Inicio / Romance / Rompiendo las reglas / Capítulo 4: Un favor

Compartir

Capítulo 4: Un favor

Autor: Joana Guzman
last update Fecha de publicación: 2023-01-16 10:42:21

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Laila.

Michelle miró sobre su hombro y le dio una sonrisa. Laila estaba sentada unos metros más allá, detrás de la mesa que estaba acomodada cerca de una de las esquinas de la cocina. Traía puesta su ropa de dormir que consistía en un polo bastante enorme que por su bien mental esperaba perteneciera a alguno de sus hermanos y unos shorts de tela que había vislumbrado en el momento que se sentó. No era una lencería de seda, pero seguro como el infiern0 que se veía sexy.

Incluso cuando trataba de mantenerlo al margen, el que no se hubiera molestado en arreglarse para recibirlo demostraba que se sentía cómoda en su presencia, mucho más de lo que quería aceptar.

—Solo un poco de chocolate, parece que en verdad lo necesitas.

Laila había estado bastante tensa cuando lo recibió.

Sirvió el chocolate en un par de tazas y las colocó sobre la mesa.

—Aquí tienes.

Laila sujetó su taza con ambas manos, se la llevó cerca de la nariz y tomó una inhalación profunda. Cerró los ojos y soltó un gemido. Ese sonido se estaba volviendo en una tortura.

—Esto huele delicioso. ¿Hay algo que no hagas bien?

—Absolutamente nada.

—Siempre tan humilde. —Laila sacudió la cabeza, luego probó el chocolate y volvió a hacer aquel ruido de placer.

Esperó que ella le diera algunos sorbos más antes de preguntar por qué estaba allí.

Laila levantó la mirada y se mordió el labio inferior. Michelle estiró una mano y lo liberó de la presión. Aunque alejó la mano, sus ojos se quedaron con la mirada clavada allí. Se preguntó cómo se sentiría probarlos.

—Necesito pedirte un favor —dijo ella.

Estaba demasiado distraído que le tomó un par de segundos recordar de que estaban hablando.

—Déjame adivinar. No puedes dejar de pensar en mí y me pedirás que cocine para ti, así podrás verme todos los días. Sería mejor si me mudo contigo. —Miró hacia el pasillo—. Creo que hay espacio suficiente para los dos, pero también podríamos irnos a mi casa.

Laila lo miró con irritación.

—Nunca te tomas nada en serio. Olvida lo que te dije. Ni siquiera sé por qué te llamé en primer lugar. Encontraré a alguien más. —Laila se apoyó en la mesa con la intención de levantarse—. Lamento haberte fastidiado en vano.

Sonrió divertido.

Estiró su mano y tomó la suya para detenerla.

—¿Qué es lo querías pedirme?

Ella se quedó en silencio durante tanto tiempo que creyó que le pediría que se marchara.

—Va sonar extraño —dijo ella por fin.

—Adelante.

Laila tomó una profunda inhalación y empezó. 

—Está este sujeto, Franco, fue mi novio en la universidad. Las cosas no terminaron bien para nosotros. —Laila hizo una mueca al decir eso último—. Esperaba no volverlo a ver, pero no tengo tanta suerte.

Laila no parecía nada feliz hablando de su ex. No era difícil deducir que él le había hecho daño.

La curiosidad de Michelle despertó, pero se mantuvo en silencio. Todo lo que sabía de Laila hasta ese momento le dijo que ella no compartiría más información de la necesaria con él.

—Esta mañana mi jefe me dijo que trabajaré en un artículo de él. Como si eso no fuera suficiente él me invitó a almorzar. Intente deshacerme de él, digamos que no resultó como esperaba. Ahora se supone que mi novio y yo tenemos que salir a almorzar con él.

—¿Desde cuándo estás saliendo con alguien?

Michelle había interrogado a Salvatore hasta el cansancio y él le había dicho que Laila no salía con nadie.

—Ese es el problema y el motivo por el que te pedí que vinieras. —Laila hizo una pausa—. Necesito que me ayudes a encontrar a alguien que se haga pasar por mi novio.

Sí, no había manera que la dejara pasar tiempo con algún idiota.

