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Autor: Némesis
last update Data de publicação: 2026-06-08 15:32:17

Capítulo 3

Jacob

Corté la llamada con mi alfa Damon con una frustración que me quemaba por dentro.

Necesitamos limpiar el área; si esos bastardos estaban cazando en nuestro territorio, la manada Kingwolf tiene que responder.

Pero mi prioridad ahora es ella.

Salí de la ducha intentando lavar la sangre y el instinto salvaje que me recorría entero, pero en cuanto entré al salón y vi que Bianca había abierto esos hermosos ojos claros, mi cuerpo volvió a tensarse.

Está aterrorizada. Puedo oler su miedo, es una fragancia ácida que me dan ganas de gruñir para ahuyentar cualquier cosa que la asuste, aunque... Bueno... creo que ese "algo" soy yo.

—Hey —le dije, intentando suavizar mi voz— Estás a salvo.

Me agaché junto al sofá y le ofrecí mi café. Sus manos temblaban de forma incontrolable. Cuando rodeé las suyas con mis palmas para ayudarla a beber, sentí una descarga eléctrica recorriéndome.

Es tan pequeña, tan frágil comparada conmigo, y sin embargo, emana una fuerza que me fascina.

Me contó una historia que hizo que quisiera volver al bosque y resucitar a esos tipos solo para matarlos más despacio. Lástima que no hay una forma de revivirlos para rematarlos.

La secuestraron en una gasolinera. La encerraron y de paso, la trataron como si fuera nada.

—¿Qué pasó después? —le pregunté, forzándome a mantener la calma.

Necesito que confíe en mí, aunque sepa que lo que tengo que hacer esta noche —en pocas palabras, drogarla para que no intente huir hacia el peligro— no le va a gustar nadita si se entera. Pero no dejaré que nadie más le ponga una mano encima. Bianca es mía ahora, aunque ella aún no lo sepa.

Miré sus ojos marrones, tan cálidos, pero mi mente no dejaba de proyectar la imagen del enorme lobo negro.

.

. ***

.                         Bianca

—Creo que me drogaron

—¿Te inyectaron algo? —Su voz bajó a un gruñido que me hizo vibrar el pecho.

Bajé la cabeza, sintiendo el calor en mis mejillas.

—No... es solo que vi cosas que no pueden ser reales.

Él suspiró aliviado, pero no dijo nada. Le conté todo: cómo ataqué al bastardo ese, cómo el hombre mayor —el líder o jefe segun yo— los usaba para un "ejercicio de aprendizaje".

Le hablé de las cicatrices en su cara, de las marcas en su brazo y de cómo se rió mientras me daba quince minutos de ventaja.

—Dijo que me despedazarían para dejarle un mensaje a los Kingwolf —susurré.

Al mencionar ese nombre, vi una ira en la cara de Jacob que me dio ganas de desaparecer en el sofá.

Parecía un demonio sediento de sangre. Pero lo que realmente me preocupo fue cuando le pedí su teléfono para llamar a la policía.

—Está averiado por la tormenta —dijo, apartando la mirada.

Mentiroso de m****a. Lo sabía. Lo había oído hablar con alguien. Me miró con culpa y me ofreció una ducha, pero al ver las manchas de sangre en mi ropa, la realidad me golpeó una vez más.

De algo estaba segura, No podía confiar en él.

Aproveché un descuido, le di una patada en el pecho con todas mis fuerzas y lo ví aterrizar contra la mesa de centro.

Salí corriendo de la cabaña, desesperada por mi vida, una vez más, pero afuera solo había más bosque y su camioneta estaba cerrada.

—¿A dónde vas a ir, Bianca? —Su voz estaba justo detrás de mí.

Me pegué al vehículo, jadeando del susto.

—¡Mantente alejado! Te oí hablar, idiota, ¡planeas drogarme!

Él suspiró, evidentemente frustrado.

—Mierda. ¿Escuchaste eso?

Me quedé mirándolo. Sin la camisa y bajo la luz del día, su cuerpo era... irreal, por Dios, era musculoso, estaba muy definido,

.

.

. ***

                           Jacob

Me quedé helado cuando Bianca me contó los detalles. No eran tres lobos como pensé, eran cinco.

Y el líder... ese tipo con cicatrices que la llamó "conejita" y ordenó que la despedazaran para enviarnos un mensaje.

La rabia me quemaba las entrañas. Estaban usando a una inocente para declarar una guerra en mi territorio.

Intenté mantener la calma, pero cuando me pidió el teléfono, mentí.

No puedo dejar que llame a la policía.

Los humanos solo complicarían las cosas y la pondrían en más peligro antes de que yo pueda eliminar la amenaza. Necesito eliminarla; algo dentro de mi se me agota si no erradico esa maldita amenaza.

Pero soy un pésimo mentiroso con ella; su mirada me penetra.

—¿Quieres una ducha? —le pregunté, intentando distraerla del horror de su ropa ensangrentada.

