un chico alto estaba frente a ella, igual de sorprendido. Cabello castaño y rubio que le recordaba a una galleta Oreo. Hombros anchos el doble de los suyos. Parecía irrealmente guapo y, a la vez, familiar.

Un desconocido al azar con el que chocaba tenía que tener rasgos de dios. El universo había elegido el peor momento posible para hacerla chocar con alguien tan atractivo que olía a un anuncio ambulante de colonia cara.

“¿Estás bien?”, preguntó, extendiendo la mano derecha para ayudarla a levantarse.

Ella parpadeó y luego se agachó a recoger sus cosas.


“Querido universo, si alguna vez tengo la oportunidad de conocerte, ni siquiera va a ser gracioso”, pensó.

“Sí, señor. Estoy bien”, respondió con sarcasmo mientras metía el envase de jugo en el bolso.

Él apretó los labios intentando contener la risa.
“Quizá deberías fijarte por dónde vas la próxima vez.”

“¿Perdón?”, preguntó ella levantando la ceja izquierda.

“Sí. TÚ chocaste conmigo.” Señaló su pecho.

“¡Bueno, tú estabas ahí parado como una especie de cono de tráfico humano!”, soltó, sin arrepentirse de nada.

“¿Cono de tráfico?”

“Sí, ya sabes. Alto… ancho… alto…” Se giró avergonzada. “¡Concéntrate, Serena!”, pensó, cerrando los ojos con fuerza.

Él la miró un rato antes de soltar una risa suave, con la mano derecha sobre la boca.

Serena entrecerró los ojos. “¿Qué tiene de gracioso?”

“Oh, no. Nada.” Negó con la cabeza, sonriendo. “Solo pareces rara.”

“¿Perdón?” Parecía ofendida.

“Es un cumplido.” Se encogió de hombros. “El tipo bueno de rara.”

“Quiero decir, perdóname. Llego tarde.” Arrebató el resto de sus pertenencias y lo fulminó con la mirada. “Que tengas un buen día, señor.”

“¡Igualmente, cariño!”, respondió él.

“¿Cariño?” Le lanzó una mirada asesina antes de salir corriendo, murmurando insultos y maldiciones que necesitaban un chamán potente para romperlas.

Él observó su figura alejándose y luego se llevó la mano a la barbilla.
“¿Dónde la he visto antes?”

***

Serena irrumpió en clase y miró el reloj de la pared opuesta, con mechones de pelo pegados a la frente mientras jadeaba. Llegaba diecisiete minutos tarde.

El profesor la miró. “Señorita Cooper, esta es la novena vez esta semana.” Se quitó las gafas, claramente frustrado. “Y solo es miércoles.”

Ella juntó las manos y sonrió con incomodidad.

“Mis disculpas, señor Harrison. No volverá a ocurrir. Lo prometo.”

“Lo mismo de ayer. Solo…” Se pellizcó el puente de la nariz. “Encuentre un asiento y no interrumpa a nadie.”

“¡Gracias!” Se apresuró hacia el último asiento de la segunda fila.

Las clases pasaron volando y, antes de que se diera cuenta, llegó el mediodía. El teléfono vibró al salir del aula. Lo sacó del bolsillo para revisar.

EMMA: ¿Dónde estáis?

SERENA: Acabo de salir de clase.

LEXIE: Biblioteca.

EMMA: ¿Qué haces ahí?

LEXIE: El lugar más silencioso de WBC.

SERENA: Cierto.

EMMA: ¡Estoy en el patio!

SERENA: Vale. Voy hacia fuera.

EMMA: Aiit.

Se puso los auriculares, bloqueando el ruido de los bebés nepo de Westbridge College mientras hablaban del número de países que habían visitado en verano.

En cuanto salió, el sol le dio de lleno en la cara. Divisó a Emma cerca de la fuente. Llevaba un jersey de punto azul sobre una camiseta blanca de tirantes y vaqueros blancos.

Cabello rubio, ojos azules, figura de reloj de arena. Era lo que los hombres llamarían “perfección”.

Emma vio a Serena y saludó. “¡Por aquí! ¡Date prisa!”

“¿De qué va esta vez?”, murmuró mientras se acercaba.

“¿Qué pasa?”, preguntó, quitándose los auriculares.

“¡Algo increíble está a punto de pasar!”, chilló Emma.

“¿Qué es esta vez?”, suspiró Serena, frotándose las sienes.

“Lo verás por ti misma”, aseguró Emma. “Tres…” Se abrieron las puertas de la escuela. “Dos…” Empezaron los murmullos. “Uno…” Justo a tiempo, un elegante Mercedes-Maybach S-Class negro entró en el campus.

“¡DIOS MÍO! ¡ES IAN STERLING!”
“¿El heredero Sterling?”
“¡IAN ESTÁ AQUÍ!”

Emma se lanzó a la multitud, con las manos en alto.

“Ian… Sterling.” Serena se detuvo. “Ni de coña.”

Una figura de aspecto familiar salió del coche llevando gafas de sol oscuras. Ese cabello era inconfundible. Se quitó las gafas y pasó una mano por el pelo mientras destellaban las cámaras y la gente se reunía a su alrededor.

“¡Hola, Westbridge!”

Las chicas gritaron en respuesta. “¿Es Ian Sterling? ¿Mi marido de la infancia?”

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