—No es necesario, yo mismo lo haré.

—¿Cómo?

—Necesitas a alguien y yo estoy más que feliz de ayudarte. —Sonrió.

—¿Por qué?

—Velo como un favor a una amiga.

Laila lo miró con una ceja arqueada.

—Ni siquiera somos amigos.

Michelle se llevó la mano al pecho.

—Es bueno que mi corazón no sea débil o acabarías con él con un par de palabras.

—¿Seguro que no puedes encontrar a alguien más que me pueda ayudar? Será solo por unas horas.

—Creo recordar que mencionaste que trabajas con ese sujeto durante un tiempo. Sería extraño que tu novio no diera señales de vida durante todo ese tiempo, peor tratándose de un ex. Si fueras mi novia… espera ya lo eres —acotó con una sonrisa— y no me gusta que pases tiempo con él.

—Tienes razón.

—Siempre la tengo.

—Comienzo a arrepentirme —susurró ella, pero él logró escucharla—. Tal vez debería buscar a alguien más. Nadie creerá que estamos juntos y nos queremos. Escuché que hay agencias…

Laila se quedó callada a mitad de la oración al verlo levantarse.

Michelle rodeó la mesa. Se inclinó y acunó una de sus mejillas.

—Deja que me encargue de eso.

—¿Qué.. qué haces?

Ella no le era indiferente, por algún motivo solo trataba de protegerse de él. Tal vez tenía que ver con ese tal Franco.

—Demostrarte que estás equivocada.

Se acercó a ella con calma, dándole tiempo para detenerlo en cualquier momento. Laila no lo hizo, así como tampoco intentó alejarse de él.

Sus labios rozaron los de ella con suavidad. En cuanto ella abrió la boca, lo tomó como una invitación para profundizar el beso. Sus labios tenían el sabor del chocolate, pero prefería probarlos de su boca. Besarla era mucho mejor de lo que se había imaginado y supo que sería difícil no hacerlo cada vez que tuviera oportunidad.  

Se alejó de Laila pese a todos sus deseos, pero si no lo hacía ahora no iba a poder hacerlo después. Su cuerpo le estaba exigiendo que la llevara hasta su habitación para terminar lo que habían comenzado.

Los ojos de Laila brillaban con deseo y sus labios estaban hinchados. Se veía demasiado provocativa.

—Si me miras como en este momento, no tendremos problemas. —Se aclaró la garganta y dio un paso hacia atrás, necesitaba un poco de distancia—. Debería irme a casa… ¿A menos que quieras que me quede? —Se aseguró de sonreír para quitarle la seriedad al asunto.

Laila pareció reaccionar solo entonces.

—Para nada —replicó ella al instante.  

—Es una lástima, podríamos haber…

—No dijiste que debías irte.

Soltó una carcajada.

—Por cierto, ¿dónde nos reuniremos?

 Laila le dijo el nombre y Michelle hizo una mueca.

—Sí, no hay modo de que eso suceda. Un chef tiene su orgullo y no pienso ir a un lugar en el que llaman comida a una porción de espuma, por muy innovador que sea.

—Esta debe ser la primera vez que te veo ofendido por algo.

—Dile que nos veremos en mi restaurante.

—Se te da muy bien eso de dar órdenes, pero harías bien en recordar que esta no es tu cocina y yo no soy una de tus ayudantes.

—Jamás podría olvidarlo, ninguno tiene la osadía de contradecirme.

—Le diré a Franco que nos veremos en tu restaurante, solo porque eso no le gustará ni un poco.

Laila lo acompañó hasta la puerta, allí él se inclinó para besarla en la mejilla. Ahora que había probado sus labios aquello no parecía suficiente, pero por el momento tendría que conformarse.

Podría estar haciendo esto para ayudarla, pero tenía sus propios motivos ocultos. Laila parecía tan empeñada en evitarlo y esta podría ser la única forma de pasar tiempo con ella.

—Buenas noches, preciosa. —Se dio la vuelta y se alejó a través del pasillo.

