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Capítulo Ocho

last update Data de publicação: 2025-07-23 17:55:48

El viaje a la clínica no represento mayor problema o incomodidad para ninguno de los dos, pues tanto Alexander como Sofia estaban acostumbrados a compartir el vehículo del empresario, ya que la mayoría de los cierres de contrato terminaban en una que otra cena, y Alexander siempre la llevaba, siempre en silencio, él perdido en pensamientos de cómo mejorar aún más el nivel de su empresa y ella en cómo podía sorprender a Adrián, ahora la situación era diferente, al menos en lo que pensamientos se trataba, Alexander trataba de guionar una gran historia para el día siguiente, cuando la horda de reporteros lo esperar afuera de su mansión y Sofia, tratando de calcular a cuanto ascenderían los gastos por el nacimiento de su sobrino.

— Es aquí, muchas gracias. — advirtió la joven, ya quitando su cinturón, aun antes de que Alexander detuviera el vehículo.

— Te acompañare, creo que es un buen momento para que me presentes como novio. — Sofia abrió tan grande sus ojos que Alexander dejo ver una sonrisa, y eso lo hizo sentir raro, desde hacía poco más de seis meses que él no sonreía.

— Eso no es necesario. — soltó en un pequeño susurro, pues la garganta se le había secado a la joven.

— Lo es, Sofia, para mañana en la mañana nuestras fotos estarán en cada periódico, cada tabloide, serás parte de un nuevo capítulo de la tragicomedia que se ha convertido mi vida. — pena, eso sintió Sofia, y a pesar de que Alexander se comportaba como siempre, al menos con sus empleados, ella podía distinguir que cierta luz se había apagado de la mirada del CEO.

— Bien, solo… debe de saber que no sé qué podrían decir mis padres, nunca se lo qué dirán, por lo que le pido que no lo tome a mal, por favor. — no mentía, y es que Sofia ya no sabía cuándo estaban bromeando o cuando eran hirientes, ¿lo eran por qué querían? O ¿solo no sabían expresarse? No los comprendía, pero eran sus padres después de todo.

— No te preocupes, créeme que sin importar que, no pueden ser peores que la gran Evelyn Thompson. — Sofia dejo salir una risilla, mitad de nervios y mitad de diversión ante el rostro de falso pánico que su jefe mostraba, y Alexander se percató que hacía mucho no había escuchado esa risilla, ¿Cómo no se había percatado que algo le sucedía a la joven que pasaba más tiempo con él que su propia esposa? mejor dicho, exesposa.

Como el caballero que su padre le enseño a ser, Alexander descendió del vehículo y abrió la puerta de Sofia, quien hizo el intentó de avanzar, pero la mano del CEO en su muñeca se lo impidió, para luego llegar a su lado y sujetar su cintura, en un abrazo casual, mientras la incitaba a caminar.

— ¿Señor Thomson? — murmuro como pudo, entre la sorpresa y la vergüenza.

— Dime Alexander, Sofia, se supone que somos novios, además tenemos un periodista justo atrás nuestro. — Sofia no pudo evitar el querer ver sobre su hombro y Alexander la detuvo, fingiendo que limpiaba algo en la comisura de su labio, mientras sonreía y la veía a los ojos. — Debes aprender a ser más disimulada Sofia.

Estaba aturdida, a tal punto que solo asintió y aun con ojos muy abiertos dejo que Alexander la arrastrara hasta la recepción de la clínica privada.

— Buenas noches. — dijo la mujer en la recepción y solo entonces Sofia salió de su aturdimiento, aunque estaba un poco contrariada al sentir que la mano de Alexander subía y bajaba de su cintura a su cadera, a milímetros de rozar su trasero, pero solo le basto con verlo de lado, para saber que el CEO estaba perdido en su mente, lo conocía, sabia cuando la mente de ese hombre estaba en otro lugar, por lo que supuso que era un movimiento quedado de su jefe y no otra cosa.

— Sí, buenas noches, estoy buscando a Anderson Lyra, ingreso con labor de parto, y la sometieron a una cesaría, soy Sofia Anderson, su hermana.

— Oh, usted es quien pagara los gastos. — concluyo la mujer y Sofia maldijo que sus padres afirmaran tal cosa, pues si no fuera por el negocio que surgió con Alexander… no queria ni pensar lo que hubiese sucedido.

— Lo soy. — respondió con voz triste, sin poder evitarlo, su hermanita era madre, y eso le parecía tan descabellado, si aún no podía cuidar de ella misma ¿Cómo haría con un bebé?

— Este es el monto, una vez que complete el papeleo y pague la tarifa le entregare la tarjeta del ascensor VIP. — ¿ascensor VIP? Malditamente, se dijo y su mano tembló un poco al tomar los papeles que la rubia le pasaba.

