Compartilhar

Solo mientes

Autor: GINNA R.
last update Data de publicação: 2026-03-28 15:48:09

POV KURT

Lo que dije era cierto. Ella iba a darme la vida que me prometió, quisiera o no. Sé que suena cruel, obsesivo y perturbador, pero la piedad murió en mí el mismo día que cerraron mi celda y el mundo decidió que yo ya no existía. Cuando te arrancan todo, te encierran y botan la llave mientras siguen sus vidas como si nunca hubieras respirado, no pueden esperar que el día del cobro no llegue.

​Ese día llegó para la familia Neville y para Peter Grayson. Leah estaba aquí, bajo mi techo, y él debería estar volviéndose loco, desgarrando la ciudad, preguntándose en qué rincón oscuro se escondía su "trofeo". Sé exactamente lo que siente: tengo grabada esa sensación de agonía en el tuétano. Ese vacío de no saber es un cáncer mucho peor que la certeza de ser abandonado. Yo lo viví cuatro años; él no durará ni cuatro días.

​Había preparado algo de cenar. Un risotto de setas, el plato que ella siempre pedía en aquel pequeño restaurante italiano cerca de mi estudio. El aroma llenaba la cocina, una fragancia que en otro tiempo habría significado hogar, pero que ahora se sentía como una burla.

​—¿Quieres cenar? —pregunté, esforzándome por mantener la voz firme después de cerrar la puerta principal con doble llave. El sonido del metal encajando fue como un disparo en el silencio de la casa.

​Leah no respondió. Se quedó de pie en medio de la sala, observando el lugar como si fuera el purgatorio. Y en cierto modo lo era: un espacio suspendido entre lo que fuimos y lo que el odio había construido. Llevaba el vestido de la fiesta rasgado en el dobladillo, su piel pálida contrastaba con la seda, y sus ojos... esos ojos que antes me miraban como si yo fuera el sol, ahora solo buscaban una salida.

​—¿Leah? —insistí, acercándome un paso.

​—¿Por qué crees que me conoces? —soltó la pregunta sin tacto, con una frustración que vibraba en el aire. El miedo inicial parecía haberse evaporado, dejando en su lugar una irritación punzante.

​—No lo creo. Te conozco. Y tú también a mí —respondí, sintiendo cómo se me cerraba la garganta—. Aunque al parecer tu cabeza me borró, yo me encargaré de que cada centímetro de tu cuerpo me reconozca de nuevo.

​—Pues si te olvide, por algo fue —su comentario fue un estilete que se hundió directo en mi pecho. Me rompí por dentro, aunque mi rostro permaneció como una máscara de piedra—. No creo que fueras tan importante. De haberlo sido, sabría quién eres. Debería sentir algo al mirarte, y no siquiera se tu nombre.

​Me acerqué a ella con una lentitud peligrosa. "No eras importante". Ella era mi vida entera, mi musa, la razón por la que no me colgué de una sábana en Blackwood.

​—Eres mía, Leah. Lo eres desde los veintidós —sentencié, acorralándola contra la pared—. Me diste tu primera vez en un colchón viejo rodeado de lienzos. Conozco cada parte de ti. Sé que tienes un lunar justo en tu ingle en forma de mancha... y también sé exactamente por qué te tatuaste una libélula justo a su lado.

​Ella tragó con dificultad. Dio dos pasos hacia atrás, tropezando con sus propios pies, y empezó a respirar de manera acelerada. El pánico volvía, pero esta vez venía acompañado de la duda.

​—¿Recuerdas el motivo? ¿O también olvidaste cómo fui yo quien lo hizo? —mi voz bajó a un susurro ronco—. Olvidaste cómo, después de marcarte la piel, tuvimos sexo por horas en ese estudio, tanto que tuve que volver a retocar el diseño porque casi lo estropeamos con el roce de nuestros cuerpos. No soy un puto desconocido, Leah. Conozco hasta lo que estás pensando justo en este instante: te preguntas cómo puedo saber algo que solo tú y tu "marido" deberían conocer.

​Ella se llevó una mano a la cabeza y negó, cerrando los ojos con fuerza. Su mirada se volvió vacía mientras enfocaba un punto invisible en la pared. Parecía estar luchando, intentando viajar a ese instante, buscando entre la niebla de su amnesia una imagen, un sonido, una caricia.

​—Solo estás mintiendo —susurró, aunque su voz temblaba—. Peter me habló de mis cicatrices... él me dijo que..

