แชร์

002. Serás mi concubina

ผู้เขียน: F. L. Diaz
last update วันที่เผยแพร่: 2026-02-24 05:07:21

El Alfa. La había mandado a llamar, finalmente había llegado el momento de tenerlo cara a cara.

Seguramente iba a rechazarla en ese instante antes de que se supiera en la manada que ella era su mate.

Su pecho se llenó de emociones que no pudo identificar por completo. Miedo, esperanza, confusión… todo al mismo tiempo.

Asintió sin confiar en su voz.

—Sí, Beta.

James giró sobre sus talones sin añadir nada más.

Nyxara lo siguió.

La mansión del Alfa estaba en la parte más alta del territorio.

Nyxara nunca había subido hasta allí, incluso entre los Omegas habían evaluaciones constantes para decidir quienes eran los más aptos para atender a sus líderes.

El camino de piedra ascendía entre árboles altos, cuyas copas filtraban la luz del sol. Cada paso que daba detrás del Beta James la alejaba más del mundo que conocía.

Su corazón no había dejado de latir con fuerza desde que salió del campo de celebraciones.

No había hecho preguntas, y lo cierto es que no creía tener derecho a hacerlas.

La mansión apareció ante ella tras una última curva. Era más grande de lo que había imaginado, con paredes de piedra clara y ventanales altos que reflejaban el cielo. No era ostentosa, pero imponía respeto. Era el hogar digno de un Alfa.

James abrió la puerta principal sin anunciarse.

El interior era silencioso.

El suelo de madera oscura estaba impecable, y el aire tenía un aroma suave, limpio, con un trasfondo a menta que hizo que el cuerpo de Nyxara reaccionara de inmediato.

Lo reconoció. Apretó los dedos con fuerza para mantener el control.

—Espera aquí —ordenó James.

Ella asintió, no podía hablar.

Se quedó de pie cerca de la entrada, consciente de cada detalle de su apariencia. Su ropa era sencilla. Sus manos aún conservaban pequeñas marcas del trabajo de esa mañana. Nunca se había sentido más fuera de lugar.

Entonces, otro aroma llegó.

Más amargo y ácido, dominante, como el limón sin madurar.

Nyxara levantó la vista de inmediato para divisar a una mujer descendía por la escalera principal. Era hermosa.

Su cabello rubio caía en ondas ordenadas sobre sus hombros, y su vestido claro se ajustaba con elegancia a su figura. Su mano descansaba sobre su vientre, seguro en un gesto inconsciente de protección.

La Luna Erica, con esos ojos azules glaciales que parecían tan afilados como las estalactitas.

Nyxara bajó la mirada de inmediato e inclinó la cabeza.

—Mi Luna —susurró con respeto.

El silencio que siguió fue pesado. La Luna no respondió de inmediato. Nyxara podía sentir su mirada sobre ella, recorriéndola sin disimulo.

—Levanta la cabeza —ordenó la Luna finalmente.

Nyxara obedeció.

Sus ojos se encontraron.

No había sorpresa en el rostro de la Luna, pero sí un profundo desprecio en sus orbes azules.

Su mirada descendió lentamente por el cuerpo de Nyxara, evaluándola como si fuera un objeto que no merecía estar allí.

—Así que eres tú —dijo.

No fue una pregunta, sino una afirmación. Nyxara no supo qué responder, sus manos comenzaron a sudar. ¿Qué debería responderle?

«Que somos las verdaderas mandamás aquí, nena» presumió su Loba. Eso la hizo respingar asustada. De todos los momentos en que Nerix estaba lúcida, tuvo que escoger ese.

—No imaginé que sería una Omega —continuó la Luna, su voz tranquila, perfectamente controlada—. Supongo que la Diosa tiene un sentido del humor peculiar.

Cada palabra fue precisa, daba en la llaga sin tener que usar palabras más fuertes.

Nyxara sintió cómo la vergüenza le subía por el pecho, pero no se movió.

La Luna dio un paso más cerca al ver que no respondía.

Su presencia era abrumadora, asfixiante. Era una Luna poderosa, tenía sangre Beta. Una Betara era casi tan inusual como las extintas Lunaras, que tienen sangre de Alfa.

—Debes estar confundida —añadió—. Este es mi hogar. Mi territorio. Mi familia.

Su mano se apoyó con más firmeza sobre su vientre, Nyxara siguió ese gesto sin querer.

—Mi hijo heredará todo esto.

El mensaje era claro: no había lugar para ella.

El sonido de pasos interrumpió el momento, era el Beta James de regreso en el momento justo.

—El Alfa la recibirá ahora.

La Luna no apartó la mirada de Nyxara.

—Por supuesto —respondió con suavidad.

Pero sus ojos no eran suaves.

