Mag-log inTragando tanta saliva como pude, cerré los puños por la ansiedad.—Sí —respondí, con los oídos atentos esperando a que cayera la bomba.—¿Dónde estás? No regresaste a trabajar como te lo ordené —la voz de Anthony era muy calmada, sin revelar nada.No podía saber si estaba enfadado conmigo por no presentarme a trabajar después de haberme dado permiso. Pero seguía esperando a que me soltara el golpe: «Estás despedida. No vuelvas a presentarte en mi oficina». Cosas por el estilo.Aclarándome un poco la garganta, dije:—Estoy cerca de la empresa.—Te quiero en mi oficina en cuanto entres al edificio —su voz siguió siendo suave incluso cuando colgó la llamada.Soltando el profundo suspiro que había estado conteniendo durante la llamada, dejé caer la mano a un costado. ¿Debería alegrarme de que Anthony no estuviera enfadado conmigo? Todavía no, ¿verdad? Debería guardarme el baile de la victoria hasta haberlo visto y tener la confirmación de que no me despedirán.Daisy se levantó de un salto
Eira;Explotó. Mi cabeza. El dolor punzante e incesante era insoportable. Las náuseas me revolvían el estómago, retorciéndolo y estrujándolo. Tuve una arcada, a punto de vomitar, pero gracias a la Diosa no tenía nada en el estómago; solo salió aire. Me cubrí la boca con la mano mientras cerraba los ojos, intentando calmar el ardor en mi cabeza y en mi vientre.—Elisa —murmuré—. Por favor, ayúdame a quitar este dolor. Mi cabeza se me va a terminar cayendo del cuello si no lo haces.—Que se caiga —me espetó.—Este no es el momento para ser insensible y lo sabes. Si mi cabeza se cae y muero, tú mueres conmigo, ¿o acaso no lo crees así?Gruñó, bajo. Azotó la cola de un lado a otro antes de echarse sobre sus patas.—¿Qué estás haciendo? —le reclamé—. El dolor me está matando. Quítamelo.—Tu dolor no tiene nada de mortal. Esto es algo que todo humano experimenta después de dejar que un líquido fuerte se apodere de su débil cerebro. Enfréntalo. El dolor se irá en poco tiempo.Me pasé la mano
Alfa Leonardo;—¿Qué más crees que quiero? ¿Qué clase de hombre huye de su hogar cuando su casa se está incendiando? —regañó mi tía. Ahí estaba. Me llamó pura y exclusivamente para quejarse. Ese se había convertido en su pasatiempo favorito y jamás se cansaba de hacerlo.—No hui, tía. Solo me fui para encontrar un poco de paz fuera de la casa de la manada.—¿Así que no hay ninguna paz en la casa de la manada?—Sí. Ninguna. ¿Qué quieres, tía? —estaba seguro de que no había nada de valor detrás de su llamada. Solo quería averiguar mi paradero para venir a sumarse a mis problemas. No podía dejar que se enterara de que estaba a punto de viajar y dejar la manada por un tiempo. Haría cualquier disparate para impedirme partir. La conozco demasiado bien.—El Consejo de Ancianos solicita tu presencia.—Lo que sea que quieran, Max se encargará en mi nombre.—¿Acaso fue Max quien se acostó con tu secretaria y la dejó embarazada? —me espetó.Apartando el teléfono un poco de mi oreja, arqueé una c
Beta Max;Al abrir la puerta y entrar con calma, mis ojos se abrieron de par en par al encontrar a Sophia. Estaba de pie junto al minibar, intentando servirse un vaso de whisky.—¿Qué carajos estás haciendo? —me apresuré hacia ella, arrebatándole el vaso de las manos—. Ya es suficiente alcohol por esta noche.—Pero si no estoy borracha.—No necesitas estarlo —me bebí de un trago el poco whisky que ya estaba en el vaso y lo estampé contra la barra.Ella soltó una carcajada más fuerte, cruzando los brazos sobre el pecho. Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo.—¿Tienes miedo de que te folle duro si me emborracho?—¿Qué? —resoplé con incredulidad.—No tienes por qué tenerme miedo, Beta. Puedo follarte incluso sintiéndome de maravilla. Pero no tengo planes de violarte, así que relájate.Soltando una risotada, me mordí el labio inferior y sacudí la cabeza. Esta mujer era simplemente increíble, pero me encantaba. Sabía cómo escoger sus palabras provocadoras. Acercándome más a ella, le acaricié
Alfa Leonardo;Sujeté a mi mascota muy cerca, con su rostro hundido en mi pecho. Sus brazos envolvían mi cuello. No paraba de reírse entre dientes y de murmurar palabras inaudibles. Llegué a mi auto, estacionado afuera detrás de otro. Gracias a la Diosa, Max había traído un auto adicional.Abrí la puerta trasera y acomodé a mi mascota. Liam llegó cargando a la amiga de mi mascota en sus brazos. Qué demonios habrá tomado para quedar completamente inconsciente.—¿Me voy en tu auto? —preguntó.—Necesito que conduzcas. Quiero llevar a Eira en el asiento trasero —mis ojos se dirigieron hacia Max, quien sacaba a Sophia. Ella estaba medio sobria y apenas podía caminar por sí misma. Pero estaba mucho mejor que las otras dos, ya que se puso a discutir furiosamente conmigo en el bar—. Llévala al hotel. Necesito hablar con ella —le dije a Max.Sophia dio un saltito de emoción, tambaleándose.Max la sostuvo para evitar que cayera.Sacudiendo la cabeza, me acomodé en el asiento trasero junto a mi
Eira;Música a todo volumen, volviéndose más ensordecedora a cada segundo que pasaba. Mis ojos se dirigieron deprisa hacia Sophia mientras regresaba de dondequiera que hubiera ido.—¿Por qué tardaste tanto? —le pregunté.—Un idiota borracho me bloqueó el paso. Casi le reviento las bolas de no haber sido por los guardias de afuera. ¿Qué van a tomar, señoritas? —se sentó en el taburete del bar, entre Daisy y yo.—Cualquier cosa estará bien. Pero el licor no debería ser tan fuerte. Además, ¿con quién hablabas por teléfono? Te ves muy emocionada. ¿Te llamó tu padre para arreglar las cosas? —preguntó Daisy.—¿Mi padre?... Eso sería de lo más aburrido. Estaba al teléfono con alguien interesante, y si esa persona decide concederme mi petición, el resto del día será increíblemente divertido —una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de Sophia.¿Qué se traía entre manos esta vez? Sophia era sumamente impredecible. Esperaba que no estuviera tramando alguna locura.—Con quien sea que hayas i







