เข้าสู่ระบบEra una mujer hermosa, aunque todavía se le escapaban ciertos aires de campo que se esforzaba por disimular.
Y, por supuesto, seguía cargando con su bastón, porque el primero en verla caminar sin él sería su esposo.
Esta vez nadie se interpuso en su camino.
El señor había dejado claro que ella era alguien importante, y era evidente que Lilianne había pasado la noche en la alcoba principal.
Sentada en el comedor, recibió el mejor desayuno y preguntó con disimulo a qué hora se había marchado Douglas.
—El señor desayunó temprano con la señorita Karla y después se marcharon juntos a la empresa.
Aquel nombre volvió a crisparle los nervios.
¿Acaso esa mujer no tenía una casa propia donde desayunar?
—Bien. Por favor, dígale a un chófer que esté preparado para llevarme por la ciudad.
Al decirlo, percibió la resistencia del mayordomo.
—El señor dijo...
—¿Acaso soy una prisionera aquí?
Lilianne lo interrumpió con tono firme, y eso bastó para que el hombre cediera.
Por si acaso, era mejor complacerla.
Todos habían sido testigos de lo que el señor Calder le había hecho al guardia de seguridad que la había maltratado.
El chófer del Mercedes debió de pensar lo mismo cuando Lily le pidió que la llevara al rascacielos del Grupo Calder y la ayudara a entrar utilizando su pase de seguridad.
El hombre sudaba frío, sin querer meterse en problemas, pero ella terminó convenciéndolo.
Subió muy feliz en el elevador de cristal, desde donde podía contemplar todo el vestíbulo y las demás oficinas.
Era increíble y con ese aire de poder que estaba por encima de los demás.
Ahora entendía un poco mejor por qué Douglas trabajaba tan duro para proteger su patrimonio.
—Voy a apoyarte, mi amor. No dejaré que vuelvas a avergonzarte de mí —susurró Lily.
Cuando las puertas se abrieron en el último piso, salió al pasillo alfombrado, pasando frente a varias oficinas cerradas.
Era la hora del almuerzo y su intención era invitar a Douglas a salir un rato, pero, al acercarse a la enorme puerta del fondo, escuchó una discusión a través de la rendija.
—... ¡Deja en paz el asunto de Lilianne! Ella solo es la mujer con la que me casé por agradecimiento. ¿Acaso querías que la abandonara después de que recibió una bala por mí?
El rugido furioso de Douglas la detuvo en el umbral.
—¡Pero ayer saliste corriendo detrás de ella dejándome en ridículo! ¡Sé que te encerraste en tu alcoba a follártela!El reclamo provenía de Karla.
El golpe que resonó sobre una mesa hizo sobresaltarse a Lilianne, que solo podía mirar la puerta mientras su mundo se venía abajo.
—Ni tú ni nadie va a cuestionarme. Tenemos un trato y estuviste de acuerdo. Lo que haga con Lilianne es asunto mío. Ya te lo dije, y métetelo en tu maldita cabeza...
Douglas hizo una pausa.
La silla del escritorio rechinó como si se hubiera levantado, y después se escucharon unos pasos lentos.
Lilianne quería darse la vuelta y escapar.
Fingir que no había escuchado nada.
Dolía demasiado y sabía que las próximas palabras la destrozarían.
—Lilianne Evans no es más que una deuda de gratitud para mí. Y si tengo que follármela y hacerle creer que somos una pareja feliz para pagarle esa deuda, lo haré.
El silencio que siguió pesó como una montaña.
Ellos continuaron discutiendo, pero Lily ya no podía escuchar demasiado.
Se estaba ahogando en su propia desilusión y lágrimas.
Incluso extendió la mano para empujar la puerta y enfrentarlos, abofetear a Douglas y escupirle en la cara.
Pero, de repente, se sintió ridícula ante la idea de volver a mendigar un amor que nunca había tenido.
Debió haberlo imaginado.
Douglas solo le había propuesto matrimonio después del accidente.
Lástima. Caridad. Gratitud.
Eso era lo único que Douglas Calder había sentido siempre por ella.
—Lo arreglaré cuando llegue el momento y tendremos un divorcio limpio. Pero no vuelvas a hablarme del tema y entiéndelo de una vez: yo no amo a Lilianne Evans.
*****
«Yo no amo a Lilianne Evans. Yo no amo a Lilianne Evans».Las palabras se repetían como un bucle en su mente mientras bajaba las escaleras de emergencia como una loca.
