Inicio / Romance / Mi vida con Jack / Subiendo la montaña

Compartir

Subiendo la montaña

last update Fecha de publicación: 2022-09-06 02:07:41

A primera hora de la mañana, casi cuando iban a ser las ocho en punto, me encontraba completamente lista para partir a la montaña Nopun o algo así era como le decían, no recordaba muy bien, después de todo el pueblo tenía el nombre más extraño del mundo; Ellijay, así se llamaba el horripilante lugar en el que había nacido.

Al igual que las ciudades de ese pequeño país, que estaba ubicado en lo alto de Estados Unidos en un reducido espacio en Atlanta. 

El pueblo era tan diminuto, que podías recorrerlo de extremo a extremo en menos de un día. De todas formas y con una mala cara por mi parte, caminamos hasta las afueras de Ellijay, con cada uno a su espalda, colgada una mochila repleta de cosas. 

Vagamos por las desoladas calles, a duras penas una que otra anciana que paseaba a sus perros logró darnos un cordial saludo. Subimos por un camino de tierra, que abría espacio entre los árboles y la maleza de la dichosa montaña. 

Respiré profundamente, mientras rezaba en mi fuero interno a que ningún animalejo venenoso apareciera y tuviera la mala racha de ser picado por este.

Anduve apresurada, pisándole los talones a Jack, quien tarareaba demasiado alegre para mi gusto, una melodía que desconocía, silbaba entre las nanas y a veces se movía al ritmo de su propia canción, sacándome una que otra sonrisa ante sus tonterías.

Nos detuvimos en el momento exacto en que aquella ruta se comenzó a dividir en dos extensos pedazos, poniéndome la piel de gallina ante la idea de separarnos o incluso perdernos y morir en ese aterrador bosque.

—Según lo que leí en internet y lo que dice este mapa, para llegar a la cima tenemos que tomar la izquierda —susurró, yéndose por ese lado.

—¿No te dijo tu mamá que todo lo que sale en internet es falso…? — cuchicheé con nerviosismo tironeándolo del brazo hacia la derecha, después de todo, me guiaba por mis instintos de sobrevivir.

—Confía en mí, ¿quieres?

—Si muero será tu culpa, Jack.

—Relájate, nadie se muere estando conmigo —me recordó con una sonrisa socarrona, que era un médico experto en salvar vidas, así que la mía probablemente estaba en buenas manos.

Me arrastraba sin mucho esfuerzo por los cortos pasadizos, mientras me tomaba con dulzura de la mano, aquel contacto que realizaba con tanta naturalidad, comenzaba a aterrorizarme, y para mi desgracia también a gustarme, era un revoltijo de sensaciones su minúscula caricia. 

Me abría paso entre los matorrales, y las espesas ramas de los árboles que parecían crecer más y más con cada paso que dábamos.

Después de lo que sentí sobre mi pesado cuerpo, fueron horas andando.

Nos sentamos en una piedra gigantesca a tomar lo que según pude notar, era el almuerzo que Jack había preparado para los dos, en silencio comimos aquellos deliciosos sándwiches con un poco de jugo de naranja, sintiendo con esto que toda mi energía regresaba de inmediato.

Respiré profundamente, intentando controlar mis espantosas ideas; aquel lugar era espeluznante sin duda alguna, estaba desierto, casi nadie de Ellijay subía a Nopun, era prácticamente prohibido, dado que muchas personas desaparecían sin dejar rastro, y definitivamente no quería ser una de ellas, pero aquel idiota descerebrado sí.

Justo en el momento en el que el sol comenzaba a ocultarse entre las montañas que rodeaban al pueblo a la distancia, logramos llegar a la cima.

Sentía mi corazón acelerado en lo alto por la falta de oxígeno, y este último se descontroló en mi interior aún más cuando Jack, feliz como nunca antes, pegó un grito de victoria que resonó por todo el cielo. 

Sonreí sin poderlo evitar, sus locuras comenzaban a gustarme más de lo que podría imaginar, su forma de ser, y su actitud tan brillante, no era tan mala después de todo.

—Grita —me pidió entre risas, entrelazando mis dedos en los suyos, a pesar de todo el largo camino, no habíamos logrado separar nuestras manos—. ¡Grita todo lo que quieras, para que me dejes dormir hoy!

—¡Cállate! —gruñí entre carcajadas.

—¡Vamos, Lucy!

