INICIAR SESIÓN¿ES UN AMOR OBSESIVO O UNA MANIPULACIÓN CALCULADA? Anastasia despierta casada con Dorian Baudelaire, el CEO que la salvó de un accidente. Pero hay un problema: pronto descubre que él no es tan noble como se ve, sino que ha orquestado ese reencuentro. Atrapada en una mansión vigilada, rodeada de secretos familiares oscuros, Anastasia debe descubrir si puede confiar en el hombre que dice amarla... o sí él es su mayor amenaza.
Ver más—¿No es amor autentico y puro? —preguntó, como un niño de dos años que empieza a preguntar todo, incluso lo obvio—. ¿Qué es lo que siento yo por ti, Ann, si no es amor?Nos miramos, yo con una confusión que cada día se volvía más grande y abrumadora; y él, Dorian, con una mirada que desarmaba: dulce, embriagante, amable, reluciente, dedicada y sólida. ¿Era eso amor?La sangre en mis venas comenzó a sentirse demasiado caliente y no pude evitar recordar la forma en que ese hombre me había besado y acariciado solo horas atrás.—¿Por qué últimamente, desde que vives conmigo, soy tan feliz como nunca antes lo fui? —con su nariz acarició la mía—. ¿No es eso lo que provoca amar a alguien? Para mí, Anastasia, eres mi perfecta definición de felicidad. ¿No es suficiente explicación?Mis labios se separaron, pero no pude debatir ninguna de sus preguntas. Yo nunca me había enamorado así de fuerte, al menos no de la forma que él describía amarme. Sin embargo, tenía algo muy claro: lo ocurrido anoch
Todo ese papeleo tembló en mis manos, y mi ceño se frunció profundamente, leyéndolo de nuevo.¿Terapia TCR? ¿TOCR? ¿Acaso ese hombre padecía una condición médica que no decía? La nota de su psiquiatra y el nombre de la clínica señalaban que Dorian Baudelaire había estado acudiendo a sus “sesiones terapéuticas” de forma cotidiana, hasta que dejó de hacerlo de un día para otro.Pero esas sesiones terapéuticas, ¿qué fin podrían tener? ¿Qué estaban tratando de resolver en ese hombre?Me hubiese gustado seguir hurgando, para hallar una respuesta rápida. Pero el repentino sonido de la puerta principal abriéndose en la planta de abajo, junto al sonido de suaves y firmes pisadas masculinas, me hicieron devolver todo al sobre y guardármelo bajo la enorme camisa.Salí de su estudio tan rápido como pude, para encontrármelo justo después, en el pasillo. Le sonreí, como si nada. En respuesta, obtuve otra de su parte; las comisuras de sus labios se elevaron con suavidad, mostrando una fila de diente
Ya había tenido relaciones sentimentales antes de ese hombre, con otros chicos, muy pocos en realidad. Así que tenía experiencia besando y tocando, pero mis relaciones nunca habían llegado a la intimidad: Dorian Baudelaire era el primero en ese sentido. Y yo jamás me había detenido a pensar en la elevada libido que puede tener en un hombre, el insaciable deseo sexual. Pero Dorian me lo demostró. En plena madrugada, apenas regresamos del coctel, se lanzó sobre mí como un animal.En la quietud de aquella inmensa casa, hubo más besos, más tocamientos descarados y un deseo frenético que ahora era compartido.—Eres mi vida entera, Ann —musitaba en mi boca de vez en cuando, extasiado y ahogado en placer—. Gracias por venir a mí.Con la cabeza caliente y los sentidos dominados por él, disfruté cada beso suyo, cada caricia, y todo porque él acababa de presentarme la cumbre del placer y lo mucho que podía disfrutar del sexo, y me había gustado.Pero a la mañana siguiente, ese momento de debilid
—¿Qué... me sucederá? —aunque la voz quería temblarme, logré controlarla—. ¿Qué piensa... hacerme, señor Baudelaire?Sentía el torso desnudo tan frío, porque la habitación estaba helada. Pero no me atrevía a moverme, ni siquiera para devolver mi vestido a su lugar. Le permití mirarme tanto como quisiera, pero estaba lista para frenarlo sí se le ocurría hacer más que mirar.—¿No viniste a esta habitación para estar conmigo? —ladeó el rostro, para apreciar mi desnudez mejor—. Pensé que por eso pusiste el seguro de la puerta.Nunca había estado en una situación así, expuesta medio desnuda a los ojos de un hombre. Sentía tanta vergüenza, pero también, la expresión deseosa de ese hombre por mí me removía algo, ¿tentación?—Usted, Dorian Baudelaire, ¿tiene alguna fijación enfermiza en mí? —le pregunté entre dientes y me le acerqué lo más que pude, hasta presionar mis pechos en su pectoral.Él se tensó al primer contacto e inhaló con deseo reprimido.—Ann...Lo tomé de la solapa de su sofisti
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