LOGINEL SINDICATO DEL MAL
Pedro estaba sentado detrás de su escritorio con el portátil abierto, un porro descansando entre sus labios mientras esperaba impaciente el regreso de sus hombres. Toda la operación había salido exactamente según lo planeado, y no podía esperar a ver la grabación antes de enviarla a los demás clanes de la mafia, especialmente al Padrino Marco. Quería que todos vieran lo fácil que había eliminado al hombre al que todos llamaban la columna vertebral de Marco. Un golpe apresurado sonó en la puerta. —Don. Pedro frunció el ceño antes de levantarse y seguir al guardia hacia afuera. En cuanto salió al recinto, su expresión se oscureció. Filas de cuerpos yacían en el suelo: los veinte hombres que había enviado tras Alessandro. Todos habían sido abatidos a tiros. —¿Él… los mató a todos? —murmuró Pedro con incredulidad. —Sí, Don —respondió el guardia en voz baja. Otro hombre se acercó corriendo con un portátil y abrió la grabación de las cámaras ocultas. El video mostraba a Alessandro sobreviviendo a la explosión antes de alejarse tambaleándose mientras los hombres de Pedro lo perseguían. Incluso después de recibir varias balas, siguió luchando hasta que finalmente desapareció de su vista. Pedro sonrió con suficiencia. —No puede sobrevivir a esas heridas. La sonrisa desapareció lentamente de su rostro cuando la pantalla mostró a una joven arrastrando a Alessandro hacia un pequeño apartamento. Sus ojos se entrecerraron. —¿Quién es ella? —Investigué sobre ella después de ver las imágenes —dijo su mano derecha—. El resultado me sorprendió. Pedro se volvió hacia él. —Habla. —Se llama Harmony Argento. Es la hija del Doctor Antonio Argento. Las cejas de Pedro se elevaron. —¿Antonio Argento? ¿El doctor que desapareció hace años? —El mismo, Don. Una lenta sonrisa se extendió por el rostro de Pedro. —Interesante… Miró el rostro de Harmony en la pantalla antes de soltar una risa baja. —Esto se acaba de volver mucho más entretenido de lo que esperaba. Cerró el portátil. —Preparen a cincuenta hombres. Su sonrisa se amplió. —Creo que es hora de hacerle una pequeña visita a la señorita Harmony. --- **LOS SEGADORES IMPLACABLES** El cuartel general de Los Segadores Implacables estaba tan intimidante como siempre. El humo de cigarrillos flotaba perezosamente por los pasillos, mezclándose con el aroma a whisky y puros caros, mientras guardias armados permanecían en silencio en cada esquina. En cuanto Alessandro bajó de su auto, se dirigió directamente a la oficina del Padrino Marco. Marco levantó la vista del puro que tenía entre los dedos y sonrió. —Sabía que no morirías tan fácilmente. Alessandro permaneció inexpresivo. —Voy a matar a Pedro. Su voz era calmada, pero la intención asesina detrás de ella llenó la habitación. —Ya no me importa si atacar a otro clan va en contra de las reglas de la mafia. Marco se recostó en su silla. —Ya esperaba esa reacción. Dio otra calada a su puro antes de añadir: —Estoy más decepcionado de los hombres que abandonaron a su jefe. Ya están recibiendo el castigo que merecen. —Yo les ordené que se fueran —dijo Alessandro—. ¿El paquete llegó? —Sí. Marco lo estudió un momento. —¿Qué planeas hacer exactamente con él? La expresión de Alessandro no cambió. —Eso es privado. Marco sonrió con complicidad. —Entonces… ¿cuándo comenzará tu venganza? —Pronto. Una peligrosa sonrisa cruzó brevemente los labios de Alessandro antes de desaparecer con la misma rapidez. Marco asintió. —Sabes que siempre estaré detrás de ti. —Lo sé. Sin decir otra palabra, Alessandro se dio la vuelta y salió. Marco observó cómo se cerraba la puerta antes de soltar una risa suave para sí mismo. —Subestiman mi arma más grande… Exhaló lentamente una nube de humo. —Y él ni siquiera se da cuenta. Mientras Alessandro caminaba por el pasillo, una mujer de largo cabello