LOGINDespués de la intensa pelea con Dante, Don Salvatore ordenó que Federica me llevara de vuelta a la habitación para que pudiera tomar un baño. Sabía que tenía un almuerzo con las otras jóvenes de las familias pertenecientes a la 'Ndrangheta, y no podía presentarme en esa ocasión en mi estado actual.
Federica preparó la bañera mientras yo me quitaba la blusa y los pantalones Capri, revelando los contornos de mi cuerpo cansado por la pelea. Entré en la bañera y suspiré al sentir el agua tibia relajar mis músculos tensos.
Federica, preocupada, comenzó a cuestionar mi elección de pelear contra Dante. Mientras el agua me envolvía, levanté una ceja y respondí: "Le gané, Federica".
Ella negó con la cabeza, visiblemente nerviosa, y continuó: "Pero, ¿qué ganaste con eso, Catarina? ¿Qué resolvieron con esa pelea?"
Me sumergí en la bañera y respiré profundamente, reflexionando sobre sus palabras. "Gané su respeto, Federica. Ya no me llamará Bambi".
Federica suspiró, pareciendo preocupada por mi actitud. "Catarina, no deberías haber hecho eso. Fue una locura".
Encogí los hombros, aceptando que para los demás pareciera insensato, pero yo sabía lo que estaba haciendo. "Puede ser una locura, Federica, pero al menos puse a Dante en su lugar".
Continué tomando mi baño, sintiendo el agua escurrirse por mi cuerpo mientras reflexionaba sobre los momentos de la pelea. Había algo en esos ojos de Dante, en la proximidad de nuestros rostros durante el enfrentamiento, que me afectaba de una manera extraña.
Federica insistió. "Debes ser más cuidadosa, Catarina. A Don Salvatore no le gustó nada eso, y no puedes permitirte irritarlo".
Asentí con la cabeza, comprendiendo las preocupaciones de Federica. Después de todo, ella era más que mi dama de compañía; era una amiga cercana y confidente. "Lo sé, Federica. Voy a tener cuidado. Pero no podía dejar que Dante me desafiara sin una respuesta".
Federica parecía resignada con mi respuesta, pero aún preocupada. Continuó cuidándome, ayudándome a lavar el cabello y la piel.
Mientras el agua se escurría, las imágenes de la pelea ocuparon mi mente. El rostro de Dante tan cerca del mío, su respiración entrecortada contra mi piel. Había algo en ese enfrentamiento que me movía de una manera extraña, algo que no podía comprender completamente. Era como si, bajo la superficie de la ira y la rivalidad, hubiera una tensión inexplicable entre nosotros dos.
Sabía que tendría mucho que enfrentar en mi camino en la mafia, incluyendo a mis propios hermanos. Sin embargo, no estaba dispuesta a retroceder. Era una Piromalli, una Mancuso, y estaba decidida a mostrar que pertenecía a esta familia tanto como cualquiera de ellos.
Después de mi relajante baño, Federica me ayudó a elegir un nuevo atuendo para el almuerzo con las otras jóvenes de las familias pertenecientes a la 'Ndrangheta. Opté por un elegante vestido beige que resaltaba mi feminidad sin ser demasiado llamativo. Me sentía segura y lista para enfrentar la situación.
Tan pronto como fui considerada apropiada, me dirigí al chofer, quien abrió la puerta del Maserati Levante para que pudiera entrar. La mansión quedaba atrás, y me dirigía hacia el Tribeca, el lugar donde se llevaría a cabo el almuerzo.
Al llegar, me encontré con un grupo de jóvenes que irradiaban poder e influencia. Fioreza Pelle-Vottari, Antonella Nirta-Strangio, Cinzia Barbaro, Elma Condello, Donatella Morabito y Giulia Ruga estaban todas presentes. Cada una de ellas tenía más o menos la misma edad que yo y eran las hijas de los jefes de las familias más importantes de la 'Ndrangheta. Ese almuerzo no era solo una comida casual; era una forma de marcar territorio para los Mancuso y, por supuesto, para mí.
Con una cálida sonrisa, abracé a cada una de las chicas. Después de todo, la política de la mafia no excluía la camaradería entre las jóvenes. Era importante mantener buenas relaciones, aunque supiéramos que, en el futuro, nuestros caminos podrían cruzarse de maneras más complejas.
Durante el almuerzo, conversamos sobre varios temas, incluido mi próximo cumpleaños. Elma Condello comentó animadamente que sería el evento más destacado de la temporada, y asentí con una sonrisa.
Fioreza Pelle-Vottari, siempre práctica, dijo que ya había preparado su vestimenta y su máscara, ya que la fiesta sería un baile de máscaras. Donatella Morabito, con una mirada curiosa, preguntó si deberíamos llevar máscaras todo el tiempo. Sonreí y expliqué: "No, chicas. La tradición es que solo nos quitaremos las máscaras a medianoche. Hasta entonces, todos mantendrán el anonimato. Será una sorpresa para todos".
