INICIAR SESIÓNLa brisa citadina de Nueva York acariciaba mi cabello de manera juguetona. Sujetaba mi copa de champán, sonriendo mientras miraba la ciudad a mis pies. Desde el Rainbow Room en el Rockefeller Center, todo parecía insignificante.
Lujo, belleza y un ambiente elegante. El atardecer, en ese lugar, parecía más mágico de lo normal. En condiciones normales, una persona de mi calibre no podría entrar… pero hoy, lo ameritaba. Le daba un suave sorbo a mi copa, triunfante por lo que podía decir. Me giré levemente, dándole la espalda a la ciudad para ver la gran pantalla con mi diseño. Aún no podía creerlo. Nos habían citado a todas las compañías de arquitectura que habían participado en el trabajo en Alemania. Arquitectos con experiencia, universidades tan caras… y yo… gané. Mi diseño fue el ganador entre tantas compañías, no solo en Nueva York sino en el mundo. Fue innovador en el sentido de que daba un aire futurista, imponente y elegante. El complejo de tiendas sería uno de los más ambiciosos. —¡Allí estás! —un leve chillido emocionado me hizo girarme. Mérida abrazó mi brazo sonriendo. —Ya pensé que te ocultabas como un conejito asustada por todos estos lobos —Daniela sonrió de manera juguetona, levantando su copa. —No creo que se esconda, es su día —levanté la copa con orgullo latente—. Felicidades, Katherine Lionheart. —Gracias, chicos. —No tienes que agradecer, chica. Gracias a ti pude tener una buena excusa para comprar un vestido costoso —Daniela se giró ligeramente—. Tal vez así llamo la atención de algún millonario. —Daniela, ¿puedes dejar de pensar en los hombres por alguna vez? —Mérida hizo una mueca, luego posó su mirada inquisitoria en mí—. Ahora, Katherine, ¿ya usaste tu nombre? Desvié la mirada unos segundos a la enorme jungla de metal. Vivía en una de las ciudades más reconocidas por sus rascacielos, que parecían competir por llegar lo más lejos posible. —No, sigo usando mi seudónimo. Daniela ladeó la cabeza en desaprobación, aunque Anthony solo dejó escapar una suave risa. —Katherine, eres increíble y lo sabes. Has ganado competencias internacionales y ni siquiera saben que fuiste tú, al menos que lo digas. Posé mi mirada en mi copa. A pesar de que adoraba ganar, no quería tener a miles de personas encima de mí. Adoraba mi vida tranquila, sin complicaciones, donde solo yo era importante. —Aunque lo dijera, al final la empresa se lleva el reconocimiento. —Sí, eso y Anthony —Daniela apuntó con la cabeza—. Al ser el líder, todo cae en él como reconocimiento de equipo. Anthony solo suspiró. Me observó con detenimiento, con ese aire de hermano protector. Siempre parecía querer saber más de mi vida para ayudarme, como hacía con las otras chicas. —No me molesta —dije finalmente, encogiéndome de hombros—. Es suficiente para mí que mis trabajos sean reconocidos por otros. —Aun así —dijo finalmente con la calma que lo caracterizaba—, siempre he pensado que eres una de las mejores arquitectas que conozco, y créeme, yo conozco a muchos. Anthony era de esos que daban un aire de secretismo extremo. A pesar de que todas nos quejábamos de nuestros cheques, él parecía más que tranquilo. Siempre era reconocido por personas de renombre, y él solo decía que los conocía de la universidad. —Ya les dije que no me molesta. Me sirve que eso le dé un poco de reconocimiento a nuestra pequeña casa. Así llamaba a esa empresa que me recibió sin nada. En silencio, me volteé de nuevo mirándome por los cristales del enorme ventanal. En ellos vi a una mujer más madura, de unos veinticinco años. Mi porte era más maduro y distinto al de la universitaria de años atrás que sufría para buscar dinero. Mi cabello, que antes estaba en mis hombros, ya llegaba a mi cintura: más largo, cuidado, aquel que relataba el paso del tiempo en silencio. Pero sobre todo… el cambio más