Compartir

Bienvenida

last update Fecha de publicación: 2021-04-02 03:28:18

Unos días después

New York

Lance

Estoy feliz de estar aquí, en la ciudad donde nací. A pesar de mis negativas, mi madre logró convencerme de volver por unos meses. Nueva York es distinta a como la recordaba, pero sé que no tardaré en acostumbrarme. Lo primero que haré será llamar a los chicos, especialmente a Phillip, mi mejor amigo. Por ahora, tendré que aguantar los regaños de Cristina, que parece más mi madre que mi hermana menor.

El auto se detiene frente a la casa de mi madre. Apenas bajamos, la puerta principal se abre y allí está mi familia, esperándome con sonrisas y brazos abiertos.

—¡Miren a esta princesita! —exclamo alzando a mi sobrina en brazos—. Está enorme y hermosa. Deberían buscarle un hermanito, ¿no crees, Roger?

Mi cuñado suelta una carcajada, lanzándole una mirada cómplice a Cristina.

—Si fuera por mí, ya lo tendríamos, pero tu hermana quiere esperar —responde con tono divertido—. Y tú, ¿cómo estás? Espero que esta vez sea definitivo tu regreso.

Sacudo la cabeza, esbozando una sonrisa.

—Roger, ya se lo dije a mamá. Solo serán seis meses, no más.

Él sonríe con optimismo.

—No lo creo, ya lo verás.

—Bienvenido, Lance —la voz de Cristina interrumpe la conversación. Cruza los brazos, fingiendo indignación—. ¿No me vas a dar un abrazo y un beso? ¿No lo merezco?

Ruedo los ojos con diversión antes de rodearla con los brazos.

—Claro que sí. Ya te extrañaba… y también tus regaños.

Al día siguiente

Despierto en mi antigua habitación y, por primera vez en mucho tiempo, me siento en paz. Recorro con la mirada cada rincón, las fotos, los recuerdos... hasta que mis ojos se detienen en una imagen de mi padre. Un nudo se forma en mi garganta. Tomo el marco y lo observo en silencio.

—Si estuvieras aquí, todo sería diferente… —murmuro, apoyando la frente contra el vidrio—. Sería un mejor hombre, habrías estado a mi lado, apoyándome… No hubiera cometido tantas estupideces…

El peso de los errores del pasado cae sobre mí como una losa. Me acuerdo de Yang y Michael… de cómo me metí entre ellos sabiendo lo que sentía por ella. Fui un imbécil. También pienso en los años que he desperdiciado llevando la vida que llevo. Pero te prometo, papá, que haré un esfuerzo por cambiar, aunque ya no estés aquí.

El sonido del teléfono me saca de mis pensamientos. Al ver el nombre en la pantalla, sonrío.

—Lance, amigo, ¿acaso creíste que no me enteraría de que has regresado? —la voz de Phillip suena entusiasta—. Tenemos que vernos.

—¡Phillip! Claro que sí. ¿Qué te parece la fiesta de fin de año de mi madre? Estarán los chicos y tú. Aunque me gustaría verte antes… ¿Nos encontramos después de Navidad en el bar de siempre? Tenemos mucho de qué hablar.

—Hecho. Nos vemos pronto, hermano.

Unos días más tarde

El bar está igual que siempre, con su iluminación tenue y la música envolviendo el ambiente. Apenas cruzo la puerta, Phillip me recibe con una sonrisa amplia y un fuerte abrazo.

—¡Es un gusto volverte a ver, Lance! —exclama, golpeándome el hombro—. Dime, ¿es verdad lo que he escuchado? ¿Regresaste para quedarte?

—No te emociones tanto, solo serán seis meses —respondo con diversión.

—Sí, claro. Eso dijiste la última vez y mira dónde estamos.

Reímos juntos y pedimos un par de tragos. La noche avanza entre anécdotas y bromas.

—Por cierto, ¿sigues con la rubia aquella? —le pregunto, arqueando una ceja—. ¿O ya se cansó de esperar que le pidas matrimonio?

Phillip suelta una carcajada.