Antonella Nirta-Strangio, siempre con un toque de humor, bromeó: "Esto significa que solo besaremos a alguien después de la medianoche, para no correr el riesgo de besar a algún chico feo".
Reímos juntas, compartiendo una complicidad que solo las hijas de las familias de la 'Ndrangheta entendían. Mientras disfrutábamos de nuestro almuerzo, la conversación entre las chicas continuó animada. Giulia Ruga soltó una sugerencia provocativa que nos hizo reír.
"Si nos organizamos bien, chicas, ¡es posible que cada una de nosotras salga de la fiesta de cumpleaños de Catarina con un Mancuso!"
Fioreza Pelle-Vottari, con una sonrisa traviesa, agregó: "Es verdad, Catarina tiene cuatro hermanos. ¡Hay Mancuso para todas nosotras!"
Las demás, Antonella Nirta-Strangio, Cinzia Barbaro, Elma Condello y Donatella Morabito, estuvieron de acuerdo, emocionadas. Las jóvenes intercambiaron miradas cómplices y luego gritaron al unísono: "¡Dante!"
La discusión se intensificó, y comenzaron a debatir quién había mencionado el nombre de Dante Mancuso primero.
Rodé los ojos con la conversación, encontrando todo eso un tanto fútil. "Chicas, dejen de hacer eso. Dante ni siquiera es tan especial".
Me miraron sorprendidas, y Cinzia tomó la delantera, argumentando: "Catarina, solo dices eso porque es tu hermano. No puedes verlo como nosotras lo vemos".
Intrigada, pregunté: "Entonces, ¿cómo lo ven ustedes?"
Una por una, comenzaron a enumerar los atributos físicos de Dante. Fioreza elogió su pecho definido, comparándolo con algo sacado de una revista. Antonella estuvo de acuerdo, emocionada, admitiendo que casi se cae de su scooter al verlo correr por el paseo marítimo. Elma describió su sonrisa como perfecta.
Fruncí el ceño, incrédula. "Elma, estás mintiendo. Dante no sonríe".
Cinzia intervino, defendiendo a la amiga. "Estuve allí cuando sonrió, Catarina. Una vez, en una fiesta, fue muy amable".
Sacudí la cabeza en desacuerdo. "Eso no puede ser Dante. Dante es ceñudo, aburrido, irritante, le gusta fastidiar, es insoportable".
Fioreza rio y dijo: "Menos mal que Catarina no mira a Dante con otros ojos, o no tendríamos la menor oportunidad contra ella".
Reí junto con ellas, pero luego comenté: "Incluso si lo viera de esa manera, él nunca me miraría de esa manera. Dante siempre dejó muy claro que no me soporta".
Cinzia, entonces, reflexionó: "A veces, esa ira de él puede ser solo amor reprimido, ¿sabes? Son hermanos, aunque adoptivos. A veces, la forma en que actúa puede ser una extraña manera de mostrar afecto".
Sacudí la cabeza, en desacuerdo. "No, no creo en eso. Además, él es mucho mayor que yo. Apuesto a que me ve como una niña pequeña".
Las otras chicas continuaron debatiendo sobre la relación entre Dante y yo, mientras yo mantenía mi convicción de que simplemente era insoportable y que la idea de cualquier sentimiento diferente por parte de él era completamente absurda. Aun así, la conversación relajada sobre el tema me hizo pensar en Dante de una manera a la que no estaba acostumbrada, y una extraña sensación comenzó a surgir dentro de mí.
