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Capítulo Cinco

Author: Mia Writes
last update publish date: 2026-07-31 14:23:54

Alfa Leonardo;

Han pasado tres días y mi mascota sigue encerrada en mi habitación. Se ha negado a obedecer mi orden de rechazar a mi hermano, y quería ver cuánto tiempo sería capaz de resistir cuando la vida de su padre estaba en juego.

Ninguna persona razonable elegiría ese absurdo vínculo de compañeros predestinados por encima de la vida de un ser querido. Esta era una oportunidad de oro para ocuparme de mi estúpido hermano.

Además, ¿por qué la Diosa Luna le concedería a un bastardo despiadado, que ha acabado con la vida de tantas personas, el destino de ser el compañero predestinado de una chica inocente?

Sé que soy brutal, pero mi medio hermano ilegítimo, Vogarth, era aún más despiadado. Su crueldad no tenía límites y no respetaba a nadie, ni siquiera a su propia familia.

Es cierto que en las familias poderosas las traiciones eran frecuentes, pero nuestra familia, los Demarco, era diferente. Nosotros creíamos en los lazos familiares y odiábamos a los traidores. Supongo que era parte de quienes éramos, porque éramos la familia más rica de toda Norteamérica y nuestro linaje ocupaba la posición de la realeza dentro de esta manada.

La madre de Vogarth era la concubina de mi padre, pero tuvo la suerte de concebir tres años antes que mi madre. Eso convirtió a Vogarth en mi hermano mayor. Yo tengo treinta años y él treinta y tres.

El día en que Vogarth descubrió que mi padre había decidido que yo sería el próximo Alfa, le disparó varias balas de plata en la cabeza a mi padre y a mi madre, asesinándolos a ambos en una sola noche.

Después de aquello desapareció, porque yo estaba dispuesto a separarle la cabeza del cuello. Pero cuando reapareció cuatro años después, me sorprendió ver que varios miembros de alto rango de nuestra familia lo protegían.

Incluso exigieron que renunciara al trono. Sabía que Vogarth había comprado a esos viejos codiciosos con dinero y promesas de poder. Ese era el único idioma que entendían.

Sin embargo, también había miembros que habían sido leales a mi padre y decidieron apoyarme para conservar mi puesto como Alfa de la Manada del Lago Plateado.

La guerra por el poder llevaba años prolongándose, pero esta vez se había vuelto mucho más brutal. Había perdido la cuenta de las amenazas de muerte que recibía cada mes. Aun así, esperaba que dieran la cara. Yo no lanzaba amenazas; era un hombre de acción.

También quería arrebatarle a Vogarth todo lo que le pertenecía, y empezaría por su compañera predestinada. Me aseguraría de no dejarla libre ni siquiera cuando terminara nuestro contrato de matrimonio. Vogarth jamás volvería a tener acceso a ella ni a nada relacionado con ella.

—Alfa, no responde mis llamadas. ¿Qué está pasando? —Lyrik llamó mi atención mientras entraba en mi despacho.

—Ni siquiera me di cuenta de que el teléfono había sonado. ¿Qué quieres?

Se detuvo justo delante de mi escritorio.

—¿Cuándo va a deshacerse de ella?

Levanté ligeramente una ceja y solté una breve risa.

—Fuiste tú quien le llevó el contrato, así que supongo que sabes perfectamente que mi mascota y yo todavía tenemos varios meses por delante.

—Alfa, debería reconsiderar ese contrato con esa cosa —dijo con desprecio mientras dejaba algo sobre mi escritorio, justo delante de mí.

—Ya te advertí que dejaras de referirte a ella de esa manera. Si vuelves a hacerlo, te arrancaré la lengua.

Recogí el objeto que había dejado sobre el escritorio.

Era una prueba de embarazo con dos líneas rojas.

—¿Qué es esto, Lyrik?

—Estoy embarazada, Alfa.

Le lancé la prueba de vuelta.

—Pues buena suerte con eso.

Volví a concentrarme en mi trabajo.

