ログインCAPÍTULO 26Fabricio se quedó por unos segundos, procesando lo que había dicho Maya, sintió que su ánimo se alteraba y tuvo que apelar a su actitud de CEO para no mostrarle a su “prometida” que, inevitablemente, se estaba involucrando emocionalmente en los problemas de ella, no solamente quería saber superficialmente, quería todos los detalles para poder ayudarla en lo que necesitara. –¿Qué tiene que ver Genoveva con tu situación? –Según lo dicho por él, Genoveva le advirtió que debía buscar asesoría legal antes de que yo pudiera reclamarle dinero por la paternidad. –¿Eso te dijo? –preguntó Fabricio enderezando la espalda. –Así es. –¿Qué le respondiste? –Que mis hijos no son instrumentos de negociación y que no necesitan nada de él. –Bien –señaló Fabricio en un gesto de aprobación. –No voy a permitir que él o Genoveva interfieran en mi vida, yo tomo mis propias decisiones y decido cómo mane
CAPÍTULO 25Él no se detuvo a reflexionar sobre lo que su mente estaba rechazando, simplemente dejó que su boca actuara. –¿Estás con Fabricio Sotomayor? –preguntó. –Mi vida personal no es el motivo de esta reunión –respondió Maya fríamente. –¿Piensas casarte con él? –Eso tampoco está en discusión aquí. El tema entre nosotros es sobre los niños, Aurora y Rodrigo, nada más. –No puedo creer que hayas seguido adelante de esta manera –señaló Luis Daniel apretando el vaso que tenía en la mano hasta perder el color en los dedos. –¿De qué manera específicamente esperabas que yo siguiera adelante? –inquirió Maya con una sonrisa un poco irónica y él no contestó–. Acaso… ¿Esperabas que me quedara llorando por ti? ¿Qué mi vida se detuviera porque nuestro matrimonio había terminado? –No, no es eso. –¿Entonces? Porque pareces muy sorprendido de que yo haya continuado, de que haya podido salir adelante si
CAPÍTULO 24En ese momento, el camarero se acercó para tomarles la orden. Maya pidió una ensalada y agua. Luis Daniel apenas miró la carta antes de solicitar lo mismo de siempre.Cuando quedaron nuevamente solos, él retomó la conversación. –Maya, sé sincera conmigo, ¿por qué no me lo dijiste? –El día que el médico me confirmó el embarazo y que eran dos niños fui a la clínica –Luis Danel se tensó al escucharla–. Caminé emocionada hasta tu consultorio, iba imaginándome lo feliz que te pondrías cuando te lo dijera, pero me encontré con una conversación y una escena que no daba lugar a dudas. –¿Me viste con Emily? –Te vi traicionándome, destruyendo cinco años de matrimonio, ese día rompiste mi corazón, pero también cerraste toda posibilidad de que formáramos una familia. –Pero eran mis hijos. –Nuestra relación terminó ese mismo día, de lo único que hablamos fue del divorcio. Yo tenía que seguir adelante con mi vida, y
CAPÍTULO 23Esa mañana, desde que cruzó las puertas del edificio Sotomayor, Maya sentía una opresión en el pecho, eso la obligó a caminar casi de puntillas, no miró a nadie, apresuró el paso, subió al ascensor y se encerró en su oficina, tenía en mente que ese día emitiría el informe final sobre la estrategia asiática, había puesto todo su empeño y sabía que era un excelente trabajo.No salió a buscar el café de siempre, no desayunó, simplemente evitó exponerse, sintiendo la misma sensación de que, en cualquier momento, algo pasaría, a media mañana el teléfono de la oficina repicó. –Buenos días. –Maya, aquí te buscan –dijo la voz que ella reconoció como la de la recepcionista–, baja porque Fabiana no autorizó que recibieras visitas en tu oficina. –¿Quién me busca? –Un hombre, ¿quieres que lo registre para saber quién es? –respondió la chica y Maya arrugó el ceño por la brusquedad de sus palabras. Resopló y dijo: –Ya voy a baj
CAPÍTULO 22El domingo transcurrió aparentemente normal, sin embargo, Maya observaba a su hijo Rodrigo leyendo concentrado en el sofá y no dejaba de recordar su actitud en el patio del colegio mientras caminaba de la mano de Fabricio, llevaba una sonrisa y el mentón levantado.Cerró los ojos, suspiró profundamente y se dijo que solo por momentos así valdría la pena el paso que estaba por dar con Fabricio Sotomayor.En su mansión, lujosa, amplia y solitaria, Fabricio había despertado y al tiempo que tomaba el desayuno en la terraza de su habitación, contempló la cinta que todavía rodeaba su muñeca izquierda y de la que no había hecho intento de quitarse, en la misma decía “Papá de Rodrigo” y eso le provocó un amago de sonrisa.Al otro lado de la ciudad, Luis Daniel esquivaba, una vez más, la mirada de su esposa, no había podido enfrentarse a ella desde que regresó de su reunión con Genoveva. Con el pretexto de revisar unas pacientes para darles el alta salió del fabuloso apartamento en
CAPÍTULO 21Luis Daniel seguía asimilando la noticia de que Maya tuvo mellizos y nunca se lo notificó, lo primero que experimentó fue una especie de desconcierto porque no lo creyó posible al instante, pero enseguida le dio paso a una mezcla de orgullo herido con miedo y resentimiento, había rabia porque un hecho tan importante como ese ella había decidido ocultárselo.Ante el silencio de Luis Daniel, Genoveva insistió:–Mi impresión es que Maya pretende utilizar a sus hijos para exigirle dinero, no debería permitir que lo tome por sorpresa.–Ella tomó la decisión unilateral de ocultarme su existencia, yo no tendría por qué cargar con las consecuencias de sus decisiones –pronunció con determinación a manera de defensa.Sin embargo, en su mente seguía repitiéndose que tenía dos hijos de siete años con su exesposa … “Me perdí siete años de mis hijos” –pensó, pero lo expresó en voz alta y Genoveva, que seguía sentada frente a él observándolo sin perder detalle, señaló con absoluta tranqu