notorio… Era mi mirada fría. —Por cierto —Daniela interrumpió mis pensamientos—. Adivinen, tengo el mejor chisme de todos, me adorarán por saberlo. —Depende, ¿cómo lo conseguiste? —Mérida entrecerró los ojos. —Muy probablemente escuchando detrás de una puerta —Anthony agregó con calma, dándole un sorbo a su copa. Daniela solo respondió sacando la lengua, sonriendo de manera alegre. —En mi defensa, el tonto de nuestro jefe estaba hablando muy fuerte porque pensó que ya nos habíamos ido —nos regaló un guiño pícaro—. Escuché que por fin el inepto de nuestro jefe va a vender la empresa. —¿Comprarla? —Mérida miró con algo de preocupación—. ¿Crees que nos despidan? —Dudo que lo hagan —Anthony le dio un sorbo a su copa—. Esta compañía nuestra está viviendo de milagro. Sería una pérdida que nos despidieran para contratar a otros arquitectos; perderían más dinero trayendo personas nuevas que manteniéndonos. —Tienes razón en eso —Mérida asintió alegre—. Me alegra que al menos podamos quedarnos juntos —sus ojos se posaron en Daniela—. Al menos… ¿pudiste saber quién piensa comprarnos? —No dijo el nombre, solo que era una empresa europea. Lo escuché regocijándose cuando terminó la llamada al hablar con uno de sus amigos. —Todo suena demasiado bueno para ser verdad —Mérida chasqueó los labios—. Esto no me gusta. —Miremos el lado positivo, chicos. Alguien en Europa vio alguno de nuestros trabajos y reconoció que somos un buen equipo. Todos nosotros hemos ganado alguna que otra competencia y era de esperarse que alguien quisiera darle un nuevo aire a nuestra compañía. Los cuatro nos mantuvimos hablando, hasta que escuché mi nombre. Me giré lentamente viéndolo acercarse. Traje elegante. Sonrisa encantadora… y en su mano, unas rosas rosas. Al acercarse, me sonrió con picardía. —Katherine, qué bueno que te encontré antes de irte. —Jeremy, ¿acaso me buscabas? —Por supuesto —me entregó las rosas, sonriendo—. Me agrada ser conocido de la famosa arquitecta Artemis Laurent. Dejé escapar una leve sonrisa oliendo las flores. Él era de los pocos que sabían mi pequeño secreto. Me miró fijamente, dedicándome una gran sonrisa. Siempre aparecía esporádicamente en mi vida como amistad. Por eso me sentí cómoda al pedirle que me ayudara con mi divorcio. Deseaba pagarle, pero lo hizo gratis como un regalo entre amigos, según él. Después de eso, a veces aparecía en nuestra compañía trayéndome algún postre o algunas flores. —¿Piensan celebrar? —preguntó Jeremy, mirándonos a todos. —Por supuesto —Daniela movió su cuerpo de manera alegre—. Hora de movernos a la disco. —Claro que no —interrumpí con una mueca—. Debo visitar a mi hermana Leila y al abuelo. Ya sabes, cosas de familia. Jeremy asintió. Cuando iba a decir algo, fue llamado por teléfono, así que tras disculparse se fue. Los cuatro lo seguimos con la mirada, siendo Anthony el que rompió el silencio. —Ese hombre no pierde tiempo —dijo en tono de broma. —En eso tienes razón —Daniela se rió levemente—. Técnicamente esperó a que te divorciaras para pretenderte. —Chicos, solo somos amigos. —¿Amigos? Lo he visto a él pretenderte más que tu exesposo —Mérida ladeó la cabeza lentamente—. Mira el lado positivo: es rico, atractivo, se nota que le gustas, y parece amable. —Además parece que tiene tremendo paquete —Daniela agregó. Todos la miramos, y ella de manera juguetona aclaró: —Paquetes de leyes, ¿recuerdan el enorme paquete que trajo hace una semana cuando te visitaba? —No lo recuerdo. —Yo sí, fue el día que te invitó a salir, ¿no? —Anthony miró al techo como si eso ayudara a recordar. —Chicos, dejen de emparejarnos. Somos amigos, solo eso. —Por ahora —agregó Mérida con una sonrisa. Ignoré sus comentarios. Mi teléfono sonó con algunas notificaciones que revisé: correos de varias empresas de renombre que me buscaban. Parpadeé un poco, pues