LOGINPOV de Adolfa
“Hoy aprenderemos sobre las diferentes tradiciones y costumbres del Greko Pack,” anunció Alpha Berra con voz firme y dominante.
Toda la clase respondió al mismo tiempo.
“¡Sí, Alpha!”
Yo permanecí sentada, apenas escuchando.
Mi mente estaba nublada por el cansancio y el dolor.
Todo mi cuerpo seguía ardiendo por las torturas que había soportado, y ningún esfuerzo podía ocultar mi sufrimiento.
Me sentía prisionera dentro de mi propia piel.
Atrapada en un ciclo interminable de dolor.
Mis brazos temblaron mientras apoyaba las manos sobre el escritorio.
Mis uñas se clavaron en la madera desgastada.
Un pequeño movimiento bastó para hacerme estremecer de dolor.
Todo mi cuerpo estaba débil.
Las lágrimas llenaron mis ojos.
Pero me negué a dejarlas caer.
Yo misma había causado esto.
Si nunca me hubiera metido en asuntos que no eran míos…
Si hubiera sido más inteligente.
Más fuerte.
Tal vez ahora no estaría aquí.
“¡Adolfa! ¿Estás escuchando?”
La voz aguda de Alpha Berra me sacó de mis pensamientos.
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
“Sí, Alpha,” respondí rápidamente, apenas pudiendo hablar.
Él entrecerró los ojos, claramente molesto.
“Como decía,” continuó fríamente, “en el Greko Pack la jerarquía lo es todo.”
Comenzó a caminar lentamente frente a la clase.
“Debes conocer tu lugar y respetar los límites.”
Sus ojos recorrieron a todos los presentes.
“Los hombres lobo son los reyes de esta manada.”
Su voz se volvió más fría.
“Cualquier Wereraven, Wereshark, Werefox, Wereboar o Lycan que les falte el respeto será castigado severamente.”
La clase respondió en perfecta sincronía.
“Sí, Alpha Berra.”
Una sonrisa cruel apareció en sus labios.
“Bien. Me alegra ver que entienden cuál es su rango aquí.”
Sus ojos se detuvieron sobre mí.
Mi piel se erizó.
“No hay lugar para la desobediencia.”
El silencio llenó el aula por unos segundos.
Luego volvió a hablar.
“Antes de continuar, tengo un anuncio.”
Algunos estudiantes levantaron la cabeza con interés.
“Después de esta sesión, se les permitirá visitar a sus familias.”
El salón estalló en murmullos emocionados.
Por primera vez en mucho tiempo, vi esperanza en los ojos de los demás prisioneros.
Había pasado demasiado tiempo desde que vimos el mundo exterior.
“Sin embargo…”
La voz de Alpha Berra se volvió oscura nuevamente.
Los murmullos desaparecieron al instante.
“Adolfa, tú te quedarás después de clases.”
Mi estómago se retorció.
“Hay algunos… asuntos que debemos discutir.”
Ya sabía lo que eso significaba.
La crueldad en sus ojos me lo decía todo.
Un escalofrío recorrió mi espalda, pero mantuve el rostro serio.
Mostrar debilidad solo empeoraría las cosas.
El tiempo empezó a moverse lentamente.
Cada segundo dentro de aquella aula parecía eterno.
Mi mente buscaba desesperadamente alguna forma de escapar de aquella pesadilla.
Pero en el fondo…
Ya conocía la verdad.
No tenía poder.
Finalmente, la clase terminó.
Los demás estudiantes salieron rápidamente, hablando emocionados sobre sus familias.
Ninguno me miró.
Todos sabían que acercarse a mí era peligroso.
Permanecí sentada mientras Alpha Berra caminaba lentamente hacia mí.
Su presencia cayó sobre mí como una sombra.
“Levántate.”
Obedecí inmediatamente.
Mi cuerpo estaba rígido por el miedo.
Sus ojos recorrieron lentamente mi figura.
Parecía divertido.
“Te ves agotada,” comentó inclinando ligeramente la cabeza.
“No me sorprende… considerando tus circunstancias.”
Apreté los puños a mis costados.
Intentando mantener la calma.
“Alpha Berra, por favor…” murmuré.
Ni siquiera sabía exactamente qué estaba suplicando.
Su sonrisa se hizo más grande.
“Oh, Adolfa.”
Su voz era suave y cruel al mismo tiempo.
“Ya deberías saber que suplicar no sirve de nada.”
Mordí mi lengua.
Cualquier palabra adicional solo empeoraría mi destino.
Él comenzó a rodearme lentamente.
Como un depredador jugando con su presa.
“Dime algo,” dijo con calma.
“¿Te arrepientes de tus acciones?”
Sus ojos brillaron peligrosamente.
“¿Te arrepientes de haberte involucrado en asuntos que estaban por encima de tu rango?”
Dudé unos segundos.
Mentir sería inútil.
“Sí, Alpha,” respondí en voz baja.
