MasukEl helicóptero realizó un aterrizaje de emergencia en el helipuerto de la azotea del hospital. Varios médicos especialistas y enfermeros ya estaban preparados junto a la puerta de emergencia. En cuanto las hélices comenzaron a reducir la velocidad, Álvaro saltó inmediatamente al suelo con Amora en brazos, cortando el viento mientras sostenía el cuerpo frío e inconsciente de su esposa.Los médicos se apresuraron a acercarle una camilla con ruedas. Álvaro acostó a su esposa sobre ella con cuidado.—¡Sálvenla…! ¡Pase lo que pase, salven a mi esposa! —ordenó Álvaro con voz firme, aunque teñida de una amarga desesperación.—¡Haré todo lo que esté en mi mano, señor! —respondió rápidamente el médico jefe, antes de empujar de inmediato la camilla a toda velocidad por los pasillos del hospital en dirección al quirófano.Álvaro siguió corriendo junto a la camilla. Sin embargo, al llegar al umbral de las puertas dobles del quirófano, una enfermera experimentada se interpuso en su camino para imp
Punto de vista del autor—¡Más rápido! —gritó Álvaro con voz ronca, presa de un pánico tremendo al darse cuenta de que su esposa había perdido el conocimiento.Abrazó con fuerza el cuerpo frío y empapado de su esposa, susurrándole palabras tranquilizadoras mientras le rogaba que aguantara.—Cariño, oye… no te duermas todavía. ¡Aguanta, cariño…! ¡Ya casi llegamos al hospital!La lancha rápida de su equipo surcaba el mar a toda velocidad en dirección a tierra firme. En el extremo de un muelle aislado, el helicóptero ya tenía los motores en marcha y estaba en plena alerta para evacuar a Amora. En cuanto la lancha atracó, Álvaro saltó de inmediato, tomó a Amora en brazos y echó a correr.Sin embargo, su avance se vio repentinamente obstaculizado. Una docena de hombres armados del grupo enemigo surgieron de entre los matorrales del muelle, bloqueándoles el camino hacia el helicóptero.—¡Señor, lleve a la señora a bordo ahora mismo! ¡Deje que nosotros nos encarguemos de ellos! —gritaron var
Veía cómo cada vez más agua de mar se filtraba y llenaba esta barca de madera. Seguía intentando con todas mis fuerzas aflojar las ataduras de las cuerdas que me rodeaban las muñecas, pero, maldita sea… ¡estaban demasiado apretadas y se me clavaban en la piel, haciéndome daño!Me devanaba los sesos buscando una forma de salvarme, pero no encontraba ninguna salida. Solo me quedaba resignarme, con el corazón encogido, antes de que mi cuerpo se hundiera por completo en las frías profundidades del océano.Pero… ¿y si este cuerpo acababa destrozado por los tiburones? ¡No, eso no podía pasar! Si este cuerpo resultaba dañado o destrozado, Bella nunca podría volver a ocuparlo.¡Eso no podía pasar!Entre las olas, vi a Angela y a David de pie en el yate, sonriendo satisfechos al contemplar cómo mi barca estaba a punto de hundirse.El agua del mar subía cada vez más y yo me sentía completamente indefensa. Hasta que, de repente, el estruendo del motor de un helicóptero que resonaba en lo alto de
PUNTO DE VISTA DE AMORAEl característico aroma del agua de mar, salada y fría, invadió de inmediato mis fosas nasales. Cuando abrí lentamente los ojos, la sorpresa y un frío estremecedor paralizaron todo mi cuerpo. Me di cuenta de que estaba a bordo de un barco.Cuando me obligaron a subir al coche gris de antes, me vendaron los ojos con un paño negro, me taparon la boca con cinta adhesiva y me ataron con fuerza ambas manos a la espalda.Miré a mi alrededor presa del pánico. No sabía dónde estaba Sindi en ese momento, pues yo era la única que se encontraba allí arriba, rodeada de varios hombres corpulentos vestidos completamente de negro y armados.Entrecerré los ojos mientras los observaba.Hasta que, finalmente, unos elegantes pero amenazantes pasos de tacones altos comenzaron a acercarse desde la cabina del barco. ¡Qué sorpresa me llevé al descubrir que la figura que apareció ante mí era Ángela!Ángela caminaba con un aire de arrogancia repugnante. Llevaba un vestido rojo muy sexy
PUNTO DE VISTA DEL AUTOR—Señor, la persona que ayudó a liberar a David pertenece a una de esas organizaciones mafiosas que están por encima de la ley —informó Morgan mientras caminaban apresuradamente hacia el helicóptero situado en la azotea del edificio.Álvaro arqueó una ceja. Su mirada se agudizó mientras intentaba recordar quiénes eran sus enemigos. Por lo que recordaba, nunca había tenido ningún conflicto directo con aquel gran sindicato mafioso. Entonces, ¿por qué se habían tomado tantas molestias para liberar a David y ayudarlo a secuestrar a su esposa?—¿Sangre Blanca? —preguntó Álvaro para asegurarse.—Así es, señor. Esa organización está dirigida actualmente por Lucas —explicó Morgan con rapidez.Álvaro soltó un largo y pesado suspiro.—¿Has comprobado si Lucas tiene algún vínculo familiar con David? ¿Es por eso que lo han liberado?—No, señor. No existe ningún vínculo familiar ni relación comercial entre ellos. De hecho, el propio David se quedó muy sorprendido cuando, de
PUNTO DE VISTA DEL AUTORÁlvaro acababa de cruzar el umbral de su despacho. El hombre ya se disponía a sentarse y enviarle un mensaje de texto a su esposa. Sin embargo, justo cuando sus dedos estaban a punto de pulsar su contacto, una llamada de Morgan lo hizo detenerse de repente.Sin darse cuenta, Álvaro dejó el móvil sobre la mesa en lugar de guardárselo de nuevo en el bolsillo de la chaqueta. Se dirigió con calma, pero con paso firme, hacia la sala de reuniones principal.Ese día estaba prevista una reunión para debatir el nuevo proyecto de construcción de una megaestructura. Sin embargo, uno de los miembros de la junta directiva había despertado la ira de Álvaro al ser el principal sospechoso de malversar una cantidad astronómica de fondos destinados a la construcción.Álvaro había decidido no hacer nada durante las últimas semanas. No porque fuera tonto o no estuviera al tanto de nada, sino porque quería ver hasta qué punto su subordinado tenía la voluntad de arrepentirse y conf