​—¿Acaso no está el lunar allí? ¿La libélula desapareció? —la corté, furioso—. ¿Cómo podría saber algo tan íntimo si no hubiera estado allí, sintiendo tu piel bajo mis dedos?

​—Eres un acosador... un maldito pervertido que ha estado vigilándome —me escupió, intentando recuperar su armadura de orgullo—. ¿Qué tienes pensado? ¿Vas a abusar de mí? ¿Es eso lo que quieres?

​Empecé a reír. No fue una risa de burla, sino de absoluta desesperación. Escucharla decir eso fue como recibir un balazo. Mi Leah, la mujer que se entregaba a mí con una devoción casi religiosa, ahora me miraba como a un violador. Peter Grayson no solo la había robado; la había reprogramado para odiar la única verdad que le quedaba.

​—No voy a quedarme. Tienes que dejarme salir... —empezó a caminar hacia la puerta con pasos erráticos.

​La detuve sujetándola del brazo y lo siguiente que sentí fue el impacto seco de su mano contra mi cara. El golpe hizo eco en la sala. Cerré los ojos ante el ardor de mi mejilla, aspirando el aire frío y repitiéndome una y otra vez que debía tener calma. Que ella no sabía lo que hacía.

​Ella empezó a golpear la puerta de madera maciza sin descanso, gritando por una ayuda que no llegaría. Verla así, tratándome como al enemigo, me dolía más que cualquier paliza que recibí en prisión.

​—Ya basta, Leah —le supliqué en voz baja, acercándome por detrás sin tocarla—. Vas a lastimarte las manos. No podrás salir y nadie vendrá por ti. No todavía.

​—¡Tengo que irme! ¡Debo volver a mi vida! ¡Mi esposo me espera! —gritaba ella, con la voz quebrada.

​—¡Ese maldito se ha estado aprovechando de ti! —rugí, perdiendo finalmente los estribos—. Perdiste la memoria y él ni siquiera tuvo la decencia de decirte quién eras realmente. Te construyó una mentira para poder poseerte.

​—¡Peter no! —se giró, enfrentándome con el rostro bañado en lágrimas—. Él es un hombre bueno... incapaz de algo así. Él me ama.

​—¿Bueno? —me reí, una risa amarga que me quemaba la garganta—. Ese "hombre bueno" se aprovechó de su posición como fiscal para fabricar pruebas en mi contra. Me envió al infierno cuatro años para quitarme del camino y poder quedarse contigo. Te armó una vida de mentiras y se casó con una mujer que no sabía no recuerda su propio propósito. Dime, Leah, ¿dónde está la bondad en borrar el pasado de alguien para esclavizarlo a su lado?

​Ella no respondió. Se quedó en silencio un segundo y luego volvió a arremeter contra la puerta. Golpeó hasta que sus nudillos se pusieron rojos, hasta que sus fuerzas se agotaron. Finalmente, se dejó caer al suelo, hundiéndose en un mar de sollozos silenciosos. Ver su cuerpo estremecerse así fue mi derrota final. Me acerqué y me puse de rodillas a su lado.

​—Leah, detente ya. Déjame llevarte a descansar. Estás agotada.

​Me miró. Sus ojos, empañados por el llanto, destilaban un odio tan puro que me hizo erizar la piel. Me odiaba con cada fibra de su ser.

​—No importa cuánto tiempo me tengas aquí —dijo con una voz fría y cortante—. No me importa lo que pretendas. Soy Leah Neville de Grayson y tú no harás que dude de mi esposo. Él es el hombre que ha estado a mi lado todo este tiempo. No eres más que un exconvicto resentido que odia a Peter y cree que puede lastimarlo a través de mí. Si es así, acaba conmigo de una vez... porque no voy a ser el medio para que destruyas al hombre que amo.

​Sus palabras terminaron de demoler lo poco que quedaba de mi corazón. Me puse de pie, sintiendo el peso de un siglo sobre mis hombros.

​—Tu habitación es la segunda al subir las escaleras —fue todo lo que pude decir. Mi voz sonaba muerta—. Sube. Ahora.

​La escuché subir los peldaños, el sonido de sus pasos alejándose de mí como todo en mi vida. Luego, el golpe seco de la puerta al cerrarse. Me dejé caer en el primer escalón, enterrando el rostro en mis manos. Y allí, en la soledad de esa casa prestada, me liberé.

