Share

Capítulo 3 – Rastros del destino

Penulis: ABBYLU2025
last update Tanggal publikasi: 2025-10-09 20:42:20

Lucía lo miró desde el marco de la puerta, los brazos cruzados y una expresión entre fastidio y preocupación. Dylan seguía en la cama, con los ojos fijos en el techo y la mirada perdida. Llevaba dos días así, sin hablar demasiado, sin entrenar, sin siquiera comer bien.

—Vamos, Dylan —insistió ella, acercándose—. No puedes pasarte el resto de la semana lamentándote.

Él suspiró, sin apartar la vista del techo.

—No pensé… —murmuró con voz ronca— que mi pareja destinada me rechazaría apenas verme.

Lucía apretó los labios. No era buena consolando, pero detestaba verlo así.

—Y sin embargo lo hizo. Ahora levántate.

—No tengo ganas.

—Pues te las voy a dar a golpes si hace falta —respondió, jalando las sábanas con fuerza.

Diez minutos después, ya estaban en el campo de entrenamiento. O al menos, ella estaba entrenando. Dylan solo esquivaba los golpes con pereza, sin devolver ni uno solo. Lucía bufó frustrada, lanzando un puñetazo tras otro, intentando hacerlo reaccionar, pero él apenas se movía.

El Beta Marcus, que observaba a un costado con los brazos cruzados, no tardó en intervenir.

—Suficiente —gruñó, caminando hacia ellos—. ¿Creen que tengo tiempo que perder?

Lucía bajó la guardia de inmediato.

—Lo lamento, Beta…

Marcus cruzó la mirada con su hijo y añadió con frialdad:

—Como recompensa por su actitud, recorrerán el terreno de la manada. Rastreo y búsqueda. Diez millas a pie, en forma humana.

Lucía estaba a punto de protestar.

—Eso es injusto…

Pero Dylan se adelantó, levantando la cabeza con una media sonrisa.

—Diez millas… ja. Es pan comido.

Lucía lo miró incrédula. Apenas podía sostenerse en pie, y él todavía tenía ánimos para fanfarronear. El Beta lo miró fijamente, con un brillo de desafío en los ojos.

—Que sean quince entonces.

—¿Qué? Pero… —Lucía no alcanzó a terminar la frase.

—Veinte —añadió Marcus con voz implacable—. Y si no se van ya mismo, añadiré cinco más.

Lucía apretó los dientes, se levantó del suelo con el ceño fruncido y le lanzó una mirada asesina a su amigo.

—Cuando se te pase la depresión, voy a matarte, ¿oíste?

Dylan no respondió, pero una sonrisa fugaz se dibujó en su rostro. En el fondo, sabía que esa era su forma de perdonarlo.

Horas después, ambos regresaban exhaustos, cubiertos de sudor y polvo, casi arrastrando los pies. Lucía solo pensaba en una ducha caliente y en dormir por tres días seguidos. Sin embargo, antes de que pudieran llegar a las cabañas, la voz del Beta Marcus los detuvo.

—Luna Lucía, su padre quiere verla en su oficina.

Ella se detuvo, parpadeando confundida.

—¿Ahora? Pero… esta noche habíamos quedado en cenar juntos.

—Quiere verla ahora —repitió Marcus con seriedad.

Lucía intercambió una mirada con Dylan. Por el enlace mental, él le dijo con cautela:

—Parece serio…

Ella asintió.

—Bien. Ve a bañarte. Te necesito a mi lado.

Ambos se separaron un momento para limpiarse, y poco después se encaminaron hacia la oficina del Alfa Karl.

El sonido de una carcajada resonó desde el pasillo antes de que llegaran a la puerta. Una risa profunda, sincera… y completamente inusual. Tanto Lucía como Dylan se miraron desconcertados. Su padre no reía así. Casi nunca.

