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3- M3 enamoré de su intensidad

Autor: Kea Cami
last update Fecha de publicación: 2026-04-07 00:28:32

Pov: Roma Bruno Duarte

Siento que va a dejarme sin aire si no se detiene, de tanto gemir apenas puedo respirar y en un intento de tomar una bocanada de aire, gimo en medio y me quedo sin respirar.

Quita su exquisita lengua de mi clítoris que está sensible, empapado y atendido como nunca.

— Respira, pequeña —se acerca a mi boca acariciando mi mejilla—, respira y toma mucho aire porque no voy a detenerme, no quiero ni puedo. Eres hermosa, divina como un ángel y ardiente como el mismo infierno —toma mis labios con suavidad mientras sus dedos atienden mi entrada—. Estás lista, mira lo dilatada que estás —me estimula y gimo de nuevo—. Solo son mis dedos, pequeña, ¿qué harás cuando te la meta toda?

— Ohh… voy a gritar… voy a… hartarme de gritar —muerde mi labio inferior.

— Procura gritar mi nombre, muy fuerte, tanto que lo único que recuerde sea eso, solo quiero olvidarme de todo, morir aquí, sintiendo lo que siento —me besa voraz mientras abre mis piernas flexionándolas para que toquen mi pecho.

Su mirada va a la mesita al lado de la cama y hay condones, toma uno, con sus dientes rompe el envoltorio.

— Aún no me dices tu nombre y estás a punto de hacerme gritar —se coloca el condón y salivo sin poder evitarlo cada que lo veo.

Qué linda y grande está.

Estoy segura que nunca vi una así, muy segura.

— Adrián… ese es mi nombre, pequeña, si me dices cariño no me molesta, solo quiero oír esa dulce voz gritando por mí —mordisquea mi cuello y sube a mi boca—. No olvides respirar —invade mi boca con su lengua y quiero gritar, pero me quedo sin voz cuando comienza abrirse paso entre mis pliegues, abre mi entrada y dilata mis paredes dejándome sin voz.

Clavo mis uñas en sus brazos y me arqueo de dolor y de gusto a la vez.

— Estás completamente llena de mí, pequeña, dime cuánto te gusta —flexiona más mis piernas y mis rodillas están en mi pecho.

— Mucho… me gusta tenerte enterrado hasta… ohh —entra más profundo y clavo mis uñas en su espalda por la desesperación.

No sé cómo carajos voy a caminar mañana.

— Ahí está hasta el fondo, pequeña preciosa —jadea y da su primera estocada.

Me hago trizas, mi garganta parece desgarrarse por los gemidos que salen de ella, una tras otra, siento como mi piel pone resistencia cada que vuelve a entrar.

— Necesitas estar más mojada —no sé de dónde puedo sacar más, si siento que estoy hecha agua, aun así, cada que sale y entra siento que va a romperme.

Lo veo dejar caer su saliva entre nuestros cuerpos y la calidez se siente, con sus dedos acaricia mi clítoris y mientras da estocadas todo comienza a sentirse más rico.

Arremete contra mi cuerpo, rabioso y sediento, no tiene contemplaciones, me tiene completamente abierta para él y no deja de bombearme enérgico y estoy en un jodido transe, todo es placer, cada movimiento es placer puro, como un infinito orgasmo que no acaba.

— Oh, cariño, qué rico… más… dame más ..

Separa mis piernas para acomodarse entre ellas y moverse más pausado mientras me estimulo contra su pelvis, apenas unos pocos roces y estoy temblando debajo de él.

— ¿Así, pequeña? ¿Te gusta así? —asiento sumida en el orgasmo.

Una vista increíble me da, mientras apoya su mano a un lado de mi rostro y lo veo desde abajo, su pectoral marcado y esos ojos divinos que me tienen perdida.

Creo que me enamoré, Dios mío, mientras el clímax me atrapa y lo veo tomarme con tanta vehemencia, solo puedo admirar lo bien que se ve. ¡Carajo!

Me besa, nunca nadie me había besado tanto durante el sexo, él no suelta mi boca, la besa con ganas, unas ganas que jamás sentí.

— Ven arriba, quiero verte cabalgándome —se arrodilla en la cama y sin salir de mi interior me toma de las caderas para levantarme y que enrede mis brazos en su cuello—. Quiero chuparte esas hermosas tetas mientras me montas cual amazona —se sienta en la cama y me dejo caer gimiendo por el dolor que se instala en mi vientre por lo profundo que llega.

Con una de mis manos me sostengo de su hombro y con la otra me apoyo en la cama para moverme con más soltura.

Sus manos están apoyadas a los lados de su cuerpo y se inclina hacia atrás.

— ¡Maldita sea! Qué delicia, eres muy buena para moverte, pequeña —sigo en mi tarea de moverme y su boca desesperada busca uno de mis pechos el cual comienza a chupar y no logro contener el orgasmo que me atraviesa mientras sigo moviéndome enérgica.

