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XVIII Cansancio

Autor: NatsZ
last update Fecha de publicación: 2025-08-21 13:42:45
Arrodillada en el suelo, Bri recogía el que iba a ser el desayuno de Ava.

—¡¿Acaso esperabas que comiera estas manzanas?! ¡Están agrias! —Ava lanzó la que tenía en la mano y golpeó la cabeza de la sierva.

Las manzanas estaban perfectas, tanto en apariencia como en aroma; habían sido cosechadas apenas el día anterior.

—Mi señora, ni siquiera las ha probado —replicó Bri, sobándose la sien.

—¡¿Esperas que lo haga y enferme?! ¡¿Es eso lo que planean tú y el cocinero ese con el que te rev
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Último capítulo

  • Prisionero bestia   Epílogo

    Reino de Balardia, palacio real Desde todos los rincones del reino llegaban los presentes que buscaban festejar al príncipe Lud en su cumpleaños número tres. Era poco tiempo, pero nadie que lo conociera podría negar que ya había vivido más que cualquiera de su edad. Y la gratitud de Eris por su buena salud se manifestó con múltiples ofrendas. Partió su día visitando el templo con Lud y llenando de flores el altar de la diosa Asta. Eran las que ella misma cultivaba en un jardín, junto al huerto de Eladius. Él había elaborado preparados nutritivos que hacían crecer a las plantas sanas y hermosas. Incluso estaba creando nuevas variedades. Rosas de todos los colores le llevó a la diosa Asta y las blancas se las entregó a Akal. Acompañado de su dulce fragancia, el Liak fue hasta el valle del Zazot y dejó la ofrenda de su esposa en las catacumbas donde reposaban las cenizas del supremo. En sumo silencio las fue ordenando en bellos floreros que compró en el mercado. —Gracias

  • Prisionero bestia   LXV Regreso a casa

    —¿Yo el alfa supremo? —cuestionó Kaím. Akal y él ya habían hablado del tema, pero ahora era mucho más que una mera posibilidad—. Sería todo un honor, aunque no estoy seguro de merecerlo del todo. —¿Cómo que no? —replicó Akal—. Tú lideraste las tropas contra Rakum y dominaste todo el valle, perdiendo incluso un hermano en el proceso. Nadie se lo merece más que tú, y si el consejo no está de acuerdo, que me nombren a mí. Abdicaré de inmediato y te pondré en mi lugar. Akal era persistente, había que reconocerlo. Y había que reconocer que, aunque se hallaba entre ellos, no se sentía como uno. Su lugar estaba más allá del valle, con los humanos. —Perdí un hermano, pero gané a otro —dijo Kaím—. Con gusto dirigiré el valle en tu nombre, Akal, y lo volveré más próspero de lo que nunca ha sido. Así, cuando vengas a visitarnos, tendrás una idea de cómo era la gloriosa época en que nuestro padre era el alfa y vivíamos a su alero. Era tarde para hablar con los miembros del consejo, pero solic

  • Prisionero bestia   LXIV Nuestros destinos

    La intensa y cálida luz que se coló desde el salón del alfa se extinguió, junto con el aliento de quienes aguardaban afuera. Akal fue hacia las puertas, deseando empujarlas para meterse dentro y sacar a Eris y a su hijo, alejándolos para siempre de las garras del supremo. Entonces los guardias se apartaron y las puertas se abrieron. Eris apareció, con expresión desolada y el rostro lloroso. Estaba sucia, cubierta de polvo, pero seguía viva; ambos lo estaban. Akal la estrechó en sus brazos al tiempo que los guardias ingresaban al salón y volvían a cerrar las puertas.—¿Ese desgraciado te arrastró por el suelo? Estás toda cubierta de polvo. —No es polvo... Son sus cenizas. Le he dado lo que me dio un día y se ha cerrado el ciclo. Su espíritu ha vuelto con los antiguos y yo he vuelto a ser quien era: Eris, la de los cabellos negros, de la aldea Forah —balbuceó, sin duda conmocionada por lo que había pasado, porque Akal no entendía una palabra de lo que decía. No entendió hasta que la

  • Prisionero bestia   LXIII Su propósito

    No hub0 palabras, no hub0 razones que expresara Akal que pudieran hacer a Eris desistir de su idea, por descabellada que fuera. «Yo resolveré esto», había dicho ella y parecía convencida, como cuando estuvo convencida de que lograría sobrevivir a un esposo trastornado, o cuando estuvo convencida de que lo sacaría de las mazmorras donde Akal era prisionero; o cuando estuvo convencida de que habría un lugar y un tiempo para que vivieran su amor en libertad. Sin embargo, entregarla al alfa supremo era renunciar a ella, era perderla. «No soy tuya, Akal. Me pertenezco a mí misma y eso no cambiará; jamás volveré a pertenecerle a nadie. Confía en mí». Fue en aquel momento que Akal comenzó a pensar que ella tenía un plan. Y decidió confiar. El alfa supremo había citado a los alfas de las manadas del valle para encomendarles la búsqueda, y solo los alfas asistieron para informarle de los resultados de tal misión. Kaím, Gunt y Akal eran los únicos que quedaban. —Los hijos de Asraón —come

  • Prisionero bestia   LXII Desición

    En la confortable habitación que estaba pronta a mancharse de sangre, las palabras pronunciadas por Kaím retumbaban en los oídos de Akal. No quería creerlas. Listo para desgarrar la garganta de su hermano, se aferraba al deseo de que no fuera necesario hacerlo y que todo se resolviera por la paz. ¿Cómo borrar de su mente lo que había visto sin arrancarle la cabeza? Y la felicidad de Gunt, tan dichoso por la salud restablecida de su hermano, se extinguiría con la misma crueldad. Lo peor de todo: tendría que matarlo también, y a Tek, a todos. Si existía la más mínima posibilidad de que alguien lo buscara a él o a su familia por venganza, ahora o en diez años, tendría que matarlos a todos; eso incluía a la pequeña hija de Kaím, que apenas vislumbraba las luces del mundo y pronto conocería sus peores sombras. Todos perecerían para que Eris y Lud vivieran.—La búsqueda ha terminado —dijo Kaím, y el cuerpo de Akal se tensó como el de un gato listo para el ataque—. Ante mis ojos veo al futu

  • Prisionero bestia   LXI De vuelta a la vida

    Al ver que Eris había llegado por su cuenta al valle, Akal prácticamente se lanzó de su caballo. La abrazó, escondiéndole el rostro en su pecho para que nadie la viera y se la llevó hacia el interior de la mansión.—¡¿Por qué has venido?! Me juraste que te quedarías en Balardia. ¡¿De qué vale tu palabra?! —Había información que yo debía poseer porque me involucraba y me la ocultaste. No tienes razones para reclamar —replicó Eris.—¡Porque intentaba protegerte! Es todo lo que intentaba hacer, protegerte. Pero vienes aquí y te muestras como si nada frente a quienes te están buscando. ¡Lo has arruinado todo! —Cuida tus palabras cuando le hables a la reina —le advirtió Kemp, apareciendo por un pasillo.La consternación de Akal alcanzó nuevos límites al ver que el guardia cargaba a Lud en sus brazos.—¡¿Trajiste a nuestro hijo?! Lud respondió con llanto a los gritos de su padre. En su hogar, en Balardia, nadie gritaba. —Eris... ¿Por qué? —habló Akal, empujando el aire apenas—. Nos has

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