Podían sentir una presencia adicional en la habitación, una energía fuerte, dominante… y un aroma que hizo que Kira, la loba interior de Lucía, se tensara de inmediato.

Lucía golpeó la puerta suavemente.

—¿Padre?

—Adelante —respondió Karl con tono jovial.

La joven empujó la puerta y, en cuanto cruzó el umbral, lo supo.

Ese aroma. Ese maldito aroma que detestaba y la ponía nerviosa al mismo tiempo.

Kira gruñó en su interior, furiosa.

Lucía se quedó quieta, con el corazón latiéndole con fuerza, mientras sus ojos se alzaban hacia el invitado.

—¿Qué hace él aquí? —susurró entre dientes.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi
Komen (6)
goodnovel comment avatar
Beby
Dylan es hombre o mujer
goodnovel comment avatar
Juliany Linares
amo a Dylan jajaja
goodnovel comment avatar
Anette
Al menos Dylan se lo tomó con humor... yo estaría llorando...
LIHAT SEMUA KOMENTAR

Bab terbaru

  • Reclamada por el Alfa Jacob: El vinculo maldito.    Capítulo final— Son Dos

    POV AriaNo podía dormir.No importaba cuántas veces cerrara los ojos ni cuántas respiraciones profundas intentara forzar; el descanso no llegaba. Mi cuerpo estaba agotado, pero mi mente y mi loba no lo estaban. Layla se movía bajo mi piel como una marea contenida a punto de romper el dique, empujando, insistiendo, reclamando espacio.Desde nuestra última charla, había guardado silencio.No porque se hubiera calmado.Sino porque estaba furiosa.Ese tipo de silencio era peor.—No voy a revelarme —murmuré en la oscuridad, con la voz apenas audible—. Ya oíste al Consejo. Están prohibidas las transformaciones fuera del predio.Layla no respondió.Pero el impulso siguió allí.Una presión constante en el pecho, una urgencia que no tenía palabras claras, solo dirección. Afuera. Lejos de las cabañas. Lejos de los muros, de las cámaras, del control absoluto del Consejo.Hacia el bosque.Me giré sobre la cama, frustrada, observando el techo apenas iluminado por la luz exterior. La cabaña estaba

  • Reclamada por el Alfa Jacob: El vinculo maldito.     Capítulo 76 Lo que arde bajo la piel

    POV AriaDesde el momento en que crucé el umbral del anfiteatro, supe que algo estaba mal.No fue una visión.No fue una emoción clara.Fue una presión sutil, como si el aire hubiera cambiado de densidad sin previo aviso. Como si el mundo hubiera ajustado su eje apenas unos grados, lo suficiente para que mi cuerpo lo notara antes que mi mente.Layla lo sintió primero.Mi loba se movió inquieta bajo mi piel, un roce interno que no necesitaba palabras para hacerse notar. No era alerta. No era miedo. Era… reconocimiento. Un tirón profundo, incómodo, que me tensó los músculos antes incluso de que pudiera identificar la causa.No.No ahora.No aquí.Había sentido algo parecido el día anterior, apenas un eco lejano que atribuimos al estrés, al viaje, al peso de los Juegos sobre nosotras. Pero esa mañana, al entrar al anfiteatro y respirar ese aire cargado de manadas, de jerarquías y de expectativas, la sensación se volvió innegable.Está aquí.Layla se agitó con más fuerza.—Cálmate —le ord

  • Reclamada por el Alfa Jacob: El vinculo maldito.    Capítulo 75 Lo que no se dice

