MasukDiosa Luna
Selene, La Diosa Luna, descansaba en su santuario, un palacio hecho de luz blanca y silencio que flota en lo más alto del cielo oscuro. El lugar parece un sueño tallado en cristal y hielo, con torres tan altas que tocan las estrellas y paredes de mármol que brillan con un resplandor suave y frío. En este reino no existe el sol; todo está envuelto en una neblina de plata que se mueve por los pasillos como si estuviera viva. El suelo es como un espejo dTour 80s: “Highway of Yesterday” (Autopista del ayer) *** AMARA Siete meses después Dejo escapar un suspiro de frustración mientras aparto la cara del libro para mirar por la ventanilla. No puedo creer que la gente juzgue tanto a Elizabeth por rechazar al Sr Darcy, el tipo, aún que guapo era un maldito engreído , grosero y egocéntrico que se creía el culo del universo. Además ella no dijo más que la verdad; "Desde el principio, casi desde el primer instante de mi conocimiento con usted, su comportamiento me convenció de su arrogancia, de su presunción y de su egoísta desdén por los sentimientos ajenos... y no hacía un mes que le conocía cuando supe que usted era el último hombre en el mundo con el que yo querría casarme". Suspiro una vez más, no sin dejar de recalcar lo insensibles y arrogantes que pueden llegar a ser los hombres. Intentó retomar mi lectura dejando de lado mi evidente molestia, pero me es imposible por el escándalo ensordecedor de mis compañeros. Lanzo una
Requiem 22 Almas en pena, prisioneras de sus propias cadenas. ***AMARA Tengo mucho miedo. Mis sábanas están mojadas y mi pijama me aprieta el cuello, como si la tela también me tuviera miedo y quisiera ahorcarme. No quiero estar aquí. Hace un ratito, antes de que los gritos empezaran, yo estaba en un lugar muy, muy bonito. Era un lugar donde no había paredes y yo podía volar sin que me dolieran las piernas. Todo era luz, una luz que no lastima los ojos, y yo era muy grande, tan grande que podía tocar el cielo y sentir el pulso de las flores. Pero de repente, algo me jaló. Me caí muy fuerte, como cuando te tropiezas en el patio, y aparecí aquí, adentro de este cuerpo que es chiquito, que pesa mucho y que se siente como una cárcel de carne. Me siento sucia, aunque mamá me haya bañado antes de dormir. Me duele mucho el pecho porque el aire de este cuarto está rancio, huele a cerrado y a cosas viejas. Lloro y lloro porque quiero regresar a mi casa, pero mis ojos solo ven las pared
Requiem 21 "Para los que se reconocen en el caos: que su único réquiem sea el eco de un beso que supo a despedida y a principio." *** ARYA Subo las escaleras del edificio sintiendo el cansancio del día en cada paso; el trabajo en la cafetería suele ser abrumador y más ahora que Amara no trabaja conmigo. He tenido que esforzarme el doble mientras Alaric contrata a otra mesera y, aunque es agotador, no me quejo, ya que mis jefes son buenas personas. Entro al departamento y lo encuentro en penumbras. Sé que mi amiga ya llegó, pues su bolso está en el sillón de la sala. Paso de largo directo a la cocina y veo que Amara ya ha preparado la cena. No puedo evitar sentirme más relajada al saber que ya ha comido; la última vez que cambió la dosis de su medicamento, pasó varios días sin probar bocado por el cambio tan drástico. Después de cenar, me dirijo a la habitación de Amara. Toco un par de veces y no hay respuesta, así que giro el pomo para percatarme de que está ahí. La veo pr
Requiem 20:«De la mano que bendice para luego golpear, líbralas. Del fuego que purifica consumiendo la inocencia, líbralas. Del silencio de un cielo que mira y no interviene, líbralas.» *** Psiquiatra Livia Sterling El Dr Marcos Ferrel recibió el expediente de cuero negro con una delicadeza casi ritual, como si sospechara que entre aquellas hojas no solo había notas clínicas, sino el peso de una tragedia. Lo depositó sobre su escritorio de nogal, justo al lado de un café que ya empezaba a exhalar sus últimos hilos de vapor. Durante varios minutos, el silencio en la oficina fue absoluto, roto únicamente por el roce rítmico del papel y el tic-tac de un reloj de pared que parecía marcar el pulso de una historia que se negaba a ser olvidada. Yo, lo observaba desde el otro lado, manteniendo mi postura rígida y mi mirada clínica, esperando el veredicto de la lógica. Para mí, Amara era un caso severo de fragmentación psíquica y riesgo suicida inminente; pero vi cómo la expresión d
Requiem 19: "Dales, Señor, el descanso que el mundo les negó; que la luz perpetua brille sobre sus heridas abiertas." *** Psiquiatra Livia Sterling. El consultorio quedó sumergido en un silencio gélido cuando Amara terminó de hablar. Como profesional, mi mente empezó a trabajar a una velocidad vertiginosa, procesando cada señal, cada microexpresión de su rostro. La Amara de la sesión anterior me había engañado; había intentado sostener una máscara de mejoría, o quizás yo quise creer en ella. Pero hoy, lo que veía frente a mí era el vacío absoluto. Esa forma de encogerse, el peso de sus hombros y, sobre todo, esa mirada fija en la nada, eran banderas rojas que no podía ignorar. Como psicóloga, sé que cuando el dolor deja de ser ruidoso y se vuelve una rendición silenciosa, el riesgo es inminente. El abismo ya no le daba miedo; la estaba seduciendo. Me quité los lentes y suspiré, sintiendo una punzada de preocupación real que trascendía los libros de texto. Tenía que actuar, t
Requiem 18: "Es el deseo de volverse humo cuando el cuerpo pesa como el plomo. Es buscar la paz de las cenizas porque el incendio de estar viva ya no tiene tregua." *** AMARA La oscuridad me estaba asfixiando, pero no era el aire lo que me faltaba; era él. Aunque mis ojos estaban abiertos, no podía verlo. Era una ceguera selectiva, una condena de sombras que me separaba de la única luz que mi alma reconocía. Estaba atrapada en un abismo helado, obligada a sentirlo todo sin el consuelo de una imagen, viviendo en la agonía de un recuerdo que se negaba a materializarse ante mí. Lo escuché llamarme, no era el que ahora poseo y la voz no entró por mis oídos; me partió el pecho por la mitad, destrozando cada defensa, cada muro de mi cordura. Grité. Fue un alarido de puro dolor, el llanto animal de quien lleva siglos muriendo de sed. Busqué con la mirada, desesperada, pero solo había vacío, un castigo absoluto: amar a un fantasma con una devoción que me aniquilaba, llevar su esencia