Su risa fue fría.
“Bien.”
Se acercó más.
“El arrepentimiento es algo poderoso, Adolfa.”
Sus dedos agarraron mi muñeca con fuerza.
“Pero eso no te libra del castigo.”
Me arrastró hacia la parte trasera del aula.
Allí había una puerta oculta.
Cuando la abrió, un aire helado salió del interior.
El cuarto estaba oscuro.
Cadenas colgaban de las paredes de piedra.
El sonido metálico hizo que mi corazón se acelerara.
“Este es el lugar donde mantenemos la disciplina,” dijo Alpha Berra mientras observaba el suelo frío.
“Y hoy…”
Su sonrisa se volvió aterradora.
“Aprenderás otra lección.”
Cerré los ojos.
Intenté prepararme.
Intenté ser fuerte.
Pero nada podía prepararme para el dolor que vino después.
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Horas más tarde finalmente fui liberada.
Mi cuerpo estaba destruido.
Mi espíritu también.
Caminé lentamente por los pasillos.
La visión me temblaba por el cansancio.
Las antorchas parpadeaban en las paredes, creando sombras largas y aterradoras.
Necesitaba salir de allí.
Necesitaba respirar.
Ignorando el dolor en mis piernas, avancé hacia el patio principal donde los demás prisioneros comenzaban a reunirse.
El olor de la tierra húmeda después de la lluvia llenó mis pulmones.
Por un pequeño momento…
Respiré de verdad.
“¡Adolfa!”
Una voz llamó mi nombre.
Me giré lentamente.
Y mi corazón se detuvo por un instante.
Henry.
Mi antiguo amante.
El hombre que alguna vez juró permanecer a mi lado.
Sus ojos se abrieron con horror al verme.
“¿Qué estás haciendo aquí?” preguntó con preocupación.
Tragué saliva.
“Podría preguntarte lo mismo.”
Henry dio un paso hacia mí y bajó la voz.
“He escuchado rumores…”
Sus ojos recorrieron mis heridas.
“Sobre lo que te están haciendo.”
Apretó la mandíbula.
“No quería creerlo hasta verte con mis propios ojos.”
Aparté la mirada rápidamente.
La vergüenza cayó sobre mí como una tormenta.
“No importa, Henry.”
Mi voz salió cansada.
“Esta es mi realidad ahora.”
Él negó lentamente con la cabeza.
“No.”
Sus ojos se endurecieron.
“No tiene que serlo.”
Mi respiración se detuvo.
“Hay una forma de salir.”
Lo miré sorprendida.
“¿Qué estás diciendo?”
Henry se inclinó un poco más cerca.
“Encuéntrame esta noche junto al muro del este.”
Miró alrededor antes de continuar.
“Hay una abertura en las barreras.”
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
“Si calculamos bien el momento…”
Su voz se volvió apenas un susurro.
“Podemos escapar.”
La esperanza apareció dentro de mi pecho.
Pero el miedo la aplastó inmediatamente.
“Si nos atrapan…”
“No lo harán,” respondió rápidamente.
Sus ojos se clavaron en los míos.
“Confía en mí.”
POV de AdolfaUn viento frío soplaba sobre mi piel, mientras el suelo bajo mis rodillas se sentía como hielo.Las cadenas de hierro alrededor de mis muñecas y tobillos estaban tan apretadas que se clavaban en mi piel.Estaba arrodillada en el centro de la Arena Espiritual, un campo circular abierto hecho de antigua piedra blanca. Miles de soldados espirituales, demonios, hechiceros y los Alfas de los Siete Distritos estaban de pie a mi alrededor. Incluso la sombra de Hades flotaba sobre nosotros, observando.La Reina Amira estaba obligada a mirar en silencio, con las manos atadas.Lyran estaba al frente de la multitud, con el pecho subiendo y bajando rápidamente. Su rostro era una mezcla de ira, miedo y algo más… algo mucho más profundo.El Alfa Berra gritó con fuerza,“¡Hoy el híbrido muere! ¡Hoy termina la maldición!”El Alfa del Distrito 1 añadió,“¡Ella destruirá nuestro mundo! ¡Debe caer!”El Alfa del Distrito 3 siseó,“¡Es un monstruo!”La multitud rugió.Levanté lentamente la b
POV de AdolfaLyran me sostuvo cerca de él, apoyándome con un brazo fuerte. Podía sentir los rápidos latidos de su corazón. Podía sentir su respiración en mi cuello. Estaba herido, pero seguía de pie… seguía luchando… seguía sosteniéndome como si su vida dependiera de ello.Las luces del destrozado Palacio Espiritual parpadeaban como estrellas moribundas. El humo flotaba por todas partes. Las paredes de cristal estaban hechas pedazos. El suelo estaba cubierto de espíritus caídos, demonios y armas rotas.Los Alfas de los Siete Distritos estaban de pie formando un amplio círculo a nuestro alrededor. Sus cuerpos brillaban con su propio poder espiritual. Sus ojos estaban llenos de ira, miedo y celos. Querían verme muerta. Querían que desapareciera de su mundo.El Alfa del Distrito 1 dio un paso al frente y gruñó,“Debe morir. Ella es quien destruirá el equilibrio.”El Alfa del Distrito 2 añadió,“Hades la quiere. El Rey Hechicero la quiere. El Rey Vampiro la quiere. Eso por sí solo demues
