LOGINPasaron dos mujeres cerca de donde estamos nosotros y una de ellas se le queda mirando con demasiado descaro digo yo, casi que desnudandolo con la mirada para ser exactos. Luego me ve y su cara se transforma en mayor desagrado. Yo por mi parte no le hago ni el más mínimo caso, la verdad hoy tengo otras cosas en mente, pero él sí parece darse cuenta, porque se acercó a mí y colocando sus codos en la mesita en modo de apoyo con una de sus manos me acaricia la cara y hace que lo vea directamente a él, ignorando el mundo alrededor.
Me tiene totalmente descolocada, ese brillo en su mirada y su manera de actuar me confunden totalmente, lo hace con tanta naturalidad que no pareciera que nos acabamos de conocer. No pasa mucho tiempo hasta que suelta mi cara y pasamos a tomarnos nuestras bebidas en un cómodo silencio. — Ámbar, quieres contarme qué te pasa, puedo ser lo que necesites en este momento. Tal vez un amigo, un confidente, un abrazo... — Me mira de manera tierna y sonríe incluso más bonito aún. — Mira que puedo seguir, puedo ser un aliado, un... — Siiiiii ya entendí. — Respondo interrumpiendo sus palabras logrando mi primera sonrisa completa — Jean Pierre, no se que quieres lograr con esto. ¿Por qué te empeñas en hacerme sentir bien? No me debes nada, hasta hace media hora éramos unos completos desconocidos. — Si, dijiste bien. Éramos unos desconocidos. Ya no. Y no es lo que creés, no intento sobrepasarme contigo. No me llamas la atención de esa manera. No sé si fue tranquilidad, asombro, tristeza o decepción lo que sentí al escuchar eso, pero como pude le pregunté. — ¿Ah no? Y de qué forma llame tu atención. Si se puede saber. — Este hombre me está enredando, qué forma de mirarme, ¿Que es lo que quiere?... — Digo porque es que no entiendo que viste. — concluyo mostrándole una sonrisa sincera pero desganada. — A tí ... Te vi a tí. Te vi e inmediatamente mis pies tuvieron vida propia. Me encamine hacia donde estabas sin apenas darme cuenta. Hasta que te saludé y me ignoraste por completo. — Contestó con honestidad. — Ohh.. No te ignore a propósito, la verdad es que no sabía que era para mí. Estaba pensando en... — Y un completo silencio me tomó por sorpresa, de repente me quedé solo viendo su expresión que me inspiraba a continuar. — Sigue, anda. No me ignorabas, solo pensabas en... Oh diablos. Un suspiro de nuevo. Bueno, al final no tengo nada que perder si se lo cuento. Qué más da, luego de que le cuente no lo volveré a ver en mi vida. — Es una historia un poco larga y no te quiero aburrir. — Tranquila, nos quedan dos bebidas más y una torta de chocolate por comer, así que toma todo el tiempo que necesites. — Dice de la manera más natural, mientras la camarera nos trae una enorme torta de chocolate, la deposita en nuestra mesa y junto a ella dos cucharas, servilletas y dos batidos tipo frappé con fresas y crema. Esperamos a que la dependiente terminara de colocar todas las cosas que traía en la bandeja sobre nuestra mesa para empezar a hablar. En todo momento Jean Pierre no dejo de mirarme, solo se volteo para decirle a la muchacha un "Gracias" y regresar a nuestra conversación pendiente. Ese tipo de detalle no me pasó desapercibido, es más, siendo honesta conmigo misma, tener toda la atención de este hombre realmente me gustó. Empecé yo tomando un pequeño trozo de la torta de chocolate que se ve riquísima, nada más verla se me hizo agua la boca. Pocas veces me permito comer una de estas divinidades culinarias y hoy es uno de esos días, no porque esté acompañada de este hombre corpulento, cara definida con una barba en forma de candado de lo más sexi y sonriéndome como si fuera para él lo más importante del mundo. No, es que en realidad necesito algo dulce en estos momentos. Meto el pedacito, que termina siendo un gran