—Estoy embarazada de usted, Alfa —dijo elevando ligeramente la voz—. Y no finja que no lo recuerda.

Mis ojos permanecieron fijos en los documentos que tenía delante. No tenía el menor interés en mirarla.

—¿Fue intencional? ¿Lo de nuestra noche juntos? —le pregunté.

Los acontecimientos de aquella noche volvieron de repente a mi memoria.

Recordé que, al despertar a la mañana siguiente y encontrar a Lyrik acostada sobre mi cuerpo, hice un esfuerzo por reconstruir todo lo que había sucedido.

Unas horas antes de aquella mañana, Lyrik se había acercado a mí en la sala de estar con dos vasos de whisky. Estaba furioso conmigo mismo por haber marcado a una don nadie simplemente porque no había podido controlar mi deseo. Necesitaba algo que calmara mi rabia.

Tomé el vaso que Lyrik me ofrecía y me lo bebí de un solo trago. Después de eso no recuerdo nada más. Lo único que sé es que, cuando recuperé la conciencia, solo sentía un intenso deseo de acostarme con Lyrik.

Recorrí su cuerpo con la mirada y esa noche se veía muy sexy. Yo la deseaba tanto como ella a mí, porque fue ella quien me besó primero. Me lancé sobre ella como un animal hambriento de sexo, le arranqué la ropa y la hice mía.

Pero ¿cómo podía estar embarazada por una sola noche?

—Lyrik, ¿qué quieres que haga con tu embarazo? —pregunté al fin, levantando la vista para mirarla.

—Que asuma mi responsabilidad, Alfa, como el verdadero hombre que es.

—¿Responsabilidad por qué?

Una voz grave sonó detrás de ella. Era mi Beta, Maximilian, que se acercaba hacia nosotros.

—Saludos, Beta —dijo Lyrik inclinando la cabeza—. Con su permiso, Alfa, me retiro.

Tras anunciarlo, salió de mi despacho.

—¿De qué responsabilidad hablaba Lyrik, Leo? —preguntó Max mientras tomaba asiento frente a mí.

Max era una de las pocas personas autorizadas a llamarme por mi nombre. Había sido mi mejor amigo desde la infancia y ahora era el Beta de nuestra manada.

—Lyrik está embarazada de mí —respondí mientras le pasaba unos archivos para que me ayudara con el papeleo.

—Entonces esperamos un heredero suyo y ella será la Luna de esta manada.

Dejé escapar un largo suspiro.

—¿La Luna? Ese es el menor de mis problemas. Estoy metido en un buen lío.

—¿Qué problemas?

—Lyrik y mi mascota. Ya ni siquiera sé qué es peor: que Lyrik esté embarazada o haber marcado a esa don nadie que tengo encerrada en mi habitación.

—¿Hiciste qué?

Max soltó una carcajada.

—Estás metido en un buen lío, amigo.

Su comentario no hacía más que decir lo evidente.

Su teléfono vibró y echó un vistazo a la pantalla.

—Mi hermana por fin ha regresado, Leo.

Mi mandíbula cayó ligeramente por la sorpresa.

—¿Quieres decir que Freya ha vuelto a la manada después de tantos años? ¿Dónde está ahora mismo?

—Ella está...

Antes de que Max pudiera terminar la frase, un delicado aroma a vainilla y rosas llegó hasta mi nariz.

Inhalé profundamente.

Era un aroma tan perfecto que dejé de prestar atención a cualquier otra palabra que saliera de la boca de Max.

El deseo recorrió mi cuerpo como una corriente impetuosa, haciéndome anhelar aún más aquel perfume.

Red comenzó a mover la cola dentro de mi mente a medida que el aroma se acercaba.

Entonces, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando mis ojos descubrieron de quién se trataba.

Me levanté lentamente de mi asiento, incapaz de apartar la vista de la mujer más hermosa que había visto en toda mi vida.

—¡NUESTRA COMPAÑERA PREDESTINADA! —exclamó Red.

Mis pies quedaron clavados al suelo al comprender que la hermana de mi Beta era mi compañera predestinada.

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