INICIAR SESIÓNNo era un buen momento para pensar en mujeres, así que sacudí la cabeza y me concentré en lo que tenía que decirle a mi padre. Al llegar a su oficina, entré sin llamar.
—Geon-ki, hijo… qué gusto verte.
—Padre… —me acerqué y estreché su mano. Hacía mucho tiempo que no me inclinaba al saludarlo; el respeto se había perdido años atrás.
—Aunque estoy seguro de que esta no es una visita social —continuó—. Tú nunca vienes si no estás inconforme con algo relacionado con el grupo.
—Estás en lo cierto. Hace tiempo perdiste el derecho a mi visita cordial.
—Entonces hablemos de lo que les molesta.
—No puedes pedirnos que nos presentemos en los premios MAMA y que además lo hagamos bien —dije sin rodeos—. Venimos de un concierto, con ocho horas de vuelo encima. Prácticamente tendremos que bajarnos del avión ya maquillados.
—Se supone que son profesionales, Geon-ki. Seguro pueden hacerlo.
—Lo somos, y mucho —respondí, cada vez más ofuscado—. Pero nuestros fans merecen lo mejor de nosotros, y ese día no se los daremos.
—No me levantes la voz —me advirtió—. Recuerda que soy tu padre.
—Entonces compórtate como tal.
—Esto no es una democracia —sentenció—. Se hará lo que yo ordene, te guste o no.
Sabía que seguir discutiendo era inútil. Me puse de pie y caminé hacia la puerta. Tomé el picaporte, pero no la abrí.
—¿Necesitas algo más? —preguntó con fastidio.
—¿Estás contratando nuevos coreógrafos? —pregunté de la nada.
No sabía por qué, pero el rostro de la joven con la que me había cruzado minutos antes en el pasillo apareció de golpe en mi mente.
—No. ¿Por qué lo preguntas?
—Es que me crucé con una… —me detuve, evaluando si debía aclarar que se trataba de una mujer. Mi padre tenía una política estricta: mientras fuéramos miembros del grupo, no debíamos fijarnos en nadie—. …una persona que nunca había visto —añadí finalmente.
No pude evitar sonreír al recordarla.
—Pero no tiene importancia. Olvídalo.
—Mejor así —replicó—. No me hagas perder mi valioso tiempo.
Sin responderle, salí de su oficina y cerré la puerta con un portazo.
Era evidente que no iba a ceder. Así que lo siguiente sería reunirnos con los demás y ver qué hacer para lograr nuestro objetivo: no presentarnos en los MAMA o, en el peor de los casos, cancelar la última fecha del concierto. Esa opción era la que menos nos agradaba. Para esa fecha, los fans ya tenían sus entradas y la ilusión de vernos. No se arreglaría devolviéndoles el dinero, ni siquiera multiplicándolo.
Pero también era cierto que la empresa se esforzaba por mantenernos siempre en lo más alto de todos los rankings. Eso nos había llevado a ser invitados como presentación central de los premios.
Era una decisión difícil.
Iba absorto en mis pensamientos cuando escuché la voz de Carlos a pocos metros de mí. Hablaba en español. Al levantar la vista, vi que lo hacía con la misma joven con la que me había cruzado antes.
Carlos me vio por detrás de ella. Di un paso para acercarme, pero él negó con la mano de inmediato. Claramente no quería que me aproximara.
Aun así, no pude evitar pensar que esperaba que la hubieran contratado. Ya tendría ocasión de hablar con Carlos y saber más sobre ella.
Al salir del baño, me topé de frente con el mismísimo Park Geon-ki, el vocalista de EM… y mi bias. Era evidente que apenas había reparado en mí. Seguramente se cruzaba con cientos de personas al día en ese edificio; yo era solo una más.
Fue educado al saludarme, pero en cuanto avanzó por el pasillo, seguramente ya se había olvidado de mi existencia.
Mi corazón, en cambio, no parecía dispuesto a calmarse. Saltaba con fuerza y mi respiración no lograba normalizarse. En ese momento, Carlos se me acercó.
—Date prisa, Dana. ¿Quieres empezar mal tu primer día?
—Perdón, Carlos —dije todavía alterada—. Es que me crucé con Geon-ki y quedé en shock.
—¿Con Geon-ki? ¿Aquí? —preguntó sorprendido, mirando alrededor.
—Sí, es su empresa. ¿Qué tiene de raro?
