Inicio / Romance / PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO / Capitulo 2.La Caída y El Refugio

Compartir

Capitulo 2.La Caída y El Refugio

Autor: Lu Ferrer
last update Fecha de publicación: 2025-07-23 08:44:11

Las puertas del ascensor se cerraron tras de mí con un siseo metálico y sentí cómo el aire se me escapaba del pecho, como si el edificio entero me succionara lo poco de dignidad y oxígeno que me quedaban. El ding del ascensor al descender resonó en mis oídos como el eco final de la humillación que acababa de sufrir. El frío del aire acondicionado, antes casi imperceptible, ahora me calaba los huesos como agujas diminutas que atravesaban la piel. La rabia que ardía en mi interior no era suficiente para aplacar ese frío.

Cada paso que di hacia la salida fue una tortura, un acto de pura fuerza de voluntad. Sentía las miradas, pesadas, inquisitivas, algunas cargadas de morbo, otras de ese disfrute cruel que se alimenta del fracaso ajeno. Los susurros se arrastraban como serpientes, enrollándose a mi alrededor, envolviendo mi nombre, mi reputación y mi supuesta "traición" en un manto de veneno y escándalo.

Pero no me detuve. Me obligué a caminar con la cabeza en alto, los hombros rectos, fingiendo que no me importaba, que no me afectaba, aunque cada célula de mi cuerpo suplicara desaparecer. La dignidad era lo único que me quedaba en ese infierno de cristal y acero. No iba a permitir que me arrebataran eso también.

Despedida. Humillada. Traicionada.

Las palabras se repetían en mi cabeza, como un martillo implacable.

Y todo, por él.

Por Alessandro Lombardi.

Su rostro seguía grabado en mi memoria, congelado en esa expresión fría y altiva. Esos ojos grises, como acero pulido, cargados de indiferencia y desprecio. Recordé su mandíbula tensa, apenas un leve temblor cuando me defendí frente a todos antes de que me expulsaran. Era una grieta diminuta en su fachada perfecta, pero me aferraba a ella como a un consuelo miserable. Era lo único que me quedaba.

Durante los tres meses que trabajé en Moretti Corporation, su mirada nunca me abandonó. No era solo la mirada de un jefe vigilante, era algo más. Un escrutinio constante, un examen minucioso, como si buscara encontrar el defecto, la falla, la debilidad que justificara sus prejuicios. Recordé su primera frase dirigida a mí:

"¿Eres nueva? Espero que no seas tan incompetente como pareces."

Aquel día sentí una furia incandescente y la promesa silenciosa de que se tragaría cada palabra. Ahora, esa promesa se transformaba en una necesidad urgente, casi vital.

Me reí sin humor mientras caminaba por la acera helada de la ciudad. El rugido de los autos, las bocinas, el murmullo constante de la gente apresurada… todo resultaba un alivio comparado con el silencio asfixiante de la sala de juntas. El olor a asfalto, gasolina y humedad me devolvía al mundo real, lejos del aire estéril y elitista que impregnaba Moretti Corporation. Entre la multitud, invisible y anónima, me sentía más fuerte. Más peligrosa.

Sin pensarlo, mis pasos me guiaron de regreso al viejo edificio donde vivía. Pequeño, deteriorado, con paredes que pedían a gritos una mano de pintura, pero era mi refugio, mi escondite, el único lugar donde podía dejar de ser Ana Stevens, aunque fuera por unas horas.

Subí las escaleras de madera, que crujían bajo mi peso como si se quejaran de mi presencia. Cada crujido, cada imperfección en las paredes, me recordaban lo lejos que estaba del lujo en el que había crecido, de los salones relucientes y las mansiones familiares. Pero también me recordaban mi libertad. Aquí nadie conocía mi verdadero apellido. Aquí, podía ser simplemente Ana.

Al llegar a mi apartamento, el olor a pizza y el sonido amortiguado de la televisión me recibieron. Era un contraste tan abrupto con la rigidez, el desprecio y el lujo superficial que acababa de abandonar, que casi me arrancó una risa amarga.

—¡Ana! —La voz entusiasta de Abril me recibió antes de que pudiera siquiera cerrar la puerta.

Abril. Mi compañera de piso, mi cómplice sin saberlo, mi amiga inesperada. Su cabello castaño alborotado y su sonrisa constante eran un recordatorio de que no todo en la vida era frío y traición. No conocía toda la verdad sobre mí, pero me aceptó sin preguntas desde el primer día.

—¿Otra vez pizza? —intenté bromear, colgando el abrigo con manos aún temblorosas.

—¡Ofensa! —exclamó ella, girándose desde el sofá con un trozo de pepperoni a medio morder—. Hoy es pizza gourmet… Bueno, casi. ¿Y tú? ¿Sobreviviste a los tiburones de Moretti o te comieron viva?

