FAZER LOGINHola, grupo. Gracias por darle la oportunidad a otra de mis historias y espero que de verdad la disfruten. Me encantaría saber que opinan hasta el momento.
Quince años despuésEl rugido de la multitud llenaba la arena. A un costado, el aire cargado de adrenalina y olor a tierra removida me recordaba que, aunque pasaran los años, las competencias de clasificación de Betas siempre serían un espectáculo vibrante.Zayden y yo estábamos en el palco de observación, con Rhiana sentada entre nosotros. Mi pequeña… aunque ya no era tan pequeña. Su cabello oscuro como la noche y esos ojos que parecían leer la fuerza de cualquiera que se le pusiera enfrente eran un reflejo perfecto de su padre… y de algo mío que no sabría nombrar.—Míralo —murmuró Zayden, inclinándose hacia mí con una sonrisa que no era del todo casual—. El tercero desde la izquierda.Seguí la dirección de su mirada. En la arena, un joven se movía con una agilidad feroz, derribando a su oponente sin siquiera soltar un gruñido. Había algo en su postura, en la forma en que su mirada se mantenía firme, que me resultaba… familiar. Beta puro. No había duda.—Será bueno —continuó Za
La esfera rodó hasta golpear mi pie.En ese instante lo supe.No pensé. No analicé. No había tiempo para buscar respuestas.Solo sabía lo que había leído, lo que intuía en lo más profundo de mi instinto: ese pequeño cristal permitía que un alma saliera de un cuerpo.Era una apuesta desesperada… pero era todo lo que teníamos.Si la usaba, podía perderlo todo.Si no lo hacía, ya estaba perdido.Me repetí una y otra vez que mi poder como Licán Pura sería suficiente para proteger mi propia alma.Y en cuanto a Clark… si el cuerpo era suyo, tal vez eso bastaría para expulsar a Duncan ahora que estaba alerta.Me agaché, tomé la esfera entre mis manos, fría como hielo… y la lancé con toda la fuerza que pude.El vidrio estalló en mil pedazos a los pies de Clark.No vi luces ni destellos mágicos como en las historias, pero lo sentí:un cambio en el aire, una presión invisible que me erizó la piel.La voz de Duncan estalló en un grito:—¡NO!Se cortaba por momentos, como si algo le arrancara las
LYRADesperté con el corazón agitado y una presión en el pecho que no supe explicar.Un mal presentimiento.Sé que soñé algo… y sé que era importante, pero cuanto más intento aferrarme a esas imágenes, más se disuelven como humo entre mis dedos.Me deslizo fuera de la cama sin despertar a Zayden y camino descalza hasta el baño.El agua fría sobre mi rostro me devuelve un poco de claridad, pero no calma la inquietud.Miro mi reflejo húmedo en el espejo, con el cabello pegado a las sienes, y sé que estoy pasando por alto algo.Algo obvio.Algo que ya vi, ya leí… pero que mi mente se niega a aceptar.Respiro hondo, cerrando los ojos, y repaso mentalmente lo que leí hace apenas unas horas en el diario del último cuidador.La idea que retumba en mi mente es tan aterradora que, en cuanto surgió, la descarté por instinto.No podía ser.No quería que fuera.Me forcé a seguir estudiando los otros artefactos de aquella habitación, usando su rareza como distracción.Pero fue inútil.Cuando llegu
LYRAVi a Clark alejarse por el pasillo con pasos demasiado rápidos, demasiado tensos para su manera habitual de moverse. No sabría decir qué era exactamente... pero algo en él estaba fuera de lugar. Un gesto, una energía distinta... como si no fue del todo él.Sacudí la cabeza. Tal vez estaba viendo fantasmas donde no los había.La cueva en la que reposaba el cuerpo inconsciente de Duncan estaba ahora más vigilada que cualquier otro lugar del templo. Soldados apostados en la entrada, sellos mágicos reforzados y un sistema de cerraduras tan complejo que ni un ladrón de leyendas podría romperlo. Me parecía un exceso... pero quizá eso me reconfortaba un poco. Aunque el peligro, en teoría, ya había pasado, nadie estaba dispuesto a arriesgarse a que ese hombre escapara.El pozo que conducía a ese sitio había sido sellado por completo, piedra sobre piedra, magia sobre magia. Nadie podría entrar ni salir sin que todo el templo lo supiera.Zayden permanecía cerca, sentado en una posición cas
LYRAEl bar apestaba a sangre, sudor y miedo.No me detuve a pensar, solo me aferré al brazo de Zayden mientras cargaba el cuerpo de Duncan antes de que la policía irrumpiera. El ruido de sirenas estaba cada vez más cerca, y aunque hubiera sido sencillo dejarlo ahí y que se lo llevaran, sabíamos que un juicio humano nunca podría contenerlo… ni darle el final que merecía.Solo había un lugar en el que podíamos mantenerlo bajo control.El templo.El trayecto fue silencioso, pero no incómodo.Zayden, con la vista fija en el camino, rompió el mutismo solo una vez:—Su lobo se llama Kael. Nunca fue aceptado por su parte humana… es un lobo roto.Y después… nada.Se encerró en ese espacio mental que solo él conoce, hablando con Kael, tratando de reconfortarlo. Me duele el corazón por ese pobre lobo. Estoy segura de que junto a Ron, nunca más se sentirá solo.Duncan sangraba más de lo que esperaba. Desde que Kael salió de él, había perdido su capacidad de regeneración. El médico que lo rec
CLARKSentí que algo en mí se aquietaba en cuanto mis labios tocaron los suyos. Ese beso… no fue dulce ni perfecto, pero sí fue mío. Fue un ancla en medio del caos, una certeza que me sostuvo incluso sobre el hedor nauseabundo que aún la cubre, ese olor a él que me revuelve las entrañas.Duncan. Puedo olerlo en cada fibra de su ropa, en cada mechón de su cabello. Y me enferma.Pero por encima de todo, la siento a ella. Su cuerpo me reconoce, incluso si su mente todavía intenta negar lo que somos. Su alma… su alma me pertenece del mismo modo que la mía es suya, y nada, ni siquiera esa sombra que la tocó, podrá arrebatármela.Ahora está en mis brazos. Y no pienso soltarla. La llevaré a donde debe estar: a casa. A nuestro hogar. Allí, donde su olor volverá a ser el mío y de nadie más.No sé cuánto tiempo duré contemplándola, hasta que un grito masculino de dolor me arrancó de mis pensamientos. No es la voz de mi Alfa, y eso me alivia.El rugido de él, el crujir de madera y vidri