negro se interpuso en su camino. —Venom. Snake sonrió seductoramente mientras cruzaba los brazos. —Te extrañé anoche. —Estoy cansado. Su fría respuesta no la hizo retroceder. —Podría ir a tu habitación esta noche. Deslizó un dedo por su pecho—. Te haré sentir mucho mejor. Alessandro apartó suavemente su mano. —Hoy no. Pasó junto a ella sin mirarla de nuevo. Ghost, la miembro femenina más joven del clan, observó todo el intercambio antes de reír por lo bajo. —Deberías rendirte de una vez. Él nunca va a fijarse en ti. La sonrisa de Snake desapareció al instante. Se giró lentamente, fulminando con la mirada a la mujer más joven. —Sigue hablando —dijo con frialdad—. Un día enterraré tu cuerpo donde nadie pueda encontrarlo. Ghost puso los ojos en blanco. —Qué dramática. Snake le lanzó una última mirada de advertencia antes de alejarse. Ghost simplemente se encogió de hombros y se dirigió de nuevo hacia el campo de entrenamiento. **HABITACIÓN DE ALESSANDRO** En cuanto Alessandro entró en su habitación, se quitó la camisa manchada de sangre y la arrojó al suelo. Heridas recientes cubrían su hombro y espalda, y la sangre seca hacía que las lesiones se vieran peor de lo que se sentían. El doctor del clan entró llevando un maletín médico y se puso manos a la obra de inmediato. —Deberías estar descansando en lugar de andar por ahí —murmuró mientras retiraba con cuidado los vendajes alrededor del hombro de Alessandro. Sus cejas se elevaron ligeramente. —Quienquiera que haya tratado estas heridas sabía exactamente lo que hacía. Alessandro permaneció en silencio. El doctor limpió cuidadosamente la herida antes de asentir para sí mismo. —La bala fue extraída perfectamente y los puntos están sorprendentemente limpios. Quien te salvó tiene conocimientos médicos. Antes de que Alessandro pudiera responder, la puerta del dormitorio se abrió de golpe. Un joven entró con un caramelo entre los labios y un portátil bajo el brazo. Hacker. El miembro más joven de Los Segadores Implacables. En cuanto vio a Alessandro, su rostro se iluminó. —¡Jefe! —exclamó feliz—. ¡Me alegra tanto que estés vivo! Alessandro ni siquiera lo miró. —Encuentra a Pedro. La sonrisa de Hacker desapareció de inmediato. —…Ni siquiera dijiste hola. Alessandro le lanzó una mirada. Hacker suspiró dramáticamente antes de colocar el portátil sobre la mesa y teclear a una velocidad increíble. —Pedro Romano. Cincuenta años. Líder del Sindicato del Mal. Una hija, un hijo, varios almacenes, tres negocios legales usados para blanqueo de dinero… Sus dedos continuaron volando sobre el teclado. —También tiene una finca privada fuera de la ciudad. —Ubicación —dijo Alessandro. —Estoy revisando. Pasaron unos segundos antes de que Hacker frunciera el ceño ante la pantalla. —Está en movimiento. —¿Dónde? —Aún no puedo decirlo. Su convoy se dirige a algún lugar fuera de la ciudad. Alessandro se levantó de inmediato. —Prepara a los hombres. El doctor levantó la vista bruscamente. —¿Te vas? —Apenas sobreviviste a un intento de asesinato —dijo el doctor, con frustración en su voz—. Tus heridas ni siquiera han cerrado. Hacker asintió repetidamente. —Jefe, el Padrino Marco me matará si te dejo salir así. Alessandro abotonó con calma una camisa negra limpia sobre sus vendajes frescos. —No estaba pidiendo permiso. Ninguno de los dos discutió de nuevo. Ambos sabían que era inútil. Hacker dejó escapar un suspiro derrotado antes de agarrar su portátil. —Esto va a terminar mal… Afuera, varios hombres armados ya se habían reunido junto a los vehículos que esperaban. En cuanto Alessandro apareció, se enderezaron. —Jefe. Él dio un solo asentimiento antes de subir al primer auto. En cuestión de segundos, el convoy salió a toda velocidad del recinto. --- **APARTAMENTO DE HARMONY** —¡Bienvenido a casa, Hard Guy! —Harmony sonrió radiante