Mag-log inDicen que la forma más segura de proteger el corazón es no enamorarse nunca. Selena lo creía. Cole también. Su compromiso no era más que una mentira para proteger el imperio de él y la familia de ella. Solo debía durar seis meses. Sin amor. Sin promesas. Sin arrepentimientos. Pero algunas mentiras se vuelven peligrosas cuando dos corazones empiezan a creérselas.
view more—¿Cómo te atreves a quitarme a mi hija?
Selena se quedó helada.
Jules estaba a pocos metros, con una voz lo bastante fuerte como para abrirse paso entre la música y las conversaciones que llenaban el salón de baile.
—¿Crees que puedes alejar a Zoe de mí?
Selena se giró. Jules estaba detrás de ella, respirando con dificultad, con un sobre marrón lleno de documentos legales apretado en una mano.
Por un segundo, Selena se limitó a mirarlo fijamente. No debería estar allí.
—Jules —dijo en voz baja—. ¿Qué haces aquí?
Sus ojos se endurecieron.
—¿Qué quieres decir con qué hago aquí? —espetó Jules—. ¿Dónde demonios te la has llevado?
—Baja la voz. Hablemos fuera —susurró Selena.
Extendió la mano hacia su brazo, intentando guiarlo hacia la salida, pero Jules se apartó de inmediato, apartándole la mano de un manotazo.
—No me toques, joder —espetó.
Varios invitados se giraron ante su arrebato y las conversaciones más cercanas empezaron a apagarse. Selena casi podía sentir cómo la atención se concentraba a su alrededor.
Él le plantó el sobre en las manos. Selena lo miró antes de sacar los documentos. La primera página llevaba el encabezado «Petición de custodia», seguido de los detalles de su solicitud y una impugnación de su tutela temporal. Sus dedos se tensaron sobre los papeles.
—He solicitado la custodia total de Zoe. —Se acercó un paso más—. Voy a recuperar a mi hija. Y no finjas que lo haces por amor a tu sobrina. Los dos sabemos que quieres su dinero.
—¿Qué? —Sintió una punzada ante sus palabras.
—¿Cómo te atreves a decir eso, si ni siquiera has sido un padre presente desde que murió Jenna? —replicó Selena, manteniendo la voz baja a pesar de la rabia que le crecía en el pecho.
Él abrió los ojos de par en par, claramente desconcertado. Luego apretó la mandíbula.
—¿Qué acabas de decir? —exigió Jules.
—Mira, hablemos fuera. Este no es el lugar para esto —dijo Selena, manteniendo la voz baja.
Antes de que él pudiera responder, dos guardias de seguridad se acercaron.
—Señor, voy a tener que pedirle que abandone el local.
Jules les lanzó una mirada furiosa y luego volvió a mirar a Selena, como si ella fuera la responsable de su humillación. Por un momento pareció decidido a montar otra escena, pero finalmente permitió que los guardias lo escoltaran hacia la salida. Selena los siguió, apretando los documentos contra el pecho.
—Escúchame, Jules. Mi tutela temporal sigue vigente. Sigo siendo su tutora legal, tú no decides lo que pasa con Zoe.
Se detuvo justo fuera de la entrada y miró los papeles que ella tenía en las manos.
—Entonces espero que tengas un buen abogado.
Selena lo observó hasta que desapareció de la vista. Los papeles se habían doblado bajo su agarre, y se obligó a aflojar los dedos antes de respirar hondo y volver adentro.
En cuanto regresó al mostrador del vestíbulo, Becky levantó la vista.
—Uuuf, chica. ¿Estás bien?
Selena forzó una sonrisa.
—Estoy bien. Solo son dramas con mi excuñado.
Becky frunció el ceño.
—¿Por qué no dejas que se quede con la custodia? Al fin y al cabo es el padre de Zoe. Te quitaría algo de estrés.
Selena negó con la cabeza.
—No lo entiendes. No puedo dejar que se la lleve.
Antes de que Becky pudiera responder, su mirada se desvió de pronto por encima del hombro de Selena.
—Señor Lewis.
Selena se volvió.
Cole Lewis, el vicepresidente en funciones de Lewis Holdings, se acercaba al mostrador con las manos metidas en los bolsillos. Su mirada pasó sobre Becky antes de posarse en Selena.