—Sabes que no me interesa nada serio. Me gusta divertirme. —Bebe un sorbo de su whisky y me observa con picardía—. Y tú, ¿sigues con tu promesa de no enamorarte?

—Phillip, no seas idiota —respondo riendo—. Vamos, brindemos.

Más tarde en la noche

El trayecto se siente más corto de lo que debería. En un abrir y cerrar de ojos, estamos en el ascensor de mi edificio. Las puertas se deslizan con un suave zumbido, y Phillip me sostiene con firmeza antes de que pueda trastabillar, pero es mi culpa, me excedía con el alcohol.

—Dame las llaves —ordena.

Se las entrego sin protestar. La puerta se abre y el familiar aroma a madera y licor impregnado en las paredes me recibe. Phillip me guía hasta el sofá y me obliga a sentarme.

—Descansa un par de horas —me dice—. Mañana tendrás una resaca infernal.

Me recuesto con pesadez, hundiéndome en la comodidad del sofá.

—No empieces a regañarme también. Solo quería celebrar un poco.

Phillip suspira.

—Sí, sí… Ahora duerme. Mañana te llamo para ver si sigues vivo.

Las llaves tintinean cuando las deja en la mesa de centro. La puerta se cierra tras él, y la penumbra envuelve el departamento. Cierro los ojos. Todo da vueltas. El cansancio me atrapa, pero mañana será otro día. Uno más para perderme en la noche. Uno más para seguir escapando de ese embrujo llamado amor.

 

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Por fin te encontré    Revelaciónes

    Al día siguienteAspenLanceMe despierto con los primeros rayos de sol colándose por la ventana, los ojos aún entrecerrados por el sueño. Busco a Karina con las manos y la encuentro sentada en el borde de la cama, el cabello oscuro cayendo en cascada sobre sus hombros, mientras habla por teléfono. Una sonrisa se dibuja en mis labios; todavía recuerdo su reacción ante la sorpresa de anoche: la cabaña rústica, la vista de las montañas cubiertas de nieve, la cena junto a la chimenea, el regalo que le di… todo planeado para verla feliz.Me acerco por detrás, abrazo su cintura, y dejo mis labios rozando suavemente su cuello. Sus dedos se tensan y me hacen señas para que me contenga, pero no puedo. Me siento a su lado, nuestras piernas se rozan, y lentamente la atraigo hacia mí.—¿No te puedes controlar? —dice con un hilo de voz, entre risas y reproches mientras su respiración se acelera.—No quiero —susurro, con suavidad, acariciando su espalda y guiándola con mis brazos.La miro a los ojo

  • Por fin te encontré    Escapada romántica

    Meses después, febreroNew YorkKarinaHe vuelto a la oficina este último mes, solo por las mañanas, y siento que poco a poco todo retoma su ritmo natural. Lance está encantado con mi regreso; cada día me recuerda lo mucho que aprecia que pueda organizarme un poco entre el trabajo y Emma. Nuestra hija crece demasiado rápido: está por cumplir cinco meses el 21 de febrero. Mi cumpleaños fue el 17 de enero, y siguiendo la insistencia de las chicas lo celebramos un día antes con una noche solo de mujeres. Por supuesto, Lance se encargó de Emma con la ayuda de Lupe, demostrando una vez más que es un padre maravilloso: atento, cariñoso y siempre pendiente de nuestra hija, desde que llega a casa hasta la hora de acostarla.Desde hace semanas busco el regalo perfecto para nuestro aniversario. Quiero que sea algo que realmente signifique algo para él. Recordé que desde que lo conocí siempre mencionaba un libro que le había fascinado en su juventud: Si hubiera un mañana de Sidney Sheldon, una pr