— Pero ¿Qué? — si no fuera porque estaba con su jefe al lado, seguro y se ponía a gritar, pero no se arriesgaría a montar un escándalo, en especial porque ahora sí, había visto el reflejo de una luz, estaba segura de que era un Flash de alguna cámara, Alexander no mentía, los reporteros los seguían.

— ¿Sucede algo? — indago Alexander regresando de donde sea que su mente lo hubiera enviado.

— No, es solo… — diez veces su salario, es lo que Alexander había depositado en la cuenta de Sofia y, aun así, no era suficiente. — No comprendo a que se debe esta suma exorbitante, por más que sea una habitación VIP, este monto es exagerado. — se quejó entre susurros y Alexander vio por su hombro la hoja que Sofia sostenía, aunque lo hizo pasar como que dejaba apoyada su cabeza sobre la de la rubia, como que en verdad fuera una pareja de enamorados, algo que hizo tensar a Sofia, no tanto la cercanía con su jefe, sino que solo ahora se percataba realmente la diferencia de altura que había entre ambos, pues aún luego del tiempo que llevaban trabajando juntos, sus cuerpos jamás habían estado tan cerca el uno del otro.

— Señorita, todo esta detallado allí, no solo los gastos de la Cesárea, también la cama extra que mandaron a pedir para un acompañante, el alimento gourmet también tiene una tarifa extra…. — la mujer continúo hablando a medida que Sofia entendía que alguien, y estaba segura de que no era Lyra, había solicitado la atención que se espera darle a un multimillonario. — Además pidió realizar todos los chequeos correspondientes al bebé, por lo que estarán ingresados un mínimo de cuatro días. — las piernas de Sofia por un segundo le fallaron, y Alexander la sujeto con fuerza atrayéndola más hacia él, quien los viera de fuera, como era el caso del periodista, creería que estaban celebrando algo.

— Esto… — murmuro Sofia y Alexander temió que pudiera desmayarse de un momento a otro.

— Deja que yo me encargue cariño. — dijo el CEO, pasando su tarjeta negra que incluso tenía un diamante incrustado.

— No, por favor. — dijo más por costumbre que porque realmente lo sintiera, pues ella no tenía como hacer frente a tal gasto.

— No te preocupes. — murmuro el CEO en su oído. — Solo me aseguro tener novia por tres meses más. — concluyo con una sonrisa tranquilizadora, sin querer que Sofia lo sintiera como que se estaba aprovechando de la situación, cuando en realidad era así, pues Alexander sabía que un noviazgo de un mes no acallaría los rumores que Lucrecia se encargaba de desparramar, además el juicio por la tenencia de Bautista ni siquiera tenía fecha, por lo que necesitaría a Sofia por mucho tiempo.

— Gracias. — finalmente dijo viéndolo a los ojos, y Alexander los observo con detenimiento por primera vez, descubriendo que su tonalidad se asemejaba mucho al mar profundo o al océano mismo, y que poseía pequeñas vetas celestes, algo que lo encandilo, jamás había visto ojos tan raros y hermosos.

— Lo que sea para que mi novia sea feliz. — rebatió y Sofia estaba segura de que terminaría con dolor de espalda, pues jamás había estado tan recta y dura como en ese momento, pero luego de que el CEO viera por un fugaz momento a la secretaria, la joven comprendió que lo más probable fuera que quisiera asegurarse que si algún reportero ingresaba a preguntar algo, esa rubia le diera un buen relato.

— Aun así, muchas gracias. — aseguro sin poder evitarlo, ya fuera porque era un buen negocio para ambos o no, Alexander le estaba dando una gran ayuda, una que ni siquiera Adrián le había brindado.

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Último capítulo

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    —En verdad solo díselo, ya estás preparada para la catástrofe, en tu mente has imaginado el rechazo que Dylan pudiese sentir ante tu embarazo, e incluso has creado todo un diálogo donde él lo más probable fuese que te acusará de mentirle. ¿Es así o me equivoco? —indagó la rubia viéndola por el reflejo del espejo a Aria, que simplemente hizo un mohín con sus labios. —Aria en verdad, lo único que estás haciendo es torturarte, imaginar cosas que estoy segura de que no sucederán, y si ese llega a ser el caso, si ese maldito perro llega así sea a hacer el mínimo escándalo, simplemente me lo dejas a mí.—¿Y qué es lo que harás?—Fácil, recordarle el hecho por el cual no lo llamo padre, y pregunta si en verdad cree que la vida le dará para tanto, como para conseguir mi perdón y el de este bebé si llega a negarlo, peor aún, si llega a pedirte algo… —Sofia mordió su lengua, pues Aria no era la única que había imaginado posibles escenarios para cuando Dylan supiera de que sería padre una vez má

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