—¿A qué se debió la interrupción?
Selena tragó saliva.
—No es nada, señor Lewis. Solo un asunto familiar. Ya está resuelto.
Cole la estudió por un momento.
—No me importa quién sea ese hombre para usted, Selena. Sus problemas personales terminan en la entrada del hotel. Si no puede dejarlos fuera, quizá no esté calificada para dirigir mi vestíbulo.
A Selena se le descompuso el rostro.
—Lo sie…
Cole ya se había dado la vuelta antes de que pudiera terminar, dejándola allí con su disculpa a medias.
Selena se quedó quieta, atónita.
—Vaya, eso ha sido intenso —dijo Becky.
—Ni me lo digas. —Selena soltó un suspiro cansado y enderezó los papeles sobre el mostrador—. Será mejor que vuelva al trabajo.
Apenas había retomado sus tareas cuando el anuncio del evento principal de la noche resonó por el salón de baile.
—Damas y caballeros, bienvenidos a la Gala Benéfica Internacional del Lewis Grand Hotel. Den la bienvenida al vicepresidente en funciones de Lewis Holdings, el señor Cole Lewis.
Los aplausos estallaron por todo el salón.
Selena levantó la vista.
Cole subió al escenario, con expresión serena mientras observaba la sala. No sonrió ni saludó. Simplemente ajustó el micrófono y esperó a que se apagaran los aplausos.
—Buenas noches.
Su voz se extendió sin esfuerzo por el salón.
—Esta noche nos reunimos no solo para celebrar, sino para devolver algo a la comunidad. Lewis Holdings siempre ha creído en la responsabilidad: hacia nuestros socios, hacia nuestra comunidad y hacia el futuro que construimos juntos.
La sala quedó en silencio mientras todos escuchaban.
—Gracias a todos por acompañarnos esta noche.
Selena estaba de pie cerca del fondo del salón, viendo cómo Cole continuaba su discurso. Hizo una pausa, recorriendo al público con la mirada antes de seguir, sin ninguna prisa por terminar.
Ya había visto a Cole por el hotel antes, pero nunca así. Allí, rodeado de inversores, ejecutivos, famosos e invitados influyentes, parecía completamente en su elemento.
Entonces sus ojos recorrieron la sala.
Por un breve instante, se detuvieron en Selena. Ella se quedó inmóvil.
Pero la expresión de Cole no cambió.
Su mirada siguió adelante como si no la hubiera visto en absoluto.
Cole terminó su discurso y bajó del escenario. Se movió por el salón, saludando a los invitados e intercambiando breves palabras con inversores y socios comerciales. Su expresión se mantuvo serena, incluso cuando la gente lo detenía cada pocos pasos.
Su teléfono vibró en el bolsillo. Revisó el mensaje de Victoria, su asistente: «Los representantes los esperan en el salón ejecutivo. Cinco minutos».
Guardó el teléfono en el bolsillo, terminó de saludar a los invitados y, tras excusarse, se dirigió hacia el salón ejecutivo.
A mitad del pasillo, vio a un hombre en el reflejo de los paneles de cristal que tenía detrás.
Cole redujo el paso. Los pasos que lo seguían también se ralentizaron. Siguió caminando, con la atención fija en el pasillo que tenía delante. Cuando volvió a mirar el reflejo, el hombre seguía allí.
La puerta de una sala VIP se abrió justo delante de él y Selena salió al pasillo, con la cabeza gacha mientras miraba algo en su teléfono.
Levantó la vista justo cuando estaban a punto de chocar.
Cole le agarró la mano y la atrajo hacia sí.
—¿Qué está usted…?
Sus labios cubrieron los de ella.
Selena se puso rígida, con una mano apoyada contra su pecho mientras intentaba entender qué estaba pasando. Debería haberlo apartado, pero la cercanía inesperada la dejó momentáneamente desorientada. Cuando los labios de él se movieron de nuevo contra los suyos, se encontró respondiendo antes de poder pensarlo mejor.
El brazo de Cole se posó en su cintura mientras la guiaba hacia atrás a través de la puerta abierta de la sala VIP, sin romper el beso.
La puerta se cerró con un chasquido tras ellos.
