INICIAR SESIÓNPERSPECTIVA DEL AUTOR
Tristan permanecía sentado en un silencio gélido dentro de la suite que había sido acondicionada como unidad de cuidados intensivos para la anciana matriarca. Habían pasado más de tres años desde que ella desarrolló aquella afección cardíaca, y su estado no mejoraba. Él había agotado todos los recursos, invirtiendo decenas de millones en especialistas de talla mundial, pero la salud de ella seguía deteriorándose. Se trataba de una dolencia cardíaca poco común, lo que no les dejaba más opción que recurrir a la Dra. Winston, una especialista de renombre mundial en ese campo de la medicina. Ella era su única esperanza y, tras semanas de silencio, aún no les había dado respuesta. —Señor, el equipo de la Dra. Winston acaba de ponerse en contacto con nosotros —anunció Luke al entrar, incapaz de ocultar su entusiasmo—. Ella aterriza hoy en Axel City y llegará a la mansión mañana por la mañana. La noticia tomó por sorpresa a Tristan, quien no esperaba una respuesta de la Dra. Winston tan pronto. —Más vale tarde que nunca. Haz que la escolten hasta aquí con seguridad. Acepta cualquier exigencia que plantee. Sin retrasos. —Entendido, señor. —Luke hizo una inclinación antes de retirarse. Tristan se volvió hacia su abuela, postrada en cama, con la mandíbula tensa. «Resiste un poco más. Pronto te pondrás bien». A las nueve de la mañana siguiente, toda la familia estaba reunida para recibir a la famosa Dra. Winston, quien, según se decía, había rechazado a varios clientes multimillonarios a lo largo de los años. Era un honor que finalmente hubiera aceptado su petición. —¿Cómo sabemos que esta Dra. Winston será diferente de los médicos farsantes que has traído hasta ahora, Tristan? —preguntó Donald, el tío de Tristan, cruzándose de brazos con un tono cargado de escepticismo. —Tío, deberías confiar en el criterio de Tristan. Si la ha invitado, es evidente que conoce bien su capacidad —intervino Lara; vestida con un impecable traje blanco que se ceñía a su figura, lucía angelical y agradable a la vista—. Además, la doctora Winston es una de las figuras más poderosas y esquivas de la medicina internacional, famosa por realizar cirugías complejas y tratar traumatismos graves y afecciones cardíacas poco comunes, todo ello manteniendo su vida privada en el más absoluto anonimato —explicó Lara, tras haberse informado bien al respecto. —Formada personalmente por el profesor Alexander Winston, uno de los médicos más célebres del mundo, se convirtió en su discípula más destacada y se labró una reputación excepcional por méritos propios —explicó el doctor Henry, médico de la familia Blackwell, dirigiéndose a todos los presentes. —Sus credenciales no garantizan que la anciana señora vaya a mejorar. Tristan, ¿asumirás tú la responsabilidad si algo sale mal? Al oír las palabras de su madrastra, Jessica, Tristan no pudo evitar soltar una risa fría. ¿Acaso intentaban que renunciara a su puesto como cabeza de familia si la doctora Winston fracasaba? —Todos ustedes han estado convenientemente ausentes mientras ella sufría, y ahora se atreven a cuestionar mi decisión —dijo Tristan, clavando su oscura mirada en Jessica. —Tristan, entiendo que seas el cabeza de familia, pero deberías dejarnos opinar en decisiones como esta; ¡ella también es mi madre! —protestó Donald con el ceño fruncido. —Entonces empieza a comportarte como su hijo —replicó Tristan con dureza. —Su experiencia en afecciones cardíacas poco comunes —incluido el síndrome de sincronía ventricular progresiva que padece la anciana señora— la ha convertido en una de las pocas especialistas a las que se confían casos que otros médicos consideran demasiado arriesgados. Deberíamos confiar en ella y dejar que haga su trabajo —tuvo que explicar Henry, percibiendo la desconfianza en el tono de la familia. —El doctor Henry ya lo ha dicho todo; démosle una oportunidad a la doctora Winston —suplicó Lara, dedicándole