LOGIN—Pareces haber atravesado un huracán para llegar hasta aquí —dijo Lily al encontrarse con Eveline en la estación de enfermeras. Las palabras le salieron de los labios mientras la miraba con detenimiento y luego hacía una segunda mirada más larga.Frunció el ceño, dejó la carpeta sobre el escritorio con un golpe seco y tomó la cara de Eveline entre las dos manos. La giró hacia un lado y luego hacia el otro.—Mmm… —se metió la lengua en el interior de la mejilla, inspeccionándola con toda seriedad—. No parece que hayas estado llorando, así que es seguro decir que Shane no ha hecho nada malo.—Pero —sacó la lengua—. Algo está pasando. Lo noto.Eveline le retiró las manos con suavidad.—No pasa nada.Lily negó con la cabeza y movió el dedo de un lado a otro.—No. Llevo años siendo tu mejor amiga, Eveline. Sé cuándo mientes. También sé que te envié cinco mensajes y no respondiste… lo cual no es propio de ti. Así que —se cruzó de brazos— ¿vas a contármelo o tendré que arrancártelo de la men
El agarre de Lucien se soltó de su muñeca y se deslizó alrededor de su cintura. Los dedos le rozaron la piel, en el punto donde la blusa se le había subido de alguna forma, deteniéndose sin pedir perdón.—Vete —murmuró, con un asentimiento perezoso. Sonaba casi… entretenido. Divertido, incluso—. Adelante. Inténtalo. Cuéntale a mi hermano cómo te besé contra la pared del ático que él intentó robarme.El agarre se tensó, clavándose en el punto sensible de su cadera. Los labios se le entreabrieron cuando el pulgar de él bajó un poco más. La boca se le secó por completo. Lo odiaba —Dios, lo odiaba—, pero su cuerpo gritaba para que la tocara de verdad.No estaba segura de cuánto más podría aguantar antes de que él viera a través de ella, hasta el charco de lujuria fundida que le presionaba el centro, haciéndola contraerse suavemente.Era vergonzoso lo mucho que deseaba que la tocara.—Mi hermano es un fanático de los detalles, ¿sabes? —sonrió—. Le gusta que no te dejes nada fuera, para pod
¿Tenía la dirección correcta?La mano de Eveline cayó a un lado y la mandíbula se le quedó abierta. El scrunchie con el que intentaba recogerse el pelo colgaba de un moño desordenado e involuntario. Estaba al final de un camino de adoquines, mirando la casa que se alzaba al otro extremo.Revisó el teléfono. La dirección que había apuntado en la aplicación de notas antes de salir de Green Hill, una hora atrás, después de enterarse de que Lucien se había marchado por el día. Le había prometido a su padre que volvería al día siguiente, justo a tiempo para ayudarlo a salir del hospital.Eveline no pensaba dejar que eso ocurriera. Por eso estaba allí, frente a la casa más hermosa que había visto en su vida. Un césped verde y exuberante flanqueaba ambos lados del camino que conducía a un edificio de dos plantas con muros de piedra, detalles de madera cálida y grandes ventanas de marco oscuro con las cortinas corridas.Detrás, árboles más altos que el tejado marrón convertían el lugar en un
Eveline irrumpió en la habitación de hospital de su padre con el documento que le había entregado Lucien colgando de las yemas de los dedos.Una enfermera estaba allí, atendiendo la vía intravenosa, introduciendo lentamente un líquido transparente en su cuerpo.Estaba despierto. Despierto. Un jadeo de alivio se le escapó de los labios mientras se precipitaba hacia la cama.—Hola, calabaza —ronroneó débilmente, con una sonrisa tierna iluminándole el rostro. Parecía frágil, los pómulos ya casi desaparecidos y los párpados pesados, pero seguía siendo el oso de peluche cariñoso y jovial que ella conocía—. Te dije que no me muero tan pronto.Ella tomó su mano mientras las lágrimas le ahogaban la garganta, sin registrar que el documento se le caía y golpeaba el suelo con un ruido plano.—Papá…Él le apretó la mano con la poca fuerza que tenía.La enfermera se aclaró la garganta.—Les dejaré un poco de espacio. Volveré en una hora a revisarlo, señor Storm.Eveline dejó que una lágrima le cor
A Shane le corría el moco por la nariz.—Eveline. Lo siento… no lo quise decir, te lo juro. Fue solo una vez, ¡y fue ella quien se me tiró encima!—Mira… —levantó el teléfono, la pantalla brillante frente a su cara—. Ya terminé con ella.Ella podía ver los mensajes, las palabras mal escritas.«Se acabo entre nosotras. No me llames mas.»«Pero dijiste que la ibas a dejar.»«Quiero a Evie. No a ti. Tú me obligaste a engañarla.»El último mensaje había sido borrado.Ella puso los ojos en blanco y miró hacia otro lado. Él le agarró la mano, clavándole los dedos en la muñeca.Los ojos de Eveline se afilaron al enfrentarlo. Quería abofetearle la mejilla. Gritarle y desahogarse. Pero estaban sentados en una terraza de un café a tres minutos de la clínica.No podía permitirse arruinar su reputación.Metió la mano en los bolsillos del uniforme y dejó el anillo sobre la mesa.—Toma. No sé cuánto te costó, pero seguro que te devuelven la mitad.—Por favor —se aferró a su mano cuando ella intentó
—Señorita Storm.Eveline se quedó clavada en el sitio mientras él entraba en la habitación, con una sonrisa educada en los labios. Se acercó a ella y le tendió la mano.—Es un placer conocerla. Soy el doctor Roswood. Me encargaré del caso de su padre.No pudo decir ni una palabra. Los labios no le respondían y la mente se le quedó en blanco. ¿Era una broma? ¿Lucien Roswood, el tío de Shane?Ya no llevaba los pantalones de chándal.Llevaba una camisa azul claro impecable, pantalones negros y una bata blanca. Las mangas arremangadas hasta los codos. Notó un pequeño tatuaje en la muñeca: un fénix estilizado, que coincidía con el más grande que le había visto en el pecho la noche anterior.Cuando se había quitado la camisa y ella había perdido todo pensamiento coherente, y luego su mente… inclinada hacia adelante, con los dedos de los pies apenas tocando el suelo.Antes de saber qué hijo de puta era.—¿Evie? —Belinda se acercó, notando la mirada vacía en sus ojos. Le puso una mano cariños