Su broma me golpeó como un balde de agua helada. Me quedé paralizada, incapaz de fingir. La sonrisa se desvaneció de su rostro al instante.

—¿Ana? —preguntó, preocupada, acercándose.

Me desplomé en el sofá, sin fuerzas, cubriéndome el rostro con las manos. Sentía el ardor de la humillación bajo la piel, el nudo en la garganta, la rabia atragantada.

—Me despidieron —murmuré, la voz rota.

—¿Qué? ¿Cómo que te despidieron? —La incredulidad en su tono era palpable.

Dudé. No podía contarle toda la verdad: la herencia, mi apellido real. Pero necesitaba hablar. Aunque fuera a medias.

—Me tendieron una trampa —dije al fin—. Dijeron que robé información confidencial. Giuliana lo organizó todo. Y Alessandro… me humilló delante de todos. No me escuchó. Me echó como si fuera una ladrona.

Abril apretó los labios, furiosa.

—Ese CEO de hielo… Siempre me dio mala espina. ¿Estás bien?

Mentí con un asentimiento. Por dentro, hervía.

Ella no insistió. Me conocía lo suficiente. En lugar de interrogarme, fue por dos cervezas y me tendió una.

—Vas a necesitar esto. Y tranquila… esta historia no termina aquí. Sé que no eres una ladrona, Ana.

Su lealtad, tan simple y sincera, me reavivó algo en el pecho. Una chispa. Un atisbo de fuego.

Mi teléfono vibró en mi bolsillo. Número desconocido. Pero ya sabía quién era.

—¿Cómo va todo, Isa? —La voz de Luciano, mi mejor amigo, único que conocía toda la verdad, me devolvió un poco de equilibrio.

—Me despidieron. Me humillaron. Me exhibieron como una criminal —resumí, sin emociones.

—¿Qué necesitas? —preguntó, con esa seriedad que adoptaba cuando el juego se ponía serio.

—Tiempo. Información. Y que me recuerdes quién soy.

—La Gala Benéfica Moretti es mañana. Es tu oportunidad. Tengo los planos. Te los enviaré. La entrada de servicio B, cerca de la cocina, queda sin vigilancia. Úsala. Tendrás libertad de movimiento.

Mi mente ya trazaba el plan.

—No te rindas, Isa. Esta es tu guerra. Y vamos a ganarla.

Colgué. El fuego interior crecía. No de humillación, sino de resolución.

El timbre sonó, sobresaltándome. Me acerqué a la puerta, desconfiada. Un mensajero me entregó una caja negra y elegante, con un lazo de seda. El material costoso, el diseño exquisito. Demasiado lujo para Ana Stevens.

Dentro, un vestido de diseñador, oscuro, sofisticado. Debajo, una nota:

“Póntelo. Gala Benéfica Moretti. Mañana a las 8.”

Mi estómago se contrajo. No por miedo, sino por anticipación. ¿Quién me enviaba esto? ¿Giuliana? ¿Un nuevo enemigo? ¿O… Alessandro?

La guerra había comenzado. Y yo estaba invitada al primer baile.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 114.El Contrato del Corazon(Epilogo)

    Una semana.Siete días habían transcurrido desde que Isabela Moretti cruzó la puerta del ático con una carpeta de cuero y un mar de dudas, dejando tras de sí el silencio más absoluto que Alessandro Lombardi hubiera experimentado jamás. Para el mundo, Alessandro seguía siendo el "Rey de Hielo" de Milán, el hombre que había navegado la tormenta financiera de los Volkov y salido más poderoso que nunca. Dirigía su imperio con la misma precisión quirúrgica de siempre, cerraba tratos millonarios y mantenía a raya a sus competidores con una sola mirada.Pero, por dentro, Alessandro se sentía como un edificio cuya estructura principal ha sido retirada. Estaba completo, pero no estaba entero.Se encontraba en su oficina de la planta 50 de las Torres Lombardi. La luz del atardecer bañaba los muebles de caoba y las paredes de cristal, pero él no miraba el paisaje. Sus ojos estaban fijos en el lugar donde solía estar la carpeta con los papeles de anulación. Había cumplido su promesa: no la había

