FAZER LOGINCapítulo 2
Jacob Jamás había sentido una sensación tan desagradable como esta. Por un segundo, mi corazón se detuvo. Al verla tan quieta, pensé que había muerto. Me incliné sobre ella, conteniendo el aliento, hasta que escuché el latido de su corazón: era firme, aunque lento por el shock, y no era para menos. Por supuesto, no iba a perder tiempo revisando sus heridas en medio del bosque. La cargué y corrí hacia mi cabaña, en la frontera del territorio de la manada. Sentía una furia ciega palpitando bajo mi piel. Esos bastardos no la perseguían para aparearse, como suelen hacer algunos jóvenes estúpidos; la estaban cazando para matarla. A una humana pura. Gruñí de rabia sintiendo cómo mis instintos territoriales reclamaban a la mujer que llevaba en brazos. La cosa más loca: nunca habia sentido semejante cosa por una mujer. Su cabello castaño, enredado con algunas hojas, rozaba mi piel desnuda, y su aroma... Dios, su aroma era dulce, y completamente femenino, no está de más decir que despertaba en mí una necesidad de protección que nunca había sentido. Al llegar a la cabaña, la deposité en el sofá frente al fuego. Le quité los zapatos con mucho cuidado, pero le dejé la ropa. Me quedé observándola, luchando con una erección furiosa que no tenía sentido dadas las circunstancias. Soy parte humano, sé que no debemos mezclarnos, pero verla allí, tan pequeña y exuberante, me estaba volviendo loco. ¿Y su aroma? ¿Ya dije que olía exquisito? Me puse unos vaqueros a duras penas y, sin poder evitarlo, me acerqué de nuevo. La herida de su frente me hacía gruñir de rabia. No me gustaba cómo se veía. Me incliné y lamí el corte, dejando que mi saliva acelerara su curación. Ella era mía, sentí que rugió algo en mi interior. Ella está bajo mi protección. Fui a la cocina y llamé a Demon, mi alfa. Mi pierna no dejaba de temblar por la tensión. —Demon, tenemos un problema —dije al buzón de voz. Necesitaba una ducha fría. Muy fría. No solo por la sangre y la mugre de la pelea, sino para intentar recuperar el sentido común antes de que esa mujer despertara y viera lo que estaba provocando en mí. . *** Bianca El mundo regresó en fragmentos de calor y dolor. Lo primero que registré fue el crepitar de leña quemándose y una suavidad bajo mi cuerpo que no era la tierra húmeda del bosque. No estaba muerta, creo. O al menos, el infierno se sentía mucho más acogedor de lo que esperaba. Intenté abrir los ojos, pero me pesaban como si estuvieran sellados con plomo. Tenía un poco de dolor en la frente, pero extrañamente, sentía una leve palpitacion en ese mismo punto, como si algo la hubiera aliviado. Hice un esfuerzo sobrehumano por moverme. Mis dedos rozaron una manta suave. Abrí los ojos tan solo un poco y la luz del fuego me obligó a parpadear. Estaba en una cabaña de madera con una decoración rústica y varonil, todo estaba sumido en silencio con excepción del fuego que crepitaba suavemente. Entonces, el recuerdo me golpeó con fuerza: los hombres desnudos, la transformación, los lobos de pesadilla... y él. El lobo negro. El hombre de ojos color chocolate que me había salvado. Escuché el sonido de agua corriendo en algún lugar cercano. Estaba sola en la habitación, pero el miedo volvió a cerrarme la garganta. ¿Quién era ese hombre? ¿Qué rayos era? Me había dicho que estaba a salvo, pero la imagen de él desgarrando gargantas seguía grabada en mis retinas. Intenté incorporarme, pero el mareo me obligó a soltar un gemido. ¡Ay, no! Estaba atrapada de nuevo, pero esta vez, el monstruo que me