INICIAR SESIÓNSophia«¿Te quedarás conmigo para siempre?».«Sí, para siempre, Ethan».Después de besarnos, Ethan pareció reaccionar de repente y recordar el aspecto que tenía en ese momento. Se puso de pie un poco torpemente y se pasó una mano por los labios resecos y la barba áspera que le cubría el rostro.Junté los labios y noté que, en realidad, estaban suaves e hidratados.Miré hacia la pequeña mesa que habían colocado junto a la cama. Encima había medicamentos, un vaso de agua y una cuchara dentro del vaso.Casi podía imaginármelo: aquel hombre sumergiendo cuidadosamente la cuchara en el agua y utilizándola para mantener mis labios hidratados mientras yo permanecía inconsciente.Sobre la mesa había archivos y documentos esparcidos por todas partes. Parecía que Ethan había convertido aquella esquina de la habitación en una especie de oficina improvisada y llevaba quién sabía cuántos días trabajando desde allí.«Gracias, Ethan».Sentí el pecho lleno de emoción mientras levantaba la mirada hacia
MaxPara cuando regresamos a la Manada, Ethan estaba completamente cubierto de la sangre de la señorita Sophia. Su aspecto era absolutamente espantoso.En cuanto cruzó las puertas de la casa de la manada, todas las personas que todavía estaban allí se quedaron paralizadas. Nadie se atrevió a pronunciar una palabra; incluso respiraban con cuidado, casi en silencio. Algunas de las criadas que habían llegado a encariñarse con la señorita Sophia ya lloraban suavemente en los rincones. La madre de Ethan estaba al frente del grupo, con una expresión tranquila y serena. Su sola presencia conseguía evitar que el pánico se apoderara por completo de todos.Ethan se movió rápidamente, llevando a la señorita Sophia directamente a su habitación, donde el equipo médico ya lo esperaba. En la Manada no faltaban médicos ni cirujanos y, además, la madre de Ethan había conseguido, de alguna manera, traer personal médico adicional de otras manadas aliadas en un tiempo récord.La acostó con delicadeza sob
«Debería haberlo cortado… No sé qué salió mal…», tartamudeó Lila, luchando por encontrar las palabras adecuadas. Sus ojos temblaban de miedo mientras me miraba.«Sophia, ¿estás bien?».«¡Zyra!».Escuché la voz de Zyra, temblorosa por una mezcla de miedo, rabia y preocupación. Apenas podía asimilar cómo había conseguido resistir los efectos de aquel asqueroso polvo y aparecer allí para salvarme… para salvarnos.Gracias, Zyra.Oye, vivimos juntas nuestra vida anterior. No haber podido protegerte en aquel momento siempre ha sido mi mayor arrepentimiento. No voy a permitir que vuelva a suceder.Marcus Blackthorn me observaba con el ceño fruncido, como si no estuviera seguro de cuánta fuerza me quedaba en esta forma. Pero solo yo conocía la verdad: Zyra acababa de dar absolutamente todo lo que tenía en aquel último ataque. Ya no nos quedaban fuerzas. Cualquiera que fuese la medicina que aquella zorra le había administrado, estaba haciendo su trabajo demasiado bien.«¿Qué estás esperando, M
SophiaAlgo feroz y visceral surgió de lo más profundo de mi interior: una negativa furiosa y ardiente a permitir que aquello terminara de la misma manera.La adrenalina recorrió mi sangre como una chispa sobre madera seca, y mi cuerpo reaccionó antes incluso de que mi mente terminara de formular el pensamiento. Me lancé hacia un lado y la daga que iba dirigida directamente a mi corazón no alcanzó su objetivo.Lila apretó los dientes y volvió a atacar de inmediato.El filo helado de la hoja pasó rozando mi brazo. Me retorcí con fuerza para esquivarlo, pero no conseguí apartarme lo suficiente. La punta me alcanzó la piel y abrió un corte fino. La sangre comenzó a brotar y a deslizarse lentamente por mi brazo en oscuros regueros.Verla hizo que todos mis sentidos se agudizaran.Ya había vivido aquel momento antes. Sabía perfectamente lo que estaba en juego. No se trataba únicamente de mi vida. Si moría allí, el vínculo de pareja se rompería y todo lo que Ethan había construido, así como
EthanIncluso con el vínculo que nos unía, localizar con exactitud a Sophia resultó imposible. Lo único que tenía era aquella sensación: una inquietud profunda y persistente que se hacía cada vez más intensa cuanto más tiempo permanecía fuera de mi alcance.Tenía que encontrarla. Ahora mismo.Atravesé las puertas del salón y descubrí que la mayoría de los miembros de la manada ya estaban reunidos, esperándome. Caminé directamente hacia el frente, me senté en el asiento que había allí y recorrí con la mirada cada rostro de la sala, con el ceño profundamente fruncido.Pasaron otros tres minutos antes de que entraran los últimos, llenando por completo el salón. No tenía paciencia para andarme con rodeos. Levanté el documento que llevaba en la mano y dejé que mi voz resonara por cada rincón de la estancia.«¿Quién falsificó esto?».No alcé la voz, pero dejé que todo el peso de la autoridad de un Alfa se reflejara en ella. Una presión silenciosa que se extendió por el aire y alcanzó a cada
Murmuré algo entre dientes mientras revisaba el gran cajón incorporado en uno de los laterales del escritorio. Allí solían guardarse los documentos importantes de la manada; eso era algo que había aprendido durante el tiempo que ya había pasado revisando los archivos de aquel despacho.Saqué una gruesa pila de documentos y comencé a ordenarlos, buscando los años que tenía en mente. Mientras levantaba otro montón, una hoja suelta se deslizó desde algún lugar del medio y cayó flotando hasta el suelo.Dejé los documentos sobre el escritorio y me agaché para recogerla. En cuanto pude distinguir el encabezado, mis ojos se detuvieron en él.Propuesta para la adquisición del territorio de la Manada Ironclad.Me incorporé lentamente y empecé a leer el documento. Cada palabra. Con cada línea, sentía que el corazón se me hundía un poco más.Proponer una alianza con Sophia Evergreen como medio para adquirir el territorio de la Manada Ironclad… con el objetivo de ampliar el alcance de la Manada E