—Que casi nunca viene —respondió—. Y cuando lo hace, es para discutir con su padre. Que lo hayas visto hoy no es una buena señal.
Me tomó del brazo y continuó caminando.
—De todas formas, eso no tiene nada que ver contigo. Así que sonríe, no menciones ese encuentro y, sobre todo, no te muestres emocionada. Te eligieron porque vienes de un país donde, supuestamente, casi no los conocen.
—Pero eso es imposible —objeté—. Los conocen en todo el mundo.
—Ellos no lo creen —suspiró—. Esperan que puedas hacer tu trabajo sin importunarlos.
—¿Importunarlos?
—Sí. Nada de pedir fotos, autógrafos o cualquier cosa de esas que hacen sus fans.
—Ah… no quieren que los acose —sonreí—. Quédate tranquilo, yo nunca haría algo así. Me vino muy bien venir a este país tan lejos del mío, así que lo último que quiero es que me envíen de regreso.
—Perfecto. Mientras mejor nos entendamos, más fácil será para todos.
—Cuenta conmigo, Carlos —respondí con una sonrisa—. Ahora vamos a conocer a ese Jefe de Personal.
Entramos entonces a una oficina enorme y sumamente formal. Detrás de un escritorio elegante, un hombre revisaba unos documentos. Al escucharnos, levantó la vista por encima de sus lentes y se puso de pie.
Carlos hizo una pequeña reverencia, que imité de inmediato. El hombre nos estrechó la mano a ambos y comenzó a hablar en coreano. Carlos actuó como traductor, así que no me quedó más opción que confiar plenamente en él.
—Tu trabajo consistirá en formar parte del personal auxiliar —traducía Carlos—. Es decir, tareas generales. Trabajarás directamente con el grupo EM, te mudarás a su complejo e interactuarás con todos ellos…
Mis ojos se abrieron de par en par.
¿De verdad iba a estar tan cerca de ellos?
Era un sueño hecho realidad.
Carlos notó mi reacción y me lanzó una mirada clara, pidiéndome que volviera a la realidad. Me recompuse de inmediato.
—Me parece perfecto —dije—. Dile que no tendrá ningún inconveniente conmigo. Haré todo lo que me indiquen.
Después de firmar una cantidad considerable de documentos —la mayoría relacionados con confidencialidad—, nos despedimos y regresamos al coche.
Íbamos rumbo a lo que, a partir de ese momento, sería mi nuevo hogar dentro de la residencia de EM.
Capítulo 81 —Como sucedieron las cosas...NarradorLuego de recibir el mensaje en el que Geon, supuestamente, la abandonaba, Dana quedó devastada.No fue un llanto escandaloso ni una escena dramática. Fue peor. Fue ese tipo de dolor que se instala en el pecho como una piedra, que no grita, que no corre, que simplemente aplasta. Bon intentó consolarla. Le habló con cuidado, con afecto, con esa torpeza noble de quien quiere ayudar y no sabe cómo. Incluso trató de averiguar qué había pasado realmente, pero Dana no quería escuchar razones, ni hipótesis, ni “tal vez”.Para ella, Geon había elegido el silencio. Y el silencio, para Dana, siempre había sido abandono.—Yo sé que la vida de campo no es para ti —le dijo Cho una tarde, con voz cansada pero sincera—. Menos aquí, en Corea. Pero puedes quedarte con nosotros. Afrontemos esto juntos.Dana negó despacio.—Lo sé, Cho. Y se lo agradezco… a usted, a su hija, a su yerno. Me han dado todo, incluso cuando yo no tenía fuerzas. Pero debo volver
Capítulo 80 — Donde el amor deja de pedir permisoNarrador:Luego de besar a Dana para sellar así su matrimonio, ella se quedó inmóvil, como si el cuerpo le hubiera olvidado el manual básico de cómo seguir existiendo. Tenía los labios todavía tibios, el corazón golpeándole el pecho con una fuerza absurda y las manos temblándole como si acabara de sobrevivir a una caída libre.Lo miró con una desesperación casi infantil, con esa necesidad feroz de confirmar que el mundo no se estaba burlando de ella otra vez.—Dime que en verdad eres tú —le pidió, y su voz se le quebró en un sollozo—. Dime que no es un sueño… porque si me despierto, no lo voy a soportar.Geon-ki le sostuvo la cara con ambas manos. No le permitió bajar la mirada. No le permitió esconderse en el miedo.—No es un sueño —dijo, lento, firme—. Soy yo, mi amor. Estoy acá. Y no pienso volver a perderte.Dana parpadeó rápido. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de incredulidad, d