La guerra había comenzado. Mis hombres estaban listos y motivados, la sed de venganza los impulsaba a cada paso. Los asociados de la Camorra y de Gioia Tauro habían aceptado mi liderazgo sin cuestionamientos, una alianza improbable pero necesaria. El plan era claro: atacar cada punto de control de los Mancuso, desde Vibo Valentia hasta la Costa Jónica y Tirrena.Las operaciones comenzaron rápidamente. Recibía informes constantes de mis capos, actualizaciones sobre los avances en cada lugar. Los primeros ataques fueron un éxito absoluto. En Vibo Valentia, nuestras fuerzas invadieron los almacenes y depósitos de los Mancuso sin resistencia significativa. Las explosiones iluminaron la noche, destruyendo sus reservas de armas y dinero. Nuestros hombres salieron casi ilesos, la confianza creciendo con cada victoria."Jefa," dijo Giuseppe, uno de mis capos, en uno de los informes matutinos. "Tomamos Vibo Valentia con facilidad. Casi no encontramos resistencia. Parece que los Mancuso no esta
Era una noche fría en Roma, y las luces de la ciudad iluminaban las calles con un brillo amarillento mientras caminaba hacia el edificio donde Don Antonio me esperaba. La maleta que llevaba parecía pesar una tonelada, no tanto por su contenido, sino por la importancia de lo que contenía. Mis manos estaban frías, y mi corazón latía aceleradamente, pero mi expresión permanecía imperturbable. Había aprendido a ocultar mis emociones desde muy temprano.Al entrar en el edificio, el portero me dio una mirada curiosa, pero no hizo preguntas. Sabía bien que no debía meterse en los asuntos de personas como yo. Presioné el botón del ascensor y esperé, sintiendo el sudor frío resbalar por mi nuca. Cuando las puertas se abrieron, entré y presioné el botón del piso que necesitaba.El ascensor subió suavemente, pero cada segundo parecía una eternidad. Las puertas finalmente se abrieron, revelando a dos de los asociados de Don Antonio, que estaban esperando. Uno de ellos, un hombre corpulento con un
Estaba frente al espejo, ajustando el vestido rojo para la noche con Dante. El tejido se deslizaba suavemente sobre mi piel, la abertura revelando un toque de audacia que siempre sentí al usarlo. Mis pensamientos, sin embargo, no estaban en la apariencia que mostraba, sino en la batalla interna que libraba. Sabía, en el fondo de mi corazón, que Dante no me elegiría. Nunca me elegiría. Así que la pregunta que no dejaba de resonar en mi mente era: ¿sería capaz de matarlo, si la situación lo exigía?Mientras estas preguntas oscuras me atormentaban, sonó el timbre de mi habitación. Por un segundo, una chispa de esperanza se encendió en mi pecho – podría ser Dante, volviendo a mí. Pero la realidad pronto se impuso. Cogí mi arma, siempre guardada cerca, y fui a la puerta. Al abrir, me encontré cara a cara con Luca Mancuso. Mi rostro permaneció serio, el arma apuntada hacia él."Luca, ¿qué haces aquí?" mi voz salió firme. "Si no lo sabes, ahora soy enemiga de los Mancuso."Él estaba llorando
PERSPECTIVA DE DANTELas horas pasaron como un borrón. Cada decisión, cada movimiento, cada palabra parecía cargada de un peso insoportable. Mi familia estaba en alerta, sabiendo que la amenaza de Catarina era real. Pero yo estaba dividido entre el deber y el deseo, entre la lealtad a mi familia y el amor que todavía sentía por ella.Pasé las últimas horas en vela, reviviendo todos los momentos con Catarina: las risas, las discusiones, los besos robados. Cada recuerdo era un cuchillo, cortando más profundo. Pero sabía que mi lealtad estaba con los Mancuso. Era lo que mi padre me había enseñado desde pequeño: la familia primero.El martes pasó arrastrándose. Evité a mis hermanos, evitando sus preguntas y miradas inquisitivas. Mi mente estaba a mil, tratando de encontrar una forma de resolver todo sin violencia, sin perder a nadie de mi familia y sin perder a Catarina.A las 19:30, salí de la mansión sin decir nada a nadie. Tomé el coche y conduje a Roma, al The St. Regis Rome. Cada kiló
PERSPECTIVA DE DANTEEstaba en la oficina de la familia, inmerso en un mar de documentos y mapas. Mi mente trabajaba sin cesar, tratando de prever cada movimiento que Catarina podría hacer contra nosotros. Conocía su mente tan bien como ella conocía la mía, y eso hacía la tarea aún más complicada. Mientras analizaba todas las posibilidades, escuché una conmoción intensa afuera.Agarré mi arma y salí rápidamente de la oficina. Los asociados estaban en un frenesí, corriendo de un lado a otro. Enfrenté a uno de ellos y pregunté qué estaba pasando."Nos informaron de la presencia de Catarina en la mansión," respondió, jadeando.Mi corazón se aceleró. "Vamos al cuarto de Don Salvatore inmediatamente," ordené.Subimos las escaleras hacia la habitación de mi padre, donde lo encontramos recuperándose de la cirugía. Diana estaba allí, sosteniendo una almohada cerca de su cabeza. Sin pensarlo, apunté mi arma hacia ella."Suelta la almohada y aléjate de Don Salvatore," dije, con la voz cargada d
El camino hacia la Toscana parecía interminable. Cada kilómetro me alejaba más de Dante y de la mansión de los Mancuso, pero me acercaba a mi objetivo. La venganza ardía dentro de mí, alimentada por la traición y el dolor que había soportado durante tanto tiempo.Mientras conducía, mis pensamientos se arremolinaban. La última conversación con Don Salvatore resonaba en mi mente. Cada palabra, cada revelación, todo se mezclaba en una tormenta de emociones. Él había admitido su único arrepentimiento: haberme salvado. Y eso solo fortalecía mi determinación de acabar con todo lo que él amaba.Aparqué frente a la mansión de los Contini, en Florencia, sintiendo el peso de la tensión en el aire. Hombres fuertemente armados aparecieron de todos lados, apuntándome con sus armas. Con un suspiro controlado, bajé la ventanilla del coche, mostré la pantalla de bloqueo del celular de Diana y dije con firmeza:"Soy Catarina Piromalli y he venido a hablar con Don Antonio."Uno de los asociados de los