​Lloré. Lloré con un llanto silencioso y violento que sacudía mis pulmones. Lloré por mi padre, por mis años perdidos, por la injusticia. Pero sobre todo, lloré porque la mujer que un día fue mi hogar acababa de decirme que amaba al hombre que nos destruyó.

​Flashback – 5 años atrás

​El zumbido de la máquina de tatuar era el único sonido en mi estudio. Leah estaba sentada sobre la mesa de madera, con la pierna derecha recogida. Yo estaba inclinado sobre ella, concentrado, grabando con tinta negra la figura de una pequeña libélula justo al lado de ese lunar que me volvía loco.

​—¿Te duele, enana? —pregunté, deteniéndome un segundo para limpiar el exceso de tinta.

​Ella sonrió, una sonrisa llena de luz que iluminaba hasta el rincón más oscuro de mi estudio. Me acarició el cabello con ternura.

​—Contigo nada duele, Kurt —susurró—. Quiero que esto sea un recordatorio. Las libélulas simbolizan el cambio, la madurez... y el amor que sobrevive a las tormentas. Ahora siempre llevaré algo hecho por tus manos en mi piel.

​Terminé el diseño y ella se miró en el espejo, fascinada. Se lanzó a mis brazos y me besó con una pasión que casi nos hace caer al suelo. Esa noche, hicimos el amor rodeados de pinceles y el olor a tinta fresca. Recuerdo haberla sostenido contra mi pecho, jurándole que nada ni nadie nos separaría.

​—Promételo, Kurt —me pidió ella, mirándome con una devoción absoluta—. Promete que, pase lo que pase, nunca me dejarás ir.

​—Te lo juro, Leah. Nunca te olvidaré. Ni en esta vida ni en la siguiente.

​Regresé al presente con un nudo en la garganta. Ella lo había olvidado. Ella había roto el juramento. Pero yo no. Me puse de pie, limpiándome las lágrimas con el dorso de la mano. Si Peter Grayson le había construido una vida de mentiras, yo me encargaría de prenderle fuego a cada una de ellas hasta que solo quedara la verdad. Aunque esa verdad nos quemara a ambos.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Nunca te Olvidaré    12. Eres mía

    POV LEAH ​Me quedé allí, en el umbral de la libertad, con el corazón martilleando contra mis costillas como un animal enjaulado. Miré el camino que se perdía entre los árboles, el camino que me devolvería a la Señora Grayson, a las cenas de gala y al silencio sepulcral de mi mansión. Luego miré hacia la casa, donde el hombre que realmente me conocía se estaba desmoronando. ​—Lo siento... lo siento mucho, Peter —susurré al viento, como un último adiós a la mujer que fingí ser. ​Extendí la mano y presioné el botón del panel. El pitido del cierre resonó como un disparo. El portón se selló con un golpe metálico definitivo. Antes de que pudiera procesar la magnitud de mi elección, un estruendo de vidrios rotos y un grito ronco, cargado de una rabia dolorosa, escapó desde el interior de la cabaña. ​Entré corriendo. El suelo de la cocina era un campo de batalla: platos hechos añicos y restos de comida esparcidos por doquier. Kurt estaba apoyado contra la encimera, con las manos sujetando

  • Nunca te Olvidaré    11. Vete

    POV LEAH ​Hoy el día se sentía tan liviano, como si este fuera mi lugar, el único en el que realmente debería estar. Lo más extraño es que era un lugar completamente desconocido, y no me había atrevido a preguntar si ya había estado antes aquí o si también era un lugar nuevo para él. ​Me sentía tan libre, tan viva. No recuerdo la última vez que tuve la libertad de ser solo yo, de reír a mi manera, de hablar cuando lo quería y no tener que callar lo que me disgustaba. Con Kurt no había prohibiciones, no había regaños y mucho menos sonrisas forzadas. Más bien, creo que nunca he tenido esa libertad con Peter. ​"Kurt Spencer". Me repetía ese nombre a diario en las noches, tratando de que algún recuerdo, alguna imagen o quizás alguna frase que compartimos tiempo atrás, volviera a mí. Quería recordar, quería tener esa vida que parecía que nunca viví, pero que era tan real en su mirada que lograba estremecerme. ​Me incorporé de la cama y bostecé al ver el reloj y notar que eran pasad