Tomé un largo trago de aire, el sudor frío corría por mi espalda, y entonces, aquel dolor que cargaba en mi interior desde hacía tanto tiempo, salió al exterior en un berrido que el chico a mi lado respondió, al mismo tiempo que el eco.

No recuerdo cuanto tiempo gritamos a la nada, pero fue la mejor experiencia del mundo, tenerlo a mi lado, sentir su calor y su ánimo, junto con el atardecer, uno que se quedaría por siempre grabado en mi cabeza.

Jack se quitó aquella bufanda de colores que llevaba amarrada en su muñeca y la anudó a la rama del árbol más cercano, indicando que habíamos estado allí, primero que muchos del pueblo Ellijay.

—Deberíamos regresar a casa. —comenté con una tierna sonrisa.

—Es muy tarde, vamos a buscar un lugar para armar la carpa y poder dormir —susurró Jack, fresco como una lechuga con su descabellada idea.

—¿Te enloqueciste? —chillé, perdiendo todo el color en el rostro—. ¡¿No leíste en internet que la gente muere aquí?!

—Desaparece —me corrigió, poniendo sus ojos en blanco ante mi resistencia—. Y sí lo leí, pero esas son mentiras.

—¡¿Y tú qué sabes?!

—Lo suficiente. Hazme caso, vamos a buscar un lugar para dormir.

—¡Estás demente!

—Te prometí que no morirías conmigo hoy, y así será. Ahora relájate, Lucy.

Comenzó a caminar, dejándome furiosa en toda la cima, no quería poner un pie en medio de esa espesa oscuridad que se había apoderado de la montaña, pero tuve que hacerlo cuando Jack desapareció por completo de mi visión. 

Transitaba temerosa, ya que no vislumbraba absolutamente nada más que negrura, él tenía la linterna, y ni corto ni perezoso, me había abandonado sin la más mínima preocupación por ello, era un idiota. 

Hiperventilé, mientras escuchaba a mi alrededor voces y risas que en definitiva no eran de Jack, estaba alarmada, no sabía qué hacer para salvarme de aquella tortura.

Gritaba su nombre, rasgando mi garganta en busca de ayuda, mientras corría desesperada por una salida. Hasta que me tropecé con lo que parecía una rama muy gruesa en el suelo, la cual me obligó a caer de bruces en medio de la penumbra.

—¡Jack! —grité, pero no hubo respuesta alguna. 

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Mi vida con Jack   Epílogo

    Estando a su lado todo transcurrió con tanta prisa, que realmente esos ocho años viviendo como una pareja casada, pasaron fugaces frente a mis ojos, dejándome estupefacta con lo rápido que a veces era el tiempo a nuestro alrededor sin que nos percatáramos de ello.Juntos vivimos muchas cosas, tanto buenas como malas, aprendimos a lidiar con las adversidades y ser felices aún cuando el mundo afuera se caía a pedazos.Rara vez discutíamos, quizás porque trabajábamos bastantes horas al día, sin embargo, entre ellas teníamos al menos un poco de tiempo para vernos, para darnos detalles románticos, compartir el uno con el otro o para simple y llanamente, amarnos.Habíamos comprado una preciosa casa en las afueras de Atlanta, en la cual teníamos todo lo que necesitábamos, allí no existía ninguna preocupación más que disfrutar nuestro día a día intensamente, aprovechar cada instante haciendo lo que se nos antojaba sin miedo alguno.Todos habíamos cambiado bastante, ya no éramos tan jóvenes, c

  • Mi vida con Jack   Una familia feliz (Final)

    Me mantenía recostada contra el marco de esas puertas de vidrio abiertas de par en par, entre mis manos tenía una taza de café recién hecho, de la cual bebía con lentitud, mientras el aire cálido acariciaba todo mi cuerpo esa mañana de Junio. Observé el exterior embelesada; ya que Jack, Coco, Lucila, Nathan y Tommy jugaban a la pelota, corrían de un lado para otro entre risas en el extenso claro rodeado de árboles, en medio de la tenue luz del sol y el suave césped bajo sus pies descalzos. Lucila y Nathan pasaban casi todos los fines de semana en nuestra casa, si se nos ocurría viajar a cualquier lugar ellos iban con nosotros, la verdad, atesoraba su compañía, eran una parte esencial tanto en Jack como en mí.Lucila, gracias al cielo, había crecido fuerte y completamente sana, no había vuelto a tener recaídas con la leucemia, ni siquiera había tenido que volver a pisar un hospital, por ende, había vuelto a ser la niña tierna y alegre que había conocido por accidente. Nathan, su her

