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last update Fecha de publicación: 2024-10-31 12:58:23

Valentina se levantó temprano y preparó el desayuno, era la tercera mañana, y todavía no alejaba su rostro de su cabeza. De pronto se sintió estúpida por no dejar de pensar en ese chico, es que no tenía sentido, aún así seguía pensando a ese muchacho, tal vez porque no era posible olvidar lo que hizo por ella aquel día. Realmente le estaba muy agradecida.

Era sábado y por ende, ya no tenía que ir a trabajar, eso también quería decir que podría pasar tiempo con su pequeño hermano, a quien le agradaba la idea bastante. Era un chico que estaba apegado a ella, y por eso amaba la llegada los fines de semana, porque sabía que su hermana pasaría tiempo con él, de verdad le gustaba mucho que ella estuviera con él.

Valentina había tenido la idea de que fueran al parque, pero esa mañana no tenía muchas ganas de salir, así que decidió quedarse en casa. Pero siempre que miraba esos ojitos hermosos de Mario, entonces estaba ya cambiando de opinión.

—¿Así que quieres muchísimo ir al parque, mi niño? —cuestionó y él asintió con una enorme sonrisa en los labios.

—Mucho, Tina. Quiero jugar en el parque. ¿Iremos? —inquirió con ojos de cachorrito, ella rara vez podía negarle algo, de hecho no le gustaba hacer, siempre quería complacer a su pequeño hermano. Y más si a cambio iba a mirar esos. Ojitos llenos de felicidad, él lo era todo para ella, así que asentir era lo que haría.

—Por supuesto, yo también quiero salir por allí, que tú la pases bien, mi amor. Ahora, come un poco y luego iremos al parque, lo prometo —le soltó y él lo celebró en su lugar, después de eso se fue a buscar algo de ropa y la dejó sobre la cama.

Ese era otro asunto que le preocupaba, ya tenía que comprar ropa, pero ahora con Mario, ella siempre se quedaba en segundo plano, lo importante era que el pequeño tuviera todo lo que necesitaba, sí él estaba bien, entonces ella también, eso era lo que realmente importaba.

Eligió unos jeans desgastados, sus zapatillas Vanz y una camisa holgada. Se dio una corta ducha antes vestirse y luego de eso, se peinó, poniendo su cabello en una coleta alta. Ya estaba lista, no era el tipo de chicas que tenía que usar demasiado maquillaje para sentirse lista, ella con un poco, así se sentía bien.

De pronto se sentó al borde de la cama, mientras se volvía retrospectiva, el tiempo volvía atrás solo en su cabeza, otra vez se ponía a pensar en el misterio de ese brazalete. Después de que Elena le dijera que podría ser que existiera alguna conexión, ella había estado pensando en ello, tal vez sí existía eso, pero no lo sabía, ¿y cómo podría confirmar algo así? No saber la dejaba más confundida y su corazón latía sin parar cada vez que se sumergía en ese asunto.

Jamás se había puesto a pensar en algo así, ahora que Elena lo mencionó, lo había estado pensando demasiado. Y rotular demasiado en ese asunto, era algo muy profundo. Flores, rubíes, su nombre, todo en un bonito brazalete que siempre estaba en su muñeca, que no quería quitarse. ¿Por qué?

Su padre. Estaba renuente a creer en la posibilidad de que ese hombre de ese día, que le había dado la pulsera, podría tratarse de su padre. Pero todo podía ser cierto, quizá fue él quien se la dio, pero no lo sabría hasta que se le fuera avalado.

Se puso en pies y salió de la habitación, quería aprovechar el tiempo y el clima al máximo, así que no perdería otro segundo más en la casa y saldría con el pequeño Mario de casa, rumbo al parque.

La zona estaba desolada, habían pocos niños, pocos ocupando el columpio, así que Mario pudo subir y ella empujaba del columpio, una y otra vez. Sus oídos se llenaron por la risa de su pequeño hermano, quién estaba disfrutando mucho el momento, siempre era lo mismo, le encantaba pasaba pasarla bien, era un chico bastante divertido y feliz a pesar de todo.