  • Nunca te Olvidaré    Capítulo 10. Leah es mía

    POV PETER GRAYSON​La perfección no es un accidente; es una disciplina. Una que he cultivado cada segundo de mi vida desde que comprendí que el mundo se divide entre los que imponen la norma y los que se arrodillan ante ella.​Me miré al espejo del baño de mi despacho, ajustando el nudo de mi corbata de seda con una precisión milimétrica. Ni un cabello fuera de lugar, ni una mancha en la solapa. Fuera de estas cuatro paredes, soy el Fiscal de Distrito, el epítome de la rectitud, el hombre que la ciudad observa con una mezcla de respeto y temor. Pero dentro, en el centro de mi pecho, la furia bullía como ácido, amenazando con perforar mi máscara de porcelana.​Catorce días. Trescientos treinta y seis horas sin Leah.​Caminé hacia mi escritorio, donde una fotografía de nuestra boda descansaba en un marco de plata. La miré fijamente. Ella lucía tan etérea, tan... moldeada. No me tomó nada borrar la aspereza de su carácter, esa rebeldía barata que traía de los suburbio y del estudio de aq

  • Nunca te Olvidaré    9. Haré que me ames otra vez

    POV KURT​El sonido de sus sollozos atravesaba las paredes de madera como si fueran de papel. Cada gemido ahogado de Leah era un clavo ardiendo hundiéndose en mi conciencia. Me quedé en el pasillo, con los puños cerrados y la mandíbula tensa, debatiéndome entre la furia por el pasado y la angustia por su presente. Quería destrozar a Peter Grayson por haberle hecho esto, pero en ese instante, mi única prioridad era que ella no se terminara de romper.​No lo soporté más. Subí los escalones de dos en dos, impulsado por una urgencia que me quemaba las entrañas. Me detuve frente a su puerta y toqué con suavidad, aunque mis nudillos temblaban.​—Leah... por favor, responde al menos —supliqué.​Silencio. Solo el eco de su respiración entrecortada me devolvía el saludo. Volví a tocar, esta vez con más insistencia. Sentía una mezcla de dolor y preocupación que me nublaba el juicio. Verla derrumbarse así por culpa de las fotos había sido un golpe que no calculé bien.​—También me duele, Leah —s

  • Nunca te Olvidaré    8. Realidad

    POV LEAH​Terminé de comer, pero el vacío en mi estómago era enorme. No era hambre; era ese hueco negro que se ensancha cuando sientes que el suelo bajo tus pies es de arena movediza. Ya había pasado una semana. Siete días de un encierro que, de manera perturbadora, empezaba a sentirse como una rutina.​Él —Kurt— parecía muy seguro cuando dijo que no me dejaría ir. Y yo necesitaba volver a mi vida, a la seguridad de lo conocido. Pero cada mañana, al despertar en esta cabaña, la "seguridad" de mi vida con Peter se sentía más como un sueño lejano y borroso, mientras que la calidez de este extraño se volvía mi única constante. Me sentía atrapada en un bucle. Sus detalles, su trato, y esa sonrisa que lograba hacerme sentir importante... era aterrador. Un desconocido me brindaba una calidez que no recordaba haber tenido nunca. La forma intensa en que me miraba lograba ponerme nerviosa y enviarme una sensación de pertenencia que me helaba la sangre. Sentía que le pertenecía, y eso me asusta

  • Nunca te Olvidaré    7. Solo yo

    POV LEAH​El amanecer se filtró por las rendijas de las cortinas pesadas con una crueldad silenciosa. No pegué el ojo en toda la noche. Me mantuve ovillada en un rincón de la cama matrimonial, con los oídos atentos a cualquier crujido de la madera, a cualquier paso que indicara que él —mi captor, el hombre de los ojos de hielo— entraría para cobrar la cuenta que decía que le debía.​Lo extraño, lo que me aterraba más que el secuestro mismo, era la traición de mis propios instintos. Una parte de mí, una voz pequeña y persistente en el fondo de mi mente, me susurraba que estaba a salvo. Que él no me lastimaría. No entendía por qué mi cuerpo no temblaba de la forma en que debería hacerlo una mujer en mi situación. Debería estar histérica, pero en cambio, había una calma antinatural asentándose en mis huesos.​Me levanté pesadamente y entré al baño. Me despojé del vestido esmeralda, ahora arrugado y manchado de tierra, como quien se quita una piel que ya no le pertenece. Bajo el chorro de

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status