recordé que solo había aplicado en dos, y en mi buzón había más de diez compañías. —Oh, vaya… Katherine… yo conozco esa empresa… La Lightny Association es una de las más cotizadas. Miré de reojo a Daniela, quien leyó mi teléfono. Los tres me miraron, y se sintió un cambio brutal en el ambiente. —Es una buena empresa para arquitectos, Katherine —Anthony habló con calma—. ¿Te irás con ellos? Era una oportunidad de oro. Me alegraba que me consideraran como trabajadora, pero por ahora quería crear mis propias opciones. —No me iré —dije con firmeza—. Aún no, quiero estar con ustedes. Además, si me voy, a Anthony le dará una embolia con ustedes dos cuando se ponen a revisar páginas de compras en vez de trabajar. Ambos reímos. Tras unos momentos, como si Mérida se acordara, sacó unos sobres de su cartera donde había cuatro boletos. —Tenemos que celebrar de algún modo, así que lo haremos así. —Mérida, hoy no puedo… —Es para mañana —ella agitó los boletos—. Al parecer, la fiesta es por la celebración donde invitaron a los arquitectos que trabajamos en la competencia y a muchísimas empresas. Es una mascarada y será mañana. Dudé un poco, pero Anthony, la voz de la razón, dijo: —Bueno, parece divertido. Además, es probable que fuimos invitados por ti, Katherine. —Así es —Daniela bufó en broma—. No podemos aparecernos allí sin la persona que nos regaló el pase… vamos… necesito ver si puedo conseguir un novio de allí. No estuve muy segura, pero al final asentí. Parecía una buena manera de distraerme. Usualmente, no salía; solo trabajaba e iba a mi apartamento a ver mis series en N*****x… A pesar de que solo era una fiesta, ¿por qué tenía el presentimiento de que algo iba a pasar?POV Oliver Chevalier Muchos decían que la felicidad estaba en el dinero… ¿Para mí? Era mi familia. Acomodaba con calma mis gafas de sol, suficientes para poder ver a los pequeños. Emma construía un castillo de arena con Brandom y Brittany mientras Eliott intentaba nadar Aurora, la hija de Jeremy y Daniela, observaba a mi hijo desde la distancia. Un leve gimoteo infantil hizo que desviara los ojos. Pierre acomodaba a su pequeño de apenas seis meses para darle de comer. —Noah, este jugo te gustará. —Pierre lo acomodaba. —Intenta con el de sandía Katherine envió extra por los niños; además, es refrescante —sacaba la botella de plástico. —También puede ser que tenga hambre. —Anthony sacó las galletas de una de sus bolsas—. Mérida es muy prevenida y envió cosas extras. Los mellizos a veces cambian mucho. —Oh, tal vez sea que está muriendo. —Jeremy torció un poco la nariz haciendo una mueca. Pierre levantó a su pequeño dándole unas palmaditas y lo que recibió fue un gran
POV Leila LionheartHoy era el día en que tanto tiempo de espera daba sus frutos.Cuatro años siendo una de las estudiantes más destacadas. Mientras caminaba, los aplausos de mis compañeros me envolvían. Miré hacia arriba, sintiendo las miles de luces sobre mí. Apenas podía ver, pero aun así, sin distinguirlo entre el público, sonreí, pues mi corazón me gritaba que él estaba ahí.Me dirigí al podio tras ser presentada como la mejor estudiante, con el promedio más elevado de mi generación. Las luces me iluminaron y respiré profundo. Di un discurso de esperanza, fuerza, resiliencia y, sobre todo, esfuerzo. No solo en el ámbito de los estudios, sino también en el de la vida.La esperanza cuando los días parecen más oscuros.La fuerza que debes tener cuando parece que estás cayendo.La resiliencia para adaptarte cuando las cosas no salen como quieres…Y, sobre todo, el esfuerzo que debes hacer. A veces muchos nacen con una ventaja inevitable, pero con esfuerzo también pueden ser alcanzados