Para dejar que también otros niños ocuparán el columpio, luego lo llevó al tobogán, una y otra vez se lanzó, pero Valentina abajo vigilante siempre porque Mario le daba un poco de miedo la caída.

Lo abrazó fuerte.

—Casi se hace el mediodía, ¿no crees que deberíamos ir a casa para comer?

Le encantaría irse a un restaurante y comer, pero ahora tenía que hacer recortes, no podría hacer algo así, incluso si le dolía ver su carita pidiendo que lo haga.

—Está bien.

—Vale, podemos venir otro día y quedarnos más rato.

—¿Me comprarías un helado? —le expresó y ella hizo una mueca.

—¿A esta hora? No almuerzas todavía, no, Mario, pero la próxima sí. ¿Está bien? —le prometí tomando su mano y nos fuimos a casa.

Poco tiempo después estaban en casa.

Ella hizo pollo a la barbacoa y papas horneadas. Luego con tenedor las volvía puré, eso le encantaba a Mario. Le sirvió y comió junto a él. Siempre se comía todo.

—¿Sabías que te amo, Mario?

—Lo sé, y yo a ti más, gracias por la comida, Tina —le expresó sonriendo y ella asintió con la cabeza.

—Bueno, sé que tu amor no se puede medir, es mucho y me encanta —expresó y le besó la frente antes llevarse los platos para lavarlos.

Ese sábado tendría mucho tiempo como para hacer otras cosas con Mario. Pero la llamada de la señora del alquiler le cambió el humor.

—Necesito que me pagues antes del viernes, es esa la chance que te puedo dar, pero más de eso no —le expresó a través de la llamada, otra vez volvía a llenarse de inquietud.

—Señora Claudia, yo...

—Lo siento, Valentina, ya es mucho tiempo, también tengo cosas que comprar, lamento no poder hacer más nada por ti —le dijo, estaba siendo sincera. Valentina suspiró hondo.

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Último capítulo

  • Multimillonario Sr. Pimenova   Epílogo

    Había sido bastante doloroso darse cuenta y ponerse al corriente de que Maximiliano sabía toda la verdad, no importa si dos días antes se había colocado al tanto, de todas maneras no había sido lo suficientemente valiente, como para de de decirle que ya lo sabía. Valentina había estado molesta los primeros días y así pasó incluso casi dos meses, pero llegó el momento en el que ambos pudieron encontrar al momento adecuado para poder hablar sobre ese asunto y olvidar todo eso que ya tenía que quedarse en el pasado, ya no se podía hacer nada para cambiar lo que se desencadenó. Sin embargo las cosas con el padre de Maximiliano no cambiaron en absoluto. A la joven de costaba demasiado mirar al padre de Maximiliano de otra forma que no fuera como la de una persona señalando a alguien más por un hecho así, algo tan atroz como atropellar a una persona y luego dejar a a la víctima tirada como si fuera una basura. Desde ese día en que maximiliano le confesó todo a la muchacha sobre el pasado

  • Multimillonario Sr. Pimenova   45

    Días después... La muchacha se encontraba en su habitación mientras no dejaba de mirar ese brazalete en la palma de su mano, tenía que deshacerse de ese objeto, ya no lo miraba igual. Pero, en lugar de eso, lo dejó en un cajón, dentro de esa mesita de noche. Ya no lo llevaría. Después del hospital había decidido venirse al piso de Maximiliano, junto a Mario, quien no quería dejarla sola. Ahora estaba a su lado, dormido. Ella ocupaba una habitación de huéspedes. Maximiliano, para estar allí, decidió quedarse trabajando desde el piso para estar pendiente de Valentina. Ese día Lucas Ferrari había acordado llegar para conversar con una muchacha sobre el tema de Mario y de algunas otras cosas que el involucraban de lleno. Aunque ya Maximiliano le había explicado que Luca Ferrari era un hombre que siempre buscaba lo mejor y tomaba decisiones sabías, ella no podía evitar sentirse nerviosa al respecto. Lo que le estaba comiendo la cabeza a Valentina, también era el hecho de que el padre de

