LOGIN—Ven, Olivia —decía Samuel—. Vamos a jugar con el cumpleañero. Olivia asintió, aún apenada, con las mejillas ligeramente sonrojadas. Le costaba hablar con los demás niños, incluso con Samuel y Matías, que eran sus mejores amigos desde que tenía memoria. Samuel, sin embargo, no parecía notar su incomodidad. Le sostenía la mano con total naturalidad, como si fuera lo más lógico del mundo. —¡Los estaba esperando! —Apareció Matías con aires de grandeza—. Olivia, mi cumple es hoy. ¡Felicítame! Matías tomó una postura recta, inflando el pecho como si llevara una medalla invisible. —¡Ya tengo tres años! —anunció, sintiéndose grande. Olivia no pudo evitar reír por su exageración y confianza. Samuel, que estaba a su lado, imitó la postura de Matías con una seriedad exagerada, y eso provocó una nueva ronda de carcajadas entre los niños. —¡Ahora tú, Olivia! —dijo Matías, señalándola—. ¡Tienes que hacer la pose de los tres años! Olivia dudó un segundo… y luego, con una sonri
Unos años después… Nicole terminó de alistar a su pequeño bebé de tres años, abrochando con cuidado los últimos botones de su diminuta camisa. El niño se retorcía entre risas, intentando zafarse para ir a jugar, pero ella lo sostuvo. —Quieto, campeón —dijo, con una sonrisa—. Ya casi terminamos. Le acomodó el cabello negro con los dedos, y luego le dio un beso en la mejilla. El niño la miró con esos mismos ojos verdes que había heredado de Haru, y Nicole sintió una oleada de ternura que le apretó el pecho. —Estás tan guapo que vas a robarte todas las miradas —susurró—. ¿Listo para ir a la fiesta de tu primo? —¡Sí! ¡Primo! —Así es. Vamos a visitar a tus dos primos.Desde la puerta, Haru los observaba en silencio, como si aún no pudiera creer que esa escena fuera real. —Los espero abajo —le avisó. Nicole cargó a su único hijo, que se aferró a su cuello con los brazos pequeños y cálidos, estaba emocionado por la fiesta. Bajaron las escaleras de la casa que Haru había compr
—¡Felicidades, amiga! —soltó Emma. —No es para tanto… —se avergonzó. Todos estaban sentados en la misma mesa a la hora del banquete. Nicole, aún con el vestido de novia, tenía la cabeza apoyada en el hombro de Haru. A su lado, Isabela y Noah compartieron una copa de vino, entre miradas cómplices y manos entrelazadas bajo la mesa. —Y la próxima semana me caso yo —habló el mellizo—. Más les vale tener energías para mi boda con Isabela. Noah besó la mano de Isabela y ella se sonrojó.—¡Oye, Gabriel! —exclamó Maikol, con el ceño fruncido—. Pásame las galletas, por favor. Gabriel acató su orden con nerviosismo. Sabía que nunca le cayó bien a Maikol. —Oh, vamos —habló Karen, cruzada de brazos—. ¿No ves que el pobre hombre logró redimirse? Sé más amable con él, Maikol. —Lo pensaré —dijo, mordiendo la galleta. —Emma, ¿también te gustaría casarte pronto? —susurró Thiago en su oreja, mirándola con ternura. Emma se alejó por instinto con las mejillas rojas y el corazón acelerado. —¿Q
El gran día había llegado. La boda de Nicole y Haru. Una suave melodía de cuerdas flotaba en el ambiente, mientras los invitados se ponían de pie, girando sus rostros hacia el fondo del pasillo. Nicole apareció vestida de blanco, con un velo ligero que apenas cubría su rostro. Sus ojos brillaban por todo lo que había vivido para llegar hasta allí. Estaba agarrada del brazo de su padre, caminaba con paso firme, aunque el corazón le latía con fuerza. —Siempre imaginé que llegaría este momento, ¿sabes? —comentó su padre, nostálgico. —¿Ah, sí? ¿Y es lo que esperabas?—Sé que Haru hará un buen trabajo al cuidarte —confesó, con la vista fija en el altar—. Confío en él. Se nota que ese hombre te ama tanto como yo amo a tu madre. Y eso es lo que yo esperaba para ti, que alguien te viera con esos ojos. —Papá, si sigues así me harás llorar y el maquillaje se me va a arruinar —dijo, aguantando el nudo en la garganta. —Lo siento, lo siento —rio—. Estoy muy feliz por ti, hija. Y Noah
Isabela y Noah tiraron los gorros al aire junto a sus compañeros, en una explosión de alegría que llenó el lugar de gritos de celebración. El patio de la universidad vibraba por los aplausos. Los doctores y enfermeras recién graduados estaban inmersos en una marea de emociones compartidas. Isabela se quedó quieta un momento, con la vista alzada, viendo su birrete girar en el aire antes de perderse entre los demás. Las lágrimas le corrían por las mejillas. Su día más soñado había llegado. Después de años de esfuerzo, noches sin dormir, dudas y sacrificios… lo había logrado. Noah la miró, conmovido. Se acercó, la tomó del rostro con ambas manos y la besó con dulzura. —¡Lo hemos logrado, Isa! —gritó, entre tanto escándalo—. Y pronto nos vamos a casar. ¿No estás feliz? —Ay, Noah —sonrió—. Gracias por haberme ayudado durante todo este tiempo. Sin ti, yo estaría perdida y seguiría teniéndole miedo a mi madre. Tú me salvaste… gracias a ti, estoy disfrutando con plenitud los place
Nicole se alejó de la multitud junto a Haru después de haber dado un par de entrevistas. Dejó atrás el bullicio de la gente. Necesitaba un respiro. Se fueron juntos por un pasillo lateral del salón. Haru caminaba a su lado, con las manos en los bolsillos y una sonrisa tranquila. Nicole se detuvo en uno de los balcones y disfrutó de la brisa nocturna. —Estuviste muy sexy en esa presentación, ¿ya te lo he dicho? —le dijo, con diversión. Haru le agarró la cintura con suavidad y la atrajo hacia él, con esa sonrisa pícara que siempre lograba desarmarla. Nicole soltó una risita, sorprendida pero sin oponer resistencia. —¿Y ahora qué haces? —preguntó, con una ceja levantada y el corazón acelerado. —Pues, disfrutando de tener a la mujer más sexy del momento. —¿Ah, sí? ¿Qué tanto? —le siguió el juego. —Del uno al diez… yo diría que un mil —susurró, cerca de sus labios. —Oh, vamos, no me digas eso. —¿Por qué? Sólo estoy diciendo la verdad… —murmuró, dándole suaves picos. —Últi