POV Katherine Chevalier—Oliver, yo puedo sola.—No puedes.Sin siquiera mirarme, tomó el ramo de flores que llevaba entre los brazos como si fuera la cosa más pesada del mundo y él debiera protegerernos.—Nuestro bebé merece que lo cuiden desde ahora... y tú también. Quiero que ni siquiera cargues una pluma, Katherine —su tono fue firme y con una preocupación latente.No pude evitar hacer una ligera mueca ante su exageración. Él respondió con una de esas sonrisas que seguían desarmándome incluso después de todo lo que habíamos vivido. Fue suficiente para que cualquier molestia que hubiera sentido desapareciera en un solo respiro.—Bueno, de acuerdo —suspiré con derrota.Aquel día era especial.Después de tantos meses de espera, por fin descubriríamos si nuestro pequeño era niño o niña. Oliver insistió en hacer una revelación de género y, para mi sorpresa, estaba incluso más emocionado que yo. Llevaba toda la mañana preguntando la hora cada cinco minutos, incapaz de ocultar los nervios
POV Daniela Washington Hoy sería el día más especial de mi vida… porque hoy haría algo ilegal. Iba a secuestrarlo. Pero primero lo primero. Emocionada, tocaba de manera agitada la puerta de la oficina de Oliver hasta que escuché un simple: —Pase. Al entrar, noté a Mérida que, a pesar de que su vientre aún estaba plano, se veía radiante. Ella y Oliver revisaban unos papeles cuando ambos levantaron la vista. —¿Sí? —Hoy vengo a pedir mis vacaciones —coloqué el formulario sobre la mesa con una sonrisa coqueta. Oliver parpadeó varias veces antes de bajar la vista al escritorio y volver a mirarme. —¿Vacaciones? —Sí, dos semanas. —Daniela, creo que se te pasó que debes pedirlas con anticipación —Mérida me reprendió con esa típica mirada de jefa. —Eh... no. Mira, prefiero pedirlas ahora porque nuestro lindo, caballeroso, vigoroso... —Daniela, no me adules —suspiró Oliver. —Bueno, nuestro jefe se irá por un tiempo cuando Katherine dé a luz al bebé, más o menos en dos meses y medi
POV Anthony Gray Había creado mi vida de una manera tan perfectamente cronometrada, que muchos antes me consideraban más un robot que una persona… hasta que ella me enseñó a vivir. Desesperado, frotaba mi mano caminando de un lado a otro. Oliver me de dio un leve golpe en el hombro con una sonrisa juguetona. —Ella ha tardado un poco —revisó su reloj—. Tal vez se escapó. Mi rostro debió ser demasiado bueno porque Jeremy dejó escapar una leve risa. Se encogió de hombros ladeando la cabeza. —Oliver, no lo asustes. Él tuvo suerte de que, después de tanto insistir, Mérida haya aceptado por fin casarse de verdad con él y no ser la prometida. Sí… Le había pedido casi todos los días casarnos, donde pensé que pasarían dos cosas… Dejaría mi apartamento y me entregaría mi anillo de compromiso, o se casaría conmigo. Por suerte, pasó lo segundo. Ella no quiso nada pomposo, nada que pareciera de película; solo un pequeño lugar con nuestras personas más allegadas. Escogimos el valle Hudson.
El sol mañanero se filtraba por la ventana cubriendo con ámbar la habitación.Decían que la felicidad no podía ser tan plena. Se equivocaban.Mi cuerpo dolía por la intensa noche anterior, pero no me importaba. Estaba con el amor de mi vida en la hermosa Bora Bora. Desde mi ventana podía ver la laguna de ese azul eléctrico que parecía falso, pero no lo era. El sol hacía que brillara aún más.Recostada, miraba el hermoso lugar. Ya teníamos casi cuatro semanas allí y regresaríamos pronto. Sabía que volveríamos a nuestra vida de trabajo, pero no me molestaba, pues lo que habíamos disfrutado esos días era más que suficiente.Relajada, sentí algo que me hizo saltar. Unas manos juguetonas se colaron por debajo de mis sábanas. Decidí fingir que dormía, pero una risa áspera y juguetona me dio a entender que lo sabía. Movió mi cuerpo colocándome boca arriba, donde abrió mis piernas.Sentí besos juguetones por mis muslos. Olfateaba. Me estremecía arqueando mi espalda.—Oliver, ¿acaso no te cansa