pedazo de pastel en mi boca y me deleito con su sabor ¡Está demasiado sabrosa! Me hace hasta cerrar los ojos y saborearla lentamente, hasta se me sale una especie de jadeo mientras la pruebo. — Ámbar... — Es Jean Pierre quien me habla — Si cada vez que vayas a probar el pastel haces eso, creo que te compraré más de uno con tal de escucharlo nuevamente. — Vuelve su mirada penetrante en mí. Su comentario hace que abra los ojos y me pierda en esa mirada seductora. Pero es hora de volver a la realidad, me pongo entre seria y nerviosa al mismo tiempo, hasta que no puedo más. — Jean Pierre... — Volteo la mirada hacia un lado, esquivando así sus ojos color miel. — Estoy... Estoy embarazada. — Listo lo dije y devuelvo mi vista a él para ver su expresión, pero no muestra nada, ni sorpresa, ni desconcierto. Nada. Sólo me escucha con atención y no dice nada. Bueno y qué más podía esperar. — Tengo unas 6 semanas más o menos, aún no he ido al ginecólogo. Lo puedo saber porque mi vida no es tan alocada como puede que lo creas tú. Pero ese no es el problema porque yo quiero a mi bebé aunque sea producto de.. de.. En fin, ese no es el problema. Su mirada, la misma que me estaba empezando a gustar ya. Me decía que estaba buscando la manera de hacer su siguiente pregunta. — Y... Mmm.. — Tosió un poco buscando tiempo para hablar — ¿Cuál es el problema entonces? — Me dijo sin más. — El problema es que desde que nací tengo una dificultad en mi corazón. — Dejé escapar una especie de suspiro para poder continuar — Sufro de insuficiencia cardíaca de clase funcional III. Jean Pierre se le notaba que no entendía nada de lo que le estaba diciendo, o lo tomó tan desprevenido mi declaración que parecía que estaba en shock. — No he tenido una vida común como otros, siempre me alejo casi por completo de las... Emociones por así decirlo. Los sustos, las sorpresas, todo lo que pueda de alguna manera alterar mi corazón. Toda mi vida he estado distanciada de cualquier actividad física porque mi corazón no aguanta el ritmo. Me he sentido limitada a hacer actividades con mi familia por eso mismo y lo odio. A veces siento envidia de mis hermanos, ellos si pueden hacer todo lo que les provoque y a mi siempre me dejan a un lado, claro que después me siento mal por hacerlo. Pero es así y lo odio. Odio no poder correr como cualquier persona lo haría, no poder gritar hasta quedarme sin aliento, no saltar la cuerda ni escalar la montaña, manejar bicicleta, odio no poder hacer las actividades que hacen mis hermanos con mis padres. Mi voz fue de tristeza, a la ira y luego a la derrota. — Si sigo con mi embarazo existe la gran posibilidad de que muera. Mi doctor dice que si tomo la decisión ahora puedo interrumpirlo, que soy joven y que puedo programar un embarazo con mayor cuidado más adelante. El quiere que yo viva todo lo que pueda, lo dice porque aún soy joven. Pero es muy poco probable que eso suceda. Y sabes que, la verdad no quiero. No quiero interrumpir mi embarazo, no puedo hacer eso. Desde que supe que estoy embarazada lo amo, amo a mi bebé. Pero no puedo negar que hay días en los que pienso que soy una egoísta irresponsable por tomar esa decisión. ¿Y si muero? igual no podré verlo, no podré cuidarlo, darle todo el amor que se merece. ¿Quien se ocupará de mi bebé si yo no estoy? y si no puedo aguantar todo el embarazo y en el proceso morimos mi bebé y yo, mi familia quedaría devastada y me duele pensar en esos panoramas. Decir todas esas verdades me dejó sin aire y tardé un rato en calmar mis ansias. Es la primera vez que las digo en voz alta, y me da miedo esa gran verdad. Sin embargo, las palabras de aquel extraño me hicieron salir de ese trance y me dieron la fuerza que me faltaba. — Ámbar no eres una egoísta irresponsable. Eres una mujer maravillosa con una vida