INICIAR SESIÓNLaila De Luca terminó con corazón roto la primera vez que se enamoró, aquel fue un golpe duro del que aún no se ha recuperado. Cuando vuelve a ver al hombre que la lastimó, la ira bulle dentro de ella. Debería haberle dicho entonces todo aquello que había guardado por tantos años y no inventarse un novio falso. Por supuesto, esa no fue su única mala decisión. ¿En qué estaba pensando cuando aceptó la ayuda de Michelle? Michelle Ranieri es un hombre que sabe lo que quiere. Construyó la cadena de restaurantes más famosa de país desde cero. No ha llegado tan lejos por detenerse ante los obstáculos y es un hecho que nada lo va a detener de convencer a Laila que están hechos el uno para el otro. Si tiene que fingir ser su novio para ello, pues que así sea. Ella puede poner todas las reglas que quiera, pero todo el mundo sabe que algunas reglas están hechas para romperse.
Ver másLaila se mojó el rostro e inhaló profundo, el malestar estaba desapareciendo poco a poco. Tomó el pequeño palo de plástico, el tiempo necesario ya había pasado. Una sonrisa se extendió por sus labios al ver el resultado. Estaba embarazada… otra vez. Después de Ava, ella y Michelle habían querido esperar un poco antes de pensar en tener otro hijo. Había pasado un poco más de año y medio desde entonces. Un par de meses atrás ambos habían decidido que era hora de agrandar la familia. Ambos deseaban tanto tener otro hijo o hija, incluso si tenía que volver a pasar por desvelos y noches de preocupaciones. Dio un brinco al escuchar un golpe en la puerta. —¿Laila? ¿Estás bien? —Sí, salgo en un momento. —No te creo. Tus papás dijeron que estabas un poco pálida cuando recogieron a Ava. —Ustedes deben dejar de chismear sobre mí —bromeó—. Si se esforzaran un poco más, verían que hay muchas otras cosas de las que hablar. Sonrió divertida. Sus padres eran tan cercanos a Michelle y siempre e
Michelle despertó con el ruido que provenía a través del intercomunicador. Tomó el aparato y bajó el volumen antes de que Laila se despertara. Quería darle al menos unos minutos más de sueño antes de que tuviera que despertarse para alimentar a la pequeña Ava, llamada así en honor a la matriarca de la familia y la mujer más admirable. Se puso de pie y se dirigió hasta la habitación de su hija antes de que los gimoteos se convirtiesen en el verdadero show. Desde que había llegado al mundo, Ava se había asegurado de dejar en claro lo fuerte que podía gritar desde su primer llanto. Su hija había nacido un par de semanas atrás. Laila había estado magnifica hasta el último segundo mientras él apenas había logrado mantenerse consciente viéndola sufrir. No sabía cómo iba a aguantar cuando llegara el momento de que Ava recibiera sus vacunas, casi se podía verse llorando tan o más fuerte que su hija. Cuando se trataba de los dos amores de su vida, no era tan fuerte como pensaba. —Hola, cariñ
Michelle sacó la cabeza por la puerta y miró a ambos lados del pasillo. No vio a nadie cerca y sonrió victorioso. Salvatore, Alessandro, Fabrizio y Piero se habían marchado hace poco para ver que todo estuviera en orden afuera. Tenía que salir antes de que alguno de ellos volviera. Se movió por los pasillos con pasos largos y rápidos con un solo objetivo en mente: Llegar a la habitación en la que estaba Laila. No le había hecho ninguna gracia pasar la noche sin ella, apenas había podido dormir. Había extrañado su olor y su calidez junto a él. —¿A dónde vas? Michelle se quedó quieto en su lugar, esperando que su amigo lo dejara en paz y continuara con su camino. —¿Si sabes que sigo viéndote? ¿verdad? Se dio la vuelta para confrontar a Salvatore. Él estaba parado unos pasos más allá con las manos en los bolsillos y una sonrisa burlona en el rostro. —Yo estaba yendo al exterior. Salvatore inclinó la cabeza hacia un lado para ver más allá de él. —Creo que te equivocaste de camino.
—Creo que hay más personas de las que recuerdo —comentó Michelle mientras se acercaban a su familia.Laila sonrió divertida. La última vez que todos se habían reunido, habías sido en navidad. Isabella había invitado a Michelle a unirse a ellos y él había encajado muy bien con su familia.—Por el contrario, estoy segura que faltan al menos un par de ellos.Algunos de sus primos estaban estudiando en el extranjero y no habían podido unirse a ellos en esa ocasión. Aun así, siempre venían tantos como podían. Era una tradición de la que disfrutaban aun después de tantos años.Laila no estaba directamente relacionada con la mayoría de los que estaban allí, pero debido a los unidos que sus padres los habían criado se habían formado vínculos sólidos entre ellos, incluso con los más más jóvenes.Era bueno tener una familia con la que pasar el tiempo y con la cual contar cuando algo iba mal. No todos eran perfectos, algunos de ellos se habían metido en problemas serios mientras crecían y otros






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