Era demasiado tarde cuando llegó, así que esperó hasta el día siguiente para buscar información sobre el ex de Laila. No fue difícil conseguir su apellido, solo tuvo que preguntarle a Laila.

Franco Basile era un tipo de dinero heredado por generaciones y su apellido era bastante conocido en el mundo empresarial. Él parecía un tipo rico y mimado, pero necesitaba algo más de información para confirmarlo.

—¿Michelle? —preguntó Fabrizio—. No esperaba tu llamada.

Se había hecho bastante cercano a los hermanos de Laila, o lo más que podías serlo cuando ibas detrás de su hermana menor y no te molestabas en disimularlo.

—Hola, Fabrizio. ¿Cómo estás?

—Bien. ¿Y tú? ¿Mi hermana sigue sin darte la hora?

Fabrizio parecía pasarla bastante bien cada vez que Laila lo ignoraba.

—Algo así, pero estoy trabajando en ello.

—Buena suerte con eso. ¿Para qué soy bueno? Desde ya te digo que, si es para pedirme ayuda con mi hermana, llamas a la persona equivocada. Si por mi fuera me aseguraría de mantenerte lejos de ella, pero mi esposa dijo que no me meta.

—No necesito tu ayuda para eso. Quería preguntarte sobre alguien. Franco Basile.

—¿Por qué quieres saber de él? —El tono de voz de Fabrizio había dejado de ser relajado.

—Es algo de negocios —mintió.

—Harías bien en mantenerte lejos de él si quieres evitarte problemas. Nada bueno sucede cuando él está cerca.  

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Comentarios (1)
goodnovel comment avatar
Danelia Bendito Garduño
mmmm, este tipo es sinónimo de problemas y siento que de pronto se dió cuenta de lo que perdió
VER TODOS LOS COMENTARIOS

Último capítulo

  • Rompiendo las reglas   EPÍLOGO

    Laila se mojó el rostro e inhaló profundo, el malestar estaba desapareciendo poco a poco. Tomó el pequeño palo de plástico, el tiempo necesario ya había pasado. Una sonrisa se extendió por sus labios al ver el resultado. Estaba embarazada… otra vez. Después de Ava, ella y Michelle habían querido esperar un poco antes de pensar en tener otro hijo. Había pasado un poco más de año y medio desde entonces. Un par de meses atrás ambos habían decidido que era hora de agrandar la familia. Ambos deseaban tanto tener otro hijo o hija, incluso si tenía que volver a pasar por desvelos y noches de preocupaciones. Dio un brinco al escuchar un golpe en la puerta. —¿Laila? ¿Estás bien? —Sí, salgo en un momento. —No te creo. Tus papás dijeron que estabas un poco pálida cuando recogieron a Ava. —Ustedes deben dejar de chismear sobre mí —bromeó—. Si se esforzaran un poco más, verían que hay muchas otras cosas de las que hablar. Sonrió divertida. Sus padres eran tan cercanos a Michelle y siempre e

  • Rompiendo las reglas   Capítulo 43: Nuestra

    Michelle despertó con el ruido que provenía a través del intercomunicador. Tomó el aparato y bajó el volumen antes de que Laila se despertara. Quería darle al menos unos minutos más de sueño antes de que tuviera que despertarse para alimentar a la pequeña Ava, llamada así en honor a la matriarca de la familia y la mujer más admirable. Se puso de pie y se dirigió hasta la habitación de su hija antes de que los gimoteos se convirtiesen en el verdadero show. Desde que había llegado al mundo, Ava se había asegurado de dejar en claro lo fuerte que podía gritar desde su primer llanto. Su hija había nacido un par de semanas atrás. Laila había estado magnifica hasta el último segundo mientras él apenas había logrado mantenerse consciente viéndola sufrir. No sabía cómo iba a aguantar cuando llegara el momento de que Ava recibiera sus vacunas, casi se podía verse llorando tan o más fuerte que su hija. Cuando se trataba de los dos amores de su vida, no era tan fuerte como pensaba. —Hola, cariñ