injusta. — Sentenció él. — Tengo a la mujer más hermosa que jamás había visto frente a mis ojos. Hermosa tanto por dentro como por fuera. — Jean Pierre no hace falta. — ¿No hace falta? — repitió él sacándolo de su ensoñación. — No, no hace falta que me mientas con cosas como esas sólo para que me sienta bien. Silencio por un momento, aunque alrededor había bullicio. Conversaciones. Música de fondo. Entre los dos solo quedó un completo silencio. — Lo que te estoy diciendo Ámbar, es que eres la mujer más hermosa que he visto en la vida y eso no es una mentira. Decirlo de nuevo en voz alta me dejó sorprendida y creo que a él también, por su mirada y la forma que me habló supe que no era mentira. Tanto que no supe qué decir, jamás en la vida me habían dedicado palabras tan bonitas, bueno si, las veces que estuve con él ese único mes, con el hombre del cual ya no sé nada. Pero que este extraño me diga las cosas de frente, y sin un atisbo de duda me desconcierta en la misma medida que me deja conmovida. Está es la segunda vez, lo voy a hacer, voy a permitirme sentirlo, en mi interior va creciendo un cosquilleo, algo que me quema por dentro. Es una sensación atmosférica que hace todo mi mundo de vueltas. Sin darme cuenta tenía sus manos agarradas y en un segundo mis ojos se cerraron atesorando sus palabras. No decía nada, pero sus acciones lo dijeron todo. Pureza Temor Ilusión Para Jean Pierre, más que confesión, fue una revelación. No quería dañar el momento, viéndola así, tan pequeña, sensible, tan llena de inocencia. Pero algo si tenía claro, la quería tener entre sus brazos, en ese pequeño momento sintió tanto amor, que no pudo más y se levantó.— Cuando mis padres murieron Ámbar, yo sentí mi mundo caerse, me sentí perdida, obviamente llena de tristeza pero más que nada me sentía sóla. Muy sola. En aquel entonces los padres de mi primo me buscaron y nos trajeron por primera vez a este lugar. — Azalea me estaba contando su historia con tanto sentimiento y tanta paz, que era impresionante. — Ellos querían que La primera vez que nos llevaran fuera para celebrar, Pero no fue así. Mis padres fallecieron antes de traernos. Mi primo fue el único que estuvo dia y noche conmigo y aún así me sentía vacía. Dejó caer esas palabras con el peso del sentimiento, ambas se nos aguaron los ojos y al mismo tiempo ambas sonreímos en respuesta. — Mis tíos junto con mis padres descubrieron este lugar muchos años antes de que nosotros nacieramos y hasta ese momento lo habían mantenido en secreto, aunque no creo que sean los únicos que sepan de este lugar... — Se quedó callada unos segundos — ¿Quien sabe? — Dice ella levantando sus hombros — Ta
— Mm ¡Ok! Déjame ver si entendí. — Dice con una mirada entre asombro y admiración — Él es el hermanastro del padre de tu hijo. — Su pregunta sonó más afirmación que a duda haciéndome sentir culpable por ese hecho. — Sí. — Respondí con leve tono de vergüenza — Ya... Y te enamoraste de él cuando pensabas que el otro ¿Estaba muerto? ... — Continúo de inmediato de escucharme, a lo que yo solo asentí. — Y te ibas a casar con él, pero el papá de tu bebé ¿James? Apareció. — Volvió a preguntar y yo asentí por no se cuanta vez. — Pero, aunque el papá de tu bebé está con vida, tú a quien en realidad amas es a Jean Pierre. ¿Cierto? — Si... Es decir, no... Yo... — No sé cómo me siento. — Y ahora resulta que el todavía sigue casado con otra mujer cuando faltaba ¿Qué? menos de una semana para casarse contigo... Eso me dió justo en la llaga, no respondí pero fue suficiente para que entendiera. — Y el papá de tu bebé en vez de quedarse contigo se fué con esa misma mujer cuando