Capítulo 79 — El día que el miedo perdió la batallaDana:Luego de ese día, no volvimos a hablar del tema. Ni una palabra más. Ni una insinuación. Ni una sola grieta por donde pudiera escaparse la verdad que ambas sabíamos y fingíamos no ver.Y entonces, la boda llegó.No llegó como llegan las cosas felices, con ilusión o con ansiedad luminosa. Llegó como llega una sentencia. Como un invierno que se anuncia sin pedir permiso. Yo temblaba como una hoja a punto de caer del árbol, suspendida en ese instante previo a la caída, cuando todavía no toca el suelo, pero ya sabe que no hay vuelta atrás.Mi eterno invierno se avecinaba.Iba a casarme con un hombre que no amaba.Benjamin era un buen hombre, no puedo negarlo. Honesto, presente, respetuoso. Un hombre que había aceptado una historia que no era suya, un hijo que no llevaba su sangre y una boda que ninguno de los dos deseaba de verdad. Él y yo éramos dos personas intentando hacer lo correcto, aunque lo correcto nos estuviera destrozando
Capítulo 78 —Antes del síDana:La noticia de que Geon-ki había tomado finalmente las riendas de PKJ Entertainment me llenaba de una alegría que no podía ni quería disimular. Era algo que todos los chicos habían deseado durante años, una salida necesaria para librarse de la tiranía de Park Kang-jae, un hombre al que Geon nunca había podido llamar padre sin que algo se me revolviera por dentro. Que estuviera ahora al mando significaba libertad para ellos, un futuro distinto, una empresa que ya no estaría construida sobre el miedo.Y aun así, esa alegría venía acompañada de una tristeza silenciosa. Porque sabía que para Geon-ki esa decisión había sido devastadora. No dejaba de ser su padre, por más daño que le hubiera hecho. Y además, dirigir la empresa no era su sueño. Nunca lo había sido. Él quería cantar, crear, subirse a un escenario y dejar el alma ahí, entregarse a su fandom con la misma pasión con la que se entregaba a todo lo que amaba. Pero crecer implicaba eso: aceptar responsa
Capítulo 77 —El nombre que no debía existirNarrador:Dana frunció el ceño, porque no era su pantalla la que estaba mirando… y aun así, el dispositivo estaba entre sus dedos. El impulso natural fue leer, como se lee cualquier cosa que aparece sin avisar. Pero la pantalla apenas mostraba un nombre breve, común, casi insignificante… y un preview recortado en un idioma que Dana no dominaba, el ingles.Verónica dio un paso hacia adelante con una rapidez demasiado medida para parecer casual. Le arrebató el teléfono con suavidad, casi sonriendo, como quien toma un vaso para que no se caiga.—Perdón, perdón… es el reflejo —dijo, fingiendo ligereza—. Siempre me llegan cosas en el peor momento.Dana la miró de reojo, desconfiada.—¿Y desde cuándo no puedo ver tus mensajes? —preguntó, sin humor.Verónica soltó una risita nerviosa.—Desde que tengo un amante marciano y no te conté —improvisó riendoBenjamin, que seguía allí, se cruzó de brazos.—¿Es algo urgente? —preguntó, más por incomodidad qu
Capítulo 76 —Urgencias del corazón y titulares que ardenNarrador:En Uruguay, a miles de kilómetros de esa sala donde acababa de caer un rey, Dana se preparaba para su inminente boda como quien camina hacia una decisión que no termina de reconocer como propia.La casa olía a telas nuevas, a café recalentado, a ansiedad. Había cajas por todas partes: regalos, recuerdos, detalles, listas, papeles. Todo el mundo parecía tener algo que opinar, algo que organizar, algo que preguntar.Dana, sin embargo, se movía como si estuviera un poco fuera de su cuerpo. Sonreía cuando debía sonreír. Asentía cuando la miraban. Decía “sí” cuando le pedían confirmaciones. Pero por dentro… por dentro tenía un ruido constante, como un mar golpeando una pared.Benjamin la encontró en la cocina revisando una lista de invitados con la mirada perdida.—¿Estás segura de querer seguir adelante con esto? —preguntó, sin rodeos.Dana parpadeó, como si recién lo escuchara.—Sí, Benjamín —respondió—. ¿Por qué lo pregun