Fue entonces cuando descubrió que sus piernas realmente funcionaban bastante bien.
Quizá fue la adrenalina, la rabia que la ahogaba o simplemente su lucha por no derrumbarse allí mismo, pero logró atravesar la última puerta de emergencia y corrió hacia la salida.
A Lilianne no le importó la imagen que daba mientras se desplomaba contra la pared del callejón lateral del enorme edificio.
Sus sollozos rotos resonaron mientras se cubría el rostro con las manos y lloraba como nunca había llorado en su vida.
Varias personas aminoraron el paso con intención de ofrecerle ayuda.
El bastón caído a su lado solo provocaba todavía más lástima.
Lástima.
Eso era lo único que inspiraba.
Le gritó como una loca al primero que intentó tenderle una mano, solo para disculparse al instante.
Tenía que marcharse de allí.
Las cafeterías cercanas estaban llenas de trabajadores de Douglas.
No seguiría interpretando el papel de la mujer patética, aunque estaba segura de que ninguno de ellos la conocía.
Era su sucio secreto. Su vergüenza.
La mujer a la que follaba de vez en cuando solo por caridad.
Lilianne consiguió llegar a un parque cercano.
Se sentó en un banco y se quedó mirando a la nada, perdida, mientras las lágrimas continuaban bajando por sus mejillas y, de vez en cuando, los sollozos volvían a ahogarla.
Cada recuerdo dolía demasiado.
Douglas lo sabía.
Sabía muy bien que ella estaba loquita por él.
Le había dado esperanzas desde que eran jóvenes.
Parecía encantarle tenerla siempre detrás de él, como una perra moviendo la cola.
Lilianne incluso estudió Contabilidad para ayudar a su padre con la administración de la hacienda.
Porque quería ser útil para Douglas. Porque quería permanecer a su lado.
Dejó atrás su sueño de estudiar Diseño, de entrar en el mundo de la moda y la costura.
Algo que la apasionaba. Algo para lo que tenía un talento natural.
Todo por estar junto a él.
Las horas pasaron y Lilianne continuó sentada donde estaba, mirando a la nada, hasta que sus ojos chocolates, antes vacíos, adquirieron un brillo de rebeldía y decisión.
—Vas a tener que decírmelo a la cara, maldito bastardo... —masculló, con la rabia nublándole la mente y levantándose de golpe.
No escaparía más.
La amenaza era muy seria y el tipo dio un paso atrás con las manos en alto mientras Lucy era jalada por la versión salvaje de Luke.Cayó contra su pecho con fuerza, la muñeca aún agarrada entre las garras de ese vaquero enojado y una palmada resonó con fuerza en su trasero.Lucille tuvo que morderse el labio inferior para reprimir el gritico bien puto de asombro que casi se le escapa.Luke la arrastró con él a un baile sin sentido, con sus cuerpos bien pegados y él llevando el control.Su boca bajó hasta su oído.—Se acabó tu maldito jueguito, Lucille. ¿Qué pretendes con todos esos tipos?Su boca pegada a la oreja y ese tono salvaje la hicieron estremecer.Lucy olía contra la camiseta el aroma a masculinidad y colonia amaderada.—Solo estaba bailando, ¿acaso tú no hacías lo mismo con tu amiguita Caroline? —le respondió, girando de repente la cabeza.Quedaron tan cerca que sus respiraciones pesadas se entrelazaron, la punta de sus narices acariciándose y el deseo haciendo crepitar el a
La pista estaba bien movidita, las canciones conocidas resonaban y los tablones de madera en el piso temblaban bajo las botas.Algunos cantaban y otros ya estaban metiéndose mano por algunos rincones del bar.La noche iba avanzando y no todos los días eran de fiesta.Lucy vio a la tal Caroline restregándole las tetas a Luke contra el pecho.La mano de ella llevaba la de él a sus nalgas; Luke no hacía nada por detenerla.Es más… Lucy juraría que lo estaba haciendo para molestarla… y lo estaba logrando.—Hey, guapo, ¿quieres bailar?… La verdad es que busco quién me enseñe los pasos.Se acercó a un hombre que estaba en la orilla de la pista hablando con otros.Cuando las tres cabezas giraron hacia ella, Lucy juraría que la miraron como tres lobos feroces.—¿Yo?El rubio hasta se señaló como si no creyera que la belleza orgullosa de la noche lo estuviese invitando.Mira que ya varios se habían llevado bastantes sopapos al invitarla a bailar.—Si quieres, si no, se lo pido a otro…—Linda,
