INICIAR SESIÓNDespués de la cena subimos a la habitación.En el silencio del ascensor, observando los números subir, no aguanté.Sabía que él tenía más cosas que contar, pero me estaba resguardando, cuidándome.Como hacía con Landon, cargándolo todo a sus espaldas.Y no estaba segura de si de verdad quería saberlo todo.En este embarazo, solo quería tener paz.Y en mi mente nunca tuvo tanto sentido no saber demasiado.Cuanto menos supiera, menos problemas para mí.Era mejor así, pero... Había algo que me perturbaba, porque ese algo me lo quitaba a él.—¿Ya te decidiste? —pregunté sin quitar la vista del panel.Asintió con la cabeza, con la voz baja, firme.—Mañana busco a Landon. Me voy a llevar a Vicenzo conmigo… él se puede hacer cargo de los negocios un tiempo.Su confirmación me golpeó como una piedra fría en el estómago. Solo pude asentir también, en silencio.Así que era eso. Me quedaría. Sola otra vez.¿Por qué pesaba tanto? Si fui yo quien le pidió que lo hiciera.Podría ser egoísta y pedir
LAURA:Entregó el informe al abogado como si estuviera devolviendo una carga.Otro caso finalizado. Documentado, protocolado, listo para ser presentado si a alguien se le ocurría arrastrar aquello hasta los tribunales. Ya empezaba a pensar que el placer que sentía al cerrar casos antes de tiempo era una especie de adicción.Él sonrió, satisfecho.—Impresionante. Resolviste esto en tiempo récord.—Era un caso fácil. Solo necesitaba enfoque —respondí, mientras acomodaba la carpeta sobre la mesa.Antes de que pudiera salir de la oficina, la puerta se abrió con firmeza. Mis hombros se tensaron automáticamente.Wagner.—¿Nos puedes dejar a solas? —pidió, sin siquiera mirar al abogado. Era más una orden que una petición.El otro dudó por un segundo, luego asintió y salió, como quien ya sabía que no valía la pena llevarle la contraria.Me quedé parada, observando a Wagner acomodarse en el sillón de enfrente. La formalidad de su postura me molestaba más que su tono calmo y casi cortés.—Logré
NARRACIÓN VICENT: Me quedé en el auto, observando el edificio como quien encara un campo minado. Laura acababa de entrar, y todo dentro de mí gritaba que bajara, que fuera por ella, que le suplicara que me dejara hacerme cargo de todo. Pero había sido clara. Necesitaba que yo resolviera esto. Mi hijo. Mi desastre.Porque yo elegí esto, vine tras aquello de lo que ella huía. Y era hora de pagar el precio. Respiro hondo, una, dos veces, intentando tragarme el sabor amargo del orgullo herido.Entonces veo a alguien salir por el lateral del edificio, casi corriendo, como quien teme ser visto. Julia.La sangre me hirvió.Abrí la puerta del auto con fuerza y bajé, yendo tras ella con pasos firmes.—¡Julia! —llamé, mi voz salió más baja de lo que pensé, pero firme como una navaja.Se detuvo. Se giró despacio, mirándome con esa cara cínica, pero los ojos le temblaban. Ella lo sabía.—Fuiste tú, ¿verdad? —me acerqué más—. Fuiste tú quien le mandó el mensaje a Landon. “¿Dónde está tu padre
LAURA:Todavía sentía el gel frío escurriendo despacio por la piel de mi vientre. La imagen del bebé continuaba clara en la pantalla de mi mente, incluso después de que el médico apagara el aparato.El corazoncito latiendo apresurado. Fuerte. Vivo. Era un sonido que lo atravesaba todo en mí y ponía el mundo en silencio, el tipo de silencio que llena, no que asusta.Vicent estaba a mi lado, inmóvil, pero su mirada estaba inquieta. Tenía esa expresión que usaba cuando quería entender más de lo que las palabras decían. Preguntaba sobre el DIU, sobre los riesgos, sobre lo que pasaría conforme la barriga creciera. Le pidió claridad al médico, y no descansó hasta escuchar todo de nuevo con términos aún más directos.Él necesitaba certezas. Y yo sabía por qué.Él era padre. Y no uno cualquiera. Vicent amaba con esa fuerza silenciosa que pocas personas tienen, era capaz de mover mundos en silencio si pensaba que eso protegería a quien ama.Mientras yo me cambiaba, intentando abrochar los bo
WAGNER:Julia entró a mi oficina cerrando la puerta de un golpe, con la mirada echando chispas como si me quisiera matar. Ni pidió permiso, ni le importó con quién estaba hablando por teléfono. Colgué de inmediato. Ya me imaginaba el motivo de esa cara.—¡¿Qué fue lo que hiciste?! —esputó las palabras, cruzándose de brazos—. Vicent no para de llamarme, ¡está desquiciado! ¿Qué fue lo que armaste?Me recliné sobre el escritorio, tranquilo. Parecía una bomba a punto de estallar, pero yo ya me lo esperaba. Solo no me imaginé que fuera tan rápida.—¿Yo? —solté una risa seca—. Tú nunca me dijiste nada, Julia. Arréglatelas. Entraste a este juego por tu propia voluntad. Ahora juega.—¡Ah, no, Wagner, no me vengas con ese cuento! —Dio un paso al frente, con el rostro a centímetros del mío—. Hice lo que querías. Expuse esa historia, la tiré a los leones, y ahora quiero lo mío. No nací para ser una pasante en esta oficina de mierda. Quiero dinero. Mucho dinero. El suficiente para recomenzar lejo
LANDON”Antes de llegar.”El avión apenas había despegado y yo ya tenía la cabeza a punto de explotar. El celular vibraba en mi regazo, sin parar. Hanna. Otra vez. Y otra vez. Pero no podía responder. El pecho me dolía. La garganta se me cerraba. Solo quería entender cómo carajos había pasado eso.A la mierda lo que sentía por Laura. A la mierda cualquier maldita esperanza que aún tuviera. Esto… esto era otra cosa. Era mi padre. El hombre al que idolatraba. Mi ejemplo. Mi espejo.Y él…Él estaba con ella.¡Con ella, carajo!Era como si hubiera presenciado la escena mil veces en el avión. La puerta abriéndose. Su cara, sorprendida, sin poder esconder toda esa mierda. La ropa tirada en el sofá. El florero en el que vomité porque no pude aguantar el asco.Laura, semidesnuda. Su cabello despeinado. La forma en que vino tras de mí intentando hablar. Intentando tocarme.“¡No me toques!”Grité, con la voz ahogada. Ni sé cómo salió. Parecía otra persona. Temblaba de rabia, de asco, de decep