James le indicó a Nyxara que lo siguiera, ella obedeció de inmediato, queriendo estar lo más lejos posible de esa mujer.

Podía sentir la mirada de la Luna en su espalda mientras se alejaba, como pequeñas hormigas trepando por su columna.

Finalmente, James se detuvo frente a una puerta, la cual abrió haciendo una reverencia final.

—Entra.

Nyxara cruzó el umbral.

Raphael estaba de pie junto a una de las ventanas.

La luz del exterior delineaba su figura, amplia, inquebrantable. No llevaba la ropa ceremonial del día anterior, sino prendas oscuras y sencillas que no disminuían en absoluto su presencia.

Él giró la cabeza cuando ella entró, sus ojos azul como el mar se posaron en ella, definitivamente eran más cálidos que los de su pareja.

El vínculo reaccionó de inmediato.

Nyxara sintió el impulso de acercarse, de cerrar la distancia, de pertenecerle... Pero se obligó a quedarse donde estaba, e inclinar la cabeza.

—Alfa.

El silencio se extendió mientras él la observaba.

No había calidez en su expresión, solo una neutra evaluación.

—Levanta la cabeza —ordenó.

Ella obedeció, la mirada del Alfa la recorrió sin prisa.

—Sabes por qué estás aquí —dijo él.

Nyxara dudó. ¿Debía ser atrevida o recatada?

«Atrevidamente recatada, grrrr», gruñó su Loba.

¡Pero qué le pasaba a esa!

—En realidad no, Alfa.

Se rehusaba a decir en voz alta la palabra "muerte". Ya sabía que iba a rechazarla, pero prefería fingir lo contrario por dignidad.

Él dio un paso hacia ella.

La diferencia de tamaño era más evidente de cerca.

—Eres mi mate.

Las palabras hicieron que su corazón se detuviera.

Él lo había dicho... no lo había negado ni lo había ignorado como imagino que haría.

La esperanza nació antes de que pudiera detenerla.

—Eso no cambiará mi posición —continuó él—. Mi Luna ya ha sido elegida. Mi heredero ya existe.

Cada palabra fue clara. Irrefutable.

La esperanza no desapareció por completo, pero ya no se sentía tan emocionada. Solo había un posible destino para ella...

—Aun así —añadió—, no permitiré que pertenezcas a nadie más.

Nyxara no respiró.

—Vivirás aquí.

Su mente intentó comprender, por un momento tuvo la esperanza de que...

—Serás mi concubina.

El mundo de Nyxara se redujo a esas palabras. No era una esposa, o una Luna.

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • Rechazada por el Alfa, Reclamada por el Rey Lycan   52. Legado familiar

    Más tarde, acompañada por Annika, visitó al Alfa Cassian y al antiguo líder, Thomas Thorne. Ambos la esperaban en una sala privada adornada con reliquias de generaciones pasadas. El aire tenía aroma a pergamino viejo, antiguo. Se preguntaba porqué habían solicitado su presencia con tanto misterio detrás. —Queremos mostrarte algo —dijo Cassian con solemnidad. Puso sobre la mesa un gran álbum cubierto en cuero con símbolos del viento. Lo abrió con cuidado, revelando páginas donde fotografías mágicas se movían suavemente como si respiraran. —Este es el legado de tu bisabuela —dijo Thomas—. Fue una mujer sabia que llegó con gran conocimiento aquí. Descubrió que era mate de mi padre y le conto sobre su gran misión con la Diosa Selene, él acepto claro está. Dayleen se quedó sin aliento. Era ella. La mujer del cuadro. Su reflejo más antiguo. Tenían la misma expresión desafiante, la misma curva en los labios, la misma chispa en los ojos. Le dolió el corazón por aquella mujer a la

  • Rechazada por el Alfa, Reclamada por el Rey Lycan   51. Mate verdadero

    Dayleen despertó con el sonido del viento silbando suavemente entre las cortinas de lino blanco. La luz era distinta en el reino del Aire, casi irreal. No había calor ni frío, solo una calma que parecía no pertenecerle. La marca de Xavier aún ardía en su cuello. Una mordida que decía “eres mía”, pero no disipaba su confusión. ¿Qué hombre vivía en su corazón? Uno la destruyó, y el otro lo estaba reparando. Annika tocó suavemente la puerta. —¿Estás lista? Hay un rito esta mañana. La Sacerdotisa del Aire unirá a una pareja de mates que cumplen dieciocho hoy. —¿Mates verdaderos? —Sí —asintió con una sonrisa nostálgica—. Es tradición aquí. Se les presenta ante la manada del Viento, y el vínculo se sella con el primer aliento del alba. La misma Selene bendice esa unión y brillará si es auténtica. Dayleen no sabía por qué sus pies la llevaron hasta el salón. Tal vez para entender lo que otros vivían. Tal vez para confrontar lo que a ella le fue arrebatado. ─────༻✧༺───── El