Un solo error y había caído en desgracia.Oliver maldijo el momento en que envenenó la cabeza de Lucille, esa puta de cuarta que enseguida cambió de bando para ponerse de parte de Douglas Calder.Ahora, todos los años siéndole leal a Frederick Alder solo le sirvieron para enviarlo lejos de la familia principal a vigilar unos negocios de mierd4 en Canadá.Alder quería alejarlo, ya no confiaba en él… y la verdad, Frederick tenía toda la razón para desconfiar.Oliver había decidido que no sería desterrado por nadie.Los secretos de Alder valían bien y los vendería al mejor postor.Si no era valorado en su sindicato de mafiosos, se iría a la competencia.Brunno Valenti le dio una buena oportunidad de unirse a los Valenti por los datos operacionales de Frederick y la información sobre Douglas que le vendió.Pero para entrar, siempre había que pasar por una prueba peligrosa, una muestra de cuánto estabas dispuesto a hacer por la familia, y Brunno solo le pidió una cosa… la debilidad de Fred
La espalda de Douglas chocó contra aquel árbol frondoso, con el pantalón atascado en los muslos y la polla afuera, bien dura, como en saludo militar.A unos metros había quedado el pobre caballo que fue usado como cama, y delante del magnate se acercaba esa deliciosa hembra con los ojos nublados en vino y relamiéndose los labios.Su mirada chocolate estaba fija en el hilo de presemen que colgaba de la gruesa cabeza.Douglas agarró la botella de vino que había logrado sacar de la alforja y comenzó a bañarse el miembro en rojo, como si lo estuviese aliñando para la comida.Su cuerpo entero se estremeció cuando Lily se arrodilló frente a él, una mano apoyada en su muslo y la otra fue directo a agarrar la base de su miembro, parándoselo por completo.La espalda de Douglas se tensó con el deseo recorriéndole la piel.—Sshh… vuélveme loco, mujer…Jadeó cuando la lengua mojada recorrió la costura de sus testículos para luego tomarlos en su caliente boca.Las suaves succiones, los jadeos sobr
Douglas sacó de repente los dedos y ella sintió el movimiento a su espalda.Se estaba abriendo la bragueta, pero esto era una locura.Estaban sobre un caballo, fuerte, manso y lo que sea, pero tener sexo así, al aire libre, era de las cosas más dementes que habían hecho.—Douglas, espera… esper… Aah…Pero Lilianne solo pudo morderse el labio inferior cuando sus caderas fueron sujetadas con fuerza y jaladas hacia atrás, prácticamente sentada sobre los muslos de Douglas.No era cómodo ni amplio, sshh, pero se sentía tan rico lo prohibido y tabú.Douglas tenía el alcohol moviéndose hacia su polla tiesa.Gruñó entre dientes al sacársela de la posición doblada dentro de los jeans apretados.Cuando alzó las caderas de Lilianne, alineándola entre sus piernas abiertas, y apartó el hilo de la braga a un lado, sus ojos casi brillaron con lujuria desmedida.Ese sexo hambriento, rosado, se abría y cerraba como una boquita pidiendo pene, y él tenía el suyo más que listo.—Douglas, espera…Lilianne
El viento soplaba durante el paseo, haciendo que el cabello castaño de Lily se moviera con la brisa.El robusto caballo Cuarto de Milla avanzaba con paso firme y estable, llevado por la mano segura de un jinete experimentado.Los muslos de Lilianne se rozaban de manera constante sobre la silla.Montar en el vestido rojo que llevaba no era lo más cómodo, pero ella estaba demasiado caliente para notar eso.Contra sus nalgas se molía la dura silueta del miembro de Douglas en cada movimiento vigoroso.Su mano la rodeaba por la cintura de manera posesiva, su aliento le rozaba la nuca y, en ocasiones, el oído, diciéndole palabras descaradas que alimentaban su deseo.Los sentidos de Lilianne estaban perdidos en alcohol y la lujuria que crecía más y más en su cuerpo.Las tierras de los McCall eran preciosas, grandes extensiones donde el caballo trotó llevándolos bajo la luna, entre las pequeñas colinas y los bosques, hasta que llegaron a un claro cerca de un risco.Lily miró asombrada la exte