  • Mi vida con Jack   Ardiente luna de miel

    Entrelacé mis dedos con los de Jack, apoyando mi rostro sobre su hombro, escuchando uno a uno los mejores deseos de todos quienes nos querían. Mi marido jugueteaba con mi cabello con su mano libre y de vez en cuando me daba uno que otro beso en la frente, haciéndome sonrojar con ello. La gente bailó al ritmo de la alocada música y se divirtió como si no hubiera un mañana.Las fotos iba y venían, los flashes llegaron al punto de cegarme, el ramo de flores se lo gano Nia entre el tumulto de competidores, lo que alegró sobremanera a Ryan, sin embargo, ese tonto tardaría muchos años más en pedir su mano. La mayoría de las personas habían bebido tanto, que a partir de la medianoche, gran parte de la fiesta se había marchado para sus habitaciones y nosotros dos no fuimos la excepción.— ¿Y entonces, señora Wolfang de Thierry, que se siente ser mi esposa? —preguntó Jack con esa voz seductora y sus labios pegados a mi garganta la cual no se cansaba de besar.Dejé escapar un sonrisa brillan

  • Mi vida con Jack   La boda

    Varios meses después de planear todo adecuadamente, de elegir el lugar, lo que vestiríamos y hasta lo que comeríamos, viajamos en un jet privado hasta Bora Bora, una pequeña isla en la polinesia francesa, que a decir verdad era un sitio magnífico.Se le había ocurrido a Jack que sería el indicado para realizar nuestra ceremonia nupcial, y yo un poco emocionada acepté, dado que en las fotos que había visto por internet cada rincón era espléndido. El mar era tan claro que podía ver los peces nadando en él, la brisa cálida en mi rostro me aceleraba el corazón y la arena blanca bajo mis pies, eran sencillamente las mejores sensaciones del universo. Debía admitir que llegar hasta allí no había sido nada sencillo, ya que habíamos tenido un montón de contratiempos para organizar nuestra boda, las invitaciones no habían salido como yo esperaba, incluso entregarlas fue todo un calvario, el traje de Jack casi que no estaban listos para la fecha que habíamos indicado y mucho menos mi vestido,

  • Mi vida con Jack   Destinados a estar juntos

    Acomodé la cinta de mi vestido por décima vez esa mañana helada de noviembre, al asegurarme que estaba bien, caminé de un lado a otro, ansiosa de que ese tonto no fuese lo suficiente inteligente como para percatarse que estaría allí.De todos modos, Hall y Black le darían más pistas en dado caso de que no lo lograra a la primera, pero con cada tick tack del reloj, mi corazón se acongojaba por el terror. Nerviosa, mordí mi labio inferior, y dejé que mi mirada vagase por la estancia, para distraerme un poco de la tensión que corría por mis venas. Mi madre se encontraba en la cocina preparando los últimos platos, Lucila jugaba en el suelo con Brooke y Blake, quienes le habían prestado sus juguetes encantados. Ryan y Nia acomodaban la mesa entre bromas, Carl y Paul revisaban por última vez la canción que tocarían con sus guitarras, Katia y Lauren inflaban entre risas los últimos globos que irían en el suelo, mientras los gemelos afuera vigilaban la llegada de Jack, el cual se estaba ta

  • Mi vida con Jack   Sorpresas inesperadas

    Al llegar al final de la escalinata, me planté en la acera con un montón de gente andando frente a mi apresurada, levanté la mirada lentamente para encontrarme por unos breves segundos con esos ojos acaramelados observándome burlones entre el tumulto. Sin dar crédito a ello, anduve en su dirección, boquiabierta de que estuviera allí en ese preciso instante.Se encontraba recostado sobre su Ferrari, campante como si no tuviese más cosas importantes que atender. Puse mis ojos en blanco, para acto seguido, meter las manos en los bolsillos de mi pantalón, protegiéndome de ese helado clima de noviembre.Tras su espalda, sacó un ramo de flores que me extendió con una brillante sonrisa, que desgraciadamente no pude devolverle, dado que me molestaba un montón que me hubiese mentido solo para darme esa sorpresa.Me había asegurado una y otra vez que no podría regresar de su viaje de negocios antes de lo planeado, que se tardaría probablemente unos días más, pero ahí se encontraba frente a mí,

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status