tenía no parecía querer comerme... quería algo más. Intenté levantarme nuevamente; tenía que salir de allí cuanto antes. Pero en serio, el mateo era terrible y mi pobre cuerpo no pudo más; todo se volvió negro en un instante. Cuando desperté nuevamente, sentía un dolor punzante en la cabeza, pero estaba envuelta en un calor que no recordaba, creo. Al abrir los ojos, vi la chimenea con llamas rojas y doradas bailando frente a mí. El olor a leña y carne cocida llenaba el aire, pero el entorno me era completamente ajeno: era una habitación rústica, cargada de una masculinidad cruda que me puso en alerta. ¿Me había cambiado de lugar? ¿O era el mismo? La verdad, no no recuerdo. Sin moverme, escuché su voz. Esa voz profunda que ya conocía. —Había tres, Damon —decía él desde algún lugar de la casa— Estaban yendo por ellos como si fuera una presa... No tiene un jodido sentido. ¿Por qué cazarían a una humana? Los recuerdos me golpearon: el lobo negro, la transformación, el hombre de ojos color chocolate. No era una pesadilla; era real. Lo escuché decir que quería mantenerme aquí para "protegerme" porque ir a un hospital sería peligroso. Pero luego, mi sangre se heló al oírlo decir: “Esta noche, deslizaré algo en su bebida para que duerma toda la noche”. Traté de procesarlo. Me había salvado, sí, pero planeaba drogarme. Cuando entró en el salón, me quedé sin aliento. Se había duchado; su pelo negro estaba mojado y no llevaba camisa, ¡Por Dios! No llevaba una bendita camisa, solo unos pantalones desgastados que colgaban de sus caderas. Rayos, era enorme, potente e intimidante. —Hey —dijo suavemente, acercándose a mí—. Estás a salvo aquí. Estás protegida. Sentí el terror inundándome, a estas alturas, mi ADN estaba compuesto por mitad lo que sea que estaba compuesto y la otra mitad tenía terror y mucho, digamos que era una híbrida. Él inhaló profundo, como si olfateara mi miedo, pues se iba a atragantar porque estaba cagadísima. Me ofreció su café. Mis manos temblaban tanto que, cuando tomé la taza, por poco y se derrama, así que él puso sus manos enormes sobre las mías para estabilizarme. ¿Había algo que tuviera pequeño? Lo dudaba mucho. Tampoco estaba allí para averiguarlo. Sabía que el café no estaba drogado porque lo había visto beber de él, pero no podía olvidar lo que le dijo a ese tal Damon por teléfono. —Soy Jacob —me dijo después de que tomé un sorbo— ¿Cuál es tu nombre? —Bianca —respondí, dudando si debía confiar en él. —¿Qué hacías en el bosque, Bianca? Le conté la verdad. Le hablé del secuestro en la gasolinera, de la camioneta misteriosa y de cómo me encerraron como a un animal. Su mandíbula se tensó con fuerza como contenido la rabia, tanto que me hizo estremecer.CAPÍTULO 55: EL CÓDIGO DE SANGRE(Punto de vista de Damon)Incluso desde la distancia, podía escuchar el gruñido de la voz de Leonard Hillwolf saliendo del teléfono de Liam, pero las palabras reales se perdieron cuando Michel luchó contra mí en lugar de dejarme ir. Escuché a Jacob arrastrar a Katie de vuelta al interior de la casa por encima de mis propios gruñidos y rugidos; apenas me daba cuenta de que provenían de mí mientras Michel y yo rodábamos por el barro.Mi primo luchaba mejor que yo, incluso manteniéndose en su forma humana; se sentía más cómodo así últimamente. A pesar de estar medio transformado, no podía quitármelo de encima; cuando intenté arremeter, el lodo hizo que Michel fuera demas