a Tristan una sonrisa cálida para hacerle saber que estaba de su parte. Ella también necesitaba que la anciana señora mejorara, ya que Tristan había pospuesto varias veces la ceremonia de compromiso debido a su estado de salud. —Ni siquiera formas parte de la familia todavía; ¿quién te ha dado derecho a hablar? Limítate a sentarte y a mantener la boca cerrada —espetó Jessica, fulminando a Lara con la mirada. Lara se mordió el labio, con los ojos anegados en lágrimas, y miró hacia atrás, hacia Tristan, esperando que él dijera algo. Pero Tristan ni siquiera la miró; mantenía una expresión distante y fría mientras clavaba la vista en su reloj de pulsera. Antes de que Lara pudiera volver a hablar, Jules, el ama de llaves principal, entró en la estancia e hizo una profunda reverencia. —Señor Blackwell, ha llegado la doctora Winston —anunció. —Hazla pasar. —Tristan se puso en pie de inmediato. Las grandes puertas dobles se abrieron de par en par. Una mujer entró en el vestíbulo vistiendo un traje de pantalón negro hecho a medida; llevaba una impecable blusa de seda blanca metida por dentro y el cabello recogido en un moño bajo y pulcro. Unas gafas de diseño de gran tamaño descansaban sobre el puente de su nariz, resaltando unos intensos ojos verde mar. Justo detrás la seguía su asistente, Judy, que portaba un maletín médico, flanqueada por un equipo quirúrgico completo. El aire pareció esfumarse de la habitación al instante. A Tristan se le cortó la respiración. Un silencio sepulcral y sofocante se apoderó de la estancia mientras él clavaba la mirada en el rostro de la mujer. Las gafas, los ojos, la postura erguida... todo parecía diseñado para ocultar su identidad, pero la estructura ósea, la sutil inclinación de la barbilla y el tenue aroma a hortensias que la acompañaba... Tristan dio un paso adelante de forma involuntaria, con la voz convertida en un susurro apenas audible: —¿...Emilia?POV DEL AUTOREn el estudio privado de Tristan dentro de su villa, Luke entró con un expediente de informes en las manos. Colocó cuidadosamente el archivo sobre el escritorio ejecutivo de caoba frente a Tristan.—El análisis de laboratorio del té tomado de la finca Ashford ha regresado de la unidad forense de la policía tras una cuidadosa investigación, tal como ordenó. No había rastro de ninguna sustancia tóxica o letal, señor —informó.Tristan se pellizcó el puente de la nariz; acababa de recordar que le había ordenado a Luke que investigara qué había pasado realmente con Emilia, convencido de que alguien había intentado envenenarla. Pero ahora que sabía que era una reacción alérgica, algo dentro de él se removió.¡Culpa!Se dio cuenta de lo poco que en realidad sabía sobre la mujer con la que fue obligado a casarse hace ocho años; nunca se había molestado en aprender sus hábitos, preferencias o su historial médico simplemente porque este matrimonio no era lo que quería y prefería e
POV DEL AUTOR—Señor —llamó Luke, trotando hacia Tristan, quien estaba de pie con una mirada furiosa mientras observaba el horizonte de la ciudad a través del piso a techo de la ventana—. La asistente Judy acaba de confirmar que la Dra. Winston se dirigió directamente a la finca de la familia Ashford.Tristan se giró al instante, y sus ojos avellana se entrecerraron de inmediato.—¿Por qué? —cuestionó.—La asistente Judy mencionó que fue a buscar respuestas. Eso fue todo lo que...Por un breve segundo, Tristan no dijo nada; el silencio se hizo más espeso mientras pensaba en una razón plausible de por qué Emilia había regresado con la familia Ashford y qué respuestas pensaba encontrar.—Prepara el auto —ordenó sin pensarlo dos veces.De vuelta en la finca Ashford, Emilia caminó a través de las grandes puertas dobles sin invitación, y su postura irradiaba una autoridad intacta e imponente.Todos se congelaron, incapaces de encontrar las palabras. Totalmente estupefactos y boquiabiertos,