"Mis queridos oyentes el día de hoy tenemos una petición muy importante para una persona muy especial a quien le dedicaremos canciones por lo que queda de nuestra última media hora del programa" sonó la voz de Vicky con su particular modo de hablar. "Yo creo firmemente Vicky, que todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido el bueno y el malo de la película. Sabemos lo que duele la traición y sabemos cómo se siente ser el que traiciona. Nos sentimos enojados, frustrados, vulnerables, y es normal desahogarse llorando por lo que nos pasó" "Y, que pasa Maxi cuando pierdes el amor de tu vida por esas mentiras que se van haciendo más grandes y más pesadas con el paso del tiempo" Interviene la locutora. "Hay quienes no intentan recuperar a su amor, pues ya los creen perdidos. Hay otros que lo intentan, pero no los perdonan aún cuando siguen amando a esa persona que los traicionó y luego se pasan toda su vida lamentando ese hecho" "¡Es impresionante Vicky! Cuántas personas sufre
Tras esas palabras, siguieron varias horas en silencio. No fue incómodo, en realidad era justo lo que necesitaba. Estar en completa calma, sentir la fuerte brisa y los rayos del sol que se reflejaban en el vidrio hacía donde sea que mi hermano estuviera dirigiéndose. Me es inevitable no pensar en qué estaran haciendo mis dos dolores de cabeza justo ahora. ¿Seguirán junto a esa mujer? ¿Qué habría pasado si esa mujer nunca hubiera aparecido? Si me hubiera ido a vivir con ellos, o si por el contrario, ellos me hubieran dicho la verdad. Y si fuera el caso ¿Los habría perdonado? ¡Agh! Que horror. ¿Por qué los tengo tan dentro de mi corazón? ¿Por qué no los puedo odiar?... ¿Por qué los tengo que seguir amando? Cierro mis ojos y la imagen de Pierre en mi mente aparece, los abro y veo el baile de las hojas al caer, los cierro de nuevo y aparece la cara de James impactado por la presencia de aquella mujer. — Ámbar ya estamos llegando. — Me saca Connor de mis pensamientos. Ve
¿Queeee? No puede ser verdad... — Te refieres a su Ex-esposa — Dije tratando de aclarar el malentendido — ¿Cierto Pierre? ... ¿Pierre? El no volteo a verme. — ¿Eso fue lo que él te dijo? — Respondió la muy desgraciada — Porque yo aún sigo casada con Jean Pierre... ¿No es así querido? — Añadió acariciando su cara, algo que sin duda odie y más porque Pierre lo permitió. No... Eso no puede ser cierto. — ¿Pierre? — Lo llamé pero este seguía sin voltear y darme la cara. — Pierre ¿Eso es cierto? — Intenté de nuevo dar con él, con su mirada, más él no respondió. — ¿Tu... Tu lo sabías? — Le pregunté a James mirándolo a la cara, pero el tampoco se atrevió a mirarme, sus ojos estaban puestos en aquella mujer. — ¡Oh claro que lo sabía! — Respondió ella. — Permíteme presentarme como se debe — Interrumpió con cierto tono arrogante — Yo soy Sabrina De Lucca, la esposa de Jean Pierre y la compañera de James todo este último mes. Oh Dios... No puede ser... — ¿Ámbar? — Me sost
— Me iré a vivir con ellos. — Dije más para mí que para Connor. El me veía, estaba buscando tiempo para preguntar— ¿Estás segura? No, la verdad no... ¿Estoy loca? ... Posiblemente si. Negué con la cabeza y me senté a su lado con cuidado de mi pancita y el tarro encima. — ¿T-tu crees que sea buena idea? — Le pregunté mirándolo a la cara. El pensó por un momento mi pregunta y su respuesta ni en un millón de años esperé que dijera. — Sí.¡Oh Dios! Quedé inmersa ante tanta severidad en solo dos letras. — Ámbar, no te dejes influenciar por esto que te diré — Me dice mirándome seriamente a la cara, mientras yo asiento en respuesta temiendo sus palabras — Después de todo, la decisión es sólo tuya — continúa y yo vuelvo y asiento como niña regañada.Se toma unos minutos, respira pesado y luego termina diciendo — No estoy al cien por ciento feliz de que esto sucediera como sucedió. Que nos hicieras creer que Jean Pierre era el padre de tu bebé y ahora aparezca ese tal James reclamand







