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Capítulo 10. Leah es mía

Author: GINNA R.
last update publish date: 2026-04-04 00:53:00

POV PETER GRAYSON

​La perfección no es un accidente; es una disciplina. Una que he cultivado cada segundo de mi vida desde que comprendí que el mundo se divide entre los que imponen la norma y los que se arrodillan ante ella.

​Me miré al espejo del baño de mi despacho, ajustando el nudo de mi corbata de seda con una precisión milimétrica. Ni un cabello fuera de lugar, ni una mancha en la solapa. Fuera de estas cuatro paredes, soy el Fiscal de Distrito, el epítome de la rectitud, el hombre que l
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  • Nunca te Olvidaré    12. Eres mía

    POV LEAH ​Me quedé allí, en el umbral de la libertad, con el corazón martilleando contra mis costillas como un animal enjaulado. Miré el camino que se perdía entre los árboles, el camino que me devolvería a la Señora Grayson, a las cenas de gala y al silencio sepulcral de mi mansión. Luego miré hacia la casa, donde el hombre que realmente me conocía se estaba desmoronando. ​—Lo siento... lo siento mucho, Peter —susurré al viento, como un último adiós a la mujer que fingí ser. ​Extendí la mano y presioné el botón del panel. El pitido del cierre resonó como un disparo. El portón se selló con un golpe metálico definitivo. Antes de que pudiera procesar la magnitud de mi elección, un estruendo de vidrios rotos y un grito ronco, cargado de una rabia dolorosa, escapó desde el interior de la cabaña. ​Entré corriendo. El suelo de la cocina era un campo de batalla: platos hechos añicos y restos de comida esparcidos por doquier. Kurt estaba apoyado contra la encimera, con las manos sujetando

  • Nunca te Olvidaré    11. Vete

    POV LEAH ​Hoy el día se sentía tan liviano, como si este fuera mi lugar, el único en el que realmente debería estar. Lo más extraño es que era un lugar completamente desconocido, y no me había atrevido a preguntar si ya había estado antes aquí o si también era un lugar nuevo para él. ​Me sentía tan libre, tan viva. No recuerdo la última vez que tuve la libertad de ser solo yo, de reír a mi manera, de hablar cuando lo quería y no tener que callar lo que me disgustaba. Con Kurt no había prohibiciones, no había regaños y mucho menos sonrisas forzadas. Más bien, creo que nunca he tenido esa libertad con Peter. ​"Kurt Spencer". Me repetía ese nombre a diario en las noches, tratando de que algún recuerdo, alguna imagen o quizás alguna frase que compartimos tiempo atrás, volviera a mí. Quería recordar, quería tener esa vida que parecía que nunca viví, pero que era tan real en su mirada que lograba estremecerme. ​Me incorporé de la cama y bostecé al ver el reloj y notar que eran pasad

  • Nunca te Olvidaré    Capítulo 10. Leah es mía

    POV PETER GRAYSON​La perfección no es un accidente; es una disciplina. Una que he cultivado cada segundo de mi vida desde que comprendí que el mundo se divide entre los que imponen la norma y los que se arrodillan ante ella.​Me miré al espejo del baño de mi despacho, ajustando el nudo de mi corbata de seda con una precisión milimétrica. Ni un cabello fuera de lugar, ni una mancha en la solapa. Fuera de estas cuatro paredes, soy el Fiscal de Distrito, el epítome de la rectitud, el hombre que la ciudad observa con una mezcla de respeto y temor. Pero dentro, en el centro de mi pecho, la furia bullía como ácido, amenazando con perforar mi máscara de porcelana.​Catorce días. Trescientos treinta y seis horas sin Leah.​Caminé hacia mi escritorio, donde una fotografía de nuestra boda descansaba en un marco de plata. La miré fijamente. Ella lucía tan etérea, tan... moldeada. No me tomó nada borrar la aspereza de su carácter, esa rebeldía barata que traía de los suburbio y del estudio de aq

  • Nunca te Olvidaré    9. Haré que me ames otra vez

    POV KURT​El sonido de sus sollozos atravesaba las paredes de madera como si fueran de papel. Cada gemido ahogado de Leah era un clavo ardiendo hundiéndose en mi conciencia. Me quedé en el pasillo, con los puños cerrados y la mandíbula tensa, debatiéndome entre la furia por el pasado y la angustia por su presente. Quería destrozar a Peter Grayson por haberle hecho esto, pero en ese instante, mi única prioridad era que ella no se terminara de romper.​No lo soporté más. Subí los escalones de dos en dos, impulsado por una urgencia que me quemaba las entrañas. Me detuve frente a su puerta y toqué con suavidad, aunque mis nudillos temblaban.​—Leah... por favor, responde al menos —supliqué.​Silencio. Solo el eco de su respiración entrecortada me devolvía el saludo. Volví a tocar, esta vez con más insistencia. Sentía una mezcla de dolor y preocupación que me nublaba el juicio. Verla derrumbarse así por culpa de las fotos había sido un golpe que no calculé bien.​—También me duele, Leah —s

  • Nunca te Olvidaré    8. Realidad

    POV LEAH​Terminé de comer, pero el vacío en mi estómago era enorme. No era hambre; era ese hueco negro que se ensancha cuando sientes que el suelo bajo tus pies es de arena movediza. Ya había pasado una semana. Siete días de un encierro que, de manera perturbadora, empezaba a sentirse como una rutina.​Él —Kurt— parecía muy seguro cuando dijo que no me dejaría ir. Y yo necesitaba volver a mi vida, a la seguridad de lo conocido. Pero cada mañana, al despertar en esta cabaña, la "seguridad" de mi vida con Peter se sentía más como un sueño lejano y borroso, mientras que la calidez de este extraño se volvía mi única constante. Me sentía atrapada en un bucle. Sus detalles, su trato, y esa sonrisa que lograba hacerme sentir importante... era aterrador. Un desconocido me brindaba una calidez que no recordaba haber tenido nunca. La forma intensa en que me miraba lograba ponerme nerviosa y enviarme una sensación de pertenencia que me helaba la sangre. Sentía que le pertenecía, y eso me asusta

  • Nunca te Olvidaré    7. Solo yo

    POV LEAH​El amanecer se filtró por las rendijas de las cortinas pesadas con una crueldad silenciosa. No pegué el ojo en toda la noche. Me mantuve ovillada en un rincón de la cama matrimonial, con los oídos atentos a cualquier crujido de la madera, a cualquier paso que indicara que él —mi captor, el hombre de los ojos de hielo— entraría para cobrar la cuenta que decía que le debía.​Lo extraño, lo que me aterraba más que el secuestro mismo, era la traición de mis propios instintos. Una parte de mí, una voz pequeña y persistente en el fondo de mi mente, me susurraba que estaba a salvo. Que él no me lastimaría. No entendía por qué mi cuerpo no temblaba de la forma en que debería hacerlo una mujer en mi situación. Debería estar histérica, pero en cambio, había una calma antinatural asentándose en mis huesos.​Me levanté pesadamente y entré al baño. Me despojé del vestido esmeralda, ahora arrugado y manchado de tierra, como quien se quita una piel que ya no le pertenece. Bajo el chorro de

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