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SEDUCCIÓN Y MENTIRAS

Author: Luna Nova
last update publish date: 2026-07-15 07:03:16

Escapando de él, Lilianne tropezó y casi cae al suelo, pero unos fuertes brazos la sujetaron por la cintura.

Su cuerpo giró y su rostro quedó pegado a una camisa blanca. El perfume amaderado que Douglas siempre usaba invadió sus sentidos.

—¡Suéltame! ¡Suéltame, mentiroso!

Comenzó a luchar con rabia, pero Douglas no la soltó.

—Cálmate, cálmate. Voy a explicártelo. Las cosas no son como crees...

—¡¿Entonces cómo son las cosas, Douglas?!

Levantó la cabeza de golpe para enfrentarse a aquellos ojos grises llenos de tormentas.

—¡Dime! ¿Por qué no le dijiste a toda esa gente que ya tenías esposa? ¿Por qué dejas que Karla ocupe mi lugar? ¡¿Acaso te avergüenzas de mi cojera?!

—¡Nunca jamás repitas esa tontería! —rugió Douglas, abrazándola con más fuerzas, desesperado.

¡Maldita sea! ¿Por qué Lily había tenido que aparecer precisamente ahora en Sydney?

—Mírame bien, Lilianne. Mírame.

El hombre alto bajó la cabeza, le sostuvo las mejillas y la obligó a enfrentarlo.

—Todo lo que escuchaste ahí dentro es solo una estrategia comercial. Un circo que montamos para esta noche. Les decimos lo que quieren escuchar, eso es todo...

—¿Eso es todo? ¡Paul ni siquiera sabía que yo era tu esposa! ¿Sabes que el guardia casi me saca a patadas de tu mansión porque pensó que era una loca que te acosaba?

Lilianne continuó empujándolo por el pecho.

En aquel momento solo quería poner distancia entre ambos, pero Douglas la apretaba cada vez más, como si temiera que volviera a escapar.

—No hemos tenido tiempo de hablar sobre cosas privadas. No veo a Paul todos los días... Y ese idiota del guardia va a pagar por lo que hizo...

La expresión de Douglas se volvió peligrosa, para luego suavizarse un poco.

—Lily, cálmate un momento. Hablemos con tranquilidad. Espérame en la alcoba...

—Vas a volver a ocultarme, ¿verdad? ¿Por qué no me envías mejor a un hotel para que nadie me vea por accidente?

Los ojos color chocolate de su esposa, cargados de dolor, se clavaron en el pecho de Douglas, que maldecía en todos los idiomas que conocía.

Pero en aquel momento no tenía tiempo para escenas.

Tenía contratos que firmar y un patrimonio que salvar.

—No voy a enviarte a ninguna parte. Te explicaré todo lo que quieras, pero necesito que me apoyes esta vez, Lilianne.

Su voz se volvió más seria, adoptando aquel tono de magnate con el que daba órdenes a todo el mundo.

—Estoy en medio de algo que puede salvar o hundir mi empresa. No puedo montar un escándalo ahora. ¿Lo entiendes?

Douglas la sujetó con firmeza por los hombros.

—No puedo entrar ahí y decirles que las palabras ambiguas de Karla son mentira. Como mi esposa y como señora Calder, apóyame, Lily. Te necesito, amor. Karla solo me está ayudando. No somos nada. Solo somos socios.

Y Lilianne volvió a comprar cada palabra que salió de aquella boca sexy, la misma que descendió para besarla entre las sombras de los pinos.

Volvió a ocultarse.

Subió como una fugitiva a la alcoba de Douglas, situada en el segundo piso, bajo la mirada curiosa del mayordomo.

Nadie sabía quién era aquella mujer que caminaba con bastón y a la que el dueño de la casa había ordenado guiar hasta su habitación y tratar con respeto.

Lilianne contempló la enorme habitación, decorada en tonos sobrios, con líneas rectas y minimalistas que encajaba perfectamente con el carácter de su esposo.

—¿Quiere que la ayude a acomodar sus pertenencias? ¿Necesita alguna otra cosa?

—Estoy bien, gracias. Prefiero que no me molesten.

Despachó al mayordomo, ni siquiera tenía hambre y, por fin, se quedó sola.

Estaba cansada por el viaje, todavía enfadada y con ideas demasiado horribles dándole vueltas en la cabeza.

Miró el bastón y lo dejó apoyado cerca de la puerta que comunicaba con un enorme cuarto de baño.

Decidió darse un buen baño y ordenar sus pensamientos.

Quería mantener una conversación larga con Douglas.

Quería contarle sobre su recuperación, aunque todavía necesitaba continuar con los ejercicios.

Cuando la bañera estuvo llena, Lily se desnudó y se metió en el agua.

Se sumergió en el aroma cítrico de las sales de baño y cerró los ojos durante un tiempo indefinido.

Pero antes de quedarse dormida en el agua caliente, la puerta del baño se abrió lentamente.

Douglas apareció recortado a contraluz.

El apuesto hombre de un metro ochenta avanzó hacia ella con la camisa abierta.

Se había quitado los zapatos y la chaqueta, dejando al descubierto los fuertes músculos de su pecho, mientras el pantalón de sastre colgaba de sus estrechas caderas.

—Me alegra que hayas preparado el baño para los dos.

Las palabras masculinas se arrastraron con aquella sensualidad ronca que siempre conseguía hacerla temblar.