  • Rechazada por el Alfa, Reclamada por el Rey Lycan   50. Deseada por otro

    Al terminar el banquete, cuando la música se apagó y cada quien se retiró a sus cabañas semi flotantes, Cassian y Thomas la guiaron hasta un jardín privado. —Tenemos que contarte la verdad —dijo el anciano Alfa con tono serio. Frunciendo el ceño, se acercó para sentarse junto a ellos en la mesa de piedra. Y lo que escucho a continuación cambio por completo su forma de ver el mundo hasta ahora. Le explicaron que lo que conocían hasta ahora era apenas un fragmento del mundo. Que las manadas del oeste, del sur y del este no eran las únicas que existían. Existían otras repartidas más allá del velo protector, más allá de la zona de los pícaros; pero no todas estaban conectadas. Habían otras manadas elementales: hielo, rayo, sombra, espíritu… algunas en guerra, otras dormidas, aisladas de las otras. —Este mundo es más vasto de lo que imaginaste, Dayleen. Tu destino no es solo aquí. Es más grande —dijo Cassian con gravedad—. La abuela Maery nos dejó claras instrucciones acerca de la e

  • Rechazada por el Alfa, Reclamada por el Rey Lycan   49. Finalmente volvió

    El amanecer llegó demasiado rápido. Dayleen se incorporó con un sobresalto, la respiración entrecortada y la piel perlada de sudor. El eco de la risa de aquella diosa aún latía en sus oídos. —Venuket… —susurró—. Maldita seas. Su loba temblaba, y no era de miedo. Era por vergüenza. Por no haber podido protegerla. Aún eran débiles. Vulnerables a los ataques mentales de entidades más antiguas. Más oscuras. No conocían el alcanza de su propio poder ni cómo activarlo. Lo que sucedió con las sirenas no parecía que fuera a pasar nuevamente. ¿Cómo rayos pudo invocar el fuego para deshacer un hechizo? «Debemos fortalecernos, Dayleen. No podremos huir de todos los ataques. En algún momento tendremos que pasar a la ofensiva», dijo su loba con un susurro apagado. —Lo sé… —susurró ella mientras se envolvía en su capa—. Pero no quiero volver a sentirme así. Frágil. Está jugando con mi mente y no me gusta nada. ─────༻✧༺───── A medio día llegaron finalmente a la entrada del Reino del

  • Rechazada por el Alfa, Reclamada por el Rey Lycan   47. Caer en tentación

    El coraje le envolvía el corazón, la ira que sintió no desapareció. Pero no hizo nada, porque una mirada no era justificación para un asesinato. Necesitaba acciones contundentes... que no tardarían en llegar. Cuando todos se retiraron a dormir, Dayleen tardó en conciliar el sueño. El ambiente le escocía, como si algo estuviera rasgando dentro de su mente, se sentía incómoda y no podía cerrar los ojos con tranquilidad. Cuando pensó que al fin lo lograría, el silencio que tanto le inquietaba se terminó. Pequeños sonidos extraños llenaron el ambiente, no lograba asimilar qué era con exactitud. Pasaron unos segundos cuando un sonido particular tuvo sentido para ella. Se quedó sin aire. Y entonces lo entendió, porque pareció como si le subieran el volumen. Jadeos. Quejidos. Madera crujiendo. Gemidos ahogados. Se levantó sin hacer ruido. Siguió el sonido, apenas empujando la tela que separaba su pequeño espacio del de ellos… y ahí estaban. Una escena que le destrozó el alma, su c

  • Rechazada por el Alfa, Reclamada por el Rey Lycan   48. No le coquetees

    El camino hacia la manada de Aire no era tan apacible, justo como Xavier lo había prometido. El viento era más fuerte conforme avanzaban, y los árboles, aunque aún verdes en la copa por su altura, parecían sacudirse por miedo. Dayleen lo sintió primero. Un estremecimiento en su pecho, como si su loba quisiera advertirle algo, pero no tuviera palabras para explicarlo. —¿Lo sientes? —preguntó en voz baja. Xavier asintió desde su caballo. Sus ojos azul profundo escrutaban el horizonte con desconfianza. Había algo raro en el ambiente. La bruma se hizo más espesa cuando llegaron al límite del cañón que conectaba con las tierras altas de la manada de Aire. Lo que encontraron les robó el aliento. —El puente… —murmuró Annika. Dayleen clavó la vista. No quedaban más que escombros dispersos y trozos de cuerda colgando al vacío. El paso original estaba destruido, y no parecía ser un acto al azar, se veía reciente. Otra vez, alguien tratando de no dejarles avanzar. Solo un loco se at

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status