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Capitulo 2 A la Cama

Author: Viviana
last update publish date: 2021-07-29 02:23:44

—¡Jean! Me alegra que hayas venido esta noche a casa.

—Puedo imaginarlo padre. Responde un poco aburrido.

—Pues estás de suerte muchacho, está noche tenemos invitados especiales.

—¡Padre!

—¡A callar! Responde serio.

Jean aprieta la mandíbula en señal de enojo, Antonie Dubois, era el hombre más desesperadamente, controlador y manipulador de toda Francia. Por esa razón detestaba ir a su casa a cenar.

Padre e hijo entraron en la sala del comedor, donde Adrien se puso en pie para recibirlo con un apretón de manos y una expresion de incomodidad.

—Pensé que no vendrías.

—Créeme, ya me estoy arrepintiendo. Responde viendo la rubia sentada en la mesa quien no le quitaba la mirada de encima. —¿Qué hace ella aquí?

— Papá la invitó a cenar, y como sabes que ella está colada por ti no dudo en aceptar.

—¿Porque carajos no lo impediste?

—Nadie le dice que no Antonie, hermano. Ya debes saberlo.

Los hermanos se dieron la vuelta para acercarse a la mesa. El padre de estos solo sonreía a la rubia a su lado, pero desde luego las intenciones del viejo eran otras para con la chica.

—¡Oh, Jean! Qué alegría verte. Le dice la rubia al notar que este se aproximaba.

—Adelaine… ¡Qué sorpresa!

—Tu padre ha sido muy amable en invitarme, espero que no te moleste.

—¡Claro que no! Responde Antonie observando a su hijo de mala gana. — Mi hijo siempre te recibirá con los brazos abiertos, ¿No es así Jean?

—¡Claro! Responde serio.

Todos se sentaron en la mesa, Antonie no paraba de hablar con Adrien de los restaurantes. Mientras que Jean buscaba las maneras de salir de esa casa en plena cena.

No es que le molestase la presencia de la rubia, Adelaine era una mujer hermosa. Incluso, ya estaba pensando en llevársela a la cama. Estaba seguro que ella no se opondría, lo único complicado de eso sería que ella se haría una idea equivocada.

Jean no quería una relación amorosa, ni mucho menos un matrimonio. Y tanto su padre como la rubia ante él, ansiaban echarle la soga al cuello. Y eso distaba mucho de pasar. Aún no había nacido una mujer a quien deseara ponerle un anillo en el dedo.

—Cuéntame Jean, ¿Qué tienes planeado para esta noche? Es viernes, ¿Qué sueles hacer?

—Suelo salir con Adrien, a bares.

—No estaría mal que los acompañase un rato.

—No es lugar para una dama como tú Adelaine.

—¿Y qué lugar es para mí, según tu Jean?

La rubia le pregunto con una sonrisa oculta, mientras hacía círculos con el dedo al borde de una copa llena de vino tinto.

—¡No lo sé! ¿Porque no me lo dices tú? Éste responde con voz seductora.

—¡Un sitio más privado! Y con menos personas.

—Ósea, ¿Solo tú yo?

—¡Exacto!

La joven rubia le da un sorbo a su copa mientras observa a Jean por el rabillo del ojo.

[...]

Después de una laboriosa cena… los hermanos se despiden de su padre.

—¡Más te vale que la trates como una dama! Le advierte el viejo. —La quiero para que sea tu esposa, así que no lo arruines Jean.

—Y yo ya te dije, que no pienso casarme padre.

—Si no lo haces, te quedarás en la calle.

—Para eso tengo mi propio y restaurante.

—Uno qué, me puedo encargar de destruir.

El viejo palmea la espalda de su hijo mayor después de dedicarle una amenaza que no debía tomarse a la ligera.

Los chicos subieron al coche, y desde luego que la rubia subió al coche de Jean.

—¿Y bien? ¿Qué quieres hacer? Pregunta Jean.

—Dejémonos de rodeos Jean, somos mayorcitos. Responde con la mirada afilada.

—¡Muy bien! Éste sonríe y pone el coche el marcha.

Veinte minutos después… Jean pegaba el cuerpo de Adelaine contra la pared de su habitación, mientras sus labios permanecían unidos.

Tan solo entrar en el apartamento del francés, su lujuriosa acompañante se le lanzó encima. Y como él era un hombre muy viril no iba a desaprovechar la oportunidad de follar con esa despampanante rubia calenturienta.

Mientras deslizaba sus manos por el cuerpo de ésta, ella lo despojada de sus prendas de ropa. La cosa iba muy rápido, pero ¿Y qué? Así era el sexo… ya por la mañana se encargaría de dejar las cartas sobre la mesa con respecto a lo que pensaban hacer esa noche.

Porque arruinar algo muy bueno, por una tontería como el matrimonio…

—¡Deseo que me hagas tuya esta noche Jean! Adelaine susurro contra sus labios.

—Si es lo que quieres, te complaceré con gusto hermosa.

—¡Oh, sí! Jadeo al sentir los labios de él sobre su cuello.

Jean pensó que quizás no estuviera haciendo las cosas correctas, ¿Qué iba a pasar si esa rubia mal interpretaba las cosas? ¿Y si quería más? Por lo general, era un hombre que se acostaba con una mujer por una noche y no más…

Su libido fue bajando un poco, estaba pensando demasiado y eso no era normal en él. De pronto la rubia lo arrojó hacia la cama, para luego gatear sobre él.

—¡Piensas demasiado!

Y esas fueron las últimas palabras que dijo, porque lo había vuelto a besar. La poca cordura que había empezado a emerger en su cabeza había desaparecido en cuanto ella comenzó a mover y frotar su cuerpo sobre él.

Era buena para seducir y hacerle olvidar a un hombre los motivos por el cual debía detenerse, una parte dentro de él le decía (detente) pero esa ya estaba en lo más profundo de su ser.

Además, tampoco era de hierro. Tenia necesidades, era un hombre al que le gustaban las mujeres y Adelaine era muy hermosa. Curvas perfectas, piel perfecta... todo de ella era ideal. Pero para mala suerte de esa rubia, no era su tipo de mujer. Bueno no al menos en el sentido que su padre queria, para una noche estaba bien. Quizas para dos noches, pero de alli a casarse ni que estuviera muerto. 

Su padre tendria que seguir esperando un matrimonio que nunca llegaria...

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