    El regreso al anfiteatro tuvo un peso distinto al de la llegada inicial.No había expectativa ingenua, ni curiosidad abierta. Ahora las manadas regresaban con los cuerpos tensos, los sentidos afilados y la conciencia clara de que los Juegos no eran un espectáculo… sino una prueba real, capaz de dejar marcas visibles e invisibles.La Manada del Norte ocupó nuevamente su sector asignado. Los ayudantes se adelantaron para revisar pequeñas heridas, raspones, golpes mal amortiguados. Nada grave. Nada que no pudiera resolverse con descanso y cuidados básicos. Aun así, el ambiente no era ligero.Desde las gradas, el bosque de la primera ronda seguía visible en las pantallas suspendidas, reproduciendo fragmentos clave de la competencia: caídas, errores de cálculo, trampas activadas en el momento justo para eliminar a equipos enteros del recorrido.Algunas escenas se repetían más de una vez.No por morbo.Sino como advertencia.Aria se sentó con los codos apoyados en las rodillas, los ojos fij

  • Reclamada por el Alfa Jacob: El vinculo maldito.    Capítulo 74 La primera ronda

    El bosque asignado para la primera ronda no era un terreno común.No era un simple espacio natural delimitado para la competencia, sino una extensión viva del predio del Consejo, adaptada, intervenida y reforzada para soportar pruebas de alto nivel. Árboles centenarios se alzaban como columnas irregulares, el suelo estaba cubierto de hojarasca espesa que amortiguaba pasos y caídas, y entre las raíces se ocultaban desniveles, pasajes estrechos y rutas falsas diseñadas para confundir incluso a los más experimentados.El aire era fresco, denso, cargado de humedad y de esa energía particular que solo se percibe cuando muchos lobos comparten un mismo espacio con un objetivo común.Las manadas fueron llamadas de diez en diez.El Consejo había sido claro: primero competirían aquellas que no habían participado en la edición interrumpida de los Juegos. La medida, además de justa, era estratégica. Permitía observarlas sin referencias previas y evitar comparaciones sesgadas.Cuando anunciaron a

  • Reclamada por el Alfa Jacob: El vinculo maldito.    Capítulo 73— La continuación de los Juegos

    El anfiteatro estaba lleno.No de ruido, sino de presencia.Las gradas circulares, construidas en niveles de piedra pulida y metal oscuro, estaban ocupadas por decenas de manadas provenientes de distintos territorios. Cada grupo permanecía en su sector asignado, delimitado por líneas de seguridad invisibles y discretos campos de contención. No había empujones, ni desplazamientos innecesarios. Todo estaba medido, observado, registrado.Cámaras suspendidas se deslizaban lentamente por rieles aéreos. Otras permanecían fijas, integradas en la arquitectura misma del lugar. Sensores térmicos, de ritmo cardíaco y de actividad lupina recorrían el espacio como una red silenciosa, imposible de ignorar para cualquiera que supiera leer el entorno.Nada de esto pasaba desapercibido.Ezra lo notó apenas entraron.No porque alguien se lo señalara, sino porque el aire se sentía distinto. Más controlado. Más vigilado. Como si el anfiteatro no solo observara… sino que esperara.Aria caminaba con la esp

  • Reclamada por el Alfa Jacob: El vinculo maldito.    Capítulo 72 — Antes de que todo comience

    La noche previa al inicio oficial de los Juegos no fue ruidosa.No hubo fiestas, ni música, ni discursos improvisados. En el predio del Consejo, el silencio tenía una densidad particular, como si cada manada estuviera guardando energía, midiendo respiraciones, eligiendo con cuidado qué mostrar… y qué no.El alojamiento asignado a la Manada del Norte era un conjunto de cabañas modernas, construidas con madera tratada y piedra pulida, conectadas por senderos iluminados con farolas bajas. No era un hotel, pero tampoco un campamento: cada unidad tenía calefacción, cocina mínima, habitaciones privadas y un salón común amplio donde podían reunirse sin estar expuestos a miradas ajenas.Esa noche, el salón estaba tibio. Las luces eran tenues y una chimenea eléctrica simulaba el fuego con una discreción casi elegante. Los ayudantes ya se habían retirado a sus departamentos contiguos, los curanderos descansaban en el ala médica del mismo complejo, y la vigilancia estaba asegurada afuera por el

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status