  • Por fin te encontré    Adaptándonos al amor

    Un mes despuésNew YorkKarinaEstos días han sido de adaptación. Emma se despierta varias veces cada noche, pero Lance, por más cansado que esté, corre a atenderla y me la entrega para que la alimente. La casa todavía me resulta extraña; estar tan lejos de Central Park me cuesta, pero él se las arregla para que almorcemos juntos todos los días. Estrenamos la cama hace poco, y entre caricias, besos y juegos, encontramos nuestra manera de amarnos. Aún no podemos estar juntos como deseamos, pero Lance siempre me recuerda que me ama y que me espera.Mientras termino de arreglar a Emma, ajustándole la ropita y poniéndole los últimos detalles, siento los brazos de Lance rodeándome por detrás. Un beso cálido roza mi mejilla, y su susurro me recuerda que debemos apurarnos.—Amor, debemos apurarnos, se nos hace tarde —susurra robándome otro beso.Intento ponerle los zapatos a Emma, pero la pequeña se queja y se mueve con impaciencia.—Princesa, mamá no entiende que no te gustan los zapatos —br

  • Por fin te encontré    El milagro de Emma

    El mismo díaNew YorkLanceJamás pensé que llegaría este momento. Durante meses viví con el miedo de que la historia volviera a repetirse, de que Karina y yo jamás pudiéramos ser padres. Dos abortos bastaron para marcar mi corazón y convertir cada control médico en un suplicio. Aunque intentaba sonreír, la incertidumbre me devoraba por dentro.Pero ahora estoy aquí, con el corazón latiendo tan fuerte que siento que va a estallar. Me pongo la bata quirúrgica y la mascarilla con manos temblorosas. Respiro hondo y entro al quirófano.El ambiente es eléctrico: luces blancas intensas, el pitido constante de los monitores, voces apresuradas de enfermeras. Karina está en la camilla, con el sudor corriendo por su frente y el cabello pegado a las sienes. Sus gritos desgarran el aire, me perforan el pecho.Corro hacia ella, tomo su mano.—Amor, tú puedes… estoy contigo —le susurro, sintiendo que mi voz también tiembla.Sus ojos se clavan en los míos, llenos de lágrimas, de miedo y de fuerza al

  • Por fin te encontré    Dulce espera

    Casi dos meses despuésNew YorkKarinaMe habían llamado de urgencias de la obra. Necesitaban que Lance o yo tomáramos una decisión inmediata sobre una modificación. Habían intentado localizarlo sin éxito; yo misma lo llamé varias veces hasta que recordé, gracias a Ana, que estaba en una reunión importante con un cliente y tardaría en salir. No me quedó otra opción que hacerme cargo. Llamé al chofer de la familia para que me llevara a la casa, mientras esperaba que mi esposo entendiera la situación cuando se enterara.Lupe, por supuesto, insistió en acompañarme. Y aunque traté de convencerla de que no era necesario, no hubo manera de sacármela de encima.Y ahora estoy en la casa, caminando despacio entre los pasillos recién pintados, con ese olor penetrante a madera nueva y cemento fresco. El ingeniero me recibe con planos en mano, la frente perlada de sudor, claramente nervioso.—Señora Mckeson, qué alivio que pudo venir —dice, extendiéndome los papeles—. Tenemos un problema con la in

  • Por fin te encontré    Un nuevo hogar, una nueva vida

    Dos días despuésNew YokLanceAyer, en la oficina, invité a mamá y a Cristina a almorzar en nuestro departamento. Karina hizo lo mismo con su familia. Hoy es el día. La mesa ya está lista, el aroma de la comida invade la sala, y yo no paro de caminar de un lado a otro como si eso fuera a calmarme.De pronto, Karina sale del dormitorio. Viste un vestido suelto de maternidad que la hace ver aún más hermosa. Me acerco enseguida.—Estás preciosa, amor… —le digo, tomándole la mano y mirándola de arriba abajo con orgullo.Ella sonríe con timidez.—Gracias. Es cómodo, aunque… —se acaricia el vientre con cierta inseguridad—. ¿No me veo gorda?—Todavía no. Y aunque lo estuvieras, me volverías loco igual. Esa pancita… te hace ver aún más adorable —respondo, acariciando su vientre.El timbre de la puerta corta el momento. Los dos nos miramos.—Deberías abrir —dice ella, nerviosa.—Sí… ¿lista? —pregunto, soltándola despacio.—Lista. Todo va a salir bien —contesta, aunque su voz tiembla.Respiro h

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status