—Seré su prometida —murmuró, probando las palabras.Sonaban extrañas incluso en su propia cabeza. Se dejó caer en el sofá y alcanzó el mando a distancia, con la esperanza de que un poco de televisión la distrajera de la decisión que llevaba dándole vueltas desde que salió del despacho del señor Harris. En la pantalla, una mujer se reía con sus amigas durante el desayuno, pero Selena apenas miró lo suficiente como para entender de qué trataba el programa antes de apagarla.El apartamento quedó en silencio. Fue a la cocina con la esperanza de encontrar algo de comer, pero el frigorífico casi vacío le recordó que incluso sus gastos cotidianos se estaban volviendo difíciles de afrontar. Apenas había vuelto al sofá cuando sonó su teléfono.Señor Harris.—¿Hola?—Selena, quería hacer un seguimiento después de nuestra reunión de ayer. ¿Ha empezado a reunir el resto de los documentos?—Sí. Estoy en ello.—Bien. Tenemos una audiencia el lunes, así que quiero que traiga todo lo que pueda encont
Selena lo miró fijamente, convencida de que había oído mal.—¿Su prometida?Cole le sostuvo la mirada.—Sí.Por un momento, solo pudo mirarlo. El hombre que apenas le había dirigido la palabra más allá de dar órdenes ahora le pedía que fingiera ser su futura esposa.—¿Lo dice en serio?—No se lo habría pedido si no fuera así.Selena soltó una risa de incredulidad.—Esto es ridículo.Cole no apartó la vista. Simplemente esperó su respuesta.—¿Lo es?—¿Quiere que me comprometa con usted?—Sí.—¿Así que esta es la solución que se le ocurrió?—Sí. Necesito una distracción durante seis meses. Afortunadamente, esta situación me ofrece una. Será compensada, y generosamente.—¿Una distracción de qué?—De un acuerdo comercial que intento cerrar.—¿Y en qué le ayuda que yo sea su prometida?—Les da a las personas algo más en lo que centrarse.Selena frunció el ceño.—¿Las personas?—La prensa, los inversores, ciertos miembros de la junta. Si están ocupados especulando sobre nosotros, es menos p
Selena miró fijamente el titular y luego se desplazó hacia abajo para ver la fotografía que había debajo.La imagen era borrosa, tomada a través de la puerta abierta de la sala VIP. Cole Lewis rodeaba con un brazo a una mujer cuyas manos descansaban contra su pecho, con los labios pegados a los de ella. El rostro de la mujer estaba parcialmente oculto, pero Selena se reconoció de inmediato.La fotografía no era lo bastante clara como para identificarla todavía, pero eso le servía de poco consuelo. Si alguien la reconocía, su vida privada podía convertirse en un espectáculo público de la noche a la mañana. Selena dejó el teléfono y se preparó para ir al trabajo, decidida a no dejar que la noticia la distrajera.Sin embargo, para cuando llegó al Lewis Grand Hotel, los rumores ya habían empezado a circular entre el personal.—¿Has visto la foto? —murmuró un compañero.—Dicen que el señor Lewis tiene una amante secreta —respondió otro—. Me pregunto quién será.—Nadie parece saberlo. No se
Selena miró a Cole, con la mano subiendo hasta sus labios mientras intentaba darle sentido a lo que acababa de pasar.—¿Qué… qué ha sido eso?Cole la soltó y retrocedió, y su atención se desvió hacia el estrecho panel de cristal junto a la puerta. Comprobó el pasillo antes de volver a mirarla.—Fue una acción necesaria —dijo.Selena parpadeó.—¿Una acción necesaria?Su tono dejaba claro que no iba a dar más explicaciones. Echó un vistazo a través del estrecho panel de cristal de la puerta, vigilando el pasillo.—Olvide que ha ocurrido —dijo en voz baja—. Tengo que estar en otro sitio.Y así, sin más, salió, dejando a Selena sola, con el pulso acelerado, mil preguntas y la inquietante sensación de que nada de lo ocurrido tenía sentido.Selena regresó al salón de baile, tratando de concentrarse en su trabajo, pero su mente volvía una y otra vez a la sala VIP.La voz de Cole, su expresión indescifrable. La forma en que el mundo se había ladeado cuando él la atrajo hacia sí.Respiró hondo












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