  • Multimillonario Sr. Pimenova   44

    Valentina yo empezaba a sentir demasiado frío, y es que nadie me decía estar en un lugar inhóspito como esa y mucho menos pasar por una circunstancia tan horrible como esa. Solo deseaba que la pesadilla acabara y abrir los ojos y estar en casa, sana y a salvo.—Maximiliano... Por favor, ayúdame...Veinticuatro horas después, después me todo ese tiempo Valentina había abierto los ojos y se encontró en la habitación de un hospital. Se sentía un poco desorientada al encontrarse en esa recámara sin motivo alguno y de alguna manera eso la confundía, porque creyó que lo que había vivido solo fue parte de su cabeza y nada más. Pero había pasado. De pronto se puso a llorar cuando vio que Maximiliano fue la persona quién encontró en esa habitación y la abrazó con todas sus fuerzas, aferrándose a ese sujeto con todo lo que tenía, ahora mismo no quería volver a estar en aquella anterior habitación sola y en oscuridad cercana a esos tipos malos que la raptaron, solo para advertir que debía alej

  • Multimillonario Sr. Pimenova   43

    Que pensara de esa manera le dolía un poco, sentía esa presión en su pecho y el corazón le latía con fuerza, amenazando con salirse de su pecho. —Yo que tú dejaría de pensar así —le aconsejó y besó su frente. —Buenas noches, Tina. —Descansa, precioso. Te quiero mucho.—Y yo más —le regaló una sonrisita antes de salir. ...Luca Ferrari había llegado a los Estados Unidos, había acordado verse con Maximiliano, quien tenía que decirle sobre un tema interesante. Había llegado temprano a la oficina ese día. Otros motivos por el que hizo aquel viaje tan largo era porque tenía que hacer negocios. —Maximiliano, que bueno verte otra vez. ¿Es tan urgente el asunto que no me lo pudiste decir por llamada? —quiso saber y él asintió. —Valentina no tarda en llegar, ella es mi asistente y la hermana de Mario. Esperemos un momento, podemos ir platicando de otros asuntos. —Bien, está bien. Empecemos. Los minutos fueron pasando y nada que aparecía Valentina. Él ya se estaba preocupando y es por

  • Multimillonario Sr. Pimenova   42

    Los días posteriores fueron un poco diferentes para la muchacha, quien tenía que hacerse varios chequeos con el fin de que todo saliera bien, en eso también habían aprovechado para ir a ver varios apartamentos. Había una gran variedad de apartamentos, casi todos le gustaban, la verdad es que ella estaría bien en un lugar pequeño, con tal de estar junto a su hermano. Mario estaba muy emocionado mirando la que sería su habitación en caso de que la joven se decidiera por esa. —Todas son hermosas, pero me gustan estas, creo que será idónea, a Mario también le gusta. No puedo creer que podré vivir aquí, es un sitio agradable y hermoso. Me gusta mucho —expresó, estaba muy ilusionada con la idea de poder tener su propio lugar. Y Maximiliano podía ver eso en su mirada. —Muchas gracias por esto, Maximiliano. No sabes lo feliz que me siento, es mi propio sitio. —No te preocupes. En ese momento lo llamaron y tuvo que alejarse para contestar. Ella se quedó en su sitio, admirando la sala, to

  • Multimillonario Sr. Pimenova   41

    Esa mañana Valentina se había despertado muy temprano para su jornada laboral como de costumbre, había elegido la ropa adecuada de la que tenía en su armario. Se sentía muy nerviosa porque justamente ese día lunes le daría una respuesta a Maximiliano sobre el asunto del bebé, no estaba muy segura de si había tomado la decisión correcta pero sentía que de alguna manera tenía que devolver todos los favores, y las cosas buenas que había hecho el empresario por ella, incluso cuando se estaba exponiendo a una experiencia distinta para ella y peligrosa en todos los sentidos, porque algo durante esos siguientes meses podría cambiar y dar giros inesperados, aún así ella estaba después a hacerlo. —Mario, date prisa, por favor —le pidió a su pequeño hermano, quién todavía se encontraba tomando el desayuno y ya tenía que darse prisa para poder llegar temprano al trabajo y cumplir con su horario, sin embargo justamente ese día Mario se estaba demorando más que antes; ella no sabía qué hacer para

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