mientras se lanzaba a los brazos de su hermano en cuanto él entró. Hardin rio suavemente y la abrazó. —Te traje algo. Sus ojos brillaron. —¿De verdad? Él le entregó una caja envuelta con cuidado. Harmony rasgó el papel emocionada antes de jadear. Dentro había un par de hermosas zapatillas moradas. —¡Son… son moradas! Abrazó la caja antes de volver a abrazarlo. —¡Muchísimas gracias, hermano! Hardin sonrió, divertido por su emoción. —Sabía que te gustarían. —¡Me encantan! Él le acarició suavemente la cabeza. —Pruébatelas después. Voy a preparar el almuerzo. Justo cuando se giraba hacia la cocina, algo sobre la mesa llamó su atención. Una tarjeta negra. La tomó distraídamente. Las iniciales plateadas grabadas en la parte frontal lo dejaron congelado. A.D.S. El color desapareció lentamente de su rostro. —Harmony. Ella levantó la vista. —¿Sí? Su agarre alrededor de la tarjeta se apretó. —¿…De dónde sacaste esto? Ella sonrió con inocencia. —Un amigo me la dio. Su corazón se aceleró. —¿Qué amigo? —Un hombre. Estaba gravemente herido, así que lo curé antes de que se fuera esta mañana. Hardin la miró con incredulidad. —¿Tú… lo curaste? Ella asintió. —Parecía que iba a morir. Hardin cerró los ojos brevemente. Cuando los abrió de nuevo, el pánico había reemplazado por completo la expresión calmada de su rostro. —Nos vamos. Harmony parpadeó. —¿Qué? —Empaca lo que necesites. —Hermano… —Ahora. Nunca había escuchado ese tono en él antes. —¿Qué pasó? —Te lo explicaré después. Antes de que pudieran moverse, el sonido de varios motores resonó en la calle. Hardin corrió a la ventana. Su expresión se oscureció al instante. Una larga fila de vehículos negros ya había rodeado el apartamento.CINCO AÑOS DESPUÉSMILESTONE COLLEGEEl campus bullía de emoción. Estudiantes, profesores y familias se reunían para la ceremonia de graduación. Entre el mar de rostros, dos personas destacaban especialmente: Harmony y Alexander, también conocido como Hacker.Habían superado los altibajos de la vida universitaria y ahora recibían sus merecidos diplomas. Al cruzar el escenario, fueron recibidos con una ovación atronadora y vítores de sus amigos y seres queridos.Harmony y Alexander no solo habían sobresalido académicamente, sino que también se habían hecho un nombre en sus respectivos campos. Harmony se había convertido en una artista reconocida, y Alexander había revolucionado la industria tecnológica con sus innovadoras habilidades de hacking.Cuando aceptaron los premios como los mejores de sus departamentos, Alessandro no pudo evitar sonreír de orgullo. Siempre había sabido que eran especiales… y ahora el mundo entero también podía verlo.Alessandro, que una vez había sido miembro
La batalla entre los hombres de Rosario y los de Harmony era intensa. Ambos bandos intercambiaban golpes y ninguno lograba imponerse claramente. Sin embargo, a medida que el combate se prolongaba, quedó evidente que el bando de Harmony empezaba a ganar terreno.Alessandro era un torbellino de acero; su espada cortaba a los hombres de Rosario con facilidad. Virus dominaba el combate cuerpo a cuerpo, derribando oponentes con reflejos relámpago. Hardin era una fuerza imparable; su enorme fuerza lanzaba a los enemigos por los aires. Rico y Rica formaban un dúo mortal: sus armas no dejaban de disparar mientras abatían a un enemigo tras otro. Ghost y Reaper se movían como fantasmas, tan rápidos y silenciosos que parecían estar en todas partes a la vez. Stalker era una maestra del sigilo, eliminando oponentes desde las sombras. Y Mauler era una guerrera feroz; su fuerza y agilidad la convertían en una oponente formidable.Mientras la pelea continuaba, Rosario observaba con una creciente dese
