"Un Contrato a Prueba de Balas"

"Un Contrato a Prueba de Balas"

last updateLast Updated : 2026-09-11
By:  C. A. EstebanUpdated just now
Language: Spanish
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Dicen que mantengas a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca. Pero firmar un contrato matrimonial con el agente letal que lleva años intentando destruirte es llevar el dicho demasiado lejos. Para el mundo exterior, somos el matrimonio perfecto de la alta sociedad. Ricos, deslumbrantes y perdidamente enamorados. Pero a puerta cerrada, nuestro acuerdo es estrictamente profesional: una alianza temporal y de "no agresión" obligada por nuestras agencias para desmantelar a un enemigo global en común. Él es frío, calculador y representa todo lo que desprecio. Yo soy la única espía que ha logrado sobrevivir a sus cacerías. Nos odiamos con cada fibra de nuestro ser. Cada sonrisa compartida en las galas y cada caricia frente a las cámaras es una táctica, una mentira cuidadosamente ensayada para mantener nuestra tapadera. Sin embargo, cuando las balas reales empiezan a volar y nos vemos obligados a salvarnos la vida mutuamente, la línea entre el engaño y la realidad comienza a desdibujarse. En un mundo de secretos y traiciones, descubriremos que el verdadero peligro no es el sindicato criminal que nos acecha, sino el riesgo mortal de enamorarte de la única persona que tiene un arma apuntando a tu espalda.

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Chapter 1

Capítulo 1: Hasta que la misión nos separe

El pasillo del piso cuarenta y dos del rascacielos financiero estaba sumido en una oscuridad casi absoluta, rota únicamente por el parpadeo letárgico de un panel eléctrico saboteado. Dante avanzaba en completo silencio, su respiración controlada al milímetro. En su mente, la disposición estructural del edificio se desplegaba con una precisión matemática, calculando cada columna de carga y cada ruta de escape en caso de que la infiltración se saliera de control.

Para misiones de esta dificultad, operaba bajo una regla estricta e inquebrantable: solo llevaba su pistola táctica con silenciador en la mano derecha y su cuchillo de combate en la izquierda. Nada de armamento pesado, nada de fusiles de asalto que entorpecieran sus movimientos. En la élite del espionaje, la agilidad y la destreza cuerpo a cuerpo siempre superaban a la fuerza bruta. Un error, un paso en falso, significaba una muerte segura, y él no dejaba margen para el fracaso.

Su objetivo era la bóveda de seguridad ubicada al final del corredor central, donde el sindicato criminal ocultaba el disco duro con las identidades de sus agentes infiltrados. Giró la esquina con el arma en alto, escaneando el perímetro.

Un imperceptible desplazamiento de aire fue su única advertencia.

Dante alzó el cuchillo táctico en un acto de puro reflejo, bloqueando un ataque vertical con un chasquido metálico que cortó la oscuridad. Giró sobre sus talones, pivotando sobre el eje de su pierna izquierda para apuntar la pistola directamente al pecho de su agresor, pero una patada impecable y fulminante le desvió el brazo hacia arriba. El silenciador escupió un impacto ahogado y la bala se incrustó inofensivamente en el concreto del techo.

Frente a él, emergiendo de las sombras con un traje de infiltración negro y una sonrisa afilada que destilaba peligro, estaba Valeria.

—Llegas tarde, Dante —susurró ella, haciendo girar un par de dagas gemelas entre sus dedos con la gracia hipnótica de un depredador—. Ya vacié la caja fuerte hace cinco minutos. La encriptación era de nivel básico, una decepción total.

—Dame el disco, Valeria. No tengo tiempo para tus juegos de sabotaje corporativo hoy —respondió él, estabilizando la postura y volviendo a apuntar su arma, esta vez calculando el ángulo exacto hacia su hombro para incapacitarla sin matarla—. Mi agencia lo reclama. Sabes perfectamente que no dudaré en apretar el gatillo.

—Nunca dudas en apretar el gatillo, ese es tu mayor defecto —replicó ella, dando un paso al frente con una audacia temeraria, hasta que el cañón de la pistola de Dante rozó la tela sintética de su traje—. Eres demasiado directo. Te falta creatividad. Y, para tu información, yo no trabajo gratis.

El odio mutuo saturaba el aire denso del pasillo. Llevaban tres años cruzándose en misiones clandestinas por toda Europa y Sudamérica, arruinándose operativos estratégicos, robándose información clasificada bajo las narices del otro y dejándose cicatrices que aún dolían con los cambios de clima. Eran las armas más letales de sus respectivas agencias enemigas, y el desprecio visceral que sentían el uno por el otro solo era comparable con el magnetismo enfermizo que los obligaba a no aniquilarse al instante cada vez que se encontraban.