POV DE EMILIALos siguientes días pasaron como un borrón estresante y aburrido; llegaba a casa agotada todos los días y en algunas noches ni siquiera me molestaba en ir a casa.Era más una sensación, pero el hospital se volvió mucho más concurrido y ajetreado.Sé que inicialmente acepté ayudar a los médicos residentes si necesitaban ayuda, pero parecían llamarme para asistirlos en cada cirugía de emergencia, tanto dentro como fuera de mi especialización. Rechazarlos sería una mancha a mi reputación y a mi juramento.En este día en particular, tras un agotador procedimiento quirúrgico de seis horas, Judy entró en mi oficina sosteniendo un enorme ramo de flores frescas que ocultaba por completo su rostro.—¿Qué flores son esta vez? —pregunté con indiferencia, echando un vistazo rápido a mi oficina, que ya rebosaba de varios ramos de flores diferentes.—Hortensias, Dra. Winston.Inmediatamente levanté la vista. Esas eran mis flores favoritas. ¿Cómo lo supo?Acepté el pesado ramo de Judy,
POV DEL AUTOR—¿Qué te pasó? —Emilia miró a su amiga, que yacía débilmente en la cama del hospital con una venda blanca y limpia envuelta ordenadamente alrededor de su tobillo izquierdo.Lily esbozó una sonrisa incómoda y tímida, y se rascó la parte trasera de la cabeza.—Tropecé con mis tacones y me caí.Emilia arqueó las cejas con incredulidad.—Caminas con esos tacones de quince centímetros todos los días como si tu vida dependiera de ello, así que esto es sorprendente.—No todos los días tienen que ser perfectos; todos cometemos errores, Milly.Emilia sintió una persistente sospecha de que su amiga no le estaba contando todo, pero decidió dejarlo pasar.—Escuché que el Dr. Henry estuvo aquí. ¿Lo viste? —se giró para preguntarle a una enfermera tratante.—Sí, acaba de irse hace unos minutos; tenía un asunto urgente que atender —respondió la enfermera.El ceño de Emilia se profundizó; todavía no lograba alcanzarlo.—Milly, ¿tienes su número? Necesito agradecerle como es debido.—¿Qu
POV DEL AUTOR—Emilia, ¿qué significa esto?Lara se adelantó precipitadamente, con la voz afilada por una acusación desmedida. Emilia frunció el ceño en un desdén silencioso. «¿Acaso está ciega?». Tristan era claramente quien la tenía presionada contra el vehículo y dominaba el beso.—Te dije que me esperaras adentro —Tristan dirigió su mirada oscura y fría hacia Lara mientras soltaba de mala gana a Emilia. Lara tragó saliva con dificultad, achicándose ligeramente bajo su pesada mirada. ¿Cómo se suponía que le dijera que estaba completamente inquieta sabiendo que él había ido tras Emilia?—Aún no regresabas y estaba preocupada, así que vine a buscarte —su voz se quebró al explicarlo, queriendo hacerse la víctima.Emilia miró a Tristan; no parecía arrepentido ni culpable de que su prometida los hubiera atrapado con las manos en la masa, mientras que ella se quemaba en silencio de vergüenza.Se acomodó la blusa y se giró para abrir la puerta de su auto e ingresar.—Los dejaré con
POV DEL AUTOREmilia fingió no escucharlos y mantuvo un paso firme, hasta que escuchó su nombre salir de la boca de uno de ellos. Se congeló en seco sabiendo que ya no podía simplemente alejarse.Se giró lentamente, con una mirada oscura y fría.—Emilia, ¿eres tú? —un tono profundo y familiar se le escapó en un ahogo.—¿Qué estás diciendo, Daniel? Emilia está muerta, recuérdalo —Emilia pudo escuchar la incertidumbre en la voz de su hermanastra. Una sonrisa lenta y deliberada se dibujó en su rostro.«¿Eso es lo que convenientemente quieres creer?», se burló en silencio.La pareja se quedó atónita. Instintivamente, Elora se acercó más a Daniel y envolvió sus brazos con fuerza alrededor de él.Al ver su postura, los ojos de Emilia se oscurecieron: «Realmente se casaron».Un nudo amargo se le formó en la garganta.—¿Eres tú? ¿Tú eres la que hizo que expulsaran a mi hijo de la escuela? —los ojos de Elora se abrieron de par en par al reconocer de dónde conocía ese rostro. ¿Cómo podría olvid