A la mañana siguiente, los miembros aún dormían cuando la puerta se abrió de golpe y los arrastraron fuera del lugar.—¿Qué está pasando? ¿Adónde nos lleváis? —preguntó Rico, pero, como siempre, lo ignoraron.Los llevaron al exterior y los obligaron a arrodillarse frente a todo el clan. Rosario se levantó de su asiento. Una sonrisa astuta se extendió por su rostro.—Hoy vais a ser asesinados delante de todos mis miembros —anunció, con la voz goteando malicia—. Esto es para enviar un mensaje: no es inteligente meterse conmigo. Sin embargo, aún puedo perdonaros… si os levantáis y juráis lealtad hacia mí aceptando esta inyección especial.Hizo una pausa, esperando una respuesta. Nadie se movió. Roman miró a Mauler con los ojos suplicantes, pero ella apartó la vista, con expresión resuelta.La sonrisa de Rosario se ensanchó mientras contemplaba al grupo. —Veo que sois realmente leales —dijo, con tono sarcástico—. No entiendo cómo esos dos hombres lograron robarme a mis miembros más fuer
Rosario entró en la sala de control. Sus ojos se fijaron en Roman, que paseaba de un lado a otro con el rostro torcido en una mueca de enfado.—¿Por qué los dejaste ir? Podrías haberlos matado de una vez por todas. ¿Por qué, papá? —preguntó Roman, con la rabia palpable en la voz.Rosario se apoyó en el panel de control, con un dejo de diversión en el rostro. —¿Por qué estás tan alterado, Roman? Pensé que te gustaba la chica. Incluso planeaste secuestrarla en una ocasión —dijo con una sonrisa burlona.La expresión de Roman se oscureció. —No me gustaba ni la quería. Solo lo hice para enfadar a Alessandro. Sé que él la desea… y lo hice porque lo odio hasta las entrañas —respondió, apretando los dientes.Rosario levantó una ceja. —¿Y por qué ese odio? ¿Es porque él es más fuerte que tú?Los ojos de Roman centellearon de ira. —¡Eso no es! ¿Puedes decirme de una vez por qué los perdonaste?Rosario suspiró. Su expresión se volvió seria. —Porque esa chica es especial, Roman. Tiene u
—¡Harmony! —gritó Hardin con miedo mientras ella se acercaba a Hacker.Pero ella no parecía oír ninguna de sus voces. Llegó frente a él. Hacker tragó saliva nerviosamente, con los ojos fijos en el apretado agarre que ella tenía sobre la cadena. Levantó la vista hacia su rostro, pero ella no sostenía su mirada.—¿Hermana mayor? —la llamó con voz temblorosa, intentando alcanzarla.Harmony no respondió. Estaba demasiado lejos, consumida por la rabia y la ira que se habían acumulado en su interior. Levantó la cadena, lista para golpear. Hacker cerró los ojos, preparándose para lo peor.Pero justo cuando estaba a punto de golpearlo, Harmony se detuvo en seco. Fue como si algo la hubiera sacudido de vuelta a la realidad. Miró a Hacker con expresión confusa… y entonces sus ojos se abrieron de par en par al comprender lo que estaba a punto de hacer.—¿Hacker? —susurró, con la voz apenas audible.Soltó la cadena y dio un paso atrás. Lo miraba con lágrimas en los ojos. —¿Te he hecho daño? —pr
Alessandro observaba a sus dos hermanos con impotencia. Sus cuerpos débiles y frágiles contrastaban de forma dolorosa con su habitual fortaleza. Deseaba desesperadamente cuidarlos, pero las cadenas en sus manos y pies lo mantenían inmóvil.En ese momento entraron el Overlord Rosario, el señor Rodríguez y Roman. Los ojos del Padrino Marco se entrecerraron al contemplar a Alessandro.—No me alegra verte así. Había planeado revelarme dentro de un mes… o quizás de un año, cuando por fin me hubieras ayudado a conseguir todo el tesoro y el dinero que necesitaba —dijo.Alessandro lo miró con odio. La rabia y el resentimiento le hervían bajo la superficie. —¿Por qué mataste a mi familia? —exigió, con voz firme.El Padrino soltó una risa, aparentemente divertido por la curiosidad de Alessandro. —No pensé que fueras tan curioso —respondió, con tono sarcástico.—¡Dímelo! —gritó Alessandro, dejando que la frustración se desbordara.El Padrino levantó una ceja, con expresión severa. —No me l