Cada movimiento es estímulo puro dentro de mí, me muevo rítmica y con suavidad para sentir cada centímetro meterse y qué delicia de hombre.

Suelta mi pecho y va al otro, sus manos presionan mi cadera hacia abajo para enterrarme más.

— Métela toda —me aprieta y me presiona hacia él moviendo mi cadera en círculos y sentir como todita la estoy disfrutando.

— ¿Así? —comienzo a moverme sin sacarla, frotando mi clítoris contra su pelvis.

Abraza mi espalda con esos brazos divinos, tatuados. Qué preciosura de hombre, no sé de dónde salió.

— Tú sabes como moverte —abrazo su cuello pegando mis tetas a su torso.

Su boca atrapa la mía y mis gemidos chocan con los suyos. Me voy a correr demasiado intenso.

— Oh… Adrián… —susurro en sus labios y gruñe tomando mi cabello en una de sus manos.

— No puede ser, Dios mío, no puede ser —mis labios tiemblan cuando me corro con tanta fuerza y es peor cuando siento como se hincha corriéndose conmigo.

¡Carajos! Qué divina coordinación.

No sabía que podía pasar esto, correrse a la vez, eso es… uff, rico muy rico.

Acaricia mi cabello.

— Creo que no puedo más —me besa suave—, me has exprimido, pequeña —con sus dedos acaricia mi cuello cerca de mi oreja, con su pulgar mis labios—. Estás hermosa, muy hermosa —sus halagos suenan tan sinceros y lindos.

— Admito que estoy sensible, aunque si descansas y te dan más ganas, cariño, no diría que no —sonríe y suspira.

— Creo que estoy mareado, maldición, quiero quedarme así dentro de ti, dormir y al despertar que esta sensación increíble no se haya ido —sigue acariciando mis mejillas y la forma que me mira con una sonrisa en su rostro…

Nadie me ha mirado así nunca, se siente raro.

Me aparto para sacarlo de mi interior y acomodarme en la cama.

— Puedo chuparla para ver si se vuelve a poner dura —sugiero con descaro.

— Eres una descarada —sonrío y relamo mis labios.

Es que estoy pecando mucho, mi vagina está toda sensible y yo queriendo más.

Me recuesto en la cama y suspiro.

Observo cada uno de sus movimientos, se levanta y se quita el condón dejándolo en el cesto de basura cerca del pequeño baño. La ducha es completamente traslúcida y camina hacia ella, algo inestable, de pasada hay una barra y abre una botella de licor bebiendo un gran trago, frunce el ceño porque eso le habrá quemado.

— Mucho mejor —murmura y se mete a la ducha, sosteniéndose de las paredes.

Observo como el agua cae por su cuerpo. ¿De dónde has salido, Adrián?

Dejo la cama para caminar a la entrada de la ducha tomando un condón de pasada y me apoyo en el marco a mirarlo.

Siento mi vagina tan delicada y sensible, eso no me impide sentir los latidos de la misma cuando lo veo ducharse. Si no me meto con él sería una gran tonta.

Yo tonta no soy.

Me acerco y sus ojos están cerrados mientras el agua le cae por el rostro, paso mis manos por su cabello y las dejo caer una a cada lado por sus hombros.

— ¿Hay un poco de agua para mí? —sonríe y sus manos abrazan mi cintura.

— Yo creo que sí —su aliento huele a licor—. ¿Qué tienes? Explícame, pequeña, ¿qué tienes que me pones así? —poso mis labios en los suyos incitándolo a besarme.

— Ganas inagotables ¿quizás? —me besa, un beso delicado y profundo.

El agua nos baña a ambos y no tardo en sentir su virilidad dura otra vez.

— Eso me provocas, no puede ser que tenga más ganas de ti —me levanta tomándome de las pierna golpeando mi cuerpo contra el cristal de la ducha—. Sabía que me llevarías al infierno, pequeña provocadora—sonrío sobre sus labios y le enseño que traje un condón—, tú piensas en todo —toma el condón abriéndolo sin cuidado, escupe el pedazo de empaque que queda en su boca y maniobra para ponérselo sin dejar de aprisionarme contra el cristal.

— Yo solo estoy pensando si se romperá o no el cristal de tan fuerte que me follarás —abro mi boca y mi garganta se cierra.

— ¿Tú que crees? —entra de una vez y da una estocada dejándome sin neuronas—, ¿esto —otra más—, es lo sufriente —gimoteo gustosa—, fuerte? —comienza a embestirme con fuerza y rapidez golpeando mi cuerpo contra el cristal mientras el agua sigue cayendo.

Mañana que me traigan una silla de ruedas por favor, porque a este ritmo me dejará sin caminar.

Y ni siquiera eso me importa.

¿A quién le importa caminar si ahora puedo gozar sin descanso?

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Nota de autor:

Adrián se nos descontroló ¿Qué pasará al despertar cuando el alcohol ya no esté en su sistema? Acaba de cautivar a la pequeña Roma.

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