POV de AdolfaLyran me sostuvo cerca de él, apoyándome con un brazo fuerte. Podía sentir los rápidos latidos de su corazón. Podía sentir su respiración en mi cuello. Estaba herido, pero seguía de pie… seguía luchando… seguía sosteniéndome como si su vida dependiera de ello.Las luces del destrozado Palacio Espiritual parpadeaban como estrellas moribundas. El humo flotaba por todas partes. Las paredes de cristal estaban hechas pedazos. El suelo estaba cubierto de espíritus caídos, demonios y armas rotas.Los Alfas de los Siete Distritos estaban de pie formando un amplio círculo a nuestro alrededor. Sus cuerpos brillaban con su propio poder espiritual. Sus ojos estaban llenos de ira, miedo y celos. Querían verme muerta. Querían que desapareciera de su mundo.El Alfa del Distrito 1 dio un paso al frente y gruñó,“Debe morir. Ella es quien destruirá el equilibrio.”El Alfa del Distrito 2 añadió,“Hades la quiere. El Rey Hechicero la quiere. El Rey Vampiro la quiere. Eso por sí solo demues
POV de AdolfaTodo a mi alrededor era pesado y borroso, como si hubiera caído bajo el agua. El mundo sonaba lejano. Débil. Suave. Apenas podía escuchar los gritos, las explosiones o las hojas cortando el aire. Mi cuerpo se sentía flotando, y cada respiración era una lucha.Todavía podía sentir el suelo temblando debajo de mí. Podía sentir el suelo de cristal roto. Podía saborear la sangre en mi boca.Pero mi cuerpo se negaba a moverse.El dolor atravesó mi costado. Los latidos de mi corazón se volvieron débiles. Intenté levantar mi mano, pero tembló y cayó.“¡Adolfa!”La voz de Lyran resonó llena de miedo.Intenté responderle.Pero nada salió.Mis párpados se sentían demasiado pesados.Lo último que vi fue a Charon dando un paso hacia adelante con una sonrisa lenta y satisfecha.“Está débil”, le dijo a Hades. “Ahora caerá.”Entonces la oscuridad lo consumió todo.La mitad de mí se rompió en el momento en que vi a Adolfa caer.Un sonido salió de mí que no parecía humano. Era profundo.
Punto de Vista de AdolfaEl aire a mi alrededor se sentía caliente y afilado, como fuego mezclado con vidrio roto. En el momento en que el Alfa Lyran cruzó el portal, la presión dentro del Palacio Espiritual cambió. Los demonios se quedaron inmóviles. El humo del salón dejó de moverse. Incluso los Gemelos Sombríos parecieron sorprendidos por un instante.Lo miré fijamente mientras respiraba con dificultad.Sus ojos ya no tenían su habitual color dorado. Eran de un rojo intenso, ardiendo como una estrella fugaz. El poder salía de su cuerpo en oleadas. Su cabello se levantaba ligeramente por la fuerza de su energía y su pecho subía y bajaba con respiraciones pesadas.Se veía diferente, mucho más fuerte, peligroso e imparable.Pero también... familiar. Como si una parte de mí hubiera estado esperándolo todo este tiempo.Charon de la Furia dio un paso al frente de las fuerzas de su rey y entrecerró los ojos al mirar a Lyran.Así que el Alfa Prohibido ha despertado dijo en voz baja. Aquel
Punto de vista de AdolfaEl Palacio Espiritual temblaba como una estrella agonizante. Cada muro de cristal vibraba, cada columna resplandeciente se agrietaba y cada soldado espiritual gritaba mientras luchaba contra la primera oleada de demonios. El humo ascendía hacia el cielo donde el techo se había abierto como una ventana destrozada. A través de la enorme grieta en el aire, el fuego y la oscuridad inundaban el palacio.Me levanté del suelo de cristal destrozado, tosiendo mientras el polvo llenaba mis pulmones. La Reina Amira estaba arrodillada detrás de mí, sujetando su bastón resplandeciente mientras luchaba por mantener un escudo cada vez más débil sobre su cabeza.“¡Adolfa!”, gritó mientras extendía una mano hacia mí.“Estoy bien”, mentí, obligándome a ponerme de pie. “Solo permanezca detrás de mí.”Pero antes de que pudiéramos movernos, una voz profunda recorrió el aire como un trueno golpeando el metal.“MUNDO ESPIRITUAL... HE REGRESADO.”Todos se quedaron inmóviles.Todos lo