CAPÍTULO 54: RASTROS BAJO LA TORMENTA(Punto de vista de Damon)La lluvia lo empeoraba todo mil veces. Sabía que rastrear el olor de Amanda sería casi imposible. Cuanto más fuerte caía el agua, más se desvanecía la esperanza de captar su rastro, y mi lobo estaba medio loco cuando llegué a su casa.Katie estaba sentada en el porche esperándome; olía a miedo con tanta intensidad que ni la lluvia podía ocultarlo. Se levantó de un salto en cuanto me vio aparecer en el último escalón.—Aquí tienes, son de Merl —Katie me arrojó unos pantalones de chándal, apartando la mirada de mi desnudez mientras me advertía—: Bea está aquí.Estaba demasiado aterrorizado para que me importara algo m&aacut
CAPÍTULO 53: EL DESPERTAR DE LA BESTIA(Amanda)—El guepardo me dijo que guarda a sus presas como esta durante meses y nunca se vuelven contra él —escuché a Rich quejarse afuera, sonando como un niño caprichoso—. Solo les da sangre cuando termina de jugar con ellas y se curan. Los gatos juegan con sus capturas durante meses, a veces años; por eso saben estas cosas. Dice que simplemente las mantiene... enérgicas.—Sí, apuesto a que sí.De repente, un golpe seco resonó contra el metal del coche. Leonard, el Alfa de los Hillwolf, le había dado un revés a Rich.—¡Estúpido! —rugió Leonard—. Las está vendiendo en el mercado negro. Las mantiene borrachas de sangre y las alquila. Es un g
CAPÍTULO 52: EL RUGIDO DEL ALFA(Punto de vista de Damon)El timbre estridente de un teléfono móvil resonó en el bosque, sonando completamente fuera de lugar en la pacífica tranquilidad de la naturaleza. Detuve mi patrulla al borde de la frontera con los Hillwolf y volví la cabeza, gruñendo y mostrando los dientes.Irritado, me transformé y me quedé desnudo en el bosque, usando el viejo arnés de la ORGANIZACIÓN que me prestó Michel, el cual me quedaba demasiado suelto como lobo y demasiado ajustado en forma humana. Saqué el teléfono del clip. Había estado lloviendo toda la noche y tuve que luchar para extraerlo de la funda impermeable mientras me refugiaba bajo un árbol. Estaba a punto de rugirle a quien fuera, hasta que vi que era Katie.Respondí de inmediato, olvidando la lluvia.
CAPÍTULO 51: LA SED EN LA OSCURIDAD(Punto de vista de Amanda)Se sintió como si hubieran pasado mil años antes de que comenzara a despertar. Luché por moverme, pero alguien tiró de mi cabello con tanta fuerza que intenté gritar, pero no pude. La pesadilla regresó con una fiebre enfermiza.Todo mi cuerpo se tensó de pánico cuando sentí que me asfixiaba. Al principio pensé que todavía tenía esa mano alrededor de mi garganta, pero la realidad era peor. Un paño me obligaba a mantener la boca abierta de par en par; mis mejillas estaban hinchadas y me dolía la mandíbula. Tenía las manos atadas a la espalda y, cuando intenté patear, descubrí que mis piernas también estaban inmovilizadas.—Te dije que volvería.El que sostenía mi cabello tir&oacut
CAPÍTULO 50: SOMBRAS BAJO LA LLUVIA(Punto de vista de Amanda)No entendía la obsesión de Katie con ese imbécil, pero sí sabía que haría todo lo posible para evitar que Merl la lastimara de nuevo, incluso si eso significaba salir bajo la tormenta a comprar un helado.—¿Qué sabor quieres?—No hay mal sabor de helado —dijo Katie con una sonrisa pálida.—Bea, ¿alguna sugerencia?—Me gustan todos. Cualquier helado es un placer —coincidió Bea.Me di cuenta de que mis hermanas no estaban acostumbradas a las indulgencias más simples, y decidí que el viaje valía la pena. Ni siquiera me molesté en buscar un paraguas, a pesar de que el agua caía con una fuerza desmedida. Para cuando me puse al volante de mi coche, estaba empapada. Me qued&ea







