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Confesiones y verdades (1era. Parte)

last update Data de publicação: 2021-04-09 05:00:59
Lunes

New York

Karina

Después de la cena con los amigos de Lance, me quedé en mi cama dando vueltas a todo lo que había dicho Amanda. ¿Acaso Lance había tenido un hijo? ¿Por qué nunca me lo contó? ¿Qué había pasado con ese niño? Me sentí traicionada, confundida… Creí que entre nosotros no había secretos, que todo era transparente, pero me equivoqué. No podía ignorarlo. Tenía que hablar seriamente con él y aclarar cada duda antes de dejar que mi corazón se llenara de sospechas y celos.

Y ahora es
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  • Por fin te encontré    Revelaciónes

    Al día siguienteAspenLanceMe despierto con los primeros rayos de sol colándose por la ventana, los ojos aún entrecerrados por el sueño. Busco a Karina con las manos y la encuentro sentada en el borde de la cama, el cabello oscuro cayendo en cascada sobre sus hombros, mientras habla por teléfono. Una sonrisa se dibuja en mis labios; todavía recuerdo su reacción ante la sorpresa de anoche: la cabaña rústica, la vista de las montañas cubiertas de nieve, la cena junto a la chimenea, el regalo que le di… todo planeado para verla feliz.Me acerco por detrás, abrazo su cintura, y dejo mis labios rozando suavemente su cuello. Sus dedos se tensan y me hacen señas para que me contenga, pero no puedo. Me siento a su lado, nuestras piernas se rozan, y lentamente la atraigo hacia mí.—¿No te puedes controlar? —dice con un hilo de voz, entre risas y reproches mientras su respiración se acelera.—No quiero —susurro, con suavidad, acariciando su espalda y guiándola con mis brazos.La miro a los ojo

  • Por fin te encontré    Escapada romántica

    Meses después, febreroNew YorkKarinaHe vuelto a la oficina este último mes, solo por las mañanas, y siento que poco a poco todo retoma su ritmo natural. Lance está encantado con mi regreso; cada día me recuerda lo mucho que aprecia que pueda organizarme un poco entre el trabajo y Emma. Nuestra hija crece demasiado rápido: está por cumplir cinco meses el 21 de febrero. Mi cumpleaños fue el 17 de enero, y siguiendo la insistencia de las chicas lo celebramos un día antes con una noche solo de mujeres. Por supuesto, Lance se encargó de Emma con la ayuda de Lupe, demostrando una vez más que es un padre maravilloso: atento, cariñoso y siempre pendiente de nuestra hija, desde que llega a casa hasta la hora de acostarla.Desde hace semanas busco el regalo perfecto para nuestro aniversario. Quiero que sea algo que realmente signifique algo para él. Recordé que desde que lo conocí siempre mencionaba un libro que le había fascinado en su juventud: Si hubiera un mañana de Sidney Sheldon, una pr

  • Por fin te encontré    Adaptándonos al amor

    Un mes despuésNew YorkKarinaEstos días han sido de adaptación. Emma se despierta varias veces cada noche, pero Lance, por más cansado que esté, corre a atenderla y me la entrega para que la alimente. La casa todavía me resulta extraña; estar tan lejos de Central Park me cuesta, pero él se las arregla para que almorcemos juntos todos los días. Estrenamos la cama hace poco, y entre caricias, besos y juegos, encontramos nuestra manera de amarnos. Aún no podemos estar juntos como deseamos, pero Lance siempre me recuerda que me ama y que me espera.Mientras termino de arreglar a Emma, ajustándole la ropita y poniéndole los últimos detalles, siento los brazos de Lance rodeándome por detrás. Un beso cálido roza mi mejilla, y su susurro me recuerda que debemos apurarnos.—Amor, debemos apurarnos, se nos hace tarde —susurra robándome otro beso.Intento ponerle los zapatos a Emma, pero la pequeña se queja y se mueve con impaciencia.—Princesa, mamá no entiende que no te gustan los zapatos —br

  • Por fin te encontré    El milagro de Emma

    El mismo díaNew YorkLanceJamás pensé que llegaría este momento. Durante meses viví con el miedo de que la historia volviera a repetirse, de que Karina y yo jamás pudiéramos ser padres. Dos abortos bastaron para marcar mi corazón y convertir cada control médico en un suplicio. Aunque intentaba sonreír, la incertidumbre me devoraba por dentro.Pero ahora estoy aquí, con el corazón latiendo tan fuerte que siento que va a estallar. Me pongo la bata quirúrgica y la mascarilla con manos temblorosas. Respiro hondo y entro al quirófano.El ambiente es eléctrico: luces blancas intensas, el pitido constante de los monitores, voces apresuradas de enfermeras. Karina está en la camilla, con el sudor corriendo por su frente y el cabello pegado a las sienes. Sus gritos desgarran el aire, me perforan el pecho.Corro hacia ella, tomo su mano.—Amor, tú puedes… estoy contigo —le susurro, sintiendo que mi voz también tiembla.Sus ojos se clavan en los míos, llenos de lágrimas, de miedo y de fuerza al

  • Por fin te encontré    Dulce espera

    Casi dos meses despuésNew YorkKarinaMe habían llamado de urgencias de la obra. Necesitaban que Lance o yo tomáramos una decisión inmediata sobre una modificación. Habían intentado localizarlo sin éxito; yo misma lo llamé varias veces hasta que recordé, gracias a Ana, que estaba en una reunión importante con un cliente y tardaría en salir. No me quedó otra opción que hacerme cargo. Llamé al chofer de la familia para que me llevara a la casa, mientras esperaba que mi esposo entendiera la situación cuando se enterara.Lupe, por supuesto, insistió en acompañarme. Y aunque traté de convencerla de que no era necesario, no hubo manera de sacármela de encima.Y ahora estoy en la casa, caminando despacio entre los pasillos recién pintados, con ese olor penetrante a madera nueva y cemento fresco. El ingeniero me recibe con planos en mano, la frente perlada de sudor, claramente nervioso.—Señora Mckeson, qué alivio que pudo venir —dice, extendiéndome los papeles—. Tenemos un problema con la in

  • Por fin te encontré    Un nuevo hogar, una nueva vida

    Dos días despuésNew YokLanceAyer, en la oficina, invité a mamá y a Cristina a almorzar en nuestro departamento. Karina hizo lo mismo con su familia. Hoy es el día. La mesa ya está lista, el aroma de la comida invade la sala, y yo no paro de caminar de un lado a otro como si eso fuera a calmarme.De pronto, Karina sale del dormitorio. Viste un vestido suelto de maternidad que la hace ver aún más hermosa. Me acerco enseguida.—Estás preciosa, amor… —le digo, tomándole la mano y mirándola de arriba abajo con orgullo.Ella sonríe con timidez.—Gracias. Es cómodo, aunque… —se acaricia el vientre con cierta inseguridad—. ¿No me veo gorda?—Todavía no. Y aunque lo estuvieras, me volverías loco igual. Esa pancita… te hace ver aún más adorable —respondo, acariciando su vientre.El timbre de la puerta corta el momento. Los dos nos miramos.—Deberías abrir —dice ella, nerviosa.—Sí… ¿lista? —pregunto, soltándola despacio.—Lista. Todo va a salir bien —contesta, aunque su voz tiembla.Respiro h

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