Colocó sobre el borde de la bañera la botella de champán que llevaba en una mano, acompañada de dos copas.

Después se inclinó sobre ella y atrapó su boca en un beso profundo y depredador.

Lily jadeó, dejándolo invadirla y recorrerla con hambre.

Douglas succionó su labio inferior con pequeños tirones deliciosos que hicieron que su coño se humedeciera.

Si había un hombre capaz de hacerla arder en cuestión de segundos, era él.

—Douglas...

—Shh... Tenemos todo el tiempo del mundo para hablar. Pero ahora... necesito a mi mujer.

Sus ojos grises la observaron llenos de deseo y promesas ardientes que ella no pudo rechazar.

Lo vio incorporarse mientras se desabrochaba el pantalón, donde ya se marcaba una dura silueta.

El bóxer cayó junto con la prenda, y Lilianne tragó al ver aquel pedazo de polla colgándole entre las piernas, medio erecta y endureciéndose con cada segundo.

Douglas se echó el cabello oscuro hacia atrás con un gesto lleno de confianza, disfrutando de la manera en que ella se lo comía con los ojos.

Casi se arrancó la camisa del fuerte torso y se metió en la bañera, entre las piernas abiertas de Lily.

Se inclinó hacia delante, sobre su cuerpo, y volvió a besarla.

Esta vez fue más profundo, más salvaje, más necesitado.

Sus manos bajaron hasta los pequeños senos y los apretaron con lujuria.

Su boca descendió por su barbilla, recorrió su cuello y llegó hasta sus areolas oscuras, chupándolas con sonidos húmedos.

Lilianne jadeaba de placer.

Un grito ahogado escapó de sus labios cuando los dedos de su hombre empezaron a juguetear con su coño bajo el agua, moviendo su clítoris en círculos excitantes.

Metió las manos entre las hebras de su cabello y acarició su espalda musculosa, bronceada por el sol y marcada por las cicatrices del trabajo duro.

—¡Aah!

Lily arqueó la espalda al sentir un dedo largo penetrando su vagina, entrando y saliendo, tocándola exactamente de la manera en que él sabía que le encantaba.

—Douglas... Douglas...

Repetía su nombre una y otra vez entre chapoteos, gemidos masculinos y el sonido de la boca de Douglas devorándole los senos.

Dos dedos entraron a la vez, haciéndola gritar de placer y empujar las caderas contra él.

Pero quería más. Deseaba todo de aquel hombre.

—Hazme el amor. Quiero ser tuya, Douglas... Mmm... mi amor, ¡fóllame ya!

La risa baja del magnate vibró contra su pezón.

Levantó la cabeza como un depredador al que le encantaba escuchar las súplicas de su presa.

—Los deseos de la señora Calden son órdenes para mí...

Se inclinó para besarle el mentón mientras sacaba los dedos empapados de su interior y le acariciaba los muslos.

—¿Te duelen las piernas?

Lilianne se tensó ante la pregunta.

Sabía que él siempre se contenía para no lastimarla, pero eso significaba que quizá se quedaba insatisfecho.

Douglas era un hombre impetuoso, salvaje.

Había visto cómo se controlaba cuando quería penetrarla con fuerza y dominarla.

—Otra vez estás haciendo eso... dándole demasiadas vueltas.

El suspiro cercano hizo que ella lo mirara de nuevo.

—Solo quiero follarte bien rico sin preocuparme por hacerte daño.

—Estoy bien y lo quiero rudo. No quiero que te contengas. No puedes parar hasta darme un orgasmo.

Lilianne se lo dijo mientras acariciaba la línea de su fuerte mandíbula.

—Entonces supongo que hoy tendré que esmerarme...

—¡Aah!

La risa de Lily inundó el baño cuando Douglas la cargó y ella rodeó sus caderas con las piernas.

Él le sostuvo las nalgas con firmeza mientras la sacaba de la bañera y la llevaba hasta la habitación en penumbra.

La colocó con cuidado sobre la cama y comenzó a bajar por su cuerpo, dejando un rastro ardiente de besos hasta terminar entre sus muslos, devorando su sexo.

Cuando minutos después Douglas se acomodó entre sus piernas abiertas y la penetró hasta el fondo con su gruesa polla, Lily gritó hacia el techo y se estremeció de placer de pies a cabeza.

Porque no había nada mejor que una buena follada para olvidar una discusión de pareja y tapar los problemas que seguían ahí.

Douglas no solo le dio un orgasmo, sino varios.

Pero solo hubo sexo. Nada de conversaciones.

Nada de explicaciones ni de la verdad detrás de tanto secretismo.

Al día siguiente, cuando Lilianne despertó y se estiró perezosamente, la sonrisa se le borró del rostro al darse cuenta de que la sábana a su lado ya estaba fría.

Douglas se había marchado a la empresa y ella no había terminado de decirle que ya podía caminar.

Pero un hombre que le hacía el amor de aquella manera tenía que quererla.

Él la deseaba.

Había terminado temprano su fiesta con Karla para estar con ella.

Así que Lily se levantó aquel día con una misión clara... volvería a intentar sorprender a Douglas en la sede del Grupo Calder.

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Comments (2)
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gloria meneses
el amor nos vuelve bruta, ciega sorda, muda,,, lo que callamos las mujeres enamoradas y nos conformamos con nada en este caso una noche de sexo, borra meses de silencio y abandono
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Monica Sanchez
Una mujer enamorada es ciega...
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