Dante tensó el dedo sobre el gatillo, su mandíbula apretada. Valeria, sin borrar esa sonrisa arrogante, levantó la punta de su daga hasta presionar levemente la arteria del cuello de él. Un movimiento en falso, un espasmo, y ambos acabarían desangrándose sobre la alfombra de diseño del rascacielos.

De repente, un pitido agudo, intermitente y simultáneo sonó en los intercomunicadores encriptados que ambos llevaban en el oído izquierdo.

Dante frunció el ceño, sin ceder un milímetro de terreno ni bajar el arma. Valeria imitó su gesto, la diversión esfumándose de sus ojos oscuros.

Agente 04, aborte la misión inmediatamente —ordenó la voz metálica y tensa del director de Dante a través del auricular—. Situación de máxima prioridad. Repito, aborte.

Valeria, alto el fuego ahora mismo —sonó la voz tajante de la jefa de ella en su propio comunicador—. El disco duro que tienes en tus manos es un señuelo con un rastreador. Todo el maldito edificio está plagado de cargas de demolición C4 en las columnas principales. Tienen exactamente tres minutos para salir antes de que la estructura colapse sobre ustedes.

Ambos se miraron a los ojos, procesando la información a la misma velocidad vertiginosa. Alguien los había engañado. Habían mordido el anzuelo de un tercero.

Dante —continuó su director, con un tono inusualmente grave que le heló la sangre al agente—. Hemos interceptado comunicaciones en la red profunda. El verdadero líder del sindicato, el hombre al que llevamos años buscando, acaba de salir de las sombras. La amenaza ahora es de escala global. Tu agencia y la de Valeria acaban de firmar una tregua temporal incondicional.

—¿Qué estupidez estás diciendo? —gruñó Dante, bajando milimétricamente el arma, sintiendo que la situación se escapaba de toda lógica—. ¿Una tregua con ella?

Valeria, que evidentemente estaba escuchando órdenes similares, palideció de golpe y apretó los labios con furia.

El objetivo se oculta a plena vista —explicó el director, ignorando la protesta de Dante—. Solo asiste a eventos exclusivos de la alta sociedad y, por su paranoia extrema, solo negocia con parejas consolidadas en el mundo criminal, familias de prestigio comprobable. Necesitamos infiltrar a nuestro mejor hombre y a su mejor mujer como un matrimonio multimillonario intocable. A partir de esta noche, Dante, estás casado con ella. Firmarán el contrato nupcial vinculante en una hora en la base clandestina conjunta. Si se matan entre ustedes, perdemos al objetivo y el mundo arde.

El silencio cayó pesado en el pasillo, roto únicamente por un primer temblor sordo bajo sus pies. La cuenta regresiva de los explosivos había comenzado. Las vibraciones indicaban que las cargas menores ya estaban destruyendo los cimientos.

Valeria bajó las dagas lentamente, soltó una carcajada seca, amarga y cargada de incredulidad, y clavó sus ojos en Dante.

—Prefiero que me dispares ahora mismo. Hazme el favor.

—El sentimiento es completamente mutuo, cariño —respondió él, enfundando la pistola a regañadientes y guardando su cuchillo con un movimiento fluido—. Pero primero, salgamos de este infierno. Ya tendremos tiempo de odiarnos en la luna de miel.

El suelo se sacudió con violencia cuando la primera explosión detonó varios pisos más abajo. Las alarmas de incendio estallaron en un coro estridente y las luces de emergencia tiñeron el pasillo de un rojo sangriento.

—¡Por las escaleras de servicio del ala norte! —gritó Valeria, echando a correr—. ¡Los elevadores ya deben estar bloqueados!

—¡El ala norte tiene las cargas principales, genio! —rugió Dante, alcanzándola en dos zancadas y tomándola del brazo para tirar de ella en dirección contraria—. ¡Si la estructura cede, el peso caerá hacia allá! ¡A los ductos de ventilación del núcleo central, ahora!

Por primera vez en tres años, no estaban compitiendo. Mientras corrían hombro con hombro esquivando escombros y humo, con el sonido de la destrucción persiguiéndoles los talones, Dante se dio cuenta de la ironía de su nueva realidad. Había sobrevivido a tiroteos, torturas y misiones suicidas. Pero sobrevivir a un matrimonio con Valeria iba a requerir un milagro.

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