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 113.La Eleccion

    Milán se había sumido en una paz extraña, casi antinatural, una calma que parecía más un alto al fuego que una conclusión definitiva. Había pasado un mes exacto desde que la antigua fundición de los Moretti se convirtiera en la pira funeraria de un imperio criminal, y el mundo exterior todavía intentaba procesar los escombros de lo que los medios llamaban "El Gran Borrado". En las noticias, los analistas financieros, con sus rostros de gravedad ensayada, hablaban del colapso de los Volkov como el misterio más grande de la década. Nadie mencionaba la sangre, ni el código de Casandra, ni el testamento de un abuelo paranoico. Para el mundo, los Volkov simplemente habían dejado de existir, como si una mano invisible los hubiera borrado del libro de la realidad.Isabela observaba el tráfico desde el inmenso ventanal del ático, viendo cómo las luces de los coches fluían como un río de oro por las arterias de la ciudad. La vida, con su persistente e insultante indiferencia, continuaba.—Es e

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 112. Cenizas de un Rey

    El aire dentro de la fundición era una mezcla tóxica de vapores químicos y el calor sofocante del odio acumulado durante décadas. Isabela sentía el sudor frío recorriéndole la espalda mientras observaba el pulgar de Dimitri Volkov sobre el detonador. Un solo espasmo, un solo error de cálculo, y el legado de su familia se convertiría en un cráter humeante.Alessandro mantenía su arma firme, pero Isabela sintió el cambio en su postura. Estaba listo para morir, pero no para dejar que ella muriera. Fue entonces cuando ella dio un paso al frente, bajando ligeramente su arma en un gesto de aparente vulnerabilidad.—Dimitri, mírame —dijo Isabela. Su voz no temblaba; sonaba con la autoridad de los Moretti que habían construido este lugar—. Mi abuelo no te robó el futuro. Pietro te dio un lugar a su mesa, te dio la oportunidad de ser su igual en un mundo que te habría devorado. Pero tu propia ambición, esa sed de poder que nunca pudo saciarse, fue lo que te consumió. No estás aquí por nosotros

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 111. Dentro del Horno

    La antigua fundición de los Moretti se alzaba contra el cielo grisáceo como una catedral de óxido, hollín y muerte. Lo que antaño fue el corazón palpitante del imperio de su abuelo, el lugar donde el acero se transformaba en fortuna, era ahora una carcasa industrial devorada por el olvido. El viento silbaba a través de las vigas de acero retorcidas, produciendo un lamento metálico que erizaba la piel, mientras el olor a ceniza fría, aceite rancio y humedad lo inundaba todo.—Estamos en posición —susurró Alessandro por el comunicador.Estaba agazapado junto a Isabela tras una montaña de chatarra oxidada. La lluvia fina de la mañana había empapado sus abrigos, pero ninguno de los dos sentía el frío. La adrenalina era un incendio en sus venas, una fuerza que los mantenía en un estado de alerta absoluta. Alessandro se giró hacia ella, revisando por última vez el cargador de su arma y luego, con una suavidad que contrastaba con la violencia del entorno, le ajustó el auricular a Isabela.—E

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 110. El Amanecer Rojo

    La luz roja del temporizador inundaba el pequeño dormitorio, proyectando sombras alargadas que parecían garras sobre las paredes.04:12:08Isabela despertó con el corazón galopando contra sus costillas. Durante un segundo infinito, la calidez del cuerpo de Alessandro junto al suyo la hizo olvidar el abismo. Él estaba ahí, con su brazo rodeando su cintura, una barrera de músculo y piel que la protegía del resto del mundo. Pero el resplandor carmesí del reloj en el pasillo era un recordatorio silencioso y cruel: el tiempo de la paz había sido solo un préstamo.Alessandro abrió los ojos un segundo después. No hubo confusión en su mirada, solo una transición inmediata y gélida hacia la realidad del combate. Se incorporó en silencio, su espalda marcada por la tensión del hombre que sabe que va a su última batalla.—Es hora —dijo él. Su voz era un susurro bajo, despojado de la ternura de la noche, pero cargado de una determinación que hizo que Isabela se estremeciera.No hubo espacio para p

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 109. La Noche antes del Fin

    El tiempo ya no era una secuencia de minutos y horas; era un latido rojo y constante que emanaba de la habitación contigua. En la pequeña estancia del antiguo apartamento de Isabela, el resplandor del temporizador de Casandra se filtraba por debajo de la puerta, tiñendo las sombras de un color escarlata que recordaba a la sangre y al fuego.18:42:15El mundo se había contraído hasta quedar reducido a esas cuatro paredes descascaradas, al olor a jazmín viejo y al silencio denso que compartían Isabela y Alessandro. Ya no había escoltas, ni ejércitos, ni juntas directivas. Solo quedaban ellos, dos náufragos en una isla de madera y recuerdos, esperando que la marea de los Volkov los alcanzara al amanecer.Isabela estaba sentada en el borde de la cama estrecha, con las manos entrelazadas sobre su regazo. Miró un viejo portarretratos polvoriento en la mesilla de noche: una foto de ella y Abril riendo en una tarde de verano, antes de que el testamento de su abuelo la convirtiera en una pieza

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status