  • Rompiendo las reglas   Capítulo 42: Boda

    Michelle sacó la cabeza por la puerta y miró a ambos lados del pasillo. No vio a nadie cerca y sonrió victorioso. Salvatore, Alessandro, Fabrizio y Piero se habían marchado hace poco para ver que todo estuviera en orden afuera. Tenía que salir antes de que alguno de ellos volviera. Se movió por los pasillos con pasos largos y rápidos con un solo objetivo en mente: Llegar a la habitación en la que estaba Laila. No le había hecho ninguna gracia pasar la noche sin ella, apenas había podido dormir. Había extrañado su olor y su calidez junto a él. —¿A dónde vas? Michelle se quedó quieto en su lugar, esperando que su amigo lo dejara en paz y continuara con su camino. —¿Si sabes que sigo viéndote? ¿verdad? Se dio la vuelta para confrontar a Salvatore. Él estaba parado unos pasos más allá con las manos en los bolsillos y una sonrisa burlona en el rostro. —Yo estaba yendo al exterior. Salvatore inclinó la cabeza hacia un lado para ver más allá de él. —Creo que te equivocaste de camino.

  • Rompiendo las reglas   Capítulo 41: ¡Hombre abajo!

    —Creo que hay más personas de las que recuerdo —comentó Michelle mientras se acercaban a su familia.Laila sonrió divertida. La última vez que todos se habían reunido, habías sido en navidad. Isabella había invitado a Michelle a unirse a ellos y él había encajado muy bien con su familia.—Por el contrario, estoy segura que faltan al menos un par de ellos.Algunos de sus primos estaban estudiando en el extranjero y no habían podido unirse a ellos en esa ocasión. Aun así, siempre venían tantos como podían. Era una tradición de la que disfrutaban aun después de tantos años.Laila no estaba directamente relacionada con la mayoría de los que estaban allí, pero debido a los unidos que sus padres los habían criado se habían formado vínculos sólidos entre ellos, incluso con los más más jóvenes.Era bueno tener una familia con la que pasar el tiempo y con la cual contar cuando algo iba mal. No todos eran perfectos, algunos de ellos se habían metido en problemas serios mientras crecían y otros

  • Rompiendo las reglas   Capítulo 40: Una noche especial

    Laila acomodó la mejilla en el pecho de Michelle y se dejó llevar por la música. Quería que el tiempo se congelara en ese momento, tanto como quería vivir junto a Michelle cada día que venía. Él había hecho de esa noche una de las mejores de su vida. El jardín estaba decorado perfecto para la ocasión y Michelle había preparado comida como para alimentar al menos unas seis personas como mínimo. Ni por un instante había pensado que él estaba tramando algo cuando la animó a salir con sus amigas. Siempre iba a recordar el momento exacto en el que se había retirado las vendas y había visto a Michelle hinchado en el suelo. Era como hubiera pasado una eternidad desde día en que lo conoció. Tanto había cambiado desde entonces. Él le había enseñado a confiar otra vez en el amor y se había robado su corazón poco a poco. —Un euro por tus pensamientos. —Ganas una buena cantidad de dinero al año, pero solo me ofreces un euro. Además, no estoy interesada en tu dinero. —Seguro que tengo algo qu

  • Rompiendo las reglas   Capítulo 39: Una velada romántica

    Michelle sonrió al ver a Laila con el vestido que había comprado para ella. Se veía tan perfecta como había esperado y era bueno no haberse equivocado con la talla. Su embarazo aún no se hacía notar, pero sus senos sí habían aumentado de volumen. Su lado más primitivo estaba más que emocionado por ver los cambios que el embarazo iba a causar en el cuerpo de su adorada novia.Laila todavía no había notado su presencia. Ella se estaba mirando en el espejo mientras se probaba diferentes peinados. En la mañana había llamado a Isabella y Cloe para que la convencieran de pasar el día juntas mientras él se encargaba de preparar una noche romántica. Las dos se habían mostrado más que dispuestas a ayudarle y no había sido hasta hace un hora y media atrás que Laila había regresado. —Me gusta cómo te queda suelto.Laila soltó su cabello. Sus ojos se encontraron con los de él a través del espejo y ella le dio una sonrisa.—¿Hace cuánto estás parado allí como un acosador?—Unos minutos. —Se acer

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status