INICIAR SESIÓN—Lo siento señorita, pero su tarjeta ha sido rechazada, ¿quizás tenga otra con la que podamos probar? —preguntó amablemente la dependiente de la tienda.
Amber frunció el ceño, era imposible que la tarjeta no tuviera fondos, se había asegurado y verificado más de una vez que tuviese crédito antes de salir de casa aquella tarde.
—¿Podría intentarlo una vez más? —pidió sintiéndose un tanto nerviosa y molesta a la vez.
—Claro, quizás sea solo un error de sistema —dijo la joven, mientras lo intentaba nuevamente, lamentablemente había tenido el mismo resultado.
—Lo lamento, pero el sistema ha vuelto a rechazarla —dijo con cierta pena la mujer.
—Pagaré en efectivo, no se preocupe —dijo sacando la billetera y pagando con el único efectivo que tenía en la bolsa.
Ella cogió sus compras y volvió a su piso. Desde hacía dos años vivía en Italia, alejado de su país de origen y de su familia. Ella tenía muchas diferencias con su padre y causaba muchos problemas a su madre y hermana, por lo que decidió que la distancia entre ellos era mejor.
—¿Qué sucede princesa? ¿Por qué esa cara? —preguntó Andy apenas la miró entrar por la puerta del lujo departamento.
—Mi tarjeta fue rechazada y estoy segura de que no me he gastado más que unos cuantos euros —dijo lanzando la bolsa sobre el fino sillón de piel y sentándose sin ceremonia.
Amber Preston tenía solo veinte años de edad, pero buscaba independizarse de sus padres desde que tenía dieciocho y le fue imposible, hasta que fue enviada a Italia, pero tal parecía que su padre había cambiado de opinión y estaba buscando la manera de hacerle volver a los Estados Unidos nuevamente.
—¿Tu padre? —preguntó el joven sentándose a su lado entregándole un vaso de agua fría para ayudarla a serenarse.
—Es lo más probable, no quiero volver Andy, no quiero vivir con miedo. Nunca entenderé las razones por las que mi padre me rechaza constantemente, difícilmente voy a seguir bajo su yugo. Tengo que encontrar una manera de librarme de él —dijo bebiendo un sorbo de agua, sintiendo cómo el frío líquido quemaba su garganta.
—Puedes conseguir un trabajo, rentar un pequeño departamento y olvidarte de los lujos…
—Lo sé, pero no voy a irme sin la parte que me pertenece de la empresa, mi abuelo me heredó el 25 % al morir y mi padre no se quedará con lo que es mío —dijo con determinación y un deje de rebeldía en la voz.
—¿Y qué piensas hacer?
—Volveré a los Estados Unidos y exigiré la parte de mis acciones o en su defecto el dinero que me corresponde y entonces volveré a Italia y no volveré a marcharme jamás —aseguró con un tono decidido.
—Las cosas pueden no ser tan fáciles como las piensas, Amber. Por lo que me has contado de tu padre, no te dejará marchar como si nada —expresó la joven con preocupación.
—Lo sé y es por eso que no me iré solo, tú vendrás conmigo —dijo viéndolo con intensidad.
—¿Yo? —preguntó señalándose con el dedo.
—Sí, necesito que estés a mi lado, no sobreviviré si no tengo con quién hablar. No puedes negarte y lo sabes…
—Lo sé, no tienes que decirme nada cariño, estoy preparando las maletas. ¿Cuándo quieres volver? —interrumpió la rubia.
—Tenlas preparadas, estoy segura de que mi padre no demorara en llamar —dijo con una ligera sonrisa y no estuvo equivocada. Esa misma noche recibió la llamada de su padre.
«Es indispensable que vuelvas a casa Amber»
—¿Qué es lo que pretendes esta vez, volverás a intentar usarme como moneda de cambio? —preguntó recordando lo que su padre quiso hacer apenas ella cumplió los dieciocho años.
«No quiero sostener esta conversación por teléfono Amber, te sugiero que cojas el primer avión con rumbo a San Francisco, ya se ha dado instrucciones para que uno de nuestros transportes espere por ti en el aeropuerto de Milán-Malpensa, te estaremos esperando»
Amber gruñó al escuchar las palabras de su padre, pero él ya no pudo escucharlo porque había terminado la llamada, dando por hecho que ella obedecería ciegamente su orden. Y lo haría solo para conseguir lo que por derecho le pertenecía.
A primeras horas de la mañana estaba abordando uno de los aviones de Enterprise Airplane, en compañía de Andy y pese a algunas objeciones que puso el piloto de turno, había logrado salirse con la suya, Andy viajaba sí o sí.
—Me temo que ganaré unos cuantos enemigos gratis en San Francisco —dijo Andy abrochándose el cinturón cuando se les ordenó por el altavoz.
—¿Tienes problemas con esto?
—En realidad no, me gusta ver el mundo arder —respondió guiñándole un ojo a la joven.
Amber cerró los ojos, el viaje sería un vuelo directo, no habría escala en ningún otro país, y eso reducía el tiempo de viaje. Eso era lo que convertía a Enterprise en una de las más importantes aerolíneas privadas del país.
Por supuesto, ese éxito no podía acreditárselo a su padre, sino a su cuñado. Un hombre que ni siquiera conocía, pero que se había convertido en el esposo de su hermana el año pasado.
El viaje fue demasiado rápido para su gusto, Amber habría deseado prolongar más el tiempo y reunirse con su familia cuando tuviese veintiuno y fuera legalmente mayor de edad para cobrar su herencia.
Pero jamás las cosas salían como ella quería y debería estar acostumbrada a eso; era momento de enfrentar a su padre y empezar una nueva vida lejos de su familia.
—¿Estás bien? —preguntó Andy al verla seria y tensa.
—No, no lo estaré hasta que sea libre de mi padre, no puedo continuar de esa manera Andy, quiero emprender mi propio camino, abrirme paso por mi cuenta, pero no lo haré si dependo económicamente de él como hasta ahora lo he hecho —dijo con frustración.
—Puedes conseguirte un trabajo, te lo he dicho antes Amber; sin embargo, te has empeñado en hacerte con el dinero de tu herencia, también estás siendo culpable de la dependencia que tienes con él y que siga manipulándote a su antojo. Para muestra un botón, saliste corriendo, apenas te dijo que debían hablar.
Amber no respondió, porque no podía negar que Andy tenía mucha razón. Estuvo bien recibiendo el dinero de manera mensual, mientras los gastos de la tarjeta lo cubrían la empresa, pero es que ella tenía derecho a tener ese dinero ¡No era un crimen esperarlo! Pensó.
—Ese dinero es mío —dijo con obstinación.
—Y ese es tu jodido problema Amber. Eres necia e insistes en tener lo que te pertenece y está bien, jodidamente bien. Pero deberías pensar en realizarte por tu cuenta. Hacer como que ese dinero no existe y ser más como el resto de los mortales, eso si quieres tener independencia de lo contrario sigue como hasta ahora —dijo con molestia, cansada de tratar de hacerla entrar en razón.
Andy no era una mujer que se fuera por las ramas. Amaba a Amber, pero su amor no la cegaba, siempre que podía le hacía ver sus errores y el precio que algunos errores podrían costarle, como ahora. Volver no era una buena cosa.
—Cuándo te pones en ese maldito plan, pareces más mi enemiga que mi amiga —se quejó Amber haciendo un puchero.
—Soy tu amiga y te amo, pero no por eso voy a dejar de decirte lo que pienso, si no te gusta puedo volver en este mismo avión a Italia. Y tú —dijo señalándola con el dedo —. Te quedarás sola —añadió Andy cruzándose de brazos.
Amber suspiró, pero no dijo nada, por el contrario, luchó para que la serenidad se adueñara de su cuerpo y la razón no escapara, apenas pisara la casa de sus padres.
—Lo siento, quizás tengas razón, pero no puedo dejar que mi padre termine con todo lo que mi abuelo construyó, prácticamente le ha entregado Airplane a Thiago junto a mi hermana. No sé por qué demonios Maggi aceptó ese absurdo trato, ella no puede estar enamorada de ese hombre arrogante ¡Es un idiota! —gruñó con enfado.
Andy elevó una ceja y batió sus pestañas para tratar de aclarar sus pensamientos.
—Ni siquiera lo conoces, ¿Cómo sabes que es un idiota? —preguntó mirándola con ojos curiosos.
—Se ha quedado con el 65 % de la empresa, el veinticinco me pertenece, lo que deja a mi padre solo con el diez por ciento de las acciones, sin voz ni voto dentro de la empresa, aunque él diga que no es verdad y que lo tiene todo fríamente calculado.
—Si es de esa manera, de idiota no tiene ni un pelo. Es un hombre bastante inteligente y sabe lo que quiere. Y tiene a tu padre justo donde lo necesita. Solo espero que tu necedad no te lleve por caminos errados, Amber, de cualquier manera, estaré aquí para ti —le aseguró Andy con una sonrisa sincera.
—Lo sé y te lo agradezco, no sé qué haría sin ti —confesó dándole un corto beso en la mejilla.
—Yo tampoco sé.
—¿Qué no sabes? —le interrumpió.
—Lo que harías sin mí.
—Idiota.
—Me amas —respondió Andy muy segura de sí mismo.
El trayecto a la mansión Preston se hizo corto y en menos de lo que esperaba Amber estaba parada frente a la casa de sus padres, el lugar donde se había criado por dieciocho años y que había abandonado hacía dos años.
—¿Estás segura de esto?, aún podemos escapar y volver a Italia —dijo Andy al verla dudar.
—Estoy lista, papá no volverá a amedrentarme —aseguró caminando hacia la puerta, respiró antes de llamar un par de veces.
La puerta se abrió y Amber tuvo que luchar para no salir corriendo, se aferró a sus maletas y caminó con paso seguro al interior de su antigua residencia.
Amber miró a su madre primero, ella corrió para abrazarla y darle un par de besos en la mejilla.
—Cariño, te eché tanto de menos —susurró a su oído para no ser escuchada por su padre.
—Yo también mamá, espero que todo esté bien —dijo devolviéndole el abrazo y dos besos.
—Te espero en el despacho Amber —dijo su padre en tono seco.
—No debiste volver cariño, tu padre no ha cambiado —le susurró.
—Tenía que volver. Me han cancelado las tarjetas, vivir en Italia es imposible —dijo sería.
—¿Qué? —preguntó su madre asombrada.
—Ninguna tarjeta ha pasado y la mensualidad no fue depositada, no me ha caído ningún registro al móvil —dijo mientras miraba el lugar por donde su padre se había marchado.
—No te dará respuestas, hija, más bien creo que te dará problemas —dijo en tono bajito.
—Pues no pienso ceder, esta vez voy a enfrentarme a él y tomaré lo que me corresponde por derecho y te llevaré conmigo —le aseguró.
—Tu hermana no pudo negarse a sus caprichos, lleva un año casada con Thiago y dudo mucho que sea feliz —le confesó.
—Déjame hablar con él y entonces sabré a qué atenerme—dijo liberándose de los brazos de su madre y caminando hacia el despacho de su padre.
Amber observó a Guillermo Preston con resentimiento, eso era todo lo que había entre ellos, nunca se habían llevado bien y con los años las cosas no mejoraron y no mejorarían jamás. Nunca entendería el motivo por el cual su padre era incapaz de amarla como lo hacía con Maggi.
—Y entonces… ¿Por qué cancelaste mis tarjetas de crédito? —preguntó sin más.
—No fui yo, no tengo nada que ver con eso; debió ser Thiago.
—¿Y esperas que me crea eso? Ya no soy una niña papá, seguramente tú le has pedido que lo haga, pero no voy a discutirlo, quiero las acciones que el abuelo me heredó y entonces no volverás a verme, viviré por mi cuenta —dijo muy segura de sí.
—Imaginé que ese era el motivo por el cual aceptaste venir a San Francisco. Te haré entrega de tus acciones solo si trabajas con Thiago Montgomery por un año.
—¡¿Quéee?! ¡Estás completamente loco, ni siquiera lo conozco! —gritó Amber horrorizada por la palabra expresadas por su padre.
—Ya lo conocerás y es lo único que te pido a cambio de darte la libertad que deseas. Incluso estoy dispuesto a pagarte en efectivo el valor de tus acciones, pero para ser libre, tienes que trabajar un año con Montgomery, de lo contrario no te daré un solo centavo y estarás atada a mí hasta que cumplas los veinticinco años para tener acceso a tu herencia, tal como lo establece el testamento de mi padre. Lo tomas o lo dejas, es tu decisión Amber.
Amber sintió la ira arder en su interior, no esperaba un último juego de su padre.
«Si crees que voy a salir corriendo, entonces… te has equivocado papá», pensó con una sonrisa en los labios.
Amber caminó de un lado a otro en la sala del hospital. Félix había llamado anunciando que Andy estaba en trabajo de labor y parto.—Cariño, ven siéntate conmigo —pidió Thiago palmeando la silla junto a él.—Estoy nerviosa y emocionada. El bebé de Andy y Félix será hermoso —dijo mordiéndose los labios.Había pasado las últimas semanas pensando en un bebé y no se atrevía a hablar con Thiago sobre el tema.Sin saber que él también estaba en la misma situación que ella.—Yo también lo creo y por el bien de ese bebé espero que herede la inteligencia y la belleza de su madre.—Félix es muy guapo y es posible que el bebé se parezca a él —dijo Amber caminando para sentarse junto a Thiago.—¿Hay algo que quieras decirme? —preguntó al verlo hacer un puchero.—Thiago, sé que no hemos hablado al respecto, pero… Me gustaría tener un hijo —dijo escondiéndose en el pecho del hombre.—¿Un hijo? —preguntó Thiago emocionado con las palabras de Amber.—Sí, quiero cargar un bebé entre mis brazos y saber
Thiago miró con semblante serio y profesional, al hombre sentado frente a él, por un momento experimentó un Déjà vu.Ya había estado en el pasado en esta misma situación y por un momento pensó que era el mismo día y el mismo mes y diferente año.—Entonces… —hizo una pausa—. ¿Quieres tener un trabajo en Airplane? —preguntó con calma.— Airplane, fue el negocio de mi familia por décadas, Thiago. Hoy está en tus manos y en manos de mi hija. Sé que Amber es noble por naturaleza y sé que nada le costará tenderme la mano y ayudarme. Pero he perdido mucho tiempo de mi vida esperando que otros hagan las cosas por mí —dijo—. Nunca he hecho algo por lo cual pueda sentirme orgulloso. Solo fui un heredero, sin ambición y sin visión en los negocios. Me gustaría empezar de nuevo y hacer que Amber se sienta orgullosa del padre que le tocó —añadió.Thiago se vio sorprendido por la petición de Guillermo, sin duda este hombre no tenía nada en común con el hombre arrogante que había entrado a su oficina
El cuerpo de Maggi Preston cayó sin vida sobre la tierra.—¡Maggi! ¡Maggi! —gritó Ariadne, mientras caía de rodillas frente al cuerpo de su hija—¡Una ambulancia! ¡Por favor, una ambulancia! —sollozó.La mujer quería tomar a su hija en sus brazos, pero las esposas se lo impidieron.—Está muerta —dijo la agente que había cometido el error de no asegurar las esposas de la detenida.—¡¡¡Nooooo!!! ¡¡¡Nooooo!!! —gritó.Ariadne se rompió en miles de pedazos al escuchar la voz de la agente. Su hija no podía estar muerta.—Es mentira, ella no está muerta. ¡Mi hija no está muerta! —gritó tratando de despertar a Maggi.—¡Llévensela! —ordenó el subjefe de la policía.—¡Noo! ¡Por favor, llamen una ambulancia! —suplicó, sin embargo, ningún agente le prestó atención. Ella y Robert fueron llevados hacia la patrulla para ser puestos a disposición de la justicia de San Francisco.Amber miró horrorizada el cuerpo de su hermana, mas no se acercó. Thiago no se lo permitió.—Necesitamos llevarte a la clíni
Thiago caminó de un lado a otro como lo hace una fiera en su jaula, fuera de su hábitat. Se sentía como una fiera a punto de devorar a su presa.Caminó, se mesó el cabello. Se sentó y repitió el ritual un par de veces antes de salir de la biblioteca y reunirse con el jefe Davis y Félix.—¿Andy? —preguntó.—Me tomé la libertad de pedirle que subiera a descansar. No ha dejado de llorar y estoy preocupado. No sé qué decirle y mucho menos cómo consolarla.—Vamos a encontrar a Amber, Félix. Ariadne llamará tarde o temprano —aseguró, pero no hizo mención alguna de las fotografías que le habían hecho llegar un par de horas atrás.—Señor Montgomery —dijo el jefe de la policía. Él también había escuchado los gritos del hombre, pero no hizo pregunta alguna. Su misión era traer de regreso a Amber Preston.—Estamos listos, en el momento que la llamada entre, iniciaremos el rastreo.Thiago sabía que no iba a esperar mucho. La ambición de Ariadne y Maggi no les permitiría mantenerse quietas y así f
«¡Secuestrada!»El solo pensamiento hizo a Thiago sentir terror y tuvo que luchar contra la náusea que subió por su garganta. Él no podía y no tenía tiempo para comportarse como un hombre débil. No cuando Amber estaba en manos de Dios sabrá qué clase de delincuentes.—Me he tomado el atrevimiento de llamar a la policía, desde que la señora me expuso la situación asumí que algo debía estar pasando y estas imágenes comprueban que la joven no iba ebria como le han hecho creer al guardia de seguridad —expresó el Gerente del centro comercial.Thiago se alejó un momento del hombre y de todos, pensando, armando el caso detallado en su cabeza.Ni siquiera prestó atención a Nicky y Félix que hablaban con el Gerente o la policía cuando estos hicieron su arribo.En la cabeza de Thiago dos nombres se repetían como un maldito mantra. Ariadne y Maggi Preston.Esas dos mujeres podían ser capaces de todo con tal de hacer sufrir a Amber y que mejor manera de castigarlo a él que haciéndole daño a su ch
Amber miró a través de la ventana del auto los edificios de la ciudad, el día era espectacular para salir de compras.—¿Espero por usted, señorita? —preguntó Ramiro minutos más tarde, cuando se estacionó en el parqueo del centro comercial.—No sé cuánto tiempo voy a demorar, Ramiro. No me gustaría hacerte esperar, te llamaré para que puedas venir por nosotras —dijo bajando del auto antes de que Ramiro pudiera bajarse y abrirle la puerta.—Está bien, señorita Preston, por favor no dude en llamar si necesita algo —pidió el chofer.—Gracias, Ramiro —respondió con una ligera sonrisa.Amber caminó por el estacionamiento para reunirse con su mejor amiga. Siendo sincero consigo misma, jamás se imaginó que estaría con Andy comprando cosas para bebés. Es más, jamás imaginó a Andy casada y siendo madre. Pero no tenía ni una sola duda de que sería la mejor mamá del mundo.Lo sabía por la manera tan fiera con la que la cuidaba y defendía. Había sido así desde que se conocieron.—¡Amber! —gritó An