Pero Brandi es una guerrera. Antes de que pudiera reaccionar, su pie impactó contra mi pecho. El golpe fue sólido — caramba, tiene fuerza para ser tan pequeña— y me lanzó contra la mesa. Para cuando me levanté, ya estaba fuera de la cabaña intentando abrir mi camioneta.

—¿A dónde vas a ir, Bianca? —le dije, alcanzándola en un santiamén.

Se pegó al metal del carro mirándome con un miedo que me dolió más que la patada.

Me echó en cara que la quería drogar.

—Solo iba a darte algo para que durmieras y así poder dejarte sola —le expliqué, tratando de que no viera mi desesperación— Los bosques no son seguros, y tengo miedo de que intentes huir mientras yo salgo esta noche a cazar a los bastardos que te trajeron aquí.

Vi cómo se encogía. Sé que parezco un monstruo para ella, pero no entiende que lo único que me importa ahora es que esos hombres no vuelvan a ver la luz del sol por lo que le hicieron.

.

.

. ***

.                       Bianca

Cazar. Esa palabra se repetía en mi mente como un tambor de guerra.

Por dios Él también caza. Mis rodillas flaquearon mientras me aplastaba contra el metal de la camioneta tratando de encontrar una salida que no existía o de fusionarme con ella si era posible.

—Yo lo vi —le señalé con el dedo temblando— Se desnudaron... se pusieron a cuatro patas. Tú eras el lobo negro.

Jacob palideció. No me lo negó, en cambio Intentó usar la lógica del golpe en mi cabeza, pero yo ya no caería en eso.

—La sangre no miente, Jason. Mataste a esos lobos y te transformaste en hombre. La prueba está manchando mi ropa.— le dije mientras le señalaba mi ropa.

—Tranquila —dijo él con esa voz suave que ya no me causaba ninguna seguridad— No estás en peligro. No te voy a hacer daño.

No me quedé a escuchar más. Me di la vuelta y corrí como si mi vida dependiera de ellos... Una vez más.

Corrí cuesta abajo por el camino de tierra, sintiendo las piedras y el lodo bajo mis pies descalzos.

Necesitaba una carretera, un carro, una moto, alguien normal, lo que sea. Pero no llegué muy lejos. Unos brazos como tenazas de hierro se cerraron en mi cintura y mis pies dejaron de tocar el suelo.

Estaba muerta.

Grité, pataleé y hundí mis uñas en sus brazos hasta ver sangre, pero Jacob ni se inmutó.

¿Que clase de tronco era este? ¿Acaso no le dolía mis arañazos? Me cargó de regreso a la cabaña como si no pesara nada, hablándome con una calma que me ponía enferma y eso me molestaba más.

—Ese hombre mayor te cazará hasta que estés muerta —me advirtió mientras entrábamos en la casa— Soy el mejor amigo que tienes en estos bosques.

Me llevó escaleras arriba y me dejó en un baño pequeño.

—Dúchate. Hay un cerrojo en la puerta, úsalo si quieres. No he forzado a una mujer en mi vida y no voy a empezar ahora —dijo antes de salir.

En cuanto cerró la puerta de la habitación, corrí a echar el cerrojo. Escuché su risa suave desde el otro lado y me desplomé sobre la tapa del inodoro, temblando tanto que mis dientes castañeteaban. Estoy encerrada con un monstruo que dice ser mi salvador.

.

.

. ***

.                       Jacob

Me dolió ver el miedo en sus ojos cuando aceptó lo que soy, pero no podía dejarla ir, tampoco quería hacerlo.

Si salía de mi propiedad, esos lobos la encontrarían en minutos y esta vez no llegaría a tiempo.

Cuando la alcancé, peleó como una auténtica fiera. Sus uñas me abrieron surcos en los brazos y me dio un cabezazo en el pecho, pero solo podía pensar en no apretarla demasiado fuerte. Es tan pequeña bajo mis manos, tan delicada...

—Tranquilízate —le pedí, aunque mi propio corazón martilleaba contra mis costillas. Y mi bestia se pensaba en mis pantalones.

La cargué de vuelta, sintiendo cada curva de su cuerpo contra el mío. Es exasperante lo mucho que me afecta tenerla así de cerca, incluso cuando me está gritando que la suelte.

La dejé en el baño de visitas, el que tiene la ventana más pequeña, para asegurarme de que no intentara otra locura.

—Dúchate, cálmate y luego hablaremos —le dije a través de la puerta— Puedo oír tu estómago gruñendo.

Escuché el clic del cerrojo. Me eché a reír por lo bajo, y ojo, no era para burlarme, sino por la ironía de todo esto.

Ella cree que ese pequeño trozo de metal puede mantenerme fuera si yo decidiera entrar.

Pero no lo haré. Necesito que se limpie ese terrible olor a miedo y a otros lobos que me está enfermando.

Necesito que Bianca entienda que, aunque soy un animal, soy el único animal que va a mantenerla con vida.

Me quedé un momento apoyado contra la pared del pasillo, mirando mis brazos ensangrentados por sus arañazos. Mi piel ya estaba empezando a sanar, pero el impacto de su presencia en